Ayuntamiento de Madrid y Cultura: cuestión de magia. ¡Ay, Carmena!

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Para los espectadores, la mayoría, la magia es ilusión, sorpresa, desconcierto, maravilla… Para los magos la magia es lo que no se ve. Ellos centran toda su acción, toda su capacidad de seducción en hacer que su público no vea el truco, que es lo importante.

Pensaba en la magia cuando me ponía a escribir sobre la política cultural, bueno, sobre la actividad desarrollada en el área de Cultura por el equipo municipal de gobierno de Madrid.

¿Y dónde está la magia? ¿Qué es lo que no se ve de su acción? Lo primero y tal vez lo más relevante, el programa, o más bien la ausencia de programa. Cuando llegaron al poder, con notable sorpresa para ellos mismos, disponían de mensajes entusiasmantes, críticas correctas sobre el pasado, indignación por lo mal que se habían hecho muchas cosas, pero un programa de acción concreto eso no lo llevaban en la cartera. No me digan que no es mágico. Sí, ya sé que los demás competidores no les andaban muy lejos en esto de las alforjas vacías, pero quienes acabaron asumiendo la tarea de dirigir la cultura resultaron los de Ahora Madrid. A ellos, a quienes actúan desde la hegemonía sin tener mayoría de voto ciudadano, se deben pedir las cuentas.

Esta ausencia de programa explica que buena parte de sus “números” hayan sido percibidos como de mala calidad. Cuando no se sabe a dónde se va cualquier camino es bueno; o malo, según se mire. Y lo que se ha hecho durante estos más de veinte meses es improvisar, constantemente. Con los consiguientes errores y perjuicios para los ciudadanos. Recuerden la cabalgata anti-cabalgata, la aplicación cutre de la Ley de Memoria Histórica rápidamente echada atrás, la degradación de Madrid Activa, un exitoso programa que llevaba mucho tiempo surtiendo de calidad artística a los barrios… En casi todos estos casos el mago nos distraía con palabras como transparencia, democracia, participación, renovación, modernidad…, mientras todo seguía igual o iba nítidamente a peor. Magia. Díganme, si no, una sola acción notable a favor de la transparencia. Señalo una que hubiera sido recibida de mil amores: que en todas las licitaciones y concursos públicos los proyectos fueran públicos y conocidos al igual que sus defensas, en actos abiertos y públicos. Recuérdenme una a favor de la participación, más allá de la propaganda en torno a las consultas con urna sobre la Plaza de España o el cambio de nombre de un parque. Ya les digo yo otra que nos hubiera encantado: haber consultado con el sector y con la ciudadanía sobre los procesos de uso del Matadero. O, la simple puesta en pie de un Consejo Ciudadano de Cultura; no sé, algo. Magia.

La hipnosis también es un tipo de magia. Apenas nadie se queja de la ausencia de política cultural o de los errores brutos cometidos por Mayer y su equipo, y si acudes a la presentación del programa de Carme Portacelli para el Español, acompañada por cierto, por Carmena –es uno de los muchos ejemplos-, verás cómo una rueda de prensa se convierte en un acto de adhesión con aplausos y vítores. También fueron pocos los que se quejaron de que el proceso democrático –con carencias, claro: pero, ¿se acuerdan como resultó designado su antecesor?- que llevó a Pérez de la Fuente al Español, se violentara y se despidiera e indemnizara a quien había llegado por concurso y tribunal indiscutido. Sí, un concurso público democrático roto para convocar otro concurso que permitiera direcciones adeptas. No se había visto ni en las instituciones del gobierno central: vean a los directores del CDN y la CNTC convivir con distintos gobiernos en pro de la continuidad imprescindible. Pero pocos ven el truco y siguen pendientes de las palabras, cambio, regeneración… Sin queja. Magia. (Bueno, la magia en este caso será que el siguiente equipo de gobierno no haga lo mismo: denunciar los concursos actuales para lograr directores en su onda. Sentado el precedente, todo vale.)

Tan confiados estaban los magos que finalmente muchos han visto el truco y las costuras. Decidieron contratar para el Matadero a Mateo Feijoo, y las primeras alertas disparadas en su concurso (en serio, ¿cómo puede ser el de Feijoo el mejor de 31 proyectos?) y las dudas en la regularidad de su contratación y de su equipo, se han convertido en clamor cuando ha presentado “su” programación y ha decidido acabar con el mínimo vestigio del pasado y del teatro tal y como lo entienden muchos (a los que obviamente no consultó). Y ahora hasta Gas, Portillo y una larga lista de damnificados –por uno u otro motivo- se rasgan las vestiduras. Mala magia.

Uno de los episodios más curiosos de esta concejalía maga es el nombramiento con banda de música y tambores de Santiago Eraso (sin concurso, por cierto, y sin apenas queja: magia) para dar la vuelta al calcetín de Madrid Destino… y su desaparición sin dejar rastro, ni huella. Desaparición física. Por supuesto sin hacer el trabajo encomendado y sin explicaciones públicas. Si el otro día no hubiera visto y tocado a Eraso en la III Conferencia Estatal de la Cultura de Valladolid hubiera pensado en una desaparición a la altura de las que hace David Copperfield. Magia de la buena. (La de hacer desaparecer a Carrillo, anterior director municipal de cultura, fue puro entrenamiento.)

Otro curioso caso de magia es el de la desaparición de las compañías residentes en centros culturales de Madrid. Una experiencia iniciada por Alicia Moreno, pionera y ejemplar en toda España, pero señalada como antigua por el nuevo equipo, empeñado en dejar morir el modelo. Un pleno municipal del pasado verano aprobó por unanimidad el mantenimiento del programa y la elaboración de un reglamento ad hoc, pero… magia, nada se ha hecho. Nada se espera.

Lo malo en realidad es lo que hay detrás de tanta magia, de tanta mala magia: NADA. Improvisación, incompetencia, sólido amarre al poder, autosuficiencia, soberbia, sordera, “ahora me toca a mí”…

En cualquier caso, ¡Madrid, tenemos un problema! Quienes nos gobiernan en Cultura no parecen saber qué hacer, ni a dónde nos llevan, ni han mostrado en estos casi dos años la preocupación y la humildad necesarias por aprender. Y no piensan consultar ni preguntar la dirección adecuada a quienes han mostrado que saben algo más.

Lo peor de esta magia es el desprestigio, el vaciamiento del valor de palabras que para muchos son claves en la política cultural: democracia, transparencia, participación, ejemplo, buenas prácticas…

Lo peor de esta magia es el dolor y la tristeza que produce el mal servicio que estamos haciendo, todos, a los ciudadanos.

En un próximo post abordaré los rasgos que a mi modo de ver son la amalgama de fondo y el lastre del gobierno municipal de Madrid: su origen y las características mismas del equipo, y en lo ideológico la estrategia de Hegemonía que lo sustenta.

Hasta entonces.

 

Post scriptum: Acabo esta entrega el miércoles y salta la noticia: la alcaldesa Manuela Carmena destituye a Mayer. Me pregunto si basta y me respondo que no. En realidad, tal vez ese sea el último número de magia: la asunción por Carmena de las atribuciones en Cultura de su concejala Mayer. Al parecer harta de líos e inepcia ha decidido mandarla al banquillo. ¿Es una maniobra de despiste para que atentos al collar no nos fijemos en el perro? Parece obvio que sí, dado que Carmena afirma taxativamente que no hay crisis y que la destitución no es tal, sino un cambio de responsabilidades. Un chiste, si no fuera tan grave. Habrá que entender que Mayer lo ha hecho bien. Ay, Carmena, vas trenzando tu destino con el de los menos útiles del equipo.

 

NOTA:

Releo algunos de los post que sobre este asunto he ido publicando en estos casi veinte meses y la melancolía se acrecienta. Si quieren, revísenlos también.

http://www.robertmuro.com/2015/06/cuanto-queda-por-hacer/

http://www.robertmuro.com/2015/07/cambio-y-cultura-el-bien-comun-esta-en-juego/

http://www.robertmuro.com/2015/07/santiago-eraso-destino-madrid-destino/

http://www.robertmuro.com/2016/03/en-democracia-las-formas-son-casi-todo-el-cese-de-perez-de-la-fuente/

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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¡El gestor cultural ha muerto. Viva el mediador cultural!

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Una mezcla de sequía en el ánimo, y curiosamente un acongojante aluvión de motivos para escribir, me han paralizado los últimos meses.

Con este post asumo el fin del secarral y anuncio –con ello va mi compromiso- un caudal de temas de los que habiendo motivos trataré de convertir en alimento para el blog. Y abriré la semana próxima con el análisis de lo que ha hecho y sobre todo lo que no ha hecho o/y ha estropeado el nuevo equipo de Cultura del Ayuntamiento de Madrid (tal vez necesite unos cuantos post, buff). Pero como hoy mismo empieza la III Conferencia Estatal de la Cultura, qué mejor que meterme con mi propio oficio.

Evidentemente el problema de fondo no es el nombre –gestor cultural-, horrible denominación herida de origen y para la que propongo que creemos una nueva: mi propuesta es que los de nuestro oficio nos llamemos mediadores culturales.

No, ese no es el problema central, lo verdaderamente importante es identificar, definir y asumir los cambios en las tareas que ese nombre, esa función ha de asumir. Por decirlo de otro modo, rellenarlo de nuevos sentidos, de los sentidos que reclama nuestra contemporaneidad. ¿Cuáles son esos nuevos sentidos, esas nuevas tareas de los mediadores culturales?

El viejo gestor cultural público, desarrollado en los ochenta y noventa, al calor de la implantación de un modelo fuertemente deudor del francés, concentraba un enorme poder sobre decisiones de política cultural que afectaban a los ciudadanos.

La construcción de la red de centros culturales acometida esas décadas reorientó las tareas de los responsables que estaban a su frente: dotados de un presupuesto a veces considerable, su cometido central estribaba en llenar de programación esos centros. La figura del mercado al que acudían con la cesta a adquirir los más interesantes espectáculos, definía un perfil de gestor de presupuesto de gasto y de conocedor de los productos artísticos a adquirir.

Pero la llegada de la crisis económica (que al parecer quedose), con la consecuente reducción del presupuesto público de programación cultural ha puesto a la mayor parte de los gestores públicos ante un descomunal reto y unas nuevas tareas. El perfil predominante entre los viejos gestores no puede hacer frente a las nuevas responsabilidades que la crisis y el desarrollo democrático han puesto ante ellos.

El reto de conjunto es reconvertir el actual modelo de gestión cultural –sumariamente y tal vez groseramente expresado más arriba- en un nuevo modelo basado en la gestión integral del servicio público cultural, mucho más allá por tanto de comprar y programar, incorporando a ese modelo todas las energías sociales, económicas y ciudadanas posibles. Hoy, el servicio público cultural exige que sus encargados manejen toda una batería de técnicas, recursos y habilidades que no están en el ADN del actual gestor actual –pero deben estar en el del mediador cultural- y que tienen que ver con la gestión de públicos y el desarrollo de audiencias, el marketing cultural, la captación de recursos, la capacidad de generar sinergias entre lo público y lo privado, y especialmente el empleo adecuado y sabio de las licitaciones, la utilización sabia de los nuevos territorios de comunicación que proponen las redes sociales, la capacidad de diseñar proyectos y evaluarlos, así como sus resultados, la generación de estrategias de participación ciudadana y de democratización de la gestión

El nuevo papel del mediador cultural, de intermediador entre , por un lado, las gentes –la sociedad- y por otro, los creadores y oferentes y las instituciones públicas culturales, parece reclamar profundos cambios en nosotros, trabajar la humildad que deviene de reconocer que debemos aprender mucho, mucho, y que debemos renunciar al papel sacerdotal asignado desde la Transición política a nuestra función.

¿Seremos capaces?

 

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¡¡¡Que viene el Foro!!! Atraparte por él dejarte debes.

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Cuidado, el lunes 21 llega la cita anual ineludible entre la cultura y la empresa

Somos lo que comemos, pero desde los tiempos cavernarios, los alimentos se han diversificado lo suficiente para saber que el alma, el intelecto, todo aquello que nos hace diferentes de otros seres vivos, se nutre de emociones, afectos, sustancias espirituales, arte…, lo que muchos antropólogos llaman cultura.

El arte es un lenguaje único, exclusivo de los seres humanos, por el que accedemos a conocimientos y emociones que nos diferencian del resto de los seres vivos y que permiten que nos conozcamos mejor, incluso que nos sintamos mejores seres humanos. Saben de qué hablo quien se haya emocionado con unos acordes de violín, o haya dicho te quiero con un poema, o unas fotogramas o un texto teatral le haya transportado a donde no sabía que podía llegar. El arte y la cultura son un termómetro perfecto para consultar la temperatura del desarrollo de una sociedad.

El próximo lunes, día 21 en Teatros del Canal, se reúnen 35 personas –empresarios, directivos, ejecutivos, artistas, creadores, periodistas…- para contar a quien quiera oírlo los beneficios que ellos y sus empresas y organizaciones han obtenido colaborando, planeando cosas juntos y llevándolas a cabo.

La colaboración de las empresas y marcas en los procesos creativos es la expresión del avance de las sociedades a un territorio en que todos –personas y organizaciones- asuman también tareas en pro del beneficio común.

El FORO mostrará numerosas experiencias y casos de buenas prácticas en las que empresas y marcas y creadores y organizaciones culturales han acometido proyectos juntos de los que además se han beneficiado millones de personas. Diageo, Coca-Cola –representada por Marcos de Quinto, vicepresidente mundial de la empresa, Endesa, Adecco, Philips, Gas Natural, Fundación Vivanco, Fundación Paideia, Red Bull, Varma, la Caixa, Pernod Ricard, Keynos… compartirán espacio y voz con agencias como McCann, Llorente & Cuenca, Pop Up, Katapult, CB Creatives, FCB…, o creadores y gestores culturales como Paco Mir de Tricicle, Pere Tantiñà de La Fura, Carlos Jean de Muwom, Santiago Sánchez de L’om imprebis, Miguel Martín de Heineken Jazzaldia, Marta Montalbán del Festival Temporada Alta, Enrique Salaberría del Grupo Smedia, Julia Gómez Cora de Stage… y periodistas y medios diversos como Toni Garrido, Paloma Zuriaga, Luis del Val, José Antonio Carazo, de Capital Humano, Javier Piedrahita de Marketing Directo

Una cantidad tan notable de voces y talento colaborativo que convierten al II Foro Culturas & Empresa en una cita de relumbrón, obligada para quienes piensen que la colaboración beneficia a las partes y a la sociedad.

Y encima la cosa acaba con un homenaje a Antonio Garrigues Walker, empresario, jurista, amante del arte y del teatro, del que se hará la lectura dramatizada de una de sus obras breves, a cargo de Ignacio García May.

 

Sí, que viene el Foro: Atraparte por él dejarte debes

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Mensaje jedi de Yoda sobre la VI Conferencia de Marketing de las Artes

Marketing de las Artes

“Si ocuparte debes de la relación entre el arte y los públicos, la VI Conferencia de Marketing de las Artes perderte no puedes.”

Pues ya ves. ASIMETRICA organiza cada año desde hace seis, el encuentro más importante en nuestro país e Iberoamérica dedicado al marketing de las artes y el desarrollo de audiencias. El lugar de celebración será en Teatros del Canal de Madrid, el próximo día 25, aunque el 24 y el 26, tendrán también talleres prácticos en Madrid School of Marketing, dirigidos por algunos de los ponentes de la Conferencia.

La Conferencia trae a Madrid cada temporada a expertos de todo el mundo que relatan experiencias novedosas y movilizadoras sobre cómo mejorar el conocimiento de los públicos, cómo articular más satisfactoriamente su experiencia, cómo incrementar su lealtad, cómo implicar a los públicos en el proceso y en el acontecer artístico, sobre cómo medir el impacto del arte en sus vidas… Experiencias todas que nos trasladan una concepción del marketing en la que lo prioritario es conseguir que el arte y las organizaciones artísticas adquieran relevancia en la vida de la comunidad en la que se insertan y en la del público al que sirven.

Palabras o expresiones como impacto, implicación –o su hermana inglesa engagement-, viaje de la experiencia, datos, lealtad, protagonismo, ciudadanía… adquirirán perfiles concretos a lo largo de las presentaciones de casos de estudio y experiencias concretas de Estados Unidos, Inglaterra, Uruguay, España o Italia. Iluminadoras para el trabajo de los mediadores y gestores, y que además tiene la virtud de detener un momento el tiempo de la acción y dedicarlo colectivamente a la reflexión, a compartir y conocer y a cargarse de energía.

Quizás el término más usado sea el de implicación, porque una de las tareas de gestores y mediadores es ofrecer, y lograr, que los públicos, cada una de las personas que acude al encuentro con el arte, pueda jugar un papel en ese encuentro y en el antes y el después, que multiplique su placer, su disfrute, su compromiso. Pero el término también estará en boca de todos porque coincidiendo con la Conferencia se presenta y pone a disposición de los asistentes, e inmediatamente para quien lo desee, una publicación asimétrica de extraordinaria utilidad: “Implica a tu público”, volumen 1, de Alan Brown y Rebecca Ratzkin. Este libro cuenta, también, los trabajos realizados en EE.UU. para implicar al público en experiencias Un impacto que los mediadores debemos conocer para hacer mejor nuestro trabajo de implicar y dar protagonismo en el encuentro cultural a nuestros públicos.

La VI Conferencia de Marketing de las Artes va a reunir a cientos de personas de España e Iberoamérica, que sienten como una pasión útil la tarea de construir relaciones con los públicos, de darles la voz y la acción: el imprescindible papel que les corresponde como participantes del acontecimiento artístico.

Nos vemos en unos días.

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Darío Fo. Post urgente

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Uno de los autores más comprometidos con el presente político ha muerto. Pero todo el teatro está de luto por este hombre poliédrico, valiente y cachondo.Político en el más profundo y honrado sentido de la palabra. Este bufón, juglar inmenso, armado del ácido humor que él transformaba en revolucionario, había muerto un poco hace tres años cuando se fue su inseparable compañera de andanzas Franca Rame.

La primera vez que lo vi, en Burgos, en los primeros ochenta, representaba su Misterio Bufo a cuerpo gentil con un pantalón y una camiseta negras. Solo en el inmenso escenario del Principal utilizaba todas, absolutamente todas las habilidades del viejo oficio de actor –incluida su muy querida Commedia dell’Arte- para contarnos aquella suma de historias que constituían una hilarante y profunda crítica a la Iglesia, y sobre todo a su poder temporal, basada además endiversos pasajes del Evagelio. Me pregunto si habrá conocido a Bergoglio y si así ha sido, habrá nacido en él una esperanza de cambio en esa institución con este papa peculiar.

Recomiendo encarecidamente leer Misterio Bufo, como Muerte accidental de un anarquista. Estas dos obras forman parte de sus más representadas piezas por todo tipo de compañías que creen firmemente que el teatro además de divertir debe mover el pensamiento y la acción para cambiar el mundo. Las torturas y abusos de poder policiales, el hambre, la carestía y los robos obreros en supermercados, el secuestro político, el capitalismo, la Mafia, el machismo…, quedan desnudados y convertidos en denuncia operativa en textos como La polizia!, Aquí no paga nadie, La mueca del miedo, o Pareja abierta… Pero son muchas más, todas tintadas del deseo transformador, muchas breves, casi aparentes ejercicios para clases de teatro, o para su compañía La Comune, que luego han visto miles de escenarios diferentes por cientos de grupos que les han dado vida. Probablemente todavía esté girando en nuestro país y pueda verse una puesta en escena magnífica de La Tigresa, interpretada genialmente por Julián Ortega.

Cuando muere un artista, un creador, la ventaja es que su obra permanece al alcance de las gentes, que pueden leerlas, reinterpretarlas, e incluso arrancar sus hojas y lanzarlas al viento para que vuelen lejos y alto. Como Darío Fo. Como Franca Rame.

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Lo grande está en lo pequeño: II Foro Cultura&Empresa

foro

Preámbulo

Soy un enamorado de los pequeños cambios, de los pequeños pasos, de las acciones que transforman un poco lo inmediato, con el afán, eso sí, de generar en el entorno una ola buena que contamine positivamente y acabe moviendo cosas cada vez más grandes.

La cultura y el arte, por ejemplo, han de dar pequeños pasos mirando hacia fuera, rehuyendo la autosatisfacción que tan a menudo suele acompañar todo acto creativo, y preocuparse cada vez más por lo que ocupa e interesa a las gentes, destinatarios del arte. Mirar más allá del marco del espejo en el que a menudo se miran las artes para vislumbrar un terreno de encuentro con los ciudadanos, escuchando sus gustos, sus tendencias, sus deseos, sus necesidades.

Las empresas, por ejemplo, que deben entender que los ciudadanos cada vez miran más allá de sus productos y servicios; evalúan quién los produce, cuál es su filosofía, qué le cuentan al mundo con su publicidad y sus mensajes, si tienen o no códigos éticos y se preocupan por aporta algo de valor a la sociedad a la que le venden “cosas”. Las empresas han de introducir pequeños cambios que muestren sensibilidad verdadera al cambio inevitable que se está avecinando, y que desean que al menos un poco de su energía y sus beneficios se dediquen a cosas de valor como la sostenibilidad, el medio ambiente, el desarrollo educativo y cultural, la salud, la solidaridad…

Ambulo: ando, hago camino

Hace apenas un año convocamos el I FORO CULTURA&EMPRESA en el que decenas de empresas, marcas y organizaciones e instituciones creativas se reunieron en Madrid para contar sus experiencias colaborativas y analizar las posibilidades de futuras sinergias, y cómo éstas podían ser útiles –en alguna medida, de algún modo- a la sociedad. El éxito, el humilde pero indudable éxito de aquel primer encuentro, nos lleva a organizar el II Foro el próximo 21 y 22 de noviembre. Un Foro con muchos cambios: más tiempo, más temas, nueva sede (Teatros del Canal), más secciones… Un foro cuyo título expresa una parte de su filosofía: “Clientes o públicos”, que da a entender la relevancia del nuevo papel que las personas tienen tanto para las marcas como para las organizaciones artísticas.

A lo largo de una jornada se abordarán en cuatro mesas y con invitados relevantes la respuesta a cuatro grandes preguntas: ¿Cómo pueden las marcas y empresas mejorar su “narrativa” a través de la creación de contenidos artísticos y culturales y que a la vez sean percibidos como un aporte artístico?, ¿Qué recursos y experiencias puede aportar la cultura para incrementar la vinculación y lealtad de los consumidores hacia las marcas?, ¿Pueden la cultura y el arte ser herramientas para incentivar y desarrollar la formación, motivación y talento de las personas?, ¿Cómo se piensa la relación empresa-cultura desde las organizaciones culturales, qué les demandan? Una nueva sección, El ascensor cultural, permitirá que en formatos súper-breves, seis proyectos culturales muestren toda su capacidad de seducción a los asistentes. Una gran personalidad del mundo empresarial frente a una del mundo de la cultura charlarán en público desde sus perspectivas. Y finalmente se presentarán los resultados de la II Encuesta Cultura & Empresa, que toma el pulso de esta relación a cientos de agentes de todo el país.

Todo ello en un formato espectacular, con formato de programa de radio que buscará el máximo dinamismo y el disfrute, con actuaciones en directo y pausas creativas.

El primer día del tendrá un final especial. Como muestra de que en el mundo de las empresas existen muchas personas artistas, que a menudo guardan en la sombra sus cualidades, habrá una lectura dramatizada-homenaje a Antonio Garrigues Walker, amante de las artes, dramaturgo y empresario.

El II FORO termina el día 22, con cuatro talleres prácticos sobre áreas de interés: mejora de la comunicación desde técnicas teatrales, diseño de proyectos…

En fin, un pequeño encuentro que pretende aportar reflexión, buenas prácticas y experiencias interesantes a los asistentes.

Hay quien piensa que los intereses de unos y de otros están por encima de sus capacidades de hacer algo juntos en bien de la sociedad. Nosotros no. Nosotros pensamos que es posible que el arte y la empresa caminen juntos, posiblemente no todo el camino, pero sí una parte relevante, que hoy, además, se muestra como necesaria.

Postámbulo: a modo de epílogo

En “Son cosas chiquitas”, uno de sus brevísimos textos, Eduardo Galeano hace una bellísima loa del hacer frente al decir, que termina así: “Actuar sobre la realidad y cambiarla, aunque sea un poquito, es la única manera de probar que la realidad es transformable.”

Pues eso.

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El Pavón Teatro Kamikaze. ¡Qué bello es nacer!


Nacer es una de las cosas bellas de la vida. Hacerlo ya de adulto incorpora, además, la conciencia del propio parto. Porque, en muchas ocasiones, uno mismo decide cómo, cuándo, qué, dónde… Eso hace que el reto y la responsabilidad sobre el propio alumbramiento sea casi total. Nacer así hace fácil creer en la capacidad de los ecosistemas para auto-regularse. Los padres de la criatura son en este caso Miguel del Arco, Aitor Tejada, Israel Elejalde y Jordi Buxó.

El Pavón Teatro Kamikaze ha nacido, y hoy, 8 de septiembre de 2016, se enfrenta a su primer acto público: el estreno oficial de su primera producción, Idiota, nacida para ese espacio que tanta historia acumula.

En su web, esta declaración de intenciones: “El Teatro Kamikaze es libertad, reflexión, entretenimiento, compromiso, vértigo e intuición. Es un espacio físico y emocional en el que vivir la experiencia integral del teatro. Aunando bajo un mismo techo lo mejor de la gestión pública y de la privada, en El Pavón tendrán cabida de la mañana a la noche lecturas, ensayos, conferencias, presentaciones, formación y educación, tertulias y disfrute, investigación y todo tipo de actividades y experiencias, además de una programación estable de calidad, propia y externa, nacional y extranjera. Tan viva como nuestro teatro.”

El reto de PTK es enorme, porque consiste en crear un nido expansivo y estable para un tipo de creaciones escénicas acogidas hasta ahora en lo esencial en espacios públicos y en giras, y para las que han contado con una notable financiación pública en forma de coproducciones. El reto es mantener la enorme calidad diferencial de sus creaciones y hacerlas, primero sostenibles y luego rentables, con mucho más público, y con otros públicos. ¿Quién dijo miedo? Los kamikazes conviven con él.

El reto, también, es llenar un teatro y sus múltiples recovecos de vida, con nuevas y diversas ofertas, escénicas, experienciales, formativas, culturales y de ocio. El reto es hacer del nuevo Pavón Kamikaze un lugar de referencia para la cultura madrileña y más allá.Partiendo, además, de ser referente para el propio barrio que lo acoge. Miguel del Arco dice que con la historia colectiva que les avala, era lógico “buscar una casa donde establecernos y redondear nuestra aspiración de ser una compañía estable”. Tener una casa, y, en fin, mantener sus puertas abiertas.

Para tener éxito en la tarea, la gestión, la parte de atrás del funcionamiento del arte, es fundamental. El timón, la carta de navegación y las calderas, alineados.

En primer lugar, las políticas de programación, que como se mencionó en el acto de presentación del proyecto el pasado mes de julio, han de ser abiertas pero sin perder las referencias que dan personalidad a PTK, y que doten al espacio de sello propio. Un sello en el que el concepto de repertorio adquiera novedosos matices.

En segundo lugar, las políticas de desarrollo de audiencias, orientadas a conectar con el público, escucharlo y atenderlo. Estar atentos a los “clientes”, a la tierra al fin, es la clave de sostenibilidad de un proyecto artístico. Y más allá,  PTK ha de estar atento a la sociedad, porque lo que hacen pierde buena parte de su sentido si no llega mucho más allá de sí mismos y de su propio pasado.

En tercer lugar, una política de captación y gestión de los recursos que conjugue las normas de gestión privadas y la autonomía financiera, con los principios, con la función social inherente al teatro. Ser libres en una sociedad capitalista requiere una enorme habilidad, también ética, para conjugar todos los verbos de la gestión: marketing, patrocinio, comunicación, redes…

Para todo esto, Teatro Kamikaze no parte de cero en su nueva andadura, ni mucho menos.Tienen una trayectoria creativa de calidad, éxito, premios y reconocimiento. Un pasado sobre el que se acumula un enorme crédito y que hace que muchas personas confíen en su apuesta. El nuevo proyecto va a contar con docenas, con cientos de personas que les van a apoyar y sostener, imprescindibles compañeros de viaje de los primeros y más duros meses.

Los gestores del proyecto kamikaze asumen en el mismo  paquete que el propio teatro, una cierta responsabilidad de liderazgo. Porque son una pieza más, pero diferente ya, y por ello esencial,en el ecosistema teatral y cultural madrileño.Y por posición, origen y discurso han de ser conscientes de que pueden y deben asumir en el medio plazo un papel de referencia y liderazgo en el conjunto, jugando a la colaboración y el apoyo a las piezas débiles del sistema, implementando medidas que introduzcan pequeños cambios ejemplarizantes en la mecánica y la gestión teatral, a menudo arcaica de la escena de la capital. Pequeños cambios que demuestren que los cambios grandes son posibles. (Brindo por su decisión de ir acabando con las invitaciones poniéndoles un mínimo precio que sirva para promover con esa recaudación proyectos de desarrollo cultural).

Sé que los kamikazes resistirán a los cantos de sirena del poder y conservarán su autonomía; sé que mantendrán la cordura frente a la adulación y el exceso de afecto y devoción. Sé que no perderán el viento de popa y que pondrán el timón orientado a la calidad y al público.

Un “viento divino” me ha tocado y me he hecho kamikaze; ahora espero ilusionado mi carné. Y bien saben los dioses lo poco que me gustan los carnés. Pero creo que para que la cultura en nuestro país alcance brillo, para que se desarrolle y sea patrimonio del todo social, para hacer una muralla buena frente a la barbarie, hacen falta muchas manos. Tráiganmelas. La manos kamikazes son muy bienvenidas.

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La Guindalera y el ecosistema escénico

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La Guindalera, la coqueta sala teatral del barrio del mismo nombre, del distrito de Salamanca de Madrid, anuncia su cierre como sala de exhibición.

Ante las dificultades, crecientes hasta lo insalvable, Juan Pastor y Teresa Valentín, la pareja de luchadores que encabeza el proyecto, ha decidido mantener La Guindalera como centro de creación y cerrar la sala al público, insostenible con su cuidadoso y exquisito modelo de programación y gestión, alejado de la explotación intensiva y la desprofesionalización.

Sé que la vida incorpora su contrario, lo mismo que la salud y el éxito. A estas alturas del partido uno sabe que los nacimientos son acompañados por las despedidas; despedidas y natalicios que configuran un nuevo equilibrio en ese inestable empate de la vida. En nuestro caso, del ecosistema cultural. Muere esta bella sala –al menos se cierra al público provisionalmente-, como hace apenas dos meses murió la Sala Biribó, o se ha despedido hace unos día Kubik, y al tiempo nace el nuevo proyecto de Miguel del Arco, Israel Elejalde, Aitor Tejada y Jordi Buxó, Teatro Kamikaze en el viejo Pavón.

Yo quisiera que el ecosistema cultural español disfrutara de un equilibrio en el que cada vez fuesen más los que lo conforman, y más activos y más longevos; que hubiese más compañías, más librerías y editoriales, más museos, más orquestas y auditorios…, y más públicos que les dieran vida. Y que La Guindalera, Kubik, Biribó, y tantas otras salas siguieran o renacieran. Ello significaría que los ciudadanos leen más, ven más cine, acuden más al teatro y alimentan su alma con más música, y exposiciones. Desde mi creencia en el benéfico sentido del arte para el ser humano, sería la constatación de que la belleza va venciendo al lado oscuro de la vida.

De hecho, muchos de nosotros trabajamos cotidianamente desde nuestras actividades por hacer del arte y la cultura un alimento necesario y diario de las gentes que quieran y puedan mirar al cielo, o, al menos, más allá de lo que se ve a simple vista. Discrepo con Juan Pastor en esto. Ellos, los artífices de La Guindalera, no son un verso suelto en la profesión, que busca la independencia y la dignidad… Están acompañados de otros muchos que pelean día a día su independencia, la calidad de sus trabajos, la dignidad laboral de sus producciones… En realidad, la situación ha forzado a que este sector esté plagado de versos sueltos, eso sí, con muy diversa fortuna.

En su carta de despedida, Juan responsabiliza a las instituciones del descuido con que descuida el arte y la cultura, pero no cae en la tentación de echar toda la culpa en el mismo saco. Porque el ecosistema, por propia definición es fluctuante y por propia esencia altera sus proporciones internas e incluso sus componentes sin que como tal cambie. La Guindalera ha realizado en sus trece años de vida hasta ahora un excelente trabajo de creación, de exhibición, de atención a los públicos, de dignificación profesional y laboral de sus espectáculos. De varios modos, constituyen un ejemplo a seguir. Tenemos la enorme suerte de que el motor humano de ese proyecto está ahí, absolutamente vivo y dinámico, dispuesto y preparado para ofrecer extraordinarias puestas en escena y a mantenerse como un espacio de creación. Formando parte del ecosistema desde otra posición, con otra aportación. Estoy seguro de que van a encontrar su hueco y espero y deseo que la vida sea menos áspera con ellos en esta nueva etapa. Se lo merecen.

 

NOTA: Vuelvo de la presentación de Teatro Kamikaze en el Pavón, y la energía positiva y la ambición de este proyecto escénico empresarial demanda un post. En unos días.

 

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Elecciones 2016 y Cultura. Y 2

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Los partidos del cambio: ¿creer para ver?

Si ayer animaba a leer críticamente los programas de los partidos conservadores antes de las elecciones bis, hoy lo hago más encarecidamente aún de los partidos del “cambio”: tienen mucha más letra.

Los programas de Unidos Podemos y del Partido Socialista Obrero Español son más consistentes y con un mayor desarrollo en cuanto a la Cultura. Armaros de tiempo en un cómodo sillón. Y de lápiz. He de decir, antes de nada, que a pesar de que el Programa Ikea de UP es un hallazgo que intenta facilitar su lectura por los votantes (¿Con éxito?), para analizar sus contenidos es más adecuado el anterior programa electoral, al que me referiré a menudo, porque en él sí hay explicaciones de fondo. El análisis del programa Ikea es más apropiado para publicistas o/y para lectores que no necesitan profundizar demasiado.

Ambos partidos expresan en sus programas la convicción política de que la Cultura tiene un valor estratégico para España, que es esencial en su devenir histórico y futuro, y que es la clave que constituye y define el país. Los dos dan relevancia a la lengua y a las lenguas, llegando el PSOE a proponer una Ley Orgánica de la pluralidad lingüística de España. Los dos consideran la Cultura como un derecho, llegando a hablar de “derecho de acceso”, concepto con el que personalmente me identifico más. UP habla de “fomentar el derecho de la ciudadanía a participar…” Personalmente creo que lo que ha de fomentarse es el ejercicio de los derechos. (Más de una vez he defendido que derecho, derecho, lo hay a la vivienda, la salud, la educación…, pero que la Cultura es más esfuerzo, y que lo que hay que allanar es el acceso y favorecer esencialmente su base: la educación. Pero esa es otra).

Ambos programas recuperan el Ministerio de Cultura y rebajan el IVA (al igual que Ciudadanos), junto al Estatuto del Artista, una nueva Ley de Mecenazgo y Patrocinio, y una perspectiva similar en la promoción de la igualdad de género en el ámbito cultural. Resulta curioso, ya lo mencionaba en el post dedicado a los partidos conservadores, que tanto UP como PSOE den relevancia a la necesidad de un Pacto por la Cultura, que a tenor de lo visto hasta aquí es un brindis a la luna de Cyrano dado lo nada que han hecho todos por acercarse a él.

El programa de UP-Ikea es un conjunto articulado de propuestas de máximos que a todas luces es imposible cumplir –ni con mayoría absoluta- en una legislatura, ni en tres. Probablemente la seguridad sin humildad con que lo defienden es lo que despierta distancia en amplios sectores. Tiene la virtud de enmarcar en el medio y largo plazo los cambios que proponen, buena parte de ellos necesarios. Pero, como el PSOE y los demás partidos, no cuantifica el coste de sus propuestas en Cultura, ni calendariza su prioridad en el tiempo, ni diferencia el nivel de relevancia de unas respecto a las otras. Este lastre es más notable en el programa de UP por el cambio total que propone. ¿Qué pasará si no puede cumplirlo por el reparto de escaños?

Hay algún punto en el programa de UP que requiere un mayor análisis. En primer lugar la unión en un mismo ministerio de Cultura y Comunicación (punto 203, UP-Ikea), que de producirse debe generar alerta permanente para que el manejo de la Comunicación no se convierta en otra herramienta de poder y de intervención gubernamental en la sociedad. Atención, también, a la creación de la Asamblea de Profesionales de la Cultura (207), que tal y como está explicada puede convertirse con muy poco esfuerzo en una nueva estructura súper burocrática. Particular seguimiento merecen los criterios de fondo de la nueva Ley de Propiedad Intelectual que proponen (214 y 215) que, so capa de impulsar la gratuidad y un mayor acceso, anuncian todavía más desatención a los derechos de los autores y creadores en beneficio de un sujeto popular de creación.

Por su parte, el programa cultural del PSOE es también consistente, pero como el de UP no establece prioridades, ni calendario, ni presupuesto. En buena medida este problema ancla en la tradición democrática española, que propone los procesos electorales como una suerte de mercado persa en el que nos venden alfombras voladoras pero por cuyos precios ni funcionamiento los compradores nunca preguntamos. El que mejor lo cuente la venderá. Algunas de las propuestas diferenciales del PSOE a seguir: la Ley sobre el Derecho de Acceso a la cultura que establezca las prestaciones básicas de acceso para toda la ciudadanía en todo el territorio; el compromiso de incremento progresivo de la partida de Cultura en los Presupuestos Generales; el establecimiento –en lo que coincide con UP- de formas de acceso transparentes y mediante contrato programa a los cargos públicos de gestión; o la utilización de la Lotería para financiación parcial de la Cultura (en lo que parecen seguir el ejemplo inglés).

Como decía, ambos programas son serios y trabajados. El del PSOE se aprecia hecho por un partido con experiencia de poder y que sabe más lo que es y no posible realizar en cuatro años; el programa de UP mira mucho más allá de una legislatura, en la que probablemente no tenga mayoría de gobierno, lo que a veces le da ese aire ensoñador. Aunque después del barro vivido, ¿quién no siente la tentación de soñar?

En fin, el programa de UP será más votado por quienes hayan acumulado irritación por los efectos de la política, general y en Cultura, del Partido Popular, y por los que desconfíen de que el PSOE cambie las normas de funcionamiento de la Cultura y su papel social, para cuya solución ya tuvo el gobierno y no lo hizo.

También recibirá UP el voto de quienes crean que ante la necesidad de tanto cambio como se requiere, las ideas son lo prioritario para el gobierno, y que el equipo humano, el conocimiento de la gestión están en segundo plano. “Ya aprenderemos”, se dicen. Sus votantes necesitan creer y sienten que creyendo en el cambio lo verán.

El programa del PSOE, también consistente y más terrenal, será votado por los propios, difícilmente hoy por nuevos electores, pero como decía, también necesita para ser votado una fuerte dosis de fe, de otra fe: creer que quienes no lo han hecho cuando podían, en estas nuevas circunstancias lo hagan. Creer para finalmente ver.

Que la altanería de unos y el desgaste de los otros no impidan que se produzcan los cambios tan necesarios que en Cultura –y en otros muchos ámbitos- necesita nuestro país y nuestros conciudadanos. Y que ambos recuerden que la Cultura es de y para todos y que el famoso pacto que le otorgue el papel estratégico que necesita es imposible sin contar con los demás partidos. Las elecciones no son un crédito ilimitado, y debemos hacérselo saber a los partidos. A todos.

En fin, creer esperando algún día ver. Votemos el 26 de junio, votemos que somos muchos millones y sumadas nuestras diferentes opciones construiremos una solución viable. Sin olvidar, como decía en el post anterior, que no debemos fiar únicamente en las grandes soluciones: construyamos también con nuestros pequeños y cotidianos ladrillos

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Elecciones 2016 y Cultura

PP-Ciudadanos

Los programas conservadores: parole, parole, parole.

Las propuestas electorales de los partidos políticos vienen recogidas en su programa, aunque muy rara vez los votantes las leen. Es probable que si lo hicieran críticamente, hasta los más fieles pondrían en duda su voto.

En dos entregas consecutivas analizaré sucintamente y a grandes rasgos las propuestas culturales de los dos bloques esenciales que a nivel nacional concurren a las elecciones bis del 26 de junio. En realidad bastaría que estos post indujeran a la lectura de los programas de cada fuerza. Sí, bastaría.

Reconozco abiertamente la profunda desgana que se apodera de mí ante programas que comienzan cada propuesta con términos como “impulsaremos”, “promoveremos”, “mejoraremos”, “fortaleceremos”… Tan a mentirijilla me suenan que me cuesta seguir leyéndolos. Los programas de Ciudadanos y el Partido Popular en Cultura están inundados de este tipo de expresiones que excluyen la concreción y el compromiso, que eluden la cuantificación y los plazos de cumplimiento. En mi opinión solamente deben tenerse en cuenta como propuestas ejecutables aquellas que comienzan con términos como “crearemos”, “rebajaremos”, “aprobaremos” o “reformaremos” (si se refiere a leyes y artículos concretos). Ya sabemos que incluso esas afirmaciones serán moderadas por el tiempo y la composición del Parlamento, pero al menos indican un nivel mayor de energía “verdadosa”. Pues bien de las 350 medidas que propone Ciudadanos en su Programa, 14 se dedican a Cultura (188 a 201, excluyo las medidas sobre RTVE) y de ellas las únicas con un cierto aire de compromiso son la recuperación del Ministerio de Cultura, la bajada del IVA al 10%, un estatuto para el artista y el creador, y medidas sobre la Propiedad Intelectual, aspecto que goza de la mayor concreción y en el que se compromete a la reforma de la actual Ley, a la creación de una Fiscalía especializada en delitos contra la propiedad intelectual, y a la aprobación de un Plan para la Protección de la Propiedad Intelectual y las Industrias Culturales. Ciertamente su primer punto en Cultura es “Impulsaremos un Acuerdo Político y Social por la Cultura”, pero, esta cantinela, susurrada en público por todos los partidos, es una evidente impostura: si no hay ni un amago de acuerdo antes de las elecciones –y no lo ha habido en las últimas décadas- es imposible que la Cultura forme parte de un acuerdo estratégico después. Entre los partidos políticos el mantra del Pacto por la Cultura solo será creíble cuando den pasos ciertos: lo demás son parole, parole, parole.

La cercanía de sus recientes años de gobierno hace que la evaluación del Programa cultural del Partido Popular (páginas 193-197) sea todavía más desesperanzada. Leerlo y ser atacado por la distancia o el enfado es todo uno. Porque en él términos como facilitar, impulsar, promover, fomentar…, tienen el peso leve de la más leve pluma: hablan de la nadería más frusleril, del saludo al sol como única estrategia. Más aún cuando ni se menciona derogar medidas tan perjudiciales como el IVA del 21%, o se hace luz de gas sobre su anterior compromiso de aprobar una Ley de Mecenazgo. Si lo concreto desaparece, lo que queda es nada. A la luz de lo hecho, ¿cómo se entienden afirmaciones de apoyo al Instituto Cervantes, al cine, a una Ley de Economía Creativa o al Estatuto del Creador? Desgraciadamente contra el PP está la carga de la prueba de sus años de gobierno, y eso es prácticamente imposible que la mayor parte del sector cultural lo pase por alto. Incluso podemos percibir el aliento de la amenaza en el punto en que dice que se compromete a mantener el tipo súper reducido para Libros, como si estuviera en peligro. ¿Lo está? Lean su programa.

Claro que puede haber otra interpretación a esta expresión difusa de las propuestas electorales: no concretamos porque ya lo hacemos y nos comprometemos en otros aspectos del programa, en temas mucho más importantes, y en Cultura haremos lo que podamos. No sé qué razón sería peor.

Por lo demás, creo que carece de sentido opinar de los programas políticos de los partidos sobre aspectos inconcretos, que no plantean compromisos de ejecución, que no están cuantificados ni presupuestados, y para los que además no se señala tiempo de ejecución. Hacerlo es hablar del viento en Marte. Racionalmente, todos entendemos que los programas electorales deberían ser compromisos que los partidos asumen para aplicarlos en la legislatura, y que el voto es el encargo concreto del cliente, al que no pueden defraudar. Bueno, eso sería lo lógico, aunque fruto de la experiencia que nos proporciona nuestra política de baja calidad democrática, los ciudadanos sabemos que el programa no es un compromiso sino la expresión ideológica de un anzuelo para el voto, al que los fieles, los esperanzados o los frustrados atienden sin siquiera leer la letra pequeña.

Como veremos, esta tendencia, aunque con otros componentes, está presente también en las otras corrientes políticas. Pero eso, mañaaaaaana. José Mota dixit.

Ah, no piensen que lo mío es tendenciosidad, apriorismo o voto contrario. De hecho hoy mismo debo decidir mi voto –lo hago por correo- y siento que nadie me enamora lo suficiente para darle mi sí. La desconfianza es un derecho, pero no debe llevar a la inacción. Porque, no se me va a olvidar decirlo, el voto más valioso de cada ciudadano ha de emitirse, puede emitirse, día a día, haciendo lo que cada uno pueda en su inmediato derredor por mejorar la calidad de nuestro entorno social, cultural, laboral… Ahí, el protagonista es uno, sin excusas que echar a la cara a nadie durante los cuatro años. La realidad la cambian las leyes…, y los ciudadanos.

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