Autores todos: OS QUEREMOS!!!! (aunque a veces no lo parezca)

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Hace unos días una asamblea extraordinaria de la Sociedad General de Autores y Editores acababa, nuevamente, sin ver aprobadas las cuentas anuales ni las nuevas tarifas de derechos para las franjas horarias televisivas. Si hacemos caso a los medios de comunicación, algunos de ellos muy, pero que muy interesados en que las cosas de SGAE vayan mal (luego veremos porqué) establecían paralelismos entre la asamblea y la serie “Aquí no hay quien viva”. Comparaciones que son un despropósito, por cierto.

Desde hace unos años, la sociedad que representa los intereses de los autores y que se encarga en nuestro país de recaudar sus derechos conforme a la legislación, no deja de vivir un estado de crisis interna y de ataques externos. La crisis interna está producida en buena medida por el cambio de modelo de gestión y de liderazgo tras la desaparición de Eduardo Bautista como presidente. Sus sucesores, que tomaron la responsabilidad en plena y brusca bajada de la recaudación de derechos, se encontraron, además, con equipos que no habían elegido, con decisiones estratégicas que no habían tomado (Arteria) y con una sociedad –la española, incluidos sus políticos- que no reconoce en la práctica el derecho de los creadores a vivir de sus creaciones, algo que solo puede explicitarse con el pago del porcentaje correspondiente por la utilización y disfrute de sus obras.

Para mayor dificultad, este periodo reciente ha sido testigo de diversas legislaciones sobre propiedad intelectual, a menudo parciales y poco duraderas, y con un cambio de fondo en el modo en que se consume la cultura, trasladándose buena parte de ese consumo desde los soportes físicos a los virtuales.

Si como espectador externo me preguntaran (ya, ya sé que nadie me lo va a preguntar: era algo retórico) mi opinión sobre la situación de SGAE y su diagnóstico proyectado al futuro, agruparía lo que pienso en los siguientes puntos.

  1. SGAE tiene déficit de liderazgo, personal e ideológico. En lo personal, las situaciones verdaderamente difíciles, y la presente lo es, requieren al mando de la nave a personas capaces de suscitar un indiscutible consenso; personas que sepan aunar y buscar el interés de la mayoría por encima de todas las cosas. En lo ideológico, se precisa reconstruir el respeto de los ciudadanos hacia la obra y la figura de los autores como inversión del conjunto de la sociedad en su futuro cultural. El hecho de que “descargarse” arte esté bien visto y que hablar mal de la sociedad de los autores sea una actividad casi profesionalizada, refleja hasta qué punto la sociedad española está desarmada ante la necesaria construcción de una Cultura propia y autónoma. Pero la culpa también es de quienes desde las propias filas de los autores han tenido y tienen la responsabilidad de generar ese respeto hacia los creadores. La principal tarea que tienen los autores y sus sociedades de gestión es recomponer su imagen ante la sociedad, y convencerla de que un país que pretende disponer de una cultura propia dentro de unas décadas, debe favorecer y potenciar que los creadores vivan hoy de su trabajo. Hoy, algunos autores –apenas un puñado- parecen más interesados en recaudar lo más posible que en que los derechos de autor reflejen el respeto social a la figura del creador. No les importa la algarabía.
  2. En SGAE conviven autores con editores, es decir, creadores, con titulares de derechos que no son creadores. Esta medida se anunciaba desde su inicio, hace muchos años, como un foco de conflictos. Tal vez sea el momento de plantearse que pueden existir, coexistir, una sociedad que gestione derechos de autor (incluso varias sociedades de derechos de autor), y otra/s que gestionen los derechos de los editores. Es mucho mejor que existan varias a que exista una que internamente tiene dificultades para funcionar como una sola organización. Una sociedad de guionistas y autores dramáticos y músicos es perfectamente posible.
  3. La SGAE debe proceder, probablemente, a reestructurarse internamente y a dotarse de equipos alineados con las nuevas direcciones, que trabajen en sintonía y lealtad con las directivas y consejos elegidos por los socios, que pongan sus conocimientos al servicio de sacar adelante la imagen y los derechos de los autores, por encima de los intereses de grupos internos de presión, sean cuales sean éstos. El capital histórico acumulado por la sociedad de los autores es enorme, y está siendo dilapidado en poco tiempo sin que se aborden estratégicamente las causas.
  4. La resolución del problema llamado de “la rueda” es esencial, por ejemplificante, y probablemente piedra angular para la solución de otros problemas. Muchos se preguntan lo que es “la rueda”: pues bien, en pocas palabras, es lo que explica porqué, sea cual sea la cadena televisiva a la que se conecte uno a las tres de la mañana, se emiten grabaciones musicales que jamás volverán a oírse por ningún otro medio ni por otros intérpretes. Es un sistema por el que algunos autores y las televisiones (aquí está una de las claves de la acritud de los medos con SGAE), recuperan por la vía de los derechos de autor lo pagado a SGAE, sin que eso corresponda realmente a consumo cultural alguno, simplemente por tiempo de emisión. Este tema, que desde fuera parece estúpido, mueve millones de euros para algunos autores y cadenas que se aferran a sus recaudaciones, aprovechando resquicios legales y el inadecuado valor de los derechos en esas franjas horarias que nadie ve.
  5. Muchos medios de comunicación (y muchas personas animadas por aquellos) llegan incluso a manipular la información para atacar a la sociedad que recauda los derechos de autor, que no olvidemos es el dinero que ellos perciben por su trabajo: su medio de vida. Muchos se frotan las manos imaginando un futuro en el que los derechos de autor pudieran defraudarse todavía más fácilmente de lo que hoy se defraudan: eso que se ahorrarían. La consecuencia, desgraciadamente, sería que la creación, el arte, la música, la danza…, dejarían de existir tal y como las conocemos o vivirían una lánguida vida , y la pujanza que ha venido mostrando las últimas décadas se vendría abajo. Frente a esto, los autores, todos ellos, deben alinearse en un frente único y no proporcionar munición alguna a los medios atacantes.

Quienes sentimos que los guionistas, compositores, dramaturgos, coreógrafos… son insustituibles en la labor de hacer cultura y construir país, nos sentimos abochornados por situaciones como las que rodean la asamblea extraordinaria del lunes día 26 de enero. Sin ser linces sabemos que intereses personales de algunos, en todo caso minúsculos, están siendo puestos muy por delante de los intereses de todos los creadores. Solamente pedimos a quienes entre los autores estén más libres de pecado, que tiren la piedra sin esconder la mano, y expliquen a los ciudadanos la situación. Antes de que el crédito se agote es mejor, si es necesario, romper la baraja para empezar de cero. De nuevo.

 

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