No nos lo merecemos. NO, con mi silencio. No, amb el meu silenci

Ante la situación de enfrentamiento entre el Gobierno de Cataluña y el de España…

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Se avecina imparable un choque de trenes comandados por maquinistas sordos a la lógica, y aliados con el rencor y las cuentas pendientes, unos, y con la inflexibilidad, los otros.

¿Qué hacer, antes de que el choque se produzca y con él heridas muy difíciles de sanar? Por lo menos que se oiga a quienes no se oye: NO CON MI SILENCIO. Levantamos la voz para decir lo que necesitamos:

Necesitamos gobernantes, en la Generalitat de Cataluña y en el Gobierno central, que se sienten a hablar, que se escuchen, que razonen, que piensen en el bien común de los ciudadanos.

Necesitamos gobernantes que entiendan que la ley sin sensibilidad ante las minorías se convierte en corsé rígido e incómodo para ellas.

Necesitamos gobernantes que entiendan que la reclamación de derechos democráticos incumpliendo las leyes, entre ellas el Estatut y la Constitución, pierde cualquier legitimidad.

Necesitamos dirigentes que no basen sus acciones en el rencor hacia el otro y en la negatividad o la inflexibilidad: los queremos que busquen los puntos de acuerdo y de afecto, lo que nos une considerado como motor, no lo que nos separa entendido como brecha insalvable.

Necesitamos gobernantes que busquen mayorías más allá de las gentes que piensan como ellos. Que entiendan la diversidad como valor unitario: humildes y al mismo tiempo orgullosos de defender a TODOS los ciudadanos, no solamente a los alineados con sus propias ideas.

Necesitamos líderes que construyan; rechazamos a los que prefieren o salirse con la suya o que no quede piedra sobre piedra.

Necesitamos líderes que promuevan en la ciudadanía, el orgullo de pertenecer a una misma colectividad: la de gentes que tienen pasado común, en una Europa unida en un mundo global y con un futuro que hacer juntos.

Necesitamos gobernantes que hagan entender a todos los gobernados el valor inmenso de la cultura diversa: los españoles de fuera de Cataluña han de enorgullecerse de la existencia de esa nación, de su lengua, de sus enormes valores y tradiciones. Los catalanes han de entender que frente a lugares comunes interesados, España y lo español no les roba ni les desprecia, sino que les quiere.

Estamos a tiempo: que se sienten a dialogar, a conocerse, a buscar soluciones; pero que se sienten. Para que las heridas de hoy no se hagan más difíciles aún de sanar, el choque no debe producirse. La retirada de la convocatoria del Referéndum debe abrir la puerta a un periodo inmediato de conversaciones que permitan reformar la Carta Magna para que los catalanes que hoy no se sienten reflejados en ella, encuentren nuevas razones para sentir que les acoge.

¡Visca Catalunya, visca España!

 

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¡Crucifícalo, crucifícalo! Defensa de autor

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Por fin ha saltado a la luz pública un claro caso de corrupción entre particulares que afecta a los autores y a la principal sociedad que defiende sus derechos, la SGAE. Muchas televisiones y algunos autores  sinvergüenzas llevaban años defraudando los derechos de los verdaderos autores musicales poniéndose de acuerdo en programar en horas de baja audiencia músicas de mala calidad, inaudibles (eran fondo de programas de echadores de cartas y teletiendas) o versiones de clásicos sin apenas cambios, que ponían a su nombre, para repartirse los derechos de autor que generaban. Los principales beneficiados eran autores canallas  -a los que cuesta aplicar el término de autor- y medios audiovisuales que sabían perfectamente lo que hacían. No eran pocos los socios de SGAE que habían denunciado esta situación, que defraudaba los derechos de los creadores y que perjudicaba a la propia sociedad de los autores, y que además, tenía como consecuencia otorgar muchos votos electorales a gentes que no los merecían, con la consecuente perniciosa influencia sobre su representación en los órganos de poder. Baste decir que entre los principales titulares de derechos no están los grandes compositores, sino gentes que en muchos casos desconocen lo que es un fa sostenido o una semicorchea.
Esto es tan claro, como lo es que los medios, salvo excepciones, se han puesto de acuerdo en denominar “la trama de SGAE” a lo que es la trama de televisiones y autores canallas para defraudar a SGAE. Así, el perjudicado pasa a aparecer como culpable. ¿Cómo iba a ser de otro modo, si los verdaderos culpables son los que proporcionan las noticias? Fíjense en los titulares –que no pasarían un examen de ética en cualquier escuela de periodismo, y lo entenderán-: “El fraude de la SGAE asciende a 100 millones” (El Mundo); “18 detenidos en una operación en la que se investiga a varias televisiones y socios de la SGAE (El País); La ‘rueda’ de la SGAE: un fraude de 100 millones de euros” (Cadena SER). La palma se la lleva la noticia dada por Antena 3: “Al menos 18 detenidos en la operación contra la SGAE por presuntos fraudes en la gestión y cobro de derechos de autor.” Así, sin-vergüenza. Curiosamente el juez señalaba a una directiva de A3Media, Nuria Beatriz Rodríguez, encargada de las contrataciones musicales del grupo,  como la dirigente del fraude. El auto señala, además, que movía fichas para controlar votos e influir en las decisiones de SGAE. Sin-vergüenza.
Una preposición basta para alterar descaradamente el sentido de la frase: el fraude de la SGAE, detenidos socios de SGAE, operación contra la SGAE…
¿Es tan difícil decir que en este fraude de la música, muchas televisiones y algunos autores  tratan de beneficiarse perjudicando los derechos de autor y, más allá, a la sociedad que los defiende? Curiosamente, tal vez sea ABC el medio que con menos maldad ha tratado el tema.
Pero, todo esto ¿por qué? En el maltrato a SGAE, que viene ya de tan lejos, se unen los intereses de quienes no quieren pagar los derechos de los creadores –que es su salario real- y que provienen de todos los sectores que han de pagarlos según marca la ley –medios, hostelería…-, con aquellos que se niegan afirmando que todos somos autores desdibujando en consecuencia el talento y con ello el sustento.
SGAE ha hecho muchas cosas mal, pero lo que representa es indiscutiblemente bueno. Representa la modernidad del pensamiento que reconoce a los autores el derecho inalienable a vivir de su trabajo, y encabeza su defensa para que quienes se beneficien de las creaciones que lleven aparejados derechos, paguen lo marcado por la ley.
Si los autores no cobran, acaba desapareciendo la frontera de la profesión y de la calidad, frontera fijada por la decisión de los ciudadanos de comprar obras de sus autores preferidos. Y con ello, tiende a desaparecer la figura del creador, del autor, en la que se asienta históricamente el ser y el sentido más profundo de una sociedad, aquello que explica cómo somos. Dentro de cien años serán los escritores, realizadores, compositores y creadores de hoy los que expliquen nuestro presente (serán nuestro legado), del mismo modo que nuestros clásicos explican el Siglo de Oro, el legado que hoy disfrutamos.
En la batalla entre quienes van contra SGAE y en el camino quieren acabar con los derechos de los autores a vivir de su trabajo, yo estoy con los creadores y con su sociedad. Lo que, como he dicho varias veces, no elude que debamos seguir hablando de cómo mejorarla. Hoy, además, ir con los autores significa exigir que la propia SGAE depure sus filas y prescinda de aquellos de sus dirigentes que se hayan manchado, o jugado a la “rueda”.
Durante años mala gente, en puestos claves de televisiones y medios, y autores sin escrúpulos, se han conchabado para robar a los verdaderos autores y sus derechos. Vienen horas en que ninguno reconocerá que hizo mal, aunque cualquier ingenuo sabía que algo muy raro se escondía tras esos programas de madrugada. Ninguno de los culpables dará un paso al frente para pedir perdón. Qué añoranza de aquella frase del emérito. “Lo siento; me he equivocado; no volverá a ocurrir”.

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Walter Benjamin y la Biblia: Los museos miran al futuro

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Me gusta mucho el lema con el que este año se llama a celebrar el Día Internacional de los Museos. “Museos e historias controvertidas: Decir lo indecible en los museos.” Tan acostumbrados estamos a convivir con un concepto de museo cercano al almacén de pasado, que sorprende hasta casi la incomprensión un lema como este.

Si no lo entiendo mal, quiere ofrecer a la sociedad el contenedor que es todo espacio museístico, y su contenido, para confrontarse con lo inhabitual, lo que rara vez se aborda en ellos, las cuestiones candentes –que queman-, el hoy más movilizador. Lógicamente, en relación a sus diversas personalidades museísticas. Se me ocurren muchos de esos temas: la emigración, la corrupción, el dolor, la violencia, el acoso, los excesos del poder… ¿Tienen algo que decir los museos –vale decir el arte y la cultura- sobre estas y otras muchas cosas partiendo de lo que hoy son y contienen? ¿Pueden ayudar a la ciudadanía a entender mejor su presente partiendo de lo que los museos exponen? ¿Pueden aportar algo de luz los museos sobre el futuro de las gentes y de su vida colectiva con los materiales de que disponen?

Si la respuesta es negativa, desgraciadamente los museos no pueden aportar a la sociedad más que su carácter clásico de salvaguarda de la memoria. No es poco; pero hoy parece de plano insuficiente. El arte y la cultura pueden y deben ofrecerse como espacios de iluminación de futuro. El arte y la cultura –los museos- han de ser conexiones, hubs sociales, en los que los ciudadanos también encuentren y den algo de sentido y explicación a su presente y a su porvenir.

Para ello, obviamente, los museos han de estar atentos a los intereses y preocupaciones de las personas, a sus nuevos lenguajes, a sus latidos, a su diversidad. Buscar todo ello es el camino de lograrlo; lograrlo es ganar la relevancia que el arte y la cultura –los museos- merecen en la cotidianidad de las gentes. Sin ella, sin relevancia, no somos nada.

En una de sus brillantes Tesis de Filosofía de la Historia, la denominada El ángel de la Historia, Walter Benjamin enunciaba una bellísima metáfora que puede sustentar un cierto cuerpo teórico de cuanto digo. Benjamin, en ese breve texto inspirado en al Angelus Novus pintado por Paul Klee, decía que sin rendir cuentas con la historia, con todos los que en la historia han sufrido, con las injusticias acumuladas en ella –nosotros somos testigos cada día de nuevas injusticias pendientes de aclaración, de juicio- es imposible mirar limpiamente al futuro, construirlo.

Un bello lema el del Día Mundial de los Museos de 2017, que hay que construir ladrillo a ladrillo. O más bien, desmontando ladrillo a ladrillo. Llenando de vida ladrillo a ladrillo. Liberándonos del Síndrome de Lot, aquella mujer bíblica convertida en sal. Ya hay experiencias en esa dirección. Ya hay camino.

 

NOTA: Un post urgente e incompleto. Comprometo desarrollar en el futuro algunas de las cuestiones tratadas.

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A propósito de NESI. Ah, que no sabes qué es.

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El Foro Global NESI (New Economy Social Innovation) reúne a representantes y líderes de todo el mundo de los llamados Nuevos Movimientos Económicos.

Se celebró en Málaga la pasada semana y, movido por una insaciable curiosidad por lo que podrían ser señales de hacia dónde va el mundo, me inscribí. Lo cual quiere decir, que entre los casi setecientos asistentes, había al menos uno que no era líder en nada. Pero, eso sí, estuve muy atento y me fijé todo lo que pude. (Alguien podría haberme confundido con un búho, incluso.) A continuación van unas notas suaves de mi percepción sobre lo que allí pasó.

El primer golpe de vista a NESI te habla de una nutrida presencia de mujeres que aportaba una cierta alegría, colorido, energía y estilo inusuales en los encuentros de predominio masculino. Que en los descansos hubiera sesiones abiertas de baile y meditación también lo ilustra. (También había zonas de siesta, eh) Bien haría el mundo de la empresa en ceder más zonas de responsabilidad a las mujeres competentes, en vez de defender como gato panza arriba el confort de los chicos en todo aquello en lo que se juegue algo de poder, en sí tan masculino.

En lo que atañe al decorado, que tantas veces expresa algo mucho más profundo, era curioso ver el escenario, cuajado de plantas de tomates, cajas de naranjas y muebles provenientes del maravilloso mundo del palet. Esto, junto a la ausencia de trajes y corbatas, y la presencia de puestos de zumos en los que podías surtirte de plátanos, cítricos y kiwis, le daba al conjunto de NESI un familiar aire hippie y sesentayochero. La falta de prisas ayudaba. Nada es igual que entonces, claro.

Por lo que se refiere a los contenidos creo que lo más subrayable era el afán por identificar no tanto las razones como los males de las economías modernas, vale decir capitalismo, generador de diferencias radicales y de pobreza, y hacedor de males innúmeros al planeta. En su conjunto las intervenciones en el Foro abundaban en señalar los síntomas de la enfermedad social y económica contemporáneas, y muchas intervenciones ilustraban de proyectos o realidades de pequeño tamaño, pero iluminadoras como buenas linternas en noche de lobo. Por cierto que parte de esas luces lo eran por su componente ético: el móvil ético Fairphone, la banca ética de Triodos, Oxfam… El mismo componente –el ético- que salía a relucir cuando se señalaba la causa del fracaso de las organizaciones, relacionada con el sistema de gobernanza y la falta de conducta moral en las personas clave, en las cúpulas. Tessa Wernink, por ejemplo, ayudaba a encontrar diagnósticos cuando para explicar cómo habían llegado a su móvil sugería que nos hiciéramos la pregunta adecuada: ¿Qué y cómo debemos hacer para que el teléfono –o el televisor, los electrodomésticos y las máquinas en general…- dure al menos 25 años? Si lo que queremos es que sea más rápido, más guapo, más potente y que esté a la última…, el camino nos llevará aun lugar muy distinto. Y probablemente a un ciclo de vida ínfimo. Bauman dixit.

Términos como “colocracia” (democracia colaborativa), preguntas como “¿Porqué no emplear el talento creativo también en la economía y la sociedad?”, o afirmaciones como la de “Verdad (transparencia), belleza (sostenibilidad) y bondad (compromiso) son los rasgos esenciales de la empresa que es necesaria”, ilustran el enfoque, la perspectiva de NESI. Cuando al inicio de su conferencia Christian Felber, autor de “Dinero, de fin a medio”, se tiró acrobáticamente al suelo pegando su oído a la tierra, todos los allí presentes entendimos el mensaje que podía haber tardado en transmitirnos un buen rato de haber tratado de explicarlo con palabras. Entre los extremos en los que se mueve la economía mundial, que Felber enunció: proteccionismo a ultranza (que defiende a las economías desarrolladas) y libertad absoluta de comercio (que promueve el poder del mercado sin control), propuso el comercio ético, que ha de ser más libre y beneficioso en sus normas para aquellos que mejor y más respeten los derechos humanos, entendidos estos in extenso.

Por NESI pasaban temas como la economía de plata (silver economy), las construcciones sostenibles y resilientes, la soberanía alimentaria, la huella del carbono, la red de conciencia, y hasta para pedir, claramente a contrapié y fuera de cacho, el boicot a cierta gran empresa de Galicia cuyo propietario no está mal situado en la Lista Forbes. (Hasta los más suaves sacan la navaja si les mientas la tauromaquia…, o una multinacional de éxito.)

En el sustrato, de fondo común a la mayor parte de las intervenciones, habitaba en mi humilde opinión la búsqueda inicial, los primeros pasos de un largo camino todavía no maduro, aquel que se ocupa más de lo pequeño y de lo que puede cambiar, dejando el cambio grande para que sea efecto de la onda o la ola generada por lo mínimo. La palabra estrategia, con lo que tiene de mirar al futuro y construir un camino ad hoc a ese futuro, desde luego no parecía estar convocada. Es importante que cuando se trata de cambiar un mundo complejo seamos conscientes de que todos los que aportan al cambio, grosso modo, van en la misma dirección; y de que el camino ha de articularse, hacerse viable: no basta la diáspora de pequeños milagros. La revolución es posible. Lo que es más difícil es mantenerla. Y lo que hasta ahora no se ha logrado es preparar y realizar la transición adecuadamente y que garantice ese nuevo futuro, esa nueva economía.

Me extrañó no escuchar apenas nada del Cuarto Sector de la economía, que cada día reclama más peso y papel y el desarrollo de una regulación específica que lo promueva y normalice. Nada de que las leyes deben adecuarse –ni ninguna propuesta concreta- para crear un nuevo marco en el que este nuevo modelo de economía sea posible o crecedero. Las fórmulas que reciben nombres bellos e imprecisos como Economía del Bien Común, Colaborativa, Solidaria, Circular o términos como decrecimiento, empresas sociales, ciudades en transición… deben adquirir perfiles y precisión, y con ellas compromisos legales expansivos. Si no, avanzarán pequeñas cosas, pero difícilmente se harán grandes. También me extrañó la escasísima presencia de empresas medias y grandes: en estos lugares se aprende mucho del “hacia dónde”. Supongo que tendrían cosas más importantes.

En cualquier caso da gusto ver, escuchar, oler el cambio, aunque parezca pequeño. Frescos aires en un corrosivo entorno mundial de corrupción, egoísmo y dolor. Ah, traigo para terminar un breve texto de Eduardo Galeano, tan querido por el movimiento: “Son cosas chiquitas.
No acaban con la pobreza
no nos sacan del subdesarrollo,
no socializan los medios de producción
y de cambio, no expropian las cuevas de Alí Babá. Pero quizá desencadenen la alegría de hacer, y la traduzcan en actos. Y al fin y al cabo, actuar sobre la realidad
y cambiarla aunque sea un poquito,
es la única manera de probar
que la realidad es transformable.” Pues eso.

 

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Loa a Mongiano: la ética del actor

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Hace unos días, Arturo Pinedo, un amigo atento a lo que se mueve, fue el primero que me regaló una noticia muy comentada en las redes: un actor italiano, representó su monólogo ante el patio de butacas vació de un teatro de Lombardía. Fue hace una semana, cuando Giovanni Mongiano, al recibir la noticia por la taquillera de que no se había vendido ninguna entrada, decidió actuar en soledad.

¿En soledad? No: probablemente el teatro lo colmaban las decenas de miles de espectadores que habían escuchado a Mongiano a lo largo de su vida. Él los convocaba en un ritual sin precedentes, para el que no hacían falta entradas. Siempre he valorado más a los actores y actrices cuando les he visto luchar contra un teatro casi vacío. Y siempre he desconfiado de aquellos que bajan la guardia y la tensión cuando hay poco público o actúan en plazas menores. Como fondista que he sido sé que es más fácil correr con el aliento de los muchos que animan desde las aceras, y que, por contra, correr en soledad se vuelve más cuesta arriba que las cuestas arriba. Pero además me parece un signo de respeto a la propia profesión, incluso a uno propio; sí, actuar frente al patio vacío dándolo todo es como un regalo a uno mismo. La confirmación total de la “actoricidad”.

¿En soledad? Nooooo. El mar de las redes sociales se agitó y las olas llegaron a todas las costas. Hoy un watsapp, un post, una fotografía o un mensaje en la red adecuada convoca a miles de personas en cuestión de minutos que expanden a su vez la noticia más y más. No son espectadores, claro; no son aficionados, claro, pero reciben el impacto del obús en su corazón lanzado por alguien que, a sus ojos, actúa como un héroe: sólo ante el peligro. Sí, las redes sociales han multiplicado la noticia convirtiéndola en un hito memorable. Y a través de ellas, como subtexto, el reconocimiento de la inconmensurable fuerza del directo, de la interpretación en vivo, penúltimo reducto de la acción humana como combustible artístico y social al mismo tiempo.

No sé si Mongiano había previsto tamaña repercusión del tam tam internetiano, es probable que no, y que un imprevisto twitter de su sorprendido técnico bastara para incendiar la pradera. Lo que sí sé es que ha hecho un bravo servicio a muchas gentes: recordarnos que el respeto al público comienza por el respeto al propio trabajo, y que éste ha de tener la misma calidad ante mil que ante uno; y que la ética del actor, del intérprete, junto a su habilidad profesional, son sus herramientas esenciales.

Loa, pues, a Mongiano.

 

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El teatro aficionado: el rayo que no cesa. Escenamateur, Premios Buero de Teatro Joven y Coca-Cola

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El pasado sábado Fundación Coca-Cola recibió el Premio especial al teatro amateur joven entregado por la Confederación de Teatro Amateur. Cómo no, lo recibían por los Premios Buero de Teatro Joven, que promueven desde hace catorce años.

