El libro como emoción: leer es güeno

Nuestra época –o tal vez todas las épocas que han sido y serán- está llena de sepultureros. Gentes que alegremente encabezan el discurso de que lo viejo ha muerto y debe morir más todavía, y que hay que correr a hacerse con lo nuevo (comprarlo), tras enterrar de urgencia lo recientemente fallecido. A veces esos voceros son adelantados visionarios; las más de las veces son, sin saberlo, replicantes al servicio de quienes necesitan vaciar sus fábricas de neoproductos. Así funciona la modernidad capitalista. Una pena parece que inevitable, porque impide que las “cosas” adquieran su propia vida y se despidan cuando verdaderamente ya no son necesarias. A más del derroche que supone, claro.

Largo periplo introductorio, pardiez. La cosa viene a cuento de un artículo “paisino”, titulado El lector electrónico languidece. Sin entrar a leer ya me había yo compuesto el argumento y me decía a mí mismo, que cómo no va a languidecer si quienes leen siguen haciéndolo masivamente en papel (no son enterradores); y quienes aman las máquinas electrónicas, leen más bien pocos libros.  Yo mismo y mi hija somos dos ejemplos. En mi iPad leo informaciones y, ocasionalmente hasta libros. Pero cuando quiero disfrutar de la lectura prefiero hacerlo con un libro de papel, cómodamente sentado y degustando al tiempo un café o un vino, y armado de un lapicero entre los dedos. Prefiero levantar la mirada y dejar que se pierda en los meandros de un viaje al que me ha llevado un párrafo y en el que me he detenido (mi iPad, cuando siente que me he “ido” se apaga automáticamente). Mi hija, que maneja todo tipo de maquinamen electrónico como si lo hubiera diseñado ella misma, juega, teclea, chatea, tuentiea, viaja y disfruta sin ser consciente del tiempo. Pero todavía no conoce al capitán Achab, ni a Tom Sawyer, ni sabe de Phileas Fogg o Julieta y sus historias de capuletos y montescos.

No creo que para ser feliz, estar en paz con uno mismo y con el mundo o alcanzar la sabiduría, sea imprescindible cultivarse (que eso significa cultura), y por lo tanto leer: he conocido a buenas gentes que apenas se exponen a la cultura y que son razonablemente felices y de quienes siempre puedes esperar un sabio consejo y una excelente receta para la salud quebrantada. Simplemente a mí me gusta y lo que me gusta procuro compartirlo. Y eso es lo que me ocurre con el arte, la literatura, el teatro, la música, el cine…

Quizás sea, también, una manera de agradecer a Miguel Hernández, Julio Verne y Cortázar, Neruda, Melville, y tantos otros, sus palabras y sus personajes, esos que me habitaron y me hicieron.

Nada, que vivan los libros, aunque se apaguen y no se puedan doblar.

(si quieres recibir un aviso en el mail con cada nuevo post, puedes hacerlo escribiendo tu mail en donde pone “Suscríbete”, en la columna de la derecha. También puedes seguirnos dándole al “me gusta” en nuestra página de facebook)

1 comentario

Archivado bajo Cultura, Formación, General, Opinión, Reflexión

Una respuesta a El libro como emoción: leer es güeno

  1. Mr Wall , leer es bueno, si. Pero la lectura no debe ser un sucedáneo de la vida y la experiencia. Ahora desde la atalaya de los lustros, constato que me hubiera gustado de joven haber jugado mas al fútbol, haber hecho autoestop, o haber corrido encierros. En su lugar fui un lector compulsivo. Y de mayor, hacer lo que no se ha hecho de joven es chocante, políticamente incorrecto, e incluso antiestético y malo para la salud. Y eféctivamente no me acostumbro a la lectura electrónica que a pesar de sus ventajas, como la bicicleta eléctrica, me genera un repelus arcano y visceral.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *