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Ayuntamiento de Madrid y Cultura: cuestión de magia. ¡Ay, Carmena!

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Para los espectadores, la mayoría, la magia es ilusión, sorpresa, desconcierto, maravilla… Para los magos la magia es lo que no se ve. Ellos centran toda su acción, toda su capacidad de seducción en hacer que su público no vea el truco, que es lo importante.

Pensaba en la magia cuando me ponía a escribir sobre la política cultural, bueno, sobre la actividad desarrollada en el área de Cultura por el equipo municipal de gobierno de Madrid.

¿Y dónde está la magia? ¿Qué es lo que no se ve de su acción? Lo primero y tal vez lo más relevante, el programa, o más bien la ausencia de programa. Cuando llegaron al poder, con notable sorpresa para ellos mismos, disponían de mensajes entusiasmantes, críticas correctas sobre el pasado, indignación por lo mal que se habían hecho muchas cosas, pero un programa de acción concreto eso no lo llevaban en la cartera. No me digan que no es mágico. Sí, ya sé que los demás competidores no les andaban muy lejos en esto de las alforjas vacías, pero quienes acabaron asumiendo la tarea de dirigir la cultura resultaron los de Ahora Madrid. A ellos, a quienes actúan desde la hegemonía sin tener mayoría de voto ciudadano, se deben pedir las cuentas.

Esta ausencia de programa explica que buena parte de sus “números” hayan sido percibidos como de mala calidad. Cuando no se sabe a dónde se va cualquier camino es bueno; o malo, según se mire. Y lo que se ha hecho durante estos más de veinte meses es improvisar, constantemente. Con los consiguientes errores y perjuicios para los ciudadanos. Recuerden la cabalgata anti-cabalgata, la aplicación cutre de la Ley de Memoria Histórica rápidamente echada atrás, la degradación de Madrid Activa, un exitoso programa que llevaba mucho tiempo surtiendo de calidad artística a los barrios… En casi todos estos casos el mago nos distraía con palabras como transparencia, democracia, participación, renovación, modernidad…, mientras todo seguía igual o iba nítidamente a peor. Magia. Díganme, si no, una sola acción notable a favor de la transparencia. Señalo una que hubiera sido recibida de mil amores: que en todas las licitaciones y concursos públicos los proyectos fueran públicos y conocidos al igual que sus defensas, en actos abiertos y públicos. Recuérdenme una a favor de la participación, más allá de la propaganda en torno a las consultas con urna sobre la Plaza de España o el cambio de nombre de un parque. Ya les digo yo otra que nos hubiera encantado: haber consultado con el sector y con la ciudadanía sobre los procesos de uso del Matadero. O, la simple puesta en pie de un Consejo Ciudadano de Cultura; no sé, algo. Magia.

La hipnosis también es un tipo de magia. Apenas nadie se queja de la ausencia de política cultural o de los errores brutos cometidos por Mayer y su equipo, y si acudes a la presentación del programa de Carme Portacelli para el Español, acompañada por cierto, por Carmena –es uno de los muchos ejemplos-, verás cómo una rueda de prensa se convierte en un acto de adhesión con aplausos y vítores. También fueron pocos los que se quejaron de que el proceso democrático –con carencias, claro: pero, ¿se acuerdan como resultó designado su antecesor?- que llevó a Pérez de la Fuente al Español, se violentara y se despidiera e indemnizara a quien había llegado por concurso y tribunal indiscutido. Sí, un concurso público democrático roto para convocar otro concurso que permitiera direcciones adeptas. No se había visto ni en las instituciones del gobierno central: vean a los directores del CDN y la CNTC convivir con distintos gobiernos en pro de la continuidad imprescindible. Pero pocos ven el truco y siguen pendientes de las palabras, cambio, regeneración… Sin queja. Magia. (Bueno, la magia en este caso será que el siguiente equipo de gobierno no haga lo mismo: denunciar los concursos actuales para lograr directores en su onda. Sentado el precedente, todo vale.)

Tan confiados estaban los magos que finalmente muchos han visto el truco y las costuras. Decidieron contratar para el Matadero a Mateo Feijoo, y las primeras alertas disparadas en su concurso (en serio, ¿cómo puede ser el de Feijoo el mejor de 31 proyectos?) y las dudas en la regularidad de su contratación y de su equipo, se han convertido en clamor cuando ha presentado “su” programación y ha decidido acabar con el mínimo vestigio del pasado y del teatro tal y como lo entienden muchos (a los que obviamente no consultó). Y ahora hasta Gas, Portillo y una larga lista de damnificados –por uno u otro motivo- se rasgan las vestiduras. Mala magia.

Uno de los episodios más curiosos de esta concejalía maga es el nombramiento con banda de música y tambores de Santiago Eraso (sin concurso, por cierto, y sin apenas queja: magia) para dar la vuelta al calcetín de Madrid Destino… y su desaparición sin dejar rastro, ni huella. Desaparición física. Por supuesto sin hacer el trabajo encomendado y sin explicaciones públicas. Si el otro día no hubiera visto y tocado a Eraso en la III Conferencia Estatal de la Cultura de Valladolid hubiera pensado en una desaparición a la altura de las que hace David Copperfield. Magia de la buena. (La de hacer desaparecer a Carrillo, anterior director municipal de cultura, fue puro entrenamiento.)

Otro curioso caso de magia es el de la desaparición de las compañías residentes en centros culturales de Madrid. Una experiencia iniciada por Alicia Moreno, pionera y ejemplar en toda España, pero señalada como antigua por el nuevo equipo, empeñado en dejar morir el modelo. Un pleno municipal del pasado verano aprobó por unanimidad el mantenimiento del programa y la elaboración de un reglamento ad hoc, pero… magia, nada se ha hecho. Nada se espera.

Lo malo en realidad es lo que hay detrás de tanta magia, de tanta mala magia: NADA. Improvisación, incompetencia, sólido amarre al poder, autosuficiencia, soberbia, sordera, “ahora me toca a mí”…

En cualquier caso, ¡Madrid, tenemos un problema! Quienes nos gobiernan en Cultura no parecen saber qué hacer, ni a dónde nos llevan, ni han mostrado en estos casi dos años la preocupación y la humildad necesarias por aprender. Y no piensan consultar ni preguntar la dirección adecuada a quienes han mostrado que saben algo más.

Lo peor de esta magia es el desprestigio, el vaciamiento del valor de palabras que para muchos son claves en la política cultural: democracia, transparencia, participación, ejemplo, buenas prácticas…

Lo peor de esta magia es el dolor y la tristeza que produce el mal servicio que estamos haciendo, todos, a los ciudadanos.

En un próximo post abordaré los rasgos que a mi modo de ver son la amalgama de fondo y el lastre del gobierno municipal de Madrid: su origen y las características mismas del equipo, y en lo ideológico la estrategia de Hegemonía que lo sustenta.

Hasta entonces.

 

Post scriptum: Acabo esta entrega el miércoles y salta la noticia: la alcaldesa Manuela Carmena destituye a Mayer. Me pregunto si basta y me respondo que no. En realidad, tal vez ese sea el último número de magia: la asunción por Carmena de las atribuciones en Cultura de su concejala Mayer. Al parecer harta de líos e inepcia ha decidido mandarla al banquillo. ¿Es una maniobra de despiste para que atentos al collar no nos fijemos en el perro? Parece obvio que sí, dado que Carmena afirma taxativamente que no hay crisis y que la destitución no es tal, sino un cambio de responsabilidades. Un chiste, si no fuera tan grave. Habrá que entender que Mayer lo ha hecho bien. Ay, Carmena, vas trenzando tu destino con el de los menos útiles del equipo.

 

NOTA:

Releo algunos de los post que sobre este asunto he ido publicando en estos casi veinte meses y la melancolía se acrecienta. Si quieren, revísenlos también.

http://www.robertmuro.com/2015/06/cuanto-queda-por-hacer/

http://www.robertmuro.com/2015/07/cambio-y-cultura-el-bien-comun-esta-en-juego/

http://www.robertmuro.com/2015/07/santiago-eraso-destino-madrid-destino/

http://www.robertmuro.com/2016/03/en-democracia-las-formas-son-casi-todo-el-cese-de-perez-de-la-fuente/

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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¡El gestor cultural ha muerto. Viva el mediador cultural!

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Una mezcla de sequía en el ánimo, y curiosamente un acongojante aluvión de motivos para escribir, me han paralizado los últimos meses.

Con este post asumo el fin del secarral y anuncio –con ello va mi compromiso- un caudal de temas de los que habiendo motivos trataré de convertir en alimento para el blog. Y abriré la semana próxima con el análisis de lo que ha hecho y sobre todo lo que no ha hecho o/y ha estropeado el nuevo equipo de Cultura del Ayuntamiento de Madrid (tal vez necesite unos cuantos post, buff). Pero como hoy mismo empieza la III Conferencia Estatal de la Cultura, qué mejor que meterme con mi propio oficio.

