Cervantes, ¿para qué?

La realidad grita muchos temas a este blog: los recortes en el teatro de Cataluña, o las exitosas cifras de los espectáculos en vivo de esa misma comunidad, el ruido de La Gioconda revisitada, la muerte de la espléndida poeta Wislawa Szymborska, presente en el Kit de supervivencia elmuro para este año. No los escucho –a duras penas- y hago, además, un alto en el camino del patrocinio. Ya volveremos. Y me quedo con el Instituto Cervantes como tema elegido. Y sus atribuciones y disputas, claro.

El nuevo ministro de Exteriores reafirma su potestad sobre esa institución, puesta en duda días antes por el de la cosa cultural, José Ignacio Wert. En realidad la cuestión central no es la disciplina administrativa de la que depende: eso tan solo afecta al reparto del poder que tan afilados pone los dientes a algunos políticos. Lo realmente relevante es para qué va a emplear España esa magnífica herramienta con la que cuenta para multiplicar su presencia e influencia en el mundo.

El Cervantes es, hasta el momento, una red de centros operativos situados en países de habla no española, dedicados a potenciar y enseñar la lengua española y la cultura en español. Nada más y nada menos, sin duda, pero sus objetivos podrían ser mucho más ambiciosos estratégicamente. Porque para ello estamos en mejor posición que Alemania con su Instituto Goethe o Francia con su Alianza Francesa, que sin embargo disponen de presupuestos mucho mayores. Pero para ello debería definirse el papel de España en el mundo, definir nuestro perfil diferencial y apolíneo, tomar posición sobre cómo queremos que nos vean y qué podemos ofrecer a quienes nos miran. España es la lengua, la cultura, la historia y el arte, curiosas tradiciones por las que somos conocidos, turismo, gastronomía y un modo de vida envidiado en occidente; es sol, acceso libre a las playas, diversión; es Almodóvar, Plácido Domingo y Rafa Nadal; es el Madrid, el Barça y el jamón ibérico; es Tenerife y Miró, Sevilla y Salamanca, Picasso y los toros… Hasta el logotipo expresa hoy la cortedad de miras con que ha sido tratada esta institución: una eñe nos resume, para que vean ustedes.

¿A dónde quieres ir a parar, Robert? A que esos son los atributos que hemos de poner en valor en nuestra relación con el mundo; en los que debemos buscar la excelencia y la máxima satisfacción de quienes nos visiten; valores que nos configuran como un país en que la cultura –entendida esta vez muy ampliamente- es el signo diferencial; valores con unas extraordinarias implicaciones económicas en las que las empresas han de estar presentes. Voy a que el Cervantes tiene en ese plano máximas responsabilidades. El nombramiento del indiscutible Víctor García de la Concha, no parece ir en ese sentido, la verdad.

De la innombrable saldremos tarde o temprano, con más o menos heridas, pero saldremos mejor y durante más tiempo si hacemos de la cultura tal y como la he expresado, nuestra fuerza estratégica, lo que ofrecemos al universo mundo.

Menos disputas por el poder y abramos el horizonte del Cervantes para hacer de él una herramienta económica al servicio de un proyecto de país líder en el mundo en aquello que puede serlo.

(si quieres recibir un aviso en el mail con cada nuevo post, puedes hacerlo escribiendo tu mail en donde pone “Suscríbete”, en la columna de la derecha. También puedes seguirnos dándole al “me gusta” en nuestra página de  facebook)

2 Comments

Filed under Cultura, General, Gestión cultural, Opinión, Políticas culturales, Reflexión

2 Responses to Cervantes, ¿para qué?

  1. Fátima Rodríguez

    Hola Robert:
    A ver si es verdad lo del Cervantes. La cabecera de tu blog es muy bonita.
    Fátima

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *