La morosidad: arma de las administraciones y castigo para la cultura

Terminaba el último post con el comentario que me había hecho Jesús Cimarro sobre el volumen de las deudas que las administraciones públicas –teatros que contratan sus espectáculos- tienen con su empresa: 800.000,00 € aproximadamente. Numerosos ayuntamientos mantienen deudas con buena parte de las empresas, compañías y productoras escénicas y musicales del país, porque el retraso en el pago y la morosidad de esas instituciones se ha multiplicado en los dos últimos años. Se dan casos en que no solamente tardan muchos meses en pagar los cachés firmados, sino que incluso retrasan la entrega de la taquilla cuando esa ha sido la fórmula de contratación. Y es que los ayuntamientos, atacados por la deuda generada las más de las veces por una mala política de gasto, ven como maná los ingresos líquidos de teatros y auditorios. Lo malo es que -según contrato- no es suyo, sino de la compañía que ha trabajado para llenar el teatro.

Se ha hablado largo y tendido de los largos plazos de pago de las administraciones públicas, que según El economista” en España alcanza de media los 135 días, frente a los 63 de media europea, pero se habla poco de los efectos perniciosos sobre las pequeñas y medianas empresas y compañías, que con un bajo nivel de capitalización, ven en riesgo su supervivencia –o ya han desaparecido- por no cobrar el trabajo realizado. La responsabilidad de las administraciones en este caso es enorme porque impone, en primer lugar, una espiral de reducción de los márgenes de las compañías al exigir rebajas en los precios, y, en segundo lugar, puede condenar a la desaparición de muchos más puestos de trabajo en un sector tan dependiente de la contratación pública.

La ley, que existe (Ley 15/2010 de 5 de julio), no logra obligar a ayuntamientos y comunidades a cumplir con los plazos comprometidos. Como tampoco existe forma de que quienes han realizado una gestión desastrosa de los fondos públicos respondan por ello. Y la economía y la cultura como parte de ella, sufre las consecuencias. Financiar a las instituciones públicas con trabajo no pagado tiene un nombre muy feo.

7 Comments

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7 Responses to La morosidad: arma de las administraciones y castigo para la cultura

  1. Josemaria Torrijos

    Si, tiene un nombre muy feo, o mejor dicho, adjetivo: el de sinvergüenzas

  2. JMP

    Sin quitar un ápice de razón ni de gravedad al asunto de la deuda que algunos -repito, algunos- ayuntamientos tienen con algunas compañías o empresas artísticas, tengo que decir que el post es un tanto sesgado y unilateral. En primer lugar hay que dejar claro que en este pais el pago a 90 e incluso 180 días es algo habitual en las relaciones entre empresas, tanto públicas como privadas. Personalmente lo considero un lastre para la agilidad económica y un atraso, pero es así. Es legal y es habitual. En segundo lugar, los contratos están para cumplirlos, y no es poco habitual que se fijen fechas de pago e intereses de demora cuando se inclumplen dichos compromisos. En tercer lugar, de antiguos barros en la gestión de recursos vienen estos lodos. Reducir el problema de liquidez de los ayuntamientos a una desastrosa gestión del dinero público es un tanto simple (lo digo sin ánimo de ofender). Habría que hablar de la financiación local, de por qué y cómo han asumido los ayuntamientos competencias en la dinamización cultural que no les correspondían por ley pero que hoy son una realidad, de la reducción inesperada y drástica de ingresos en las arcas municipales, etc. No todo son malos gestores ni sinvergüenzas, señores. Un poco de perspectiva y de amplitud de miras.

    • JMP: es cierto que que la mala gestión presupuestaria y la morosidad en los pagos no afecta a todos los ayuntamientos. Si ese fuera el caso la situación sería tremenda. Pero la responsabilidad en el pago no tiene excusas: cuando se contrata un trabajo hay que pagarlo en tiempo y forma. Cuando lo que se acuerda con la compañía es la taquilla, ésta es de la compañía, no del teatro ni del ayuntamiento, y el retraso en este caso es todavía más grave. El tamaño de los post no permite matices brillantes, la verdad, pero sin duda cuando alguien planifica una actividad debe de planificar también el pago correspondiente. Si no se hace así es prueba de una mala gestión. En definitiva, la política de ingresos y gastos ha de ser sostenible, y muchos ayuntamientos no se lo plantean así.
      Una anécdota que por primera vez hago pública: hace unos diez años vendí al ayuntamiento de Aranjuez un espectáculo de cinco días de duración, Kaleidoskope, con un coste de 3.500.00 pesetas. Jamás lo cobré y todas las quejas fueron a la papelera. Nadie pagó por ese ¿delito? y a mi empresa estuvo a punto de costarle la supervivencia. Ocho compañías se pusieron en contacto conmigo en aquellos momentos para contarme que estaban en la misma situación. El temor de las consecuencias de la acción legal sobre futuras contrataciones bloqueó cualquier intento de pleitear. Es decir, que además, miedo.

      • JMP

        Claro que no hay excusas para el trabajo mal hecho. La cuestión es si convertimos la casuística en norma general y si hablamos sin estadísticas, visiones generales, mapas o gráficos de datos o sin contextualizar cada caso, como se hace demasiado a menudo en esta profesión, sector o como queramos llamarlo. Yo puedo poner como ejemplo una compañía que cobra diferentes cachés dependiendo de cómo a quién y cuándo y a continuación hacer de mi capa un sayo y decir que las compañias en españa son opacas, arbitrarias o que no desglosas los presupuestos. O puedo decir que la culpa de que los cachés estén descontrolados y sean desproporcionados en la música pop, por ejemplo, es de los intermediarios y de los concejales de festejos que en las últimas dos décadas abrieron la barra libre. Pero el asunto es empezar a construir, señores, un futuro mejor. Y eso vendrá solo cuando haya un lugar común desde el que empezar a proponer y acordar planes de futuro. Si no, seguiremos echándonos la culpa los unos a los otros sin resolver nada. Y sí, hay fórmular para asegurarse el pronto pago de las actuaciones. La cuestión es qué hacer cuando no hay dinero en la caja. De dónde lo vamos a sacar.

  3. Los casos alertan de males existentes, reales. No es malo que se hagan públicos. La extensión es mucho más difícil de precisar, porque, como dices, este es un sector en el que la transparencia no es algo que se conjugue en presente continuo. Cierto: también hay muchas compañías opacas, o por decirlo de otro modo, han de incrementar su profesionalidad y eludir la arbitrariedad en sus cachés y en su relación con el mercado.
    Y estoy plenamente de acuerdo contigo, no basta señalar los problemas -aunque sea imprescindible-. Tan importante o más es ponerse de acuerdo en cuáles son y cuáles las oportunidades que se abren al enfrentarnos a ellos. Juntos. Porque los problemas, las situaciones de cambio -y estamos en una de ellas- son terreno de ideas, innovación, oportunidades. De colaboración y de unidad de criterios.

  4. Pingback: Abusos no, gracias. Por un nuevo modelo de reparto de la taquilla | el blog cultural de robert muro

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