El teatro no profesional, encabezado por escenamateur es como un buen mar de fondo, expresión marinera que alude a lo que se mueve con fuerza por debajo de la superficie. No solamente expresa la actividad de decenas de miles de personas que tienen como afición juntarse con otros y disfrutar colectivamente poniendo en escena obras de teatro. Es, además y por ello, la expresión de la vida participativa de la sociedad civil, que crea sus propios cauces para organizarse y aportar valor cultural a los demás. Es, también, una de las actividades principales de muchos centros culturales en las ciudades y en los pueblos grandes y pequeños que en torno a ella reúnen y multiplican las energías creativas de las gentes.

El público del teatro aficionado supone cada año aproximadamente el 20% de todos los espectadores en España: no se ve, pero es esencial. No se percibe, pero es un rayo que no cesa de iluminar la vida de muchas personas y del que disfrutan cada año millones de espectadores.

Pues bien, el teatro joven, ese que se hace en los centros de enseñanza o en escuelas de teatro o en centros culturales, es la base del teatro aficionado, su cantera, la energía potenciadora del arte escénico, de la cultura al fin. El teatro joven, además de las virtudes de toda actividad artística aficionada tiene algunas más derivadas de ser realizada en equipo, con reparto de papeles de diferente responsabilidad pero todos imprescindibles, que refleja un ocio alternativo y a través del que se aprende a hablar en público y manejar la expresión.

Coca-Cola, fundamentalmente Coca-Cola, aunque es necesario aquí mencionar también a la Caixa y su programa Caixaescena, asume la enorme tarea de ser soporte operativo del teatro juvenil y promotores de su existencia y su proyección social.

En los Premios Buero de Teatro Joven, participan cada año 350 grupos, con más de 7.000 chicos y chicas participantes, y más de cien mil espectadores.

Sí, el de Escenamateur es un premio merecido, y sé que Juan José Litrán, que lo recogió en representación de Coca-Cola, lo hizo también en nombre de todos los jóvenes que en centros de enseñanza, escuelas y centros culturales de todo el país, se apuntan al teatro como forma de decir cosas bellas al mundo en el que viven.

Gracias pues a los de la gaseosa, al Ministerio de Educación Cultura y Deporte por su colaboración incansable, y a cuantos jurados e instituciones públicas de todo el país insuflan vida a los Premios Buero de Teatro Joven.

 

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Señor Gobierno: bajar el IVA ya no resuelve el problema

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El Gobierno ha decidido finalmente bajar el IVA de los espectáculos al 10%. La noche del pasado lunes, mientras se hacía público el Premio Valle Inclán promovido por Coca-Cola, y el director del CDN recogía su galardón, el ministro Méndez de Vigo, sonriente y entre bambalinas, lo adelantaba respondiendo a una pregunta de un miembro del Jurado: “Este viernes anunciaremos la bajada.”

Seguramente mucha gente se mostrará encantada con la medida. Por mi parte comparto la alegría pero permítanme ir unos cuantos pasos más allá. A estas alturas del partido, y si miramos verdaderamente lejos, esto no es suficiente.

El daño causado estos años ha sido muy grande, no a los espectadores sino a empresas, teatros y compañías que asumieron directamente como pérdida el brutal incremento de ese impuesto al consumo cultural (recordemos: 13 puntos, del 8% al 21%). Así, las entradas no subieron de precio pero los escasos beneficios de una actividad de alto riesgo disminuyeron drásticamente hasta llevar a muchas empresas a la ruina o a la desaparición. Penosamente, además, el Gobierno deja fuera al cine de esta decisión.

El problema del IVA cultural no es que el impuesto afecte a las entradas y que grave el consumo. El problema de fondo es el tratamiento fiscal de toda la actividad relacionada con la creación y con el aporte del arte y la cultura al bien común. Si, como la Constitución reconoce y la lógica social entiende, la cultura debe ser promovida y defendida por los poderes públicos, habrá que buscar un marco económico y social ad hoc para las actividades creativas y para quienes las protagonizan. Un marco general que atienda todas las fases y no solamente la de exhibición; que tenga en cuenta a todos los intervinientes y no solamente a los espectadores.

La actividad artística y cultural aporta un valor diferencial a la sociedad que reconoce en ella la pervivencia de sentido y de pertenecer al colectivo humano. Pero además, salvo algunas de sus expresiones más industriales y basadas en la reproducción, como actividad social no tiene entre sus rasgos distintivos principales o prioritarios el del beneficio económico.

Hace dos años escribí un artículo sobre este tema en el que abordaba y proponía una serie de medidas que partían de este análisis. En un post como el de hoy se hace prolijo desgranarlas pero sugiero a quienes estén interesados que lean el marco que proponía, que propongo. Es largo, pero este tema no se despacha en dos patadas ni con soluciones elementales.

El punto de partida es que todos los tramos de la cultura: producción/ creación y consumo/exhibición; y todos sus participantes: artistas, productores y ejecutantes, y público, forman parte de un todo. Un punto esencial y básico de esas medidas imprescindibles es el establecimiento de un IVA único y súper reducido que afecte a todos los productos y servicios y a todas sus fases, y otras medidas relacionadas con los impuestos personales de cuantos intervienen en el devenir cultural, territorio irregular y con un alto grado de imprevisibilidad por naturaleza.