Evidentemente el problema de fondo no es el nombre –gestor cultural-, horrible denominación herida de origen y para la que propongo que creemos una nueva: mi propuesta es que los de nuestro oficio nos llamemos mediadores culturales.

No, ese no es el problema central, lo verdaderamente importante es identificar, definir y asumir los cambios en las tareas que ese nombre, esa función ha de asumir. Por decirlo de otro modo, rellenarlo de nuevos sentidos, de los sentidos que reclama nuestra contemporaneidad. ¿Cuáles son esos nuevos sentidos, esas nuevas tareas de los mediadores culturales?

El viejo gestor cultural público, desarrollado en los ochenta y noventa, al calor de la implantación de un modelo fuertemente deudor del francés, concentraba un enorme poder sobre decisiones de política cultural que afectaban a los ciudadanos.

La construcción de la red de centros culturales acometida esas décadas reorientó las tareas de los responsables que estaban a su frente: dotados de un presupuesto a veces considerable, su cometido central estribaba en llenar de programación esos centros. La figura del mercado al que acudían con la cesta a adquirir los más interesantes espectáculos, definía un perfil de gestor de presupuesto de gasto y de conocedor de los productos artísticos a adquirir.

Pero la llegada de la crisis económica (que al parecer quedose), con la consecuente reducción del presupuesto público de programación cultural ha puesto a la mayor parte de los gestores públicos ante un descomunal reto y unas nuevas tareas. El perfil predominante entre los viejos gestores no puede hacer frente a las nuevas responsabilidades que la crisis y el desarrollo democrático han puesto ante ellos.

El reto de conjunto es reconvertir el actual modelo de gestión cultural –sumariamente y tal vez groseramente expresado más arriba- en un nuevo modelo basado en la gestión integral del servicio público cultural, mucho más allá por tanto de comprar y programar, incorporando a ese modelo todas las energías sociales, económicas y ciudadanas posibles. Hoy, el servicio público cultural exige que sus encargados manejen toda una batería de técnicas, recursos y habilidades que no están en el ADN del actual gestor actual –pero deben estar en el del mediador cultural- y que tienen que ver con la gestión de públicos y el desarrollo de audiencias, el marketing cultural, la captación de recursos, la capacidad de generar sinergias entre lo público y lo privado, y especialmente el empleo adecuado y sabio de las licitaciones, la utilización sabia de los nuevos territorios de comunicación que proponen las redes sociales, la capacidad de diseñar proyectos y evaluarlos, así como sus resultados, la generación de estrategias de participación ciudadana y de democratización de la gestión

El nuevo papel del mediador cultural, de intermediador entre , por un lado, las gentes –la sociedad- y por otro, los creadores y oferentes y las instituciones públicas culturales, parece reclamar profundos cambios en nosotros, trabajar la humildad que deviene de reconocer que debemos aprender mucho, mucho, y que debemos renunciar al papel sacerdotal asignado desde la Transición política a nuestra función.

¿Seremos capaces?

 

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¡¡¡Que viene el Foro!!! Atraparte por él dejarte debes.

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Cuidado, el lunes 21 llega la cita anual ineludible entre la cultura y la empresa

Somos lo que comemos, pero desde los tiempos cavernarios, los alimentos se han diversificado lo suficiente para saber que el alma, el intelecto, todo aquello que nos hace diferentes de otros seres vivos, se nutre de emociones, afectos, sustancias espirituales, arte…, lo que muchos antropólogos llaman cultura.

El arte es un lenguaje único, exclusivo de los seres humanos, por el que accedemos a conocimientos y emociones que nos diferencian del resto de los seres vivos y que permiten que nos conozcamos mejor, incluso que nos sintamos mejores seres humanos. Saben de qué hablo quien se haya emocionado con unos acordes de violín, o haya dicho te quiero con un poema, o unas fotogramas o un texto teatral le haya transportado a donde no sabía que podía llegar. El arte y la cultura son un termómetro perfecto para consultar la temperatura del desarrollo de una sociedad.

El próximo lunes, día 21 en Teatros del Canal, se reúnen 35 personas –empresarios, directivos, ejecutivos, artistas, creadores, periodistas…- para contar a quien quiera oírlo los beneficios que ellos y sus empresas y organizaciones han obtenido colaborando, planeando cosas juntos y llevándolas a cabo.

La colaboración de las empresas y marcas en los procesos creativos es la expresión del avance de las sociedades a un territorio en que todos –personas y organizaciones- asuman también tareas en pro del beneficio común.

El FORO mostrará numerosas experiencias y casos de buenas prácticas en las que empresas y marcas y creadores y organizaciones culturales han acometido proyectos juntos de los que además se han beneficiado millones de personas. Diageo, Coca-Cola –representada por Marcos de Quinto, vicepresidente mundial de la empresa, Endesa, Adecco, Philips, Gas Natural, Fundación Vivanco, Fundación Paideia, Red Bull, Varma, la Caixa, Pernod Ricard, Keynos… compartirán espacio y voz con agencias como McCann, Llorente & Cuenca, Pop Up, Katapult, CB Creatives, FCB…, o creadores y gestores culturales como Paco Mir de Tricicle, Pere Tantiñà de La Fura, Carlos Jean de Muwom, Santiago Sánchez de L’om imprebis, Miguel Martín de Heineken Jazzaldia, Marta Montalbán del Festival Temporada Alta, Enrique Salaberría del Grupo Smedia, Julia Gómez Cora de Stage… y periodistas y medios diversos como Toni Garrido, Paloma Zuriaga, Luis del Val, José Antonio Carazo, de Capital Humano, Javier Piedrahita de Marketing Directo

Una cantidad tan notable de voces y talento colaborativo que convierten al II Foro Culturas & Empresa en una cita de relumbrón, obligada para quienes piensen que la colaboración beneficia a las partes y a la sociedad.

Y encima la cosa acaba con un homenaje a Antonio Garrigues Walker, empresario, jurista, amante del arte y del teatro, del que se hará la lectura dramatizada de una de sus obras breves, a cargo de Ignacio García May.

 

Sí, que viene el Foro: Atraparte por él dejarte debes

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Debate en Teatros Luchana: hasta con medio Pactito por la Cultura nos vale

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En lo pequeño está el germen de toda belleza

Las elecciones bis están al caer y conviene que, superando desconfianzas y descreencias, nos apliquemos a la tarea de señalar con el dedo lo que debiera hacerse. Mirar a otro lado, dar la espalda a ególatras y narcisistas, que es lo que demanda el cuerpo tras estos seis meses perdidos, no es solución, no una buena solución.

El equipo de Teatros Luchana organizó el pasado lunes un debate de clarificación electoral para celebrar el primer aniversario de su nacimiento. Allí estábamos por la parte “civil” Berta Ojea, Jesús Cimarro y yo mismo; y por la política madrileña, Ángel Martínez Roger, Isabel González y Pablo Iglesias Simón (nunca el apellido materno fue tan necesario), representando al PSOE, PP y Podemos, respectivamente.

Del debate, pulido y modoso, poco se puede decir más allá de constatar que las palabras pueden con todo y que todos pueden decir muchas palabras, incluso muy parecidas palabras, sin que ello sea garantía alguna de que llegados al poder los decidores conviertan su verbo en hechos.

Si una idea revoloteó con cierta persistencia fue la del Pacto por la Cultura. La idea de que se produzca el milagro de que algo una a todos los partidos es seminal aunque al parecer con espermatozoides tirando a vagos. Yo, que como me afeó con gracia Martínez Roger, tiendo confesamente a poetizar, al Pacto lo llamo desde hace años Contrato Ciudadano por el Arte y la Cultura. El problema es que el concepto mismo de pacto es impensable en una situación política en que cada partido, para combatir al otro y hacerle luz de gas, utiliza hasta los kleenex.

Soy partidario de ir de lo pequeño a lo grande. O más bien, de apostar por lo pequeño para no perder la esperanza en lo grande. Lo grande es el CAMBIO, ese que impulsará la Cultura como motor de país (y el PACTO para lograrlo); lo pequeño es el pactito, incluso aunque sea un poco feo. Porque el pactito expresará que los partidos piensan y hacen en clave de bien común no de boquilla; expresará que por encima de discrepancias, se comprometen a que los acuerditos se ejecuten.

Y ahí va mi propuesta: que los partidos elijan de su propio programa electoral de Cultura, aquellas medidas comunes en las que podría haber o tejerse un acuerdo. No es necesario que sean muchas; no es necesario que sean muy importantes; lo imprescindible es que el acuerdo en torno a ellas, se lleve a la práctica por cualquiera de ellos si llega al gobierno (solo o acompañado). No vale que todos digan con la boca chica que quieren un Pacto por la Cultura. Solamente vale que hagan –antes de las elecciones- un pactito por la cultura en torno a uno, dos tres, cuatro puntos. ¡Por dios, no hace falta más! Porque suscribir un pactito de tres puntos y comprometerse a cumplirlo gobierne quien gobierne, aunque el contenido sea aparentemente nimio, expresará que el gran pacto es posible. Que el pacto que necesitamos, ese que se orienta a hacer de la cultura una seña de identidad de todos los ciudadanos y de todo el país, es posible.

Humildemente señalo cinco posibles temas para que nuestros políticos partidos elijan tres de ellos para comprometerse a concertar y cumplir. Excluyo la bajada del IVA, claro, por ser una reivindicación ya amortizada. 1) Leyes para que la gestión pública de la cultura, y la gestión privada de los servicios públicos culturales, estén regidos por la transparencia (concursos, ayudas, privatizaciones…); 2. Elección de todos los cargos de responsabilidad cultural por concurso y ejerciéndose mediante contrato programa; 3. Ley de Patrocinio y Mecenazgo (incluidos incentivos fiscales para el consumo cultural de los ciudadanos); 4 . Aprobación de normas que promuevan la participación ciudadana en la gestión de la Cultura (asociacionismo, fórmulas de gestión participativas, consejos municipales del arte y la cultura…); y 5. Promover y extender las residencias artísticas a todos los centros culturales y espacios públicos como fórmula de creación y democratización.

Ya, ya sé que estos puntos para muchos son minucia. Pero si no gustan estos tengo otros, como decía Groucho con sus principios, igual de buenos para un pactito.

Lo dicho, bastaría con que antes de las elecciones sacaran del debate electoral las diferencias políticas en Cultura y se comprometieran todos a un programa de cambios pequeño pero común. Dentro de cuatro años, podríamos subir otro peldaño en la escalera de hacer de la Cultura algo relevante en la vida de los ciudadanos.

Para ilustrar la relevancia de las actitudes para los pequeños acuerdos, no me resisto a recordar esa historia del explorador inglés que de vuelta de sus viajes por el África más remota relataba a sus compañeros de sociedad geográfica del momento en que se vio rodeado por cincuenta leones y cómo salió valientemente del paso en aquella comprometida situación. “Cincuenta”, repitió con sorna” uno de los contertulios. “Ciertamente no los conté, tal vez solo eran 25”, respondió el explorador. “¿Veinticinco leones?”. “Bueno, si nos ponemos exigentes con el número, preferiría reducir el número a cinco leones, bien grandes, por cierto.” El cada vez más desconfiado oyente, repitió en tono incrédulo la cifra última: “¿Cinco?” A lo que el explorador, sintiéndose ya acorralado, acertó malamente a contestar: “Bueno, bueno, no había leones, pero no saben ustedes lo que olía a león. Apestaba”.

Pues eso, que al menos en las próximas semanas huela a pactito. Y mi voto para quien se lo trabaje.

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Nace mediantescultura, una empresa del Cuarto Sector

Gestión privada de servicios públicos culturales

La semana pasada se presentó públicamente en Madrid mediantescultura – elmuro, una empresa de gestión privada de servicios públicos culturales, que se guía por el servicio a los ciudadanos. En el recoleta sala de cine de Artistic Metropol, Salvador Sanz y yo mismo, promotores del proyecto, desgranamos las razones de su nacimiento. ¿Es posible que una empresa priorice el servicio publico y el beneficio de los ciudadanos compaginándolos con la sostenibilidad de la empresa? No me digan que no les suena que esta precisamente es una de las características no expresadas de toda una pléyade de empresas culturales y artísticas de nuestro país. mediantescultura, tiene esa filosofía y se reclama capaz de mantener y armonizar los beneficios de la gestión privada, eficaz y eficiente, profesional, con los beneficios sociales propios y característicos de la cultura.

No somos pocas las personas y organizaciones de todo tipo que desde el ámbito cultural aspiramos, deseamos, soñamos e incluso humildemente laboramos por una sociedad más igualitaria en derechos y obligaciones y en la que tener mucho más que otro, además de no ser visto como un ejemplo, sea finalmente, inútil, innecesario. Pero entre tanto se acerca ese momento histórico en el que tantos necesitamos creer, creo, también en que es necesario dar pequeños pasos que mejoren, que “contaminen” positivamente, que ilustren desde la humildad lo mucho que ganaría la sociedad con menos desigualdad. Uno de esos pequeños pasos es el desarrollo del llamado Cuarto Sector de la economía, aplicado a la cultura en el que mediantescultura se inscribe por propia voluntad.

Es bien sabido que el Primer sector se identifica con la empresa privada, el Segundo, el sector público, y el Tercero, el de las organizaciones no lucrativas, pero, ¿qué es eso del Cuarto Sector del que hablamos?

Enunciativamente podemos decir que lo conforman empresas con responsabilidad ante el devenir del bien común, empresas que anteponen el beneficio social al económico porque creen y demuestran que maximizar el beneficio social no es incompatible con ser rentable económicamente. En tanto que maximizar el beneficio económico por encima de todo sí es incompatible con el beneficio social. ¿Os es que no podemos aprovechar la creatividad, el trabajo, el esfuerzo, el ingenio más que para hacer dinero? ¿Es que la profesionalidad y la eficiencia empresarial no puede disponer de alma?

Las empresas que nos acogemos al concepto de Cuarto Sector asumimos unos compromisos públicos concretos en sintonía con el propósito social. Nuestros métodos de negocio deben ser escrupulosos con la legalidad y con ese propósito social; deben atenerse al concepto práctico de ganancias razonables, lo que a menudo implica la autolimitación expresa del volumen de beneficios y obliga a la reinversión; la transparencia y la apertura a auditorías, especialmente en las tareas relacionadas con instituciones publicas; la responsabilidad social y medioambiental; y compromisos estrictos en torno a los derechos laborales y sociales de cuantos se relacionan con la empresa.

Una buena parte de las organizaciones y empresas culturales (incluso algunas encuadradas en el Tercer Sector) cumple algunas o varias de estas características y lo hacen, además, en un sector –el de la Cultura- considerado en nuestro ordenamiento constitucional y en nuestro entorno, como uno de los servicios que las administraciones ofrecen y han de garantizar a los ciudadanos.

Es ilusionante que cada día más organizaciones y empresas del ámbito cultural se adscriban a este concepto práctico del Cuarto Sector. Es estimulante que muchas empresas eficaces, eficientes y profesionales, consideren que es posible compaginar rentabilidad económica y social, y que lo demuestren. Pero para que adquiera cada día más relevancia real es imprescindible que desde el propio sector y desde las instituciones públicas, se tomen algunas medidas urgentes.

Desde el propio sector, hay que crear una normativa auto-reguladora de cumplimiento de las medidas enunciadas que permita diferenciar a aquellas empresas presentes en el ámbito de la cultura que priorizan el negocio, de aquellas que priorizan el beneficio social. El primer paso es el encuentro y el acuerdo de aquellas organizaciones que se sitúan en esta perspectiva.

Desde las administraciones públicas se debe, por un lado, legislar con urgencia medidas para favorecer el desarrollo y la presencia de empresas del Cuarto Sector en todos aquellos servicios públicos que requieran de gestión privada; y por otro, favorecer en cuantos concursos, licitaciones y encargos requieran de la participación de empresas en servicios públicos, que sean empresas con autolimitación de beneficios y responsabilidad social las receptoras de los encargos.

No se trata de inventar un nuevo sector, se trata de estimularlo, de regularlo, de tipificarlo al servicio de una mejor gestión de los servicios públicos y de garantizar en ella el compromiso de las empresas contratadas con el propósito social.

Es posible servir a la sociedad desde la empresa siempre que ese objetivo sea fundamental y no accesorio en su estrategia empresarial. Es posible hacer empresas sostenibles en Cultura combinando rentabilidad social y rentabilidad.

Hagámoslo.

 

NOTA: En próximas e inmediatas entregas iremos describiendo mediantescultura, y sus áreas de actividad.

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En democracia las formas son casi todo: el cese de Pérez de la Fuente

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Juan Carlos Pérez de la Fuente llegó a la dirección del teatro Español mediante un concurso. Por primera vez en la historia madrileña un responsable de un centro público accedía a la dirección habiendo pasado la evaluación y proceso de selección de un jurado compuesto por siete profesionales de las artes escénicas. Las bases del concurso marcaban que ese jurado pasaría una terna al ayuntamiento para que entre esos tres nombres fuera elegido/designado el nuevo director de los teatros municipales.

