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El teatro como herramienta para las empresas… Y las personas

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La pasada semana acudí a la sede que Bankinter tiene en Tres Cantos, un edificio moderno en el que me sorprendió el espacio que tienen dedicado a la formación de sus empleados. Lo forman varias salas de uso múltiple que podían agruparse en una única aula grande, para más de doscientas personas. En los colores, la organización y los lemas que presiden las salas y espacios comunes, estaba muy presente la preocupación por fomentar la creatividad, el deseo de aprendizaje y el impulso por compartir conocimiento con otros. Fui allí junto a Pedro Antonio García, a presentar el programa La Empresa a Escena de elmuro a Enrique Díaz Mauriño, responsable de formación de este banco que tiene en la innovación una de sus fortalezas.

Muchas empresas españolas han integrado en sus rutinas organizativas la formación continua de sus trabajadores en aquellos contenidos que técnicamente tienen relación con su actividad específica y de negocio. Sin duda la competitividad e incluso la sostenibilidad de las organizaciones exige una puesta al día constante de los conocimientos específicos y diferenciales en un mundo en cambio permanente.

En lo que el avance formativo está todavía por desarrollar, y donde más oportunidades tienen las empresas para mirar más allá es en aquellas áreas que tienen que ver con la creatividad, la escucha, la empatía, el trabajo en equipo, la mejora de las habilidades narrativas, expositivas y de relación, las que tiene que ver con la capacidad de hacer frente a situaciones de conflicto o que requieran improvisación, o la capacidad de articular su comunicación pública de forma espectacular. A pesar de que estas facetas introducirían elementos diferenciales frente a sus clientes y frente a la competencia, muy pocas empresas les dedican los recursos necesarios.

Las relaciones de las empresas con su entorno, e incluso las de los propios trabajadores entre sí y en el organigrama de la empresa, son en esencia actividades de representación, en las que cada cual “actúa” asumiendo un determinado papel. Esto es lo que hacen cada día los actores y actrices en el teatro: representar. Y para ello tienen que utilizar esas técnicas que son el abecé de la interpretación: escucha, improvisación, entrar en personaje, relajación, proyección de voz, trabajo en equipo…

Esto es lo que el teatro puede ofrecer a la empresa; y lo que propone y hace el programa La empresa a Escena: aportar esas habilidades a quienes las necesitan para hacer mejor su trabajo o/y encarnar mejor el alma de la empresa, tanto en el trabajo interno como hacia fuera. Eso es lo que hemos hecho ya en Teatros del Canal, con Adecco o Coca-Cola, entre otras empresas.

P.D.: Sigo el orden temático que tenía previsto esta semana, pero se amontonan los temas. El Ayuntamiento de Madrid inicia la privatización de algunos de sus espacios culturales emblemáticos, y Montoro, que junto a Wert podrían ser los Zipi y Zape cansinos del momento, provocan un nuevo seísmo en el malherido mundo del cine español. Pero eso, como diría Jorge Mota, mañaaaaaaana.

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Cultura empresarial y corrección política

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Este es un post inusual, casi veraniego, como parece corresponder. Recibo decenas de emails al día, de otros tantos orígenes, temas y contenidos. El común denominador de todos ellos es la extrema corrección política que los acribilla. Las interjecciones, que hasta hace apenas unos años eran indicadas y empleadas para subrayar lo más importante o sorprendente, son ahora utilizadas indiscriminadamente para acabar los párrafos. Todos los párrafos. Al ser los mails escritos con frases usualmente cortas, el peso proporcional de los palitos con punto es desmesurado. Inquietante. Molesto.

Van acompañados por expresiones de agradecimiento hasta por las cuestiones más nimias. A veces y no pocas, simplemente se emite un Gracias¡¡¡¡ sin razón alguna. Sí, vuelvo atrás en el mail para ver si alguna de las cosas que he dicho o hecho merecen ser agradecidas y no lo encuentro.  A veces, en realidad, el agradecimiento esconde –muy poco- los deseos de la otra parte de insultarte o recriminarte o incluso denunciarte a la Guardia Civil. Pero lo que ves en cambio es un gracias con catorce interjecciones.

Interjecciones a diestro y siniestro, y gracias inmisericordes (también emoticones, eh) forman parte de una práctica en las empresas y en las relaciones entre sus empleados, que ha de responder sin duda a un cierto buenismo franciscano; también sin duda muy apreciado por nuestro nuevo Papa. Un buenismo simpaticoide muy útil para muchas personas, pero en el que se esconden otras que disfrazan su falta de recursos, errores o mal hacer en agradecimientos a tutiplén y en interjecciones innúmeras.

Hoy he recibido un mail contestando a otro anterior que envié hace veinte días. Mi primer correo respondía con inmediatez a una solicitud de información urgente, a la qua respuesta mi interlocutor sin urgencias, tres semanas después, como debe responderse cuando se tiene prisa, vamos, y sin pedir disculpas. Ah, eso sí, a la carta no le faltaba ni una interjección en las frases negativas (aquellas en que decía que no le interesaba lo que le proponía y que otra vez sería), y en las gracias: “Esperamos contar contigo en otra ocasión¡¡¡”, “No nos olvidaremos de ti¡¡¡¡¡”, “Gracias¡¡¡¡”.

Si todo queda en eso la verdad es que no es demasiado el problema, basta con acostumbrarse; uno se acostumbra a los “guay”, como se acostumbra a los “mola”, por reiteración y callosidad en el alma lingüística.

Pero si encubre inoperancia, incompetencia, dificultad para decir B cuando es B y negro cuando es negro, la corrección político-escrituraria es un obstáculo a remover. Vaya que sí. Bueno, o no, que también da para un par de sonrisas.

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Benditos bares, bendito público

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Benditos bares, una de las últimas campañas de Coca-Cola, puede enseñarnos mucho a cuantos hacemos del público final nuestro referente.

Lo que se promociona en esa campaña, profundamente emocional, es el consumo en los bares como lugares que han significado y significan algo relevante en nuestra vida y en nuestras relaciones. Al mensaje se une otro de solidaridad con el sector, en crisis por la crisis. Pero si me preguntaran qué es lo que está en primer lugar no sabría decir si el “cliente bar” o el “cliente consumidor en bar”. O más bien los dos. Y esa es precisamente la razón por la que traigo a colación aquí esa campaña. En la creación artística, y en cultura en general, las organizaciones van incorporando poco a poco a su ADN la orientación al cliente (espectador, usuario o como queramos llamarlo). Él, ellas, ellos, son no solamente los destinatarios de la acción creativa, son cada día más compañeros necesarios de viaje y cada día más, también, protagonistas del acontecimiento, del encuentro, que reclaman ese tratamiento. La frase “el arte sin los públicos no existe” es únicamente una expresión hueca si no se acompaña con estrategias y medidas que hagan del público el centro de la actividad.

Pero las organizaciones tienen también otros “clientes” en su acción: patrocinadores, instituciones, otras organizaciones… Y todos ellos configuran un destinatario global al que se debe atender de algún modo en los procesos de creación y exhibición. Por eso creo que para los mediadores culturales tiene mucho interés esta campaña. A mí, personalmente no me cuesta nada imaginarla trasladada al universo de los espacios para conciertos, de los cines, de los teatros, de las librerías…, los lugares del consumo cultural en fin. Todos esos lugares que constituyen en nuestra memoria viva escenarios de emociones vinculadas al arte expresan a la perfección las ventajas de que en nuestros mensajes pensemos siempre en dobles y hasta en triples destinatarios.

Con su campaña Coca-Cola lo ha logrado –no sé si posteriores desarrollos se alejarán de esta clave o la pervertirán, que todo es posible-, y considero una interesante enseñanza que podemos aprovechar para cuestionarnos cada vez que preparemos los mensajes, la diversidad de “clientes” a los que en cada ocasión nos dirigimos.

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Gracias, por el Eco de tu voz, Umberto: solo la humildad nos hará sabios

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Las respuestas de Umberto Eco a las preguntas de la periodista de El País (24.05.2013) son sencillas y magistrales. Muestran una sabiduría apacible y distante. Humilde. La entrevista se titula “La cultura no está en crisis; es crisis”.

Uno de los principales rasgos de la modernidad –no la nuestra, la de cada época- es el vacuo y fatuo orgullo por sus propias creaciones. La creencia de que lo último es lo mejor y lo que requiere más apoyo y más aplauso es propio de cegatones o, lo que suele ser más habitual, desconocedores de la historia. En nuestro caso de la historia del arte y de las artes. Ilustra esto una de las respuestas de Eco, en la que nos recuerda que no sabemos la duración de las memorias USB, pero que hay libros que ya tienen más de mil años.

Quienes trabajamos en cultura –en realidad, apenas la tarareamos- necesitamos empaparnos de ese tipo de humildad y tomar las debidas distancias sobre fenómenos que pueden ser tan deslumbrantes como efímeros. Deslumbrarse por lo que todavía puede que no esté “hecho” contribuye a dejar pasar de largo aquello que está en su plenitud; conduce a acortar bárbaramente los periodos de vida de las creaciones artísticas, que fenecen a menudo sin apenas haber sido disfrutadas.

Umberto Eco también habla de que el racismo destaca entre los oscurantismos de nuestros tiempos. Y de sus palabras extraigo la enseñanza de que lo que necesitamos es más Europa, más mundo, más ciudadanos y más personas; menos nación, menos “pueblo”. Menos “qué hay de lo mío” y mucho más “que hay de lo de todos”.

Unas palabras que son fruto de una larga y rica vida, cuajada de pensamiento y de mirada buena. Unas palabras con eco.

 

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El cine: ¿Menos precio o más valor?

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En el marketing,  una respuesta a situaciones de dificultad que solamente tenga en cuenta la variable precio es la aceptación del fracaso.

Todos los sectores del cine en España parece que buscan el acuerdo –hasta hace poco impensable- para reducir los precios en sala y lanzar ofertas a diestro y siniestro. Asustados ante la caída del consumo, recuperar el espectador desaparecido es el objetivo. Además del incremento bárbaro del IVA, son otros muchos los polvos de estos lodos.

Durante los últimos años productores, distribuidores y exhibidores parecían ciegos ante los cambios que se estaban dando aceleradamente en el modelo de relación del espectador con el cine, cambios profundos en su forma de consumo. Los precios, elevadísimos para un arte reproducible, eran solamente la parte más visible de su ceguera. La parte más relevante del desprecio por el espectador, por el público amante del cine era el descuido de las salas y de su limpieza, la desatención de las necesidades de los públicos y de su formación, la superexplotación de los asistentes mediante palomitas a precios de mercado negro, en fin, la absoluta ausencia de valor añadido en todo el proceso. Alguna vez he dicho que la metáfora perfecta de cómo concibe el cine a los espectadores es el hecho de expulsarlos por la parte de atrás, como si fueran desechos.

Nunca es tarde para aprender y sobre todo, para mirar a los espectadores como cómplices y compañeros del viaje artístico, no como elementos a los que “sacar” su dinero, y cuanto más mejor.

Hoy se impone para el cine la ingente tarea de diversificar la oferta, de preguntar por sus gustos y deseos a los espectadores, de acomodar todo el proceso de consumo a pautas satisfactorias y acordes a los precios cobrados. De dar más valor. Sin el público, el cine en sala como medio colectivo de disfrute tiene sus días contados. Su supervivencia depende de cómo quieren productores, distribuidores y exhibidores tratarlos y viajar con ellos. Pero, desde luego, van errados (y piden ser herrados) si creen que el precio lo es todo.

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Patrocinio sí, pero con alma

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Hace apenas dos años, Telefónica, una de las principales empresas españolas, anunció el despido de 6.400 trabajadores, el 20% de su plantilla en España. Al día siguiente, comunicaba la decisión de aportar bonus millonarios para sus directivos. En 2010, Telefónica había obtenido 10.000 millones de euros de beneficios. Telefónica tiene numerosos programas de intervención en las áreas educativa, cultural y del conocimiento.

¿De que vale su acción en el ámbito de la cultura o de la educación? La impostura, la ausencia de ética es tan clamorosa que conviene tomar aire antes de seguir escribiendo.

Llevamos años reclamando una Ley de Patrocinio que incentive a las empresas a aportar fondos en favor de la cultura y otras necesidades sociales. A cambio de mejorar su imagen y obtener jugosos descuentos en sus impuestos, los dineros empresariales taparían el deshonesto abandono del Estado del territorio de lo social. Pero el patrocinio -y la futura  Ley de Patrocinio- no debe mirar para otro lado ante situaciones, ante funcionamientos empresariales como el que comentamos y que son el pan nuestro de cada día.

Este caso pone el dedo sobre la verdadera llaga de la economía, la política y, sí, de su relación con la cultura de nuestro país: la clamorosa ausencia de ética.

Porque la principal responsabilidad de una empresa es defender a sus trabajadores, cuidar y bien tratar a quienes producen su fuerza empresarial. Y solo cuando su defensa está garantizada puede acometer tareas de RSC. Si no es así, esas tareas deben ser consideradas humo, mentiras, rimmel. La mejora de la productividad, verdadero dios nuevo al que se encomiendan la política y la economía contemporáneas, no puede excusar despidos masivos en épocas de crisis mientras se obtienen beneficios innúmeros y se reparten bonus a los despedidores sin conciencia.

En la Cultura debemos privilegiar la relación con empresas con alma. En Cultura, exigimos que la colaboración de las empresas en proyectos sociales y culturales lo sea a partir de una gestión ética en la que su principal aportación a la sociedad sea un modelo justo y no rufianesco.

Hoy más que nunca los ciudadanos necesitamos esperanza, y ésta solo está en la justicia. Los ciudadanos necesitamos alegría, y la alegría se halla en la lucha contra la injusticia, en la solidaridad con los otros en tiempos difíciles. La alegría nace de hacer bien las cosas, de cultivar con afecto y excelencia el pequeño fragmento del universo que nos ha sido dado en responsabilidad. Con patrocinio o sin él.

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El País, ¿contra SGAE, contra los autores, contra los dos?

Top manta, piratería musical/01

Un titular de EL  PAÍS del 28 de marzo rezaba (era Semana Santa) así:  Reixa recibió 142.000 euros del ente que dirigía su actual delegado de la SGAE.”

Como no es fácil de entender lo que el titular quiere decir, pero por ello intuía una cierta trama o al menos tendenciosidad, me zambullí a leer la noticia. El abierto aire insidioso, más propio de otros diarios, me alarmó.

La noticia, en realidad, es que Filmanova la productora del musical Galicia Canibal, de la que es accionista Antón Reixa, recibió esa cantidad como ayuda a la gira y estancia de dos meses en un teatro madrileño. El musical, patrocinado por la cerveza Estrella Galicia y con la colaboración del Centro Dramático Galego, recibió la ayuda desde Agadic, la Axencia Galega de Industrias Culturais, dirigida en ese momento por Carlos Fernández Fasero, quien poco después pasaría a dirigir el área noroeste de SGAE.

No me gusta el aroma de la ayuda. Que se aclare. Pero lo que huele muy mal es la tergiversación neta de EL PAÍS, que convierte en personal la ayuda (“Reixa recibió…”) y que mezcla a SGAE en un acto que cuando tuvo lugar no tenía relación con la concesión de la ayuda. La mala intención es obvia y el periódico se alinea con quienes tienen a la sociedad que gestiona los derechos de autor como su enemigo. La SGAE ha sido durante años objeto de todo tipo de críticas destructivas cuyo origen tenía como común denominador a sectores reacios a cumplir la legislación sobre derechos de autor.

Los autores, los que con su talento creativo impulsan la cultura y el arte, están maltratados en nuestro país, porque quien más quien menos se “baja” cine o música; quien más quien menos si puede va de gorra al teatro o se cuela en un concierto; quien más quien menos desconoce u olvida que no pagar o piratear redunda en derechos que no se cobran. Y los derechos en nuestro sistema jurídico son el salario del autor. Los gestione quien los gestione. Por eso la tarea es defender a los autores y sus derechos.

Hace mal EL PAÍS en atacar con insidias al presidente de los autores. En realidad está dando un golpe bajo a todos los autores en el vientre de su presidente, que además, en mi opinión, se está esforzando con su equipo en sentar nuevas bases para la sociedad.

SGAE ha lanzado una campaña denunciando la actitud de numerosas televisiones que producen, encargan y editan música que nadie escucha (solo se emite de madrugada) con el exclusivo fin de reducir su aportación obligatoria a SGAE.  Por ello ha sido también atacada buscando su línea de flotación. ¿Coincidencia?

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A Quién Le Importa: un inusual post para anunciar que vuelvo a la faena

AQLI estreno

Los dos últimos meses los he dedicado, con una inaudita y juvenil intensidad, a producir un musical con canciones de Carlos Berlanga y tramado por su hermano Jorge, A Quién Le Importa, dirigido por Eduardo Bazo. Es la única razón que explica el abandono de mi amado blog treinta y cinco días. Hoy, este espectáculo, patrocinado por Coca-Cola y que cuenta también con el apoyo de otras marcas como Samsung, Adecco, GMR, Larios o Sixty Seven…, vuela solo en un teatro Arlequín redecorado interiormente para albergar junto al musical, una exposición de pintura y fotografía, audiovisuales y un bar de copas a precios de los ochenta.

Me gustan las aventuras porque en ellas se descubren las fronteras, y es en las costuras de las fronteras donde se haya escondido y anunciado el futuro, su dirección al menos. Y producir este musical hoy a base de patrocinio, es una aventura de lo más. La cultura en su conjunto, como ámbito de crecimiento y de disfrute ciudadano, como expresión mejor del desarrollo de una sociedad debe seguir siendo encabezada y dirigida por los poderes públicos. Pero que éstos hoy dediquen más esfuerzo a descubrir perversos rincones donde recortar presupuestos, que  a su tarea de promover la cultura, ofrece un amplio espacio a las empresas privadas para que colaboren en ella. Una tarea que hay que agradecer y mucho.

El sueño de Jorge Berlanga era dar carne y voz al universo de su hermano, a  sus canciones a sus imágenes gloriosas que empedraron la autopista musical de los ochenta. Hoy ese sueño se ha convertido en realidad con el impulso de muchos. Como en cada batalla, como en todos los viajes, me llevo al alma más conocimientos y nuevos amigos que espero saber conservar, entre los que me apetece citar a Eduardo Bazo, el alma artística de esta obra.

Hoy vuelvo al folio en blanco, cansado pero con unas enormes ganas de decir. ¡Han pasado tantas cosas este mes largo! El momento que vive la cultura es importante y demanda acción y opinión.  Mañana nos vemos aquí mismo. Y cuando queráis en el musical.

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MadFeria: pensando al futuro

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Esta semana estuve en MadFeria, la feria promovida por ARTEMAD, la asociación de empresas productoras de Madrid, y cuyo responsable artístico es Eduardo Pérez Rasilla. Me habían llamado para coordinar un debate reflexivo sobre la situación de las artes escénicas en el que estuvieron representantes de la danza, el teatro de calle, las salas alternativas, el teatro para niños y las nuevas tendencias. A todos ellos les propuse antes de empezar que elaboráramos frente a la situación una especie de mapa de oportunidades que recogiera el análisis pero sobre todo definiera los terrenos por los que el conjunto y cada organización debe deambular en el inmediato futuro para afrontar mejor su supervivencia y su crecimiento. No era fácil debido a la guerra declarada por el gobierno, comunidades y ayuntamientos a la cultura, la sanidad y la educación. A las que están privando de presupuestos para pagar unas deudas que ahora sabemos que creó un sistema corrupto.

No era fácil, pero lo hicimos.

De todas las intervenciones me quedaría con un puñado de ideas clave. Una, en la que coincidieron Alberto García de los Salmones y Víctor Torres, plantea al sector la necesidad de cohesionarse y establecer una línea de trabajo conjunta que rompa la fragmentación y fomente un frente unido de alternativas. Por mi parte añado que hay dos condiciones previas: encontrar un liderazgo y mirar más allá de los propios problemas.

Otra aportación clave fue la necesidad de avanzar hacia la cogestión de los espacios culturales públicos poco o mal utilizados debido a la caída presupuestaria. Las organizaciones culturales tienen ahí un terreno de crecimiento gestionando y llenando de contenidos los centros culturales, teatros y auditorios y ofreciendo en ellos ejemplos de colaboración público-privada. Las residencias de compañías de creadores es un ejemplo concreto en esa dirección.

Juan de Torres proponía una profunda renovación de los sistemas de ayudas a la creación, que deberían incluir fórmulas de retorno de la inversión. Es decir, como si las ayudas fueran préstamos públicos a devolver cuando los productos artísticos tuvieran ingresos y hubieran cubierto inversión. Una vieja propuesta que hoy se hace imperiosamente urgente y que a buen seguro contribuirá a la maduración de muchas organizaciones.

Se habló también de la necesidad de orientar las creaciones desde su origen hacia la internacionalización, dado que nuestro mercado natural va mucho más allá de nuestras fronteras. Y la imprescindible labor de diversificación y aclimatación que ello implica para las organizaciones.

Por mi parte, diría que la otra oportunidad, que apenas se dejó oír en el encuentro, es la de que  las organizaciones conozcan y se vinculen estrechamente a sus públicos. Los destinatarios de la acción artística y cultural son hoy, en plena crisis, el difícil territorio fértil en el que crecer; y para mañana, la garantía de supervivencia y desarrollo. Y más allá el sentido mismo del arte. Su destino.

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Diccionario-post de 2012

Cultura

Demasiadas palabras vacías para la cultura y para la vida nos ha dado este año malhadado. Entre ellas, alguna guapa.

21%: Nuevo impuesto que el Gobierno ha impuesto al consumo. Sabedor de lo poco importante que es para los rebosantes bolsillos de los ciudadanos, en cultura el incremento es de 14 puntos.

ABANDONO (de la Ley de Patrocinio): No se sabe el efecto sobre la cultura del dinero privado, pero se sabe que habían jurado acometer esa promesa en el año que acaba. Una más del gobierno que dice que a ellos que los registren y que qué van a hacer.

CONDE DUQUE: Lugar precioso y cuya reforma ha costado recientemente un platal, pero para el que sus responsables no encuentran uso. Las organizaciones culturales (que dicen que se les ocurren varios) se equivocan al pensar que ellas podrían hacerlo.

CONFERENCIA MARKETING: Una de las buenas noticias del año. Se volvió a celebrar en el Museo Lázaro Galdiano y agrupó a casi doscientas personas preocupadas ¡en estos tiempos! por cómo conocer y satisfacer mejor las necesidades de sus públicos.

ESPAÑA: País que contiene varias decenas de millones de ciudadanos que sufren sin rechistar apenas, que viajan en Metro mirando tristes al suelo y cuyos lideres se obstinan en convertirlo en un pueblo de bueyes. Miguel Hernández dixit.

EUROVEGAS: Trapacero invento inútil de la anterior presidente de la Comunidad de Madrid. Sobre la promesa de generar puestos de trabajo, los propietarios del suelo hacen suculentos negocios y se garantiza a sus gestores el incumplimiento de varias leyes y artículos constitucionales para asegurarles el negocio.

MARCA ESPAÑA: Término cuyos responsables son genéticamente incapaces de llenar de contenido. España es grande en el mundo y ellos se empeñan en jibarizarla por hacerla jugar en una liga que no es la suya. ¡Juguemos en la de la cultura y el ocio, el sol, un estilo de vida, el patrimonio, el idioma…!

PATROCINIO (cultural): Actividad que algunas empresas desarrollan en apoyo a la cultura y el arte, conscientes del valor que esas acciones aportan a su imagen ante la sociedad y antes sus clientes. Algunas de este año: las opuestas Coca-Cola y Mahou.

PECAM: Plan Estratégico Cultural del Ayuntamiento de Madrid, interesante proyecto cuya redacción está a punto de nacer y su desarrollo a punto de morir por falta de liquidez. (El anterior alcalde dejó en la caja kilos de telarañas)

PRIVATIZACIÓN (cultural): Corriente que cede sin reflexión los servicios públicos a empresas privadas, simplemente para que cuesten menos al erario, lo cual tiene dos consecuencias inevitables: una, enriquecer a los adjudicatarios; dos, empeorar bárbaramente la calidad del servicio cedido.

RECORTES: La cultura y el arte, pobrecillos, son los primeros de la lista en los recortes públicos (para lo que sirven), pero sanidad y educación le siguen muy de cerca. Más y más agujeros en el cinturón de los ciudadanos mientras el consumo de productos de lujo se incrementa escandalosamente.

SUPER GLUE: Sustancia empleada por muchos políticos y en general responsables públicos que es extremadamente útil si se extiende generosamente sobre la superficie de la silla o sillón e impide moverse sin él. Véase, Wert

WERT: Ministro de Cultura que hubiera hecho de perfecto malo  en una mala película del oeste. Sonríe mientras incendia relaciones, sonríe mientras recorta o sube impuestos, y mientras dice barbaridades, sonríe y sonríe mientras destruye cuanto toca. Cumple canónicamente la tercera Ley de la Estupidez humana enunciada por el maestro Carlo María Cipolla: “Hacer el mal sin obtener beneficio alguno a cambio”.

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