Políticos pavos (“reales”) y Ciudad de la Cultura

Mi querido Antonio Gala dedicaba su “Tronera” del pasado viernes en El Mundo a la Ciudad de la Cultura de Santiago, tema que ha surgido también a debate en este blog. Demasiada cultura, lo titulaba con cierta sorna. Y, sin hacer sangre, comenta con humor la desmesura de las cifras, la megalomanía, el faraonismo que caracteriza este proyecto y tantos otros en nuestro país. Es muy frecuente el descontrol de la obra pública en España, sometida siempre a presiones políticas y empresariales; y más frecuente aún el descontrol en cultura, porque el concepto de cultura que han manejado y manejan nuestros responsables políticos no admite rendición de cuentas, análisis de viabilidad o estudios de rentabilidad. Para los políticos, la cultura, y más la “constructiva”, sirve para dejar su huella, para, al modo de pavos reales, mostrar “plumas”: es como la escenografía de su poder.

La Ciudad de la Cultura forma parte de otros muchos impulsos arquitectónicos en los que estás últimas décadas se ha ido redecorando el parque español de recintos culturales. No hay prácticamente ninguna ciudad mediana o grande que no haya construido teatro, auditorio, museo o complejo cultural…, sin haber elaborado estudios previos sobre su necesidad, su utilidad y, sobre todo, los costes de su mantenimiento y programación. Porque el problema principal no es la construcción –con ser importante-, el problema de fondo es definir la dedicación, el uso, los contenidos de esos nuevos espacios, el modelo de gestión, la programación y el servicio que va a ofrecer a los ciudadanos… Y con ello los presupuestos para que sean construcciones culturales vivas y no catafalcos. La propia Xunta de Galicia estima en 2,5 millones de euros anuales el coste de mantenimiento, que no incluye los costes laborales ni la programación.

Es preciso poner coto a la megalomanía en cultura –y la política de construcciones forma parte de la política cultural-, y exigir que las grandes decisiones sean tomadas con estudios de viabilidad previos y con transparencia. Así es en democracia.

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3 Comments

Filed under polémica, Políticas culturales

3 Responses to Políticos pavos (“reales”) y Ciudad de la Cultura

  1. Totalmente de acuerdo, esos “contenedores culturales” hay que dotarlos de contenidos -valga la redundancia- y esa es la cuestión.

    La nula previsión de esa política cultural – ciertamente no la veo por ningún lado…- trae consigo decisiones de este tipo… Transparencia y participación ciudadana, eso es democracia, pero, ¿realmente los gobiernos quieren eso?

  2. raul ramos

    …y no sólo de contenidos, sino de los recursos necesarios para operarlo óptimamente. Numerosos (de hecho, la inmensa mayoría) son los casos en donde tras incurrir en unos costes inasumibles de construcción y equipamiento de los edificios culturales, las amortizaciones y la deuda a largo plazo asfixian y hacen inviables disponer de personal capacitado y suficiente, abrir las puertas durante todo el día con actividades de índole cultural, social o educativa, contar con la tecnología adecuada para relacionarte mejor con las audiencias, etc.
    Como dice Sir John Tusa, ex director del Barbican Centre: “…Si ves que tu vecino está montando un centro cultural mucho mayor que el tuyo, con la tecnología más cara y avanzada y los espacios más vanguardistas y punteros… no te preocupes: seguramente no tenga dinero para operarlo adecuadamente desde el mismo momento de la finalización de las obras, ni mucho menos, en el medio y largo plazo”
    Un modelo de centro cultural, cuyas dimensiones, gestión y objetivos respondan a las necesidades y aspiraciones de sus beneficiarios, no de las de sus promotores o financiadores, ayudaría bastante. Los contenidos lideran este proceso, pero los públicos han de ser tenidos en cuenta dentro de la ecuación para hacer de estos centros, motores de actividad en el medio plazo y no sólo proveedores de contenidos.

    • La frase de Tusa, fantástica, me recuerda no sé porqué el refrán: “Si las barbas de tu vecino ves cortar, pon las tuyas a remojar”. Y, sí coincido al cien por cien en que la clave decisiva son los ciudadanos, entendidos aquí como públicos. Han de ser tenidos en cuenta antes, a lo largo del proceso de diseño y definición de proyectos culturales de envergadura, por que son los destinatarios reales -no la excusa política-; y deben ser tenidos en cuenta en el momento de puesta en marcha y de funcionamiento. Y ello signinfica crear mecanismos de comunicación, de retorno de opiniones; mecanismos de intervención, mecanismos de decisión concretos. Tan concretos, que puedan medir de algún modo la intervención de los públicos.

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