No se discute aquí si aquel concurso fue un maravilloso y transparente proceso de selección. En su momento nadie lo denunció formalmente. Por mi parte, escribí entonces que un proceso incompleto o deficiente es mejor que una designación, digital sistema por el que habían llegado hasta ese momento todos, subrayo, todos, los directores del Español.

Este lunes, Santiago Eraso, por quien cuando fue designado expresé mi respeto profesional -igual que subrayé mi extrañeza crítica porque su puesto no fuera cubierto por concurso-, ha anunciado el cese de Pérez de la Fuente.

Cuando más necesitada está la cultura, y la gestión de la cultura, de diálogo y entendimiento a favor de los ciudadanos y en contra de la parálisis que atenaza a Madrid, se opta por el cese, denominación que me recuerda a pasados sombríos: aquellos en que las diferencias se solucionaban con el dedo del poder.

A muchos no les gusta la gestión de Pérez de la Fuente, probablemente a tantos como la considerarán profesional. Pero no se trata de eso, sino de los modos, de las formas con que las decisiones se toman en cultura. Alguien que llegó por concurso –mejor o peor, pero concurso- no puede, no debe ser cesado, al menos sin antes tratar de llegar a acuerdos y cambios de modelos, siempre menos perjudiciales para el funcionamiento de las instituciones.

Los responsables municipales actuales, elegidos democráticamente, tienen derecho a que los gestores provenientes del anterior gobierno por concurso y con contrato en vigor atiendan las sensibilidades políticas de la nueva mayoría social. Pero la solución de ese desajuste temporal ha de buscarse mediante el acuerdo para beneficio del conjunto de la ciudadanía. Y cuando llegue su momento, mediante la convocatoria democrática de nuevos procesos de elección que mejoren los anteriores.

Hace apenas un mes escribía reclamando mecanismos democráticos de acceso a los cargos públicos culturales. Por cierto, a todos los cargos públicos culturales relevantes, no electos. Ahora se comunica que el proceso de elección de los nuevos tres responsables, será transparente y abierto, streaming incluido. ¡Qué bien: que las defensas y las evaluaciones sean públicas, sí! Pero la gestión democrática exige también acuerdos, debate, diálogo, encuentro. Y el cese es la antítesis de esos términos.

Tal vez si conociéramos la política cultural que Ahora Madrid quiere hacer…; tal vez si conociéramos en profundidad los argumentos para el cese de Pérez de la Fuente…; tal vez si se tuviera en cuenta al tejido social y cultural de la ciudad para este tipo de decisiones…; tal vez si… Pero no ha habido tal vez, solamente cese es la palabra dominante en la información.

Hace apenas diez días, hablaba también en este blog de la imprescindible convocatoria y puesta en funcionamiento de un Consejo Municipal de Cultura. De existir, este tema se hubiera sin duda resuelto mejor.

(Desgraciadamente este precedente puede abrir la puerta futura a otros ceses, a más ceses, cuando alcancen el gobierno corrientes políticas otras, y los nuevos regidores no quieran esperar a los plazos estipulados en los concursos para que, por lo tanto, los gestores elegidos puedan cumplir sus contratos. Será un desastre más para la cultura; y, sobre todo, para los ciudadanos.)

Alcanzar el poder es relativamente fácil: son siempre los ciudadanos quienes deciden. Gestionarlo democráticamente poniendo a los ciudadanos por delante de las querellas se antoja tarea heroica. Y no parece que haya muchos héroes a la vista.

 

NOTA: Ya se barajan nombres par ocupar los puestos de gerente del teatro Español (¿sin concurso público?), y de directores de los espacios. El cese está todavía caliente pero ya se está repartiendo las vestiduras del cesado. Me avergüenzo íntimamente de estas situaciones en las que lo único claro es el poder. Y allí, a lo lejos, los ciudadanos, sus derechos, sus intereses.

 

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Nunca te releas si rehúyes la melancolía

Man Reading Book and Sitting on Bookshelf in Library --- Image by © Royalty-Free/Corbis

 

1.- Los concursos en la gestión cultural pública

Rara vez releo lo que publico: como no puedo corregirlo, es mejor considerar lo escrito como poseído por un papel volandero que, llegue a donde llegue, jamás podrás ya alterar porque pertenece a quien lo lee.

Con motivo de los rumores de cambios en la dirección del Teatro Español y las Naves del Matadero de Madrid, he releído, sin embargo, lo que escribí hace apenas nueve meses –mayo de 2015- justo antes de las elecciones, y otros post en los que proponía fórmulas de democracia cultural municipal, mecanismos democráticos de acceso a los cargos públicos, e incluso la creación de un Consejo Municipal de Cultura.

Releer mis propias letras me ha producido una incontenible melancolía, cercana a la tristeza. No, a la desesperanza no. Tristeza, por lo lejos que aún queda el siguiente paso en el camino de la democratización de la cosa pública.

Me voy a detener hoy, simplemente en el tema de cómo se debe elegir a los responsables, cuáles son los mecanismos para seleccionar a los directores o gerentes de las instituciones públicas. Decía entonces que esos procesos deben ser organizados globalmente siguiendo una serie de pasos lógicos e ineludibles si los responsables políticos usan la palabra democracia para algo más que enjuagarse la boca con ella.

Primero, su política cultural debe ser clara y conocida, sus objetivos en la gestión de los servicios públicos culturales han de ser explicitados previamente, y han de estar presentes en la convocatoria de selección. No se elige a alguien para dirigir un teatro, sino para hacer determinada política cultural en ese teatro.

En segundo lugar, la convocatoria del proceso de selección ha de ser pública y publicitada ampliamente para garantizar la libre competencia de los candidatos.

En tercer lugar, será obligatorio para los candidatos, presentar un proyecto de gestión integral, que incluya objetivos, planes marco de comunicación y marketing, de financiación, de participación, de gestión de equipos… Su perfil habrá de contener los matices profesionales que el trabajo demande, y que como reclama la contemporaneidad, van mucho más allá de saber de arte y cultura. Sus proyectos serán de conocimiento público para que organizaciones y ciudadanos puedan conocerlos.

Cuarto, el proceso de selección ha de ser democrático, transparente y evaluado públicamente por un jurado capaz, competente e independiente. Cada candidato defenderá públicamente su proyecto de gestión e igualmente pública será la evaluación.

Quinto, la persona elegida y finalmente designada por el poder político al que competa la decisión final, suscribirá un compromiso de ejecución del proyecto presentado, con las adendas que se incorporen en el proceso. Ese Contrato Programa le comprometerá y establecerá las condiciones y obligaciones de las partes.

Sexto, los responsables elegidos presentarán anualmente un Informe balance de su gestión en relación con los objetivos recogidos en el Contrato Programa, que será público y auditado por profesionales independientes.

 

La elección de cargos políticos de gestión en España va del rosa al amarillo, de la oscuridad más absoluta a la proclama del democraticismo más obcecado. El camino es más sencillo, pero no menos exigente: para quienes tienden al rosa, y para quienes tienden al amarillo.

Remover la elección del actual responsable del Teatro Español, salido de un proceso imperfecto y manifiestamente mejorable, pero proceso al fin, frente a la habitual designación digital, es dar un paso atrás.

No digo nada nuevo. Simplemente repito, me repito. He ahí el origen de la melancolía.

En unos días el post 2 de esta miniserie: ¿Para cuándo el Consejo Municipal de Cultura?

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Organizaciones culturales: mirar más allá del espejo

elmuro-masalladelespejoLas organizaciones culturales en España tienen ante sí el reto de la relevancia: es decir, el de ser relevantes –ellas, por lo que hacen- en la vida cotidiana de los ciudadanos y en la marcha de la sociedad. Más allá de los retos procedentes de la esencia artística y relacionados con auto-exigirse la calidad máxima, el verdadero reto es ser agente activo en la transformación social, de la que cultura y educación son palancas imprescindibles. Ciertamente es un reto que tienen todas las organizaciones relacionadas con la cultura y el arte, en España y en el mundo. Es extendida la conciencia de que cultura y arte –expresiones específicas y diferenciadoras de “ser” humano- tienen la capacidad intrínseca de aportar valor positivo y transformador al conjunto de la humanidad, más allá de las diferencias religiosas, ideológicas y políticas de sus componentes.

La cultura y el arte proporcionan a quienes los disfrutan herramientas de comprensión del mundo inefables y únicas. Porque solo a través de la música, la danza, la pintura, el teatro se accede a determinadas emociones y a la comprensión profunda, íntima, de que el ser humano puede hacer cosas sublimes…, por más que al dejar de sonar la música veamos también la capacidad humana de destruir