Viva España: cuestión de ánimo y de ánima

Ni hace cinco años nuestro país, su economía, la banca o la cultura eran la bomba (y los lugareños los reyes del mambo), ni ahora –mucho menos- es un país del que avergonzarse (y sus moradores unos mangurrinos).

Quienes tienen más de treinta años saben que España ha dado la vuelta tras decenios de ostracismo, falta de libertad y cutrerío producido por el régimen franquista. Con mucho esfuerzo -y con ayuda europea también, sí-, hoy es un país bien comunicado, presente en la política internacional y en la economía mundial, ejemplo para muchos países que quieren alcanzar la democracia en paz, con un buen sistema sanitario, un digno nivel de vida y un respetable, aunque bajo todavía, consumo cultural. El crecimiento acelerado produjo también miserias de varios tipos, entre ellas las provocadas por la codicia rapaz, por el triunfo rápido, por el ladrillo desdichado, por el político alicorto, por el banquero ladrón.

Pero los españoles hemos de estar orgullosos de serlo –no de nuestros defectos- y estar prestos a trabajar duro para salir de este charco que aunque la gente normal no ha provocado, ha contribuido por dejadez y contagio a que se produjera. Necesitamos aunar esfuerzos, ser conscientes de la relevancia de tantas y tantas cosas que nos dan valor diferencial: la historia, la lengua, numerosas empresas, el lugar en el mundo, la cultura y el arte, la capacidad de acoger turismo, un modo de vivir, por qué no… Y trabajar en lo que cada uno tenemos más cerca para hacerlo cada día mejor, con la máxima ambición de contribuir colectivamente a salir del marasmo. También ejerciendo solidaridad con los que, cerca, sufren, compartiendo el pan y la sal, que es momento de hacerlo. Con la decisión de que aprendamos de los errores pasados y pasemos cuentas a políticos, banqueros o empresarios desaprensivos y elijamos mejor cuando tengamos que hacerlo.

Todos, particularmente quienes trabajamos en el mundo de la cultura, que tanto contribuye a la especificidad de “ser” y “hacer” España, hemos de aportar ese valor contributivo. Todos debemos ser conscientes de que en los próximos años nos jugamos el orgullo sano, ese motorcito imprescindible para llevar los ojos al horizonte, no al suelo. No rendirnos, aunque cobremos menos, aunque perdamos el trabajo, aunque comamos peor, aunque las vacaciones sean de ventilador… Rendir el ánimo, el espíritu, es la garantía de alargar indefectiblemente el dolor y la recuperación. No tengo recetas; sugiero ánimo, ánima.

Ellos hablan de la “marca” España como si fueran vendedores de crecepelo. Nosotros, cada uno a su medida, hemos de hacerla. Simplemente.

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Filed under Cultura, General, Opinión, Reflexión

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