Atención, riesgo de deslumbramiento: arquitectura cultural

El Centro Cultural Internacional Oscar Niemeyer prepara su próximo funcionamiento. Avilés sigue la larga estela en España de ciudades que han optado por hacer de la arquitectura cultural un terreno de renovación y de recuperación de zonas urbanas. El éxito de Bilbao es sin duda un estímulo y una referencia que muestra el importante impulso económico que produce la cultura cuando se aborda con ambición. Sin embargo es necesaria una llamada de atención, una prevención no menor. La cultura necesita equipamientos cada vez mejor dotados, y aquellos más valiosos desde el punto de vista arquitectónico pueden jugar un papel extraordinariamente positivo en la dinamización del entorno, pero es imprescindible dotarlos al mismo tiempo de los medios humanos y los presupuestos suficientes que permitan un uso adecuado al servicio de la mejora cultural de los ciudadanos a los que sirve. Son ya demasiados los edificios creados en estos últimos veinte años que teniendo una enorme calidad constructiva y medios técnicos están faltos de medios económicos y de personal que los ponga en valor. Construcciones admirables a menudo escasas de contenidos y en las que la política cultural es la gran ausente.

Hay que pasar decididamente de la fase de construcción a la fase de intervención cultural. Cuesta dinero y sobre todo reclama la definición de políticas culturales específicas. Exige no solo la decisión de levantar edificios culturales que pervivan en la historia local, sino, sobre todo, ponerlos al servicio de los ciudadanos. Que los vecinos abran desmesuradamente los ojos ante un magnífico edificio es cuestión de dinero y de gusto estético. Que hagan suyos los edificios para vivir y hacer cultura, para protagonizarla, es una tarea mucho más difícil. Más cotidiana.

Bienvenido, Centro Niemeyer. Alerta, Centro Niemeyer.

3 Comments

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3 Responses to Atención, riesgo de deslumbramiento: arquitectura cultural

  1. JST

    Soy un tanto escéptico en estos temas… El porcentaje de edificios espectaculares que fallan en su intento de convertirse en iconos es bastante alto, de hecho, creo que el triunfo del Guggenheim de Bilbao o la ópera de Sidney constituye más una excepción que un ejemplo a seguir

  2. JMP

    Desgraciadamente, es mucho más “fácil” encargar un concurso de ideas arquitectónicas o aceptar una propuesta feliz o convertir un antiguo edifico industrial en un bonito espacio arquitéctónico “con usos culturales” que diseñar una política cultural a medio y largo plazo en la que se inserte la vida de dicho equipamiento. Hay ejemplos en casi todas las ciudades de tamaño medio de España. Y el problema añadido es que ante la ausencia de políticas desde lo público la propuesta de las empresas privadas del sector (que podrían tener ahí una magnífica oportunidad) suele ser: que nos entreguen el edificio para que lo gestionemos desde lo privado, prometiendo “una gestión más eficiente” -normalmente a costa de abaratar costes del equipo humano- sin especificar un programa un plan un nada de nada… Así nos luce el pelo…

  3. Pingback: Gijón: pasión por la escoba | el blog cultural de robert muro

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