A propósito del Pacto por la Cultura. Es momento de programas y… de acción

El viernes, 17 de diciembre, se celebró en CaixaForum de Madrid, la conferencia estatal de los sectores profesionales y empresariales de la  cultura, , iniciativa impulsada por la Federación Estatal de Asociaciones de Gestores Culturales en la que participaron cerca de cincuenta asociaciones del sector cultural español. El objetivo central era la firma, por todas ellas, de un Pacto por la Cultura como expresión de unidad del sector ante la situación de crisis. Cuando llegué a primera hora de la tarde, los organizadores me propusieron sorpresivamente que diera públicamente mi opinión sobre el documento que servía de base para la redacción de ese Pacto, sustancialmente el mismo que resultó aprobado. Aquí va, de nuevo, resumida mi evaluación.

El documento, extraordinariamente académico, es decir, con una redacción marcadamente “política”, expresa acuerdos genéricos, de los que está expresamente ausente cualquier concreción de carácter programático. Por decirlo de otro modo, es un listado de deseos que apenas “muerden carne” en los gravísimos problemas de la Cultura en España. Un documento que muestra, sí,  la madurez de amplios sectores de la cultura en diagnosticar la situación de abandono de la Cultura por los poderes públicos.  Pero que, al mismo tiempo, señala dos carencias, dos oportunidades de relevancia estratégica y práctica que le quedan por delante al sector.

La primera: las gentes de la cultura deben  pasar de la simple enumeración de sus deseos, a la configuración de un programa de intervención, práctico en definitiva. Pasar, por ejemplo, de hablar de la necesidad de transparencia y democratización a la exigencia de implantación de contratos programa para el acceso a los cargos públicos de gestión.  Pasar de hablar de la necesidad de una nueva ley de financiación a proponer una en concreto, la que desde la cultura exigimos.

La segunda, pasar decididamente del discurso crítico políticamente correcto a la expresión física de la fuerza contenida, del desasosiego, e incluso del justo cabreo que quienes trabajamos en cultura sentimos por la actual situación de abandono e inoperancia de instituciones y partidos. Y planificar y organizar la expresión colectiva de esa fuerza, en forma de movilización si es necesario. Que lo es.

5 Comments

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5 Responses to A propósito del Pacto por la Cultura. Es momento de programas y… de acción

  1. Maguil

    En el viaje de vuelta del CIPE MxDF acabé el libro de Lipovetsky y Serroy: La cultura-mundo…expresa las grandes tendencias de una cultura en unas sociedades globalizadas, universalizadas..los pros y los contras de esta situación. El malestar de muchas sociedades y grupos sociales es patente, pero no acaba de formarse un “programa político” que pueda dar operatividad a los cambios necesarios..un modelo ha muerto pero el nuevo apenas si se vislumbra…en la cultura pasa lo mismo…los viejos modelos de negocio- artes tradicionales +industrias culturales- están ampliamente cuestionados, lo mismo que la intervención pública sin controles democráticos…¿qué hacer?…¿volver a leer a Lenin?…la situación es muy parecida a 1917…cien años después…seguramente este tema de los cables de las embajadas va en esa línea…creo que algunos ya han dicho “por suerte occidente ya no existe”…algo de eso hay…¿quizá queremos arreglar una avería del s. XXI con herramientas del XIX?
    Hay otras realidades que hay que contemplar…Africa, Iberoamérica, Asia -pero no solo China/India- otras sensibilidades que tener en cuenta…y además, están aquí, entre nosotros…¿qué hacemos para el 10% de la población de España que no son “españoles”?…preguntas…
    Salud
    Maguil

  2. Tienes mucha razón, Maguil. Los caminos, los buenos, los que llevan a algún hermoso lugar y en todo caso desconocido, están jalonados de preguntas. Porque quien carece de la facultad de interrogarse, se pierde en realidad el viaje mismo. Un mundo nuevo está naciendo desde hace unas décadas, un mundo para el que carecemos de formación y de respuestas. En el que los paradigmas cambian con frecuencia sorprendente; en el que los polos de atracción se desplazan con más rapidez de la que nuestros cansados ojos pueden seguir; un mundo en el que los actores protagonistas son sorpresas continuas. Y sin embargo debemos seguir “haciendo”, incluso con dudas sobre la utilidad de lo que hacemos. Simplemente por la confianza, vieja compañera, de que al menos la acción nos mantiene vivos. Y en esto llegan y proponen un gran Pacto por la Cultura, cuya sola pronunciación engola nuestra boca y la llena de grandes rimbombancias. Siempre he sido -y lo he escrito- de pactos ambiciosos en cultura, porque la cultura en mi opinión es la argamasa que mantiene unida y con sentido a la sociedad; pero hoy nos urge hacer algo ya, porque la situación lo exige. Y entonces me sale el aguerrido militante de antaño llamando a la pelea, reclamando herramientas para poder combatir a la crisis. Tonterías, en fin.
    No te libras de un abrazo, en todo caso.

  3. Martín-Miguel Rubio Esteban

    Mucho me temo, estimado Robert, que en esta brutal crisis que nos atenza a todos, y que deja a la sociedad en un marasmo enervante en el que no encontramos respuestas vigorosas y resolutivas, la única cultura que será protegida por la Administración es la cultura-propaganda, la cultura distribuidora de la doctrina del poder de turno. Y quizás sea sólo en el teatro, precisamente en la escena, en ese ámbito por el que transitan espíritus con buen oído, como nuestra querida Paloma, en donde se puedan oir las verdades del arriero e incluso, por qué no, sugerir dónde pueden estar las soluciones, por vitandas que ellas sean. Si con la “Electra” de Galdós se armó un revuelo político de mil demonios que trajo decisiones políticas, nos parece hoy que es deber del teatro señalar la herida y las razones por las que el médico no la quiere curar. Un abrazo muy fuerte, Martín

  4. Siempre he procurado estar lejos de la oficialidad, tal vez como actitud correspondiente a un cierto apresto juvenil, peleón, que se niega a abandonarme. El caso es que pienso que la cultura, para decir algo, en realidad para serlo, debe mantenerse lo más al margen posible de los poderes -y del dinero-. Desde esa distancia nace su discurso más libre y transgresor, y al tiempo más fresco y natural; desde esa distancia cumple su papel heridor y restañador. al tiempo Un abrazo.

    • Martín-Miguel Rubio Esteban

      El principal problema que veo hoy a la cultura “en general” es que, salvo casos contados, el pueblo no ve en ella ya sus más básicas aspiraciones, las que nos definen como hombres: la belleza, la libertad, el bien, el vaor cívico, etc. Y al no colmar estas aspiraciones y anhelos el pueblo no se reconoce en ella, y le da la espalda por abstrusa. Cuando alguien o algo es abstruso, difícil de entender de acuerdo a los principios de la razón, o también de acuerdo a los principios menos racionales del miedo, el placer, el lujo o la ambición, es que está ocultando algo: o su impotencia o su mala conciencia. Abrazos

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