Más democracia, en cultura y en todo

Una de las  noticias que casi pasan desapercibidas en las últimas fiestas navideñas se produjo en Madrid: en uno de sus barrios, Hortaleza, se celebraron dos Cabalgatas de Reyes, una organizada por la Junta Municipal del Distrito y, otra, denominada popular o alternativa, promovida por diversas asociaciones de vecinos.

En 2007, el ayuntamiento decidió privatizar, sacando a concurso, la cabalgata del barrio que antes tenía un marcado carácter popular. Los vecinos se quejan no solamente de los gastos que ello ha supuesto -70.000,00 € anuales- sino del arrinconamiento de las organizaciones vecinales, sustituidas por una empresa contratada, y de la puesta al servicio de la cabalgata de las grandes superficies comerciales de la zona, en cuyo entorno transcurre. Mientras, la otra circula por las zonas profundas y deprimidas del barrio y se reclama continuadora de la cabalgata popular de siempre en Hortaleza.

La cosa no pasaría de ser una noticia curiosa, de esas que florecen en las grandes ciudades, espacios de difícil conciliación entre la gestión y la participación. Pero me interesa porque subraya precisamente los extremos del problema. La gestión democrática exige considerar cada una de las situaciones a las que hace frente cada día, como una oportunidad de implicar en la gestión al máximo de ciudadanos y de sus organizaciones, no como problemas que hay que quitarse de encima (en este caso encomendándolo a una empresa). La satisfacción de los ciudadanos, por otro lado, depende también, de su participación, de que sientan que sus opiniones y deseos cuentan y mucho, en la gestión política. Por más que en nuestros responsables prime tantas y tantas veces la tendencia a no contar con los ciudadanos en la toma de las decisiones que les competen. Promover la participación es una tarea prioritaria de las instituciones y de sus responsables; y participar, usar la democracia, es tarea de todos.

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6 comentarios

Archivado bajo Políticas culturales

6 respuestas a Más democracia, en cultura y en todo

  1. Josemaria Torrijos

    Somos expertos en duplicar los entes sin necesidad: Universidades, Facultades, Consejerías, aeropuertos, autopistas, trenes, televisiones… todo aquello que sirva para recaudar votos y malgastar erario. Todo eso suponiendo que no haya «chanchullos» en las diferentes operaciones. La (mala) gestión pública coopera en subir los impuestos y los bolsillos personales de algunos.

    • Maguil

      Un ejemplo, no del campo cultural, para corroborar este hecho: en Castilla y León, 2, 5 M habitantes tenemos aeropuertos en Valladolid, León, Salamanca, Burgos…y están construyendo un aerodromo en Soria!!!! ¿quién da más?…En Euskalherria (!!!???!!!) tienen en: Bayona,Pamplona, Vitoria, Bilbao,Hondarribia…joder…¿no se puede poner un poco de orden en las inversiones públicas?…en toda Europa!!! los alemanes se quejaban de que los griegos eran muy gastadores…coño, les venden ellos los tanques y aviones para que metan miedo a los turcos!! y estamos todos en la Otan!!! esto es un poco absurdo ¿no?…luego quieren convencer a un albañil de que trabaje hasta los 67 años!! hemos perdido algún tornillo en occidente..o lo que sea esto.
      ¿visteis las fotos de la ciudad de la cultura de Santiago de Compostela? ¿hay que pagar todo eso con impuestos?…vamos arreglados.

      • Lo de la Ciudad de la Cultura, en Santiago, es otra de esas decisiones estratégicas -mal medidas, mal tomadas, mal desarrolladas- por la que alguien debería pedir disculpas y rendir cuentaspor la diferencia en los costes de 100 a 400 millones (por ahora). El mayestatismo de los políticos conduce en no pocas ocasiones al despilfarro. No siempre, es verdad, pero en muchas o ocasiones las obras públicas relacionadas de un modo u otro con la cultura se emplean a mayor gloria de quien la decide, sin que los criterios se ajusten a necesidades científicamente definidas. Como le decía a José María antes, es imprescindible incorporar criterios técnicos en estas tomas de decisiones, en la gestión, y reducir las decisiones personales de los políticos al mínimo.

    • Muy de acuerdo, José María: la tendencia a duplicar estructuras es tan útil para el poder y para quienes lo ocupan, que emplean ese sistema no al servicio de los ciudadanos, sino del propio. Aplicar un poco, solo un poco de criterio de «gestión», de racionalidad, a la gestión política, supondría por sí mismo un ahorro considerable y una mejora en todos los servicios.

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