Visca Catalunya, con perdón

Los “vivas” tras los cuales hay el nombre de un país, nación o nacionalidad, suelen poner mis escasos pelos firmes cual escarpias. En el mejor de los casos me recuerda el papanatismo de “viva mi pueblo” (que no sabes si lo que de verdad quiere decir, es biba yo y avajo los demás), y en el peor, el terrible “viva la muerte” del legionario Millán-Astray de infausta memoria.

Ya, ya sé que el post anterior rezaba Viva España, pero supongo que a nadie se le ocultó que lo que quería gritar era un imperativo “Vivid, no os dejéis desanimar”, ante la agresión psicológica a la que está sometida la buena y humilde gente de este país para que se trague la crisis sin chistar.

Bueno. Pues hoy me dan ganas de gritar “Viva Cataluña, o Visca Catalunya”, y es que cuando uno coge carrerilla es difícil pararle.

Sergi Belbel, director del Teatre Nacional de Catalunya ha decidido programar la obra de cuatro autores catalanes jóvenes en la Sala Grande del TNC. Salivo de envidia por su valor y por la medida misma que, aunque tardía –es su última temporada- expresa la decisión de promover al primer plano a los dramaturgos locales. La cultura de un país, la cultura vinculada a una lengua, a unas tradiciones, a un pasado común que alimenta historias colectivas e Historia, debe ser respetada, conservada, delicadamente cuidada. Por eso siento hoy envidia por la decisión de Belbel, y pena por el castizo desprecio por lo castizo que anida en las mentes de tanto moderno sin pasado que bebe los vientos por cualquier novedad y desecha lo cercano, lo propio.

No hay forma de que los creadores crezcan y se hagan grandes –sean dramaturgos, realizadores, novelistas, poetas, fotógrafos o pintores…- sin el alimento que suponen estrenos, publicaciones, grabaciones, exposiciones…; sin el alimento que supone el juicio del público, al que sus creaciones van destinadas.

Pues eso, que sana envidia.

NOTA: Pena penita pena, por Juan Luis Galiardo, ese nadador irredento y atleta en su vejez; y por Gustavo Pérez Puig, que montó a Alfonso Sastre cuando hasta los suyos le negaban el pan y la sal. Fíjate, le gustaban Sastre, Buero, Jardiel y Mihura,  una tierna contradicción. Y es que, para algunas cosas, hay derechas valientes e izquierdas cobardicas.

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2 Comments

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2 Responses to Visca Catalunya, con perdón

  1. Maguil

    Gracias, Robert, por la posibilidad que nos das de dar nuestra opinión sobre diversos temas escénicos y culturales. El tema tiene su chiste que dicen en México. Resulta que queremos dramaturgias nacionales y regionales (al margen de los idiomas) sin apoyar a los autores…para que escriban, editen, difundan…y se lean o representen sus obras.
    En muchas regiones, en los proyectos de ayudas, se apoya el que se representen autores nacionales contemporáneos…da lo mismo alguien de Almería que de La Coruña..de Girona o de Huelva..y no puede ser!!! no hay vida en desiertos culturales…y menos en regiones con una población menor que Madrid, Cataluña o Andalucía.
    Desde la iniciativa individual y social se pueden hacer muchas cosas, pero las administraciones tienen recursos sociales que han de poner al servicio de los ciudadanos..propios y extraños…también de los ciudadanos que se dedican a la cultura!!! como los autores teatrales…no se trata de mirarse siempre el ombligo..pero conviene mirar de vez en cuando!!! a lo mejor descubrimos que hay autores que saben qué contar y cómo contarlo…como Belbel en Barcelona.

    • Robert

      Gracias a ti, Maguil, por ser y por estar siempre. Por la racionalidad con que acometes cada aportación. Para mí la geografía humana es la patria, no la geografía física. La patria son mis hermanos que están cultivando la tierra, ¿te acuerdas de la vieja canción? En serio, la patria es la lengua que mueve el alma (para unos una solamente, para bastantes dos y hasta tres lenguas, qué suerte). A quienes escriben, realizan, pintan en esa lengua que nos es común -o que es común a otros- hay que potenciarlos, apoyarlos, darles juego para que experimenten y crezcan. Por eso la sana envidia de promover la creación en la lengua original y no la traducción, que también ha de tener su sitio, eh.

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