Lo dicho, Gobierno, su medida, parcial, unilateral y escasa, es bien recibida, pero a estas alturas debemos hablar del marco social y económico de toda la actividad artística y cultural, y no solo de la exhibición de espectáculos.

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Ayuntamiento de Madrid y Cultura: cuestión de magia. ¡Ay, Carmena!

by Photos8.com

Para los espectadores, la mayoría, la magia es ilusión, sorpresa, desconcierto, maravilla… Para los magos la magia es lo que no se ve. Ellos centran toda su acción, toda su capacidad de seducción en hacer que su público no vea el truco, que es lo importante.

Pensaba en la magia cuando me ponía a escribir sobre la política cultural, bueno, sobre la actividad desarrollada en el área de Cultura por el equipo municipal de gobierno de Madrid.

¿Y dónde está la magia? ¿Qué es lo que no se ve de su acción? Lo primero y tal vez lo más relevante, el programa, o más bien la ausencia de programa. Cuando llegaron al poder, con notable sorpresa para ellos mismos, disponían de mensajes entusiasmantes, críticas correctas sobre el pasado, indignación por lo mal que se habían hecho muchas cosas, pero un programa de acción concreto eso no lo llevaban en la cartera. No me digan que no es mágico. Sí, ya sé que los demás competidores no les andaban muy lejos en esto de las alforjas vacías, pero quienes acabaron asumiendo la tarea de dirigir la cultura resultaron los de Ahora Madrid. A ellos, a quienes actúan desde la hegemonía sin tener mayoría de voto ciudadano, se deben pedir las cuentas.

Esta ausencia de programa explica que buena parte de sus “números” hayan sido percibidos como de mala calidad. Cuando no se sabe a dónde se va cualquier camino es bueno; o malo, según se mire. Y lo que se ha hecho durante estos más de veinte meses es improvisar, constantemente. Con los consiguientes errores y perjuicios para los ciudadanos. Recuerden la cabalgata anti-cabalgata, la aplicación cutre de la Ley de Memoria Histórica rápidamente echada atrás, la degradación de Madrid Activa, un exitoso programa que llevaba mucho tiempo surtiendo de calidad artística a los barrios… En casi todos estos casos el mago nos distraía con palabras como transparencia, democracia, participación, renovación, modernidad…, mientras todo seguía igual o iba nítidamente a peor. Magia. Díganme, si no, una sola acción notable a favor de la transparencia. Señalo una que hubiera sido recibida de mil amores: que en todas las licitaciones y concursos públicos los proyectos fueran públicos y conocidos al igual que sus defensas, en actos abiertos y públicos. Recuérdenme una a favor de la participación, más allá de la propaganda en torno a las consultas con urna sobre la Plaza de España o el cambio de nombre de un parque. Ya les digo yo otra que nos hubiera encantado: haber consultado con el sector y con la ciudadanía sobre los procesos de uso del Matadero. O, la simple puesta en pie de un Consejo Ciudadano de Cultura; no sé, algo. Magia.

La hipnosis también es un tipo de magia. Apenas nadie se queja de la ausencia de política cultural o de los errores brutos cometidos por Mayer y su equipo, y si acudes a la presentación del programa de Carme Portacelli para el Español, acompañada por cierto, por Carmena –es uno de los muchos ejemplos-, verás cómo una rueda de prensa se convierte en un acto de adhesión con aplausos y vítores. También fueron pocos los que se quejaron de que el proceso democrático –con carencias, claro: pero, ¿se acuerdan como resultó designado su antecesor?- que llevó a Pérez de la Fuente al Español, se violentara y se despidiera e indemnizara a quien había llegado por concurso y tribunal indiscutido. Sí, un concurso público democrático roto para convocar otro concurso que permitiera direcciones adeptas. No se había visto ni en las instituciones del gobierno central: vean a los directores del CDN y la CNTC convivir con distintos gobiernos en pro de la continuidad imprescindible. Pero pocos ven el truco y siguen pendientes de las palabras, cambio, regeneración… Sin queja. Magia. (Bueno, la magia en este caso será que el siguiente equipo de gobierno no haga lo mismo: denunciar los concursos actuales para lograr directores en su onda. Sentado el precedente, todo vale.)

Tan confiados estaban los magos que finalmente muchos han visto el truco y las costuras. Decidieron contratar para el Matadero a Mateo Feijoo, y las primeras alertas disparadas en su concurso (en serio, ¿cómo puede ser el de Feijoo el mejor de 31 proyectos?) y las dudas en la regularidad de su contratación y de su equipo, se han convertido en clamor cuando ha presentado “su” programación y ha decidido acabar con el mínimo vestigio del pasado y del teatro tal y como lo entienden muchos (a los que obviamente no consultó). Y ahora hasta Gas, Portillo y una larga lista de damnificados –por uno u otro motivo- se rasgan las vestiduras. Mala magia.

Uno de los episodios más curiosos de esta concejalía maga es el nombramiento con banda de música y tambores de Santiago Eraso (sin concurso, por cierto, y sin apenas queja: magia) para dar la vuelta al calcetín de Madrid Destino… y su desaparición sin dejar rastro, ni huella. Desaparición física. Por supuesto sin hacer el trabajo encomendado y sin explicaciones públicas. Si el otro día no hubiera visto y tocado a Eraso en la III Conferencia Estatal de la Cultura de Valladolid hubiera pensado en una desaparición a la altura de las que hace David Copperfield. Magia de la buena. (La de hacer desaparecer a Carrillo, anterior director municipal de cultura, fue puro entrenamiento.)

Otro curioso caso de magia es el de la desaparición de las compañías residentes en centros culturales de Madrid. Una experiencia iniciada por Alicia Moreno, pionera y ejemplar en toda España, pero señalada como antigua por el nuevo equipo, empeñado en dejar morir el modelo. Un pleno municipal del pasado verano aprobó por unanimidad el mantenimiento del programa y la elaboración de un reglamento ad hoc, pero… magia, nada se ha hecho. Nada se espera.

Lo malo en realidad es lo que hay detrás de tanta magia, de tanta mala magia: NADA. Improvisación, incompetencia, sólido amarre al poder, autosuficiencia, soberbia, sordera, “ahora me toca a mí”…

En cualquier caso, ¡Madrid, tenemos un problema! Quienes nos gobiernan en Cultura no parecen saber qué hacer, ni a dónde nos llevan, ni han mostrado en estos casi dos años la preocupación y la humildad necesarias por aprender. Y no piensan consultar ni preguntar la dirección adecuada a quienes han mostrado que saben algo más.

Lo peor de esta magia es el desprestigio, el vaciamiento del valor de palabras que para muchos son claves en la política cultural: democracia, transparencia, participación, ejemplo, buenas prácticas…

Lo peor de esta magia es el dolor y la tristeza que produce el mal servicio que estamos haciendo, todos, a los ciudadanos.

En un próximo post abordaré los rasgos que a mi modo de ver son la amalgama de fondo y el lastre del gobierno municipal de Madrid: su origen y las características mismas del equipo, y en lo ideológico la estrategia de Hegemonía que lo sustenta.

Hasta entonces.

 

Post scriptum: Acabo esta entrega el miércoles y salta la noticia: la alcaldesa Manuela Carmena destituye a Mayer. Me pregunto si basta y me respondo que no. En realidad, tal vez ese sea el último número de magia: la asunción por Carmena de las atribuciones en Cultura de su concejala Mayer. Al parecer harta de líos e inepcia ha decidido mandarla al banquillo. ¿Es una maniobra de despiste para que atentos al collar no nos fijemos en el perro? Parece obvio que sí, dado que Carmena afirma taxativamente que no hay crisis y que la destitución no es tal, sino un cambio de responsabilidades. Un chiste, si no fuera tan grave. Habrá que entender que Mayer lo ha hecho bien. Ay, Carmena, vas trenzando tu destino con el de los menos útiles del equipo.

 

NOTA:

Releo algunos de los post que sobre este asunto he ido publicando en estos casi veinte meses y la melancolía se acrecienta. Si quieren, revísenlos también.

http://www.robertmuro.com/2015/06/cuanto-queda-por-hacer/

http://www.robertmuro.com/2015/07/cambio-y-cultura-el-bien-comun-esta-en-juego/

http://www.robertmuro.com/2015/07/santiago-eraso-destino-madrid-destino/

http://www.robertmuro.com/2016/03/en-democracia-las-formas-son-casi-todo-el-cese-de-perez-de-la-fuente/

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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¡El gestor cultural ha muerto. Viva el mediador cultural!

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Una mezcla de sequía en el ánimo, y curiosamente un acongojante aluvión de motivos para escribir, me han paralizado los últimos meses.

Con este post asumo el fin del secarral y anuncio –con ello va mi compromiso- un caudal de temas de los que habiendo motivos trataré de convertir en alimento para el blog. Y abriré la semana próxima con el análisis de lo que ha hecho y sobre todo lo que no ha hecho o/y ha estropeado el nuevo equipo de Cultura del Ayuntamiento de Madrid (tal vez necesite unos cuantos post, buff). Pero como hoy mismo empieza la III Conferencia Estatal de la Cultura, qué mejor que meterme con mi propio oficio.

Evidentemente el problema de fondo no es el nombre –gestor cultural-, horrible denominación herida de origen y para la que propongo que creemos una nueva: mi propuesta es que los de nuestro oficio nos llamemos mediadores culturales.

No, ese no es el problema central, lo verdaderamente importante es identificar, definir y asumir los cambios en las tareas que ese nombre, esa función ha de asumir. Por decirlo de otro modo, rellenarlo de nuevos sentidos, de los sentidos que reclama nuestra contemporaneidad. ¿Cuáles son esos nuevos sentidos, esas nuevas tareas de los mediadores culturales?

El viejo gestor cultural público, desarrollado en los ochenta y noventa, al calor de la implantación de un modelo fuertemente deudor del francés, concentraba un enorme poder sobre decisiones de política cultural que afectaban a los ciudadanos.

La construcción de la red de centros culturales acometida esas décadas reorientó las tareas de los responsables que estaban a su frente: dotados de un presupuesto a veces considerable, su cometido central estribaba en llenar de programación esos centros. La figura del mercado al que acudían con la cesta a adquirir los más interesantes espectáculos, definía un perfil de gestor de presupuesto de gasto y de conocedor de los productos artísticos a adquirir.

Pero la llegada de la crisis económica (que al parecer quedose), con la consecuente reducción del presupuesto público de programación cultural ha puesto a la mayor parte de los gestores públicos ante un descomunal reto y unas nuevas tareas. El perfil predominante entre los viejos gestores no puede hacer frente a las nuevas responsabilidades que la crisis y el desarrollo democrático han puesto ante ellos.

El reto de conjunto es reconvertir el actual modelo de gestión cultural –sumariamente y tal vez groseramente expresado más arriba- en un nuevo modelo basado en la gestión integral del servicio público cultural, mucho más allá por tanto de comprar y programar, incorporando a ese modelo todas las energías sociales, económicas y ciudadanas posibles. Hoy, el servicio público cultural exige que sus encargados manejen toda una batería de técnicas, recursos y habilidades que no están en el ADN del actual gestor actual –pero deben estar en el del mediador cultural- y que tienen que ver con la gestión de públicos y el desarrollo de audiencias, el marketing cultural, la captación de recursos, la capacidad de generar sinergias entre lo público y lo privado, y especialmente el empleo adecuado y sabio de las licitaciones, la utilización sabia de los nuevos territorios de comunicación que proponen las redes sociales, la capacidad de diseñar proyectos y evaluarlos, así como sus resultados, la generación de estrategias de participación ciudadana y de democratización de la gestión

El nuevo papel del mediador cultural, de intermediador entre , por un lado, las gentes –la sociedad- y por otro, los creadores y oferentes y las instituciones públicas culturales, parece reclamar profundos cambios en nosotros, trabajar la humildad que deviene de reconocer que debemos aprender mucho, mucho, y que debemos renunciar al papel sacerdotal asignado desde la Transición política a nuestra función.

¿Seremos capaces?

 

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¡¡¡Que viene el Foro!!! Atraparte por él dejarte debes.

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Cuidado, el lunes 21 llega la cita anual ineludible entre la cultura y la empresa

Somos lo que comemos, pero desde los tiempos cavernarios, los alimentos se han diversificado lo suficiente para saber que el alma, el intelecto, todo aquello que nos hace diferentes de otros seres vivos, se nutre de emociones, afectos, sustancias espirituales, arte…, lo que muchos antropólogos llaman cultura.

El arte es un lenguaje único, exclusivo de los seres humanos, por el que accedemos a conocimientos y emociones que nos diferencian del resto de los seres vivos y que permiten que nos conozcamos mejor, incluso que nos sintamos mejores seres humanos. Saben de qué hablo quien se haya emocionado con unos acordes de violín, o haya dicho te quiero con un poema, o unas fotogramas o un texto teatral le haya transportado a donde no sabía que podía llegar. El arte y la cultura son un termómetro perfecto para consultar la temperatura del desarrollo de una sociedad.

El próximo lunes, día 21 en Teatros del Canal, se reúnen 35 personas –empresarios, directivos, ejecutivos, artistas, creadores, periodistas…- para contar a quien quiera oírlo los beneficios que ellos y sus empresas y organizaciones han obtenido colaborando, planeando cosas juntos y llevándolas a cabo.

La colaboración de las empresas y marcas en los procesos creativos es la expresión del avance de las sociedades a un territorio en que todos –personas y organizaciones- asuman también tareas en pro del beneficio común.

El FORO mostrará numerosas experiencias y casos de buenas prácticas en las que empresas y marcas y creadores y organizaciones culturales han acometido proyectos juntos de los que además se han beneficiado millones de personas. Diageo, Coca-Cola –representada por Marcos de Quinto, vicepresidente mundial de la empresa, Endesa, Adecco, Philips, Gas Natural, Fundación Vivanco, Fundación Paideia, Red Bull, Varma, la Caixa, Pernod Ricard, Keynos… compartirán espacio y voz con agencias como McCann, Llorente & Cuenca, Pop Up, Katapult, CB Creatives, FCB…, o creadores y gestores culturales como Paco Mir de Tricicle, Pere Tantiñà de La Fura, Carlos Jean de Muwom, Santiago Sánchez de L’om imprebis, Miguel Martín de Heineken Jazzaldia, Marta Montalbán del Festival Temporada Alta, Enrique Salaberría del Grupo Smedia, Julia Gómez Cora de Stage… y periodistas y medios diversos como Toni Garrido, Paloma Zuriaga, Luis del Val, José Antonio Carazo, de Capital Humano, Javier Piedrahita de Marketing Directo

Una cantidad tan notable de voces y talento colaborativo que convierten al II Foro Culturas & Empresa en una cita de relumbrón, obligada para quienes piensen que la colaboración beneficia a las partes y a la sociedad.

Y encima la cosa acaba con un homenaje a Antonio Garrigues Walker, empresario, jurista, amante del arte y del teatro, del que se hará la lectura dramatizada de una de sus obras breves, a cargo de Ignacio García May.

 

Sí, que viene el Foro: Atraparte por él dejarte debes

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