Morrosidad institucional y Eric Cantona

Sí, morrosidad, no es un error. En el pasado Mercartes unos compañeros de stand me pidieron que escribiera algo en una de sus paredes. Como la cosa iba de gracieta, escribí: “Morrosidad: retrasar los pagos fuera del plazo acordado, por el morro.” Pues eso. Los impagos a empresas del sector cultural, esas que alimentan el 90% de las actividades de los municipios españoles, están alcanzando niveles insoportables que acercan la quiebra a muchas de ellas. Algunas, no pocas, ya han sido alcanzadas y han desaparecido.

El Ayuntamiento de Madrid debe por atrasos cinco millones y medio de euros a empresas y compañías que gestionan las actividades de los centros culturales de la capital. NO PUEDE SER. Alguien debe hacerse responsable y pagar por ello. Los ayuntamientos –también los gobiernos autónomos y el central- han administrado muy mal el dinero de todos, gastando más de lo que podían pagar, endeudándose por encima de sus límites conscientemente. La crisis ha puesto las cosas en su sitio. Lo terrible es que los bancos que la han causado negociando “activos tóxicos” es decir, de muy difícil cobro, han visto cómo el dinero de todos les cubría las espaldas. Mientras, pequeñas empresas, que dinamizan la vida económica de un país, se ven arrastradas por la pésima gestión de muchas instituciones públicas, y por la escasez de créditos bancarios disponibles. Pequeñas empresas a las que el fisco persigue si retrasa sus pagos mientras los grandes defraudadores y morosos, salen de rositas. Una risa si no fuese para gritar.

En la gestión pública falta clamorosamente transparencia y responsabilidad, cuando debían ser su seña de identidad. Y, desde luego, que las culpas las paguen quienes han generado el problema. En Cultura, quienes no pagan lo pactado por el trabajo realizado: ofrecer arte, y entretenimiento a la sociedad a cambio de modestos cachés.

(Éric Cantona, el peculiar exfutbolista francés, proponía el otro día castigar a los bancos por su responsabilidad en la crisis, con la retirada puntual del dinero de los clientes. La idea ha cuajado en la red. Qué tentación, qué tentación.)

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