Poder de los técnicos o poder burocrático

La Compañía Nacional de Teatro Clásico está triste, ¿qué tendrá la CNT?  Muy sencillo, el teatro público ha vivido durante unas semanas las consecuencias de la funcionarización, de la dependencia del trabajo funcionario, irracional si es aplicado a la cultura, y a la escena en particular. Una huelga ha parado a la compañía y ha mantenido a los espectadores en ayuno. Un modelo funcionarial que permite que “trabajen” en turnos –incluidas las mañanas- cuando las representaciones son por la tarde; en el que organizar los horarios laborales es un infierno para el arte; que impide o dificulta giras por unos convenios que parecen suscritos para la minería y no para la escena.

Recuerdo una anécdota que en todos los años que llevo en la profesión más dolor me ha producido, estrechamente relacionada con este poder ejercido contra el arte. ¿O es que no hay otra manera de exigir derechos que hacer repercutir las consecuencias de las reivindicaciones en los compañeros artistas y en el público? A la anécdota. Hace casi dos años produje la ópera La Celestina, una ambiciosa producción privada liderada por la Fundación Ana María Iriarte. Era el estreno mundial de una pieza compuesta por Joaquín Nin-Culmell. La ilusión porque quedara registrada, y la incertidumbre de no saber cuándo se repetiría, nos llevó a negociar con las partes los derechos de grabación. Actores/cantantes, teatro y orquesta pronto dieron su aprobación, conscientes de la importancia de guardar memoria  de las obras de los autores españoles. Pero el coro de La Zarzuela se descolgó. Primero exigió cobrar suplementos si salían a escena. Cantaron entre cajas, claro. También exigieron cobrar aparte si se grababa, aunque sabían que nadie cobraría nada y que el beneficio de una grabación operística en España es nulo. La grabación obviamente no se pudo hacer. Se apoyaban en un convenio irracional que concede un poder sobre el arte desmesurado, de veto, a funcionarios de la voz. ¿Quién lo negoció?

Algo huele a podrido en Dinamarca, perdón en España, cuando un funcionario puede impedir que el arte sea apreciado por los ciudadanos. Algo hay que hacer para impedir desmanes que atacan al arte, y encima sin imaginación . Les aseguro que en las compañías privadas, en las que se cobra mucho menos, a ningún trabajador se le ocurriría cargar sus conflictos sobre el resto del equipo artístico, y mucho menos sobre el público. De sus problemas, que los tienen y muchos, hablaré en otro post. Ah, y si se sienten aludidos, respondan, por favor: garantizamos un muro donde colgar las opiniones.

7 Comments

Filed under Gestión cultural, polémica, Políticas culturales

7 Responses to Poder de los técnicos o poder burocrático

  1. José María Torrijos

    Completamente de acuerdo, Robert. La cultura y el funcionariado hacen malas migas. Tenemos sobrados ejemplos de todo ello en Europa.

    • Es un placer y un honor tenerte entre quienes leen, y sobre todo comentan, estas opiniones de urgencia. Gracias, José María.
      Hay muchos ejemplos de funcionarios que no actúan como tales y ponen todo su saber y su energía buena al servicio del arte y de los artistas y compañías, pero el estatuto funcionarial en sí mismo, es en mi opinión una pesada losa para la creación y la exhibición artísticas.
      Abrazos

  2. …vaya!
    Me pregunto si los miembros del coro en cuestión se sienten Artístas y valoran su trabajo como vehículo para “que el arte sea apreciado por los ciudadanos” o sólo un medio de vida.
    Tuve ocasión de trabajar con el coro de la Zarzuela cuando participé en “Las Golondrinas” producción del Teatro Real bajo la dirección de Plaza en el ´99.
    En cualquier colectivo encuentras de todo…pero entiendo que hagan piña en defensa de sus intereses laborales frente a tantos despropositos que acontecen en la “gestión” de los presupuestos
    públicos de Cultura.
    De todas maneras entiendo la indignación…y comparto la impresión de que están “apoltronados”.
    Tal vez el arte más auténtico es el que se ejerce sin la necesidad de comer de si se vende o no la obra.
    Saludos.
    P.D. ¿para cuando plazas de Payaso del Estado? Llevo mucho preparando la Oposición. jejeje

    • Mi ¿desconocido? comentarista del blog. La casuística en la función pública es inmensa, y como en el célebre dicho, a veces impide ver el bosque. Pero, sin entrar en el debate de fondo, que es el papel de la función pública y del estado en las sociedades modernas, sí que parece conveniente no establecer una estrecha relación entre la creación artística y el funcionariado. El arte debe nutrirse de energías emocionantes y vivas, que no cierren a las tres de la tarde. Y nutrirse, también, de un código ético para su funcionamiento, unas reglas que afecten a todos los participantes del proceso creativo y de su exhibición. En definitiva, hacer piña todos, no cada uno de los gremios por su cuenta. Necesitamos una piña fuerte, sólida, compacta que afronte estos tiempos en los que la cultura, tal y como la hemos conocido hasta ahora, está en riesgo. Gracias por tus comentarios.

  3. Senso

    Este problema entre funcionariado y creación, producción… cultural, creo que tiene un punto clave y, según los planteamientos actuales, casi irreconciliable: la seguridad.

    Dentro del mundo de la creación e interpretación, la inseguridad laboral, el hecho de que nuestros proyectos y contratos sean por naturaleza temporales, nos lleva no sólo a aprovechar cualquier ocasión de trabajo -los límites son ya personales- sino a realizarlo de la mejor manera posible, intentado sembrar para el futuro. Trabajamos con vista a la mejor resolución de cualquier conflicto -grande o chico- del proyecto que tenemos entre manos. Productores y artistas embarcados, creemos o queremos creer en ese proyecto concreto que nos hará disfrutar durante un tiempo y nos permitirá vivir dignamente de la creación, nuestro camino escogido.

    Pero ellos no. Ellos estaban antes de que llegáramos con nuestro proyecto y allí seguirán cuando nos marchemos. Vivirán y compartirán el éxito o el fracaso, pero su felicidad no está en ello. Ni su economía tampoco.

    Felicidad y economía… juntas… horror, error. Pero considerando que el arte es nuestra pasión pero también nuestra forma de vida, no hay más remedio.
    Cuando trabajamos podemos tener en mente la noble tarea social, la trascendencia, lo alto; y tenemos, seguro, nuestra responsabilidad y el sentimiento de pertenencia a un proyecto común; pero también tenemos lo pequeño, nuestro trabajo, nuestra manera de ganarnos la vida. El concepto de que el esfuerzo diario ha de tener su recompensa. Y de que formamos parte de una empresa, con su productor concreto, que a todos nos conviene que gane dinerito para que siga poniendo en pie proyectos y todos, dignamente, podamos vivir y ser felices.
    Ellos no tienen ese acicate. Su empresa, por ahora, no quiebra.

  4. Pingback: Imaginación al poder y contra el poder « el blog cultural de robert muro

  5. Pingback: El riesgo de errar frente a la seguridad de ser herrado | el blog cultural de robert muro

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *