Mira el bosque, no al árbol: el IVA cultural ya no es el problema

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Derecha, neoderecha y medio izquierda ya anuncian y dan por descontada la derogación del IVA al consumo cultural decretado por Wert y Montoro. El coro de corifeos llega tarde.

Mientras hemos sufrido la medida fiscal hemos pensado y mucho, y ahora ya no es suficiente volver al punto de partida. Queremos otro punto de partida. Queremos otro juego. La discusión no está en los números, sino en el horizonte al que mirar.

La subida del IVA al 21%, desde el 8% del que partía, solamente afectaba al consumo cultural, o por decirlo brutamente, a las entradas de los espectáculos y al cine, entre otros servicios culturales. La subida afectó a la creación y a las empresas de producción de arte, pero ellas ya partían de que pagaban el 18%.

En estos años nos hemos hecho una pregunta esencial ante esta situación: ¿Por qué la fiscalidad de la producción cultural debe ser diferente y mayor que la del consumo? Y nos la hemos respondido: no debe ser diferente porque ambas –producción, es decir, creación y exhibición, por un lado, y consumo, por otro- forman parte del mismo proceso, del mismo servicio cultural. Y que quienes hacen posible el arte paguen más impuestos que quienes lo consumen lanza un mensaje al mundo y a la sociedad perverso e injusto. Perverso, porque a los ojos de la sociedad identifica a las empresas y organizaciones dedicadas a crear arte como empresas indiferenciadas respecto a cualesquiera otras: si pagan los mismos impuestos, son de la misma categoría y aportan el mismo valor social. Y no, son empresas, compañías, productoras, teatros, cines, galerías, orquestas, auditorios…, que ofrecen y garantizan un servicio público. Injusto, porque la cultura –sin distinciones entre producción y consumo-, está recogida específicamente en la Constitución, en su Preámbulo y en otros artículos, como un valor que las instituciones públicas deben promover en beneficio de todos los ciudadanos y de la sociedad en su conjunto.

Los ciudadanos más sensibles, muchos por cierto, los creadores, productores, agentes culturales, han hecho frente común estos años a la medida trágica y dolorosa del incremento de 13 puntos en la fiscalidad cultural, que la situaba como un lujo, y que tanto daño a hecho. Hoy el dedo extendido no nos debe hacer perder de vista la dirección a la que apunta; hoy el árbol no debe impedirnos ver el bosque; hoy la bajada unilateral del IVA no nos debe despistar ni hacer olvidar que lo que necesita la cultura es un nuevo modelo impositivo. Un nuevo modelo que se asiente en el principio constitucional que reconoce a la cultura como un servicio público, beneficioso para la sociedad.

Ese nuevo modelo fiscal, ahora ya irrenunciable, ha de implantar cuatro medidas básicas:

Primera: Un único tipo de IVA, el mínimo o súper-reducido, para todas las actividades artísticas y culturales, tanto para aquellas que afectan directamente al consumo, como aquellas relacionadas con la producción de bienes y servicios culturales y artísticos, que atañen fundamentalmente al tejido empresarial cultural pero consecuentemente, afectan finalmente a los ciudadanos, y a la calidad del arte producido y consumido. Más claramente dicho: las entradas, es decir, el consumo, y la producción, es decir, la actividad de las empresas y organizaciones dedicadas a la producción, tendrán el mismo tipo impositivo mínimo.

Segunda: El pago del Impuesto de Sociedades no será obligatorio para aquellas empresas y organizaciones culturales cuyos beneficios sean mínimos. Este impuesto, además, ofrecerá ventajas a las empresas y organizaciones culturales que teniendo beneficios, reinviertan fehacientemente parte de ellos nuevamente en actividad cultural.

Tercera: Se establecerán tipos fiscales o medidas impositivas (impuesto de sociedades, tramos, deducciones…) que atiendan a la diversidad de los ingresos generados por las distintas organizaciones, de tal modo que las grandes empresas culturales y las pequeñas empresas creativas no soporten la misma presión fiscal.

Cuarta: Se aprobarán deducciones en el IRPF por consumo cultural, que impulsen el consumo de bienes, productos y servicios culturales por la vía de la desgravación por tramos de gasto acreditados.

Es cierto que el marco general de desarrollo de la cultura de un país no es exclusivamente fiscal: sistemas de créditos ad hoc, legislación sobre patrocinio y mecenazgo y sobre innovación, modelos de emprendimiento específicos para la creación, nueva regulación de los derechos de autor que garantice y respete su labor, normas laborales y de Seguridad Social adecuadas a la realidad de artistas y creadores, entre otras medidas, conformarían un nuevo marco general estratégico. Pero la fiscalidad, el modelo impositivo con que la Cultura contribuye a la marcha del país, es una clave esencial que define su relevancia estratégica. Las medidas concretas que proponemos buscan que la cultura pueda jugar el papel que le corresponde si deseamos que contribuya decisivamente a la mejora de nuestro país y nuestra sociedad.

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11 Comments

Filed under El Blog Cultural de Robert Muro, Opinión, Políticas culturales

11 Responses to Mira el bosque, no al árbol: el IVA cultural ya no es el problema

  1. Efectivamente, Robert. Más claro imposible. Esto es dar el siguiente paso a la queja, que es construir alternativas de futuro. Comparto.

  2. Joseba García

    Asumo y respaldo todo lo expresado. Ya era hora de que este enfoque se expresase en voz alta. Se han centrado mucho las protestas sobre el IVA de las entradas, pero nadie ha dicho que se está devolviendo a las administraciones públicas el 21% del presupuesto que destinan a cultura. No conozco ninguna empresa cultural que haya repartido beneficios. Si queremos futuro, empecemos por la base. Gracias Robert

    • Gracias a ti por tus comentarios, Joseba. Viene una época en que deberíamos intentar profundizar en lo que une al sector para presentar a todas las opciones políticas y a las instituciones públicas un listado de necesidades inaplazables -del sector y de los ciudadanos-. Nada fácil cuestión.

  3. Creo efectivamente que no hay que perder el horizonte, es muy lúcido el artículo y las medidas completamente viables con algo de voluntad política. El problema Robert, es que cuando bajen el IVA tampoco debemos olvidar que lo subieron y darnos por bien servidos pese a los estragos. Hay que actuar para blindar la cultura de los incultos con poder.

    • Tendemos a olvidar porque mantener la vista en el horizonte es un esfuerzo difícil de conservar en el tiempo: la necesidad de hacer frente al día a día de la supervivencia y el trabajo lo ponen muy complicado. Todo sería más sencillo si dispusiéramos de un programa de mínimos en el que todo el sector estuviese de acuerdo y que recogiera lo esencial de una cultura al servicio de la sociedad. Que debatamos estas cuestiones, en todo caso, ayuda a centrar y unificar. Y luego vendrá el paso de dar voz a ese programa, otro escalón nada sencillo con un sector profesional tan poco estructurado y organizado como el nuestro. Lo dicho, mirar al horizonte y no parar ni un segundo, que casi vamos contra el reloj.

  4. Maguil

    Buenas..ufff…llevo mucho retraso en tantas cosas!!! buen artículo resumen de la situación en la que se puede profundizar un poco más. El IVA de los honorarios y cachets era el 16? no estoy seguro ahora…subió al 21, pero el de las entradas -lo que afecta al bolsillo del espectador directamente- subió 13 puntos en un momento en el que la taquilla resistía. Fue la puntilla para todos los espectáculos en vivo y el cine. Los promotores de Pop simplemente dejaron de programar. Por otra parte, según nos cuentan nuestros amigos economistas, sabemos gestionar parte de los ciclos económicos, pero se nos resisten algunos momentos…no sabemos exactamente cómo se llega a la “masa crítica” y entrada en el umbral de rentabilidad, sabemos gestionar cierto grado de saturación y madurez de los mercados…pero en el momento en que cae la curva de la campana de Gauss de forma abrupta suceden cosas para las que la ciencia económica no tiene respuesta clara…por ejemplo, en Europa…(no USA, Europa) cada punto que se retira de los presupuestos públicos provoca una retirada de 0,5 adicional de inversión privada alrededor de ese tema. Ejemplo…si no hay ayudas para la producción escénica no renovamos equipamiento en las empresas, que financiamos con ahorros, inversión privada o créditos bancarios…cada punto retirado de los presupuestos supone 1,5 de bajada del PIB cultural, por ejemplo…no se contrata música? no renuevo mi guitarra, mi amplificador…cierra la tienda de música…esto se sabe desde los ochenta…o antes…cuando la actividad baja tanto y bruscamente (un 50? 60%? ) las herramientas de otras fases de la campana de Gauss no sirven exactamente…hay que refundar la economía de la cultura, me temo.
    Abrazo fuerte!!!!
    Maguil

  5. Querido Maguil: ¡Qué bien leer tus siempre razonados y sugerentes comentarios! siempre abriendo puertas o ventanas. Gracias. Como dices es un resumen. En la revista Acotaciones se publica en el próximo número el artículo “madre”, que es más extenso (8 páginas) y sobre todo, más explicativo. Cuando se habla de estos temas es bueno acompañarlos de razonamientos bien articulados para que no queden en simples desiderata.
    Coincidimos en una as de cuestiones de fondo, cual es la responsabilidad en las políticas presupuestarias, de financiación y ayudas a la creación, a la producción. Ha de recuperarse, y multiplicares en los próximos años, por poner en relación los presupuestos con la Constitución que marca un trato diferencial con la Cultura; y segundo porque es el máximo generador de identidad, de referencia para una sociedad, culminación de los procesos de educación…, y tantas y tantas razones.
    Me gusta mucho esa idea final de refundar la economía de la Cultura.
    En junio retomamos los Debates… ¡Con Jamón!, que esta vez van a ser nómadas, viajando por teatros, museos, salas… de Madrid, y que serán dinamizados por “provocadores” buenos con breves intervenciones iniciales. ¿Te animas a ser uno de ellos? Sería un regalo que pudieras aceptar.
    Abrazo, suerte y al voto.
    R

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