Buscando compañeros de aventuras

Los casi míticos estudios Cinecittà, de Roma, testigos de cientos de películas esenciales del cine del siglo XX, se han abierto por primera vez al público para ofrecer a los espectadores un recorrido por los escenarios donde se rodaron Quo Vadis, Cleopatta, Ben Hur, Gangs of New York, El nombre de la rosa, La dolce vita, El Padrino III, La pantera Rosa…

El programa “Abierto por obras”, puesto en pie en la Catedral de Vitoria-Gasteiz, ofrece desde hace tiempo a los ciudadanos que lo deseen la oportunidad de una visita guiada en la que se sumergirán en el trabajo arqueológico y de restauración de esta joya medieval, calificado como el mejor proyecto de recuperación de un edificio histórico que se acomete actualmente en Europa. Una iniciativa, esta de abrir los interiores a la mirada pública, que ha recibido el Premio Especial Europa Nostra, además de un notabilísimo éxito de público.

El Ministerio de Cultura acaba de impulsar un programa similar en torno a otros procesos de restauración de importantes edificios históricos, murallas, catedrales o monasterios,  y de otros bienes de interés cultural, desde el Palacio de los Duques de Medinaceli en Cogolludo, Guadalajara, a la bahía de Bolonia en Cádiz.

Tres ejemplos en los que los ciudadanos se ponen el casco y pasan hasta la cocina; tres ejemplos de innovación, originalidad, y búsqueda de nuevos caminos para relacionarse con los públicos, los de hoy y los que pueden serlo.

Todas las artes pueden ser escenario de prácticas similares que busquen el guiño, la implicación, el conocimiento más profundo  de los aficionados y con ello, su fidelización, su conversión en compañeros de viaje. Muchos espectadores aprecian esa posibilidad de conocer lo que admiran –o de aprender a amarlo- desde una perspectiva inusual en la que ellos, además, adquieren protagonismo. En los teatros, por ejemplo, conocer la “parte de atrás”, debatir con los actores o asistir a ensayos.

Pensar en los públicos, en los destinatarios de la acción cultural, no como comensales de un menú reiterado y previsible, sino como compañeros con los que fijamos nuevos destinos de viaje, nuevas aventuras. Compañeros de juegos.

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