De cultura y deporte

Una de las grandes virtudes del deporte es la de generar un espíritu de unidad colectiva, de identificación con unos determinados valores (“colores” les llaman algunos), que posponen o superan momentáneamente crisis, diferencias, conflictos. Al menos cuando el deporte da alegrías de gran tamaño.

No es baladí el hecho de que al margen de tendencias políticas u orígenes regionales se produzca una suma de afectos y entrega a Nadal, Gasol, la “roja”, Contador o Lorenzo. Es bueno. Podría ser mejor, claro.Que el entusiasmo, la identificación, la emoción se produjera en torno a otras actividades con más matices. Sobre todo con matices relacionados con la mejora del alma, con el enriquecimiento del ser humano. Porque el entusiasmo colectivo con los triunfos deportivos, no implica que los entusiastas tengan todas las potencialidades de su alma en activo.

Sería verdaderamente hermoso para la humanidad que la cultura, las expresiones más elevadas del arte, aquellas que permiten que el ser humano tome conciencia de su faceta más profunda, mas trascendente, unificaran los entusiasmos y generaran similar espíritu de confraternidad y orgullo. Y mira que tenemos creadores en la literatura, en el arte como para entusiasmar. Mira que disfrutamos de creadores cuya obra, con toda seguridad, va a permanecer siglos y siglos, mucho más allá de lo que permanezcan las gestas deportivas.

2 Comments

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2 Responses to De cultura y deporte

  1. JMP

    Creo que hay un error de concepto básico y que se explica por el probable desconocimiento del autor sobre el deporte (o la poca estima). Los colores no son valores. Nunca lo fueron, nunca lo serán. Los colores unen a gente que se rige por distintos valores, saltan clases sociales, niveles educativos y culturales y son universales (en un sentido real: el planeta entero vibra en estas semanas en torno al futbol, desde Tibet a Berlín, desde Soweto a Tokyo).
    Puede que el arte tenga «más matices», incluso es muy probable que aporte más a la cultura y el acerbo de un país y por ello esté llamado a perdurar más en la memoría o en la historia de los pueblos, pero eso no hace a los artistas más queridos que los deportistas, que representan en muchos casos el papel de los antiguos héroes clásicos.
    Los deportistas representan los sueños de mucha gente y son un ejemplo para los niños y sus padres porque a menudo encierran maravillosas historias de superación, de sacrificio, de esfuerzo. El arte y la cultura no representan eso, y menos que nunca ahora, porque en buena medida se ha hecho de la exclusividad, de lo criptico y de la inaccesibilidad, una bandera. No pocos artistas afirman sin pudor que no es él público o el espectador el que les interesa o les guía, sino su propio interés… Se desprecia en el propio ámbito a quien es popular (no populista), a quien conecta con el público…
    No nos vendría mal aprender un poco en el sector cultural de los deportistas que citas en tu post.
    Saludos

  2. Bueno, profesional del deporte no, claro. Jugué en regional a fútbol, no era mal pelotari (a mano), me defendí en media distancia en atletismo (hasta la media maratón) y ahora, desde hace unos años, he recuperado la pasión por la alta montaña, y allá que me voy en cuanto puedo. Amo el deporte aunque no me apasiona verlo jugar por otros. Y creo en cualquier caso -lo digo en el post- que los sentimientos que genera son buenos; y son valores: sentimiento de colectividad, identidad, alegría. También es terreno, en parte por ello mismo, para otros rasgos negativos, pero no viene al caso.
    Siempre he dicho, viendo el -a menudo- profundo conocimiento de los aficionados al deporte de sus reglas, que para sí quisiera la cultura esa intensidad, ese conocimiento. Ya me gustaría que la sesuda disputa sobre un fuera de juego la encontrara en relación a poesía, música o ante un lienzo en una galería o museo.
    Lo que trataba de expresar, y que a buen seguro no he logrado, es que la cultura, a la que se accede inicialmente con esfuerzo, permite que nos conozcamos y nos reconozcamos como seres humanos, que trascendamos, no que olvidemos. Y que me gustaría que eso fuera patrimonio de cada día más personas. Las emociones profundas de la literatura la música, la danza, son inenarrables porque son íntimas aunque sean colectivas.
    Y comparto el juicio negativo sobre algunos artistas «exquisitos». El arte, si no se encuentra, si no busca el encuentro con el público es a menudo un acto onanista, lejano de la función social implícita en lo cultural.
    A buen seguro, seguiremos con este tema. Cosas de bichas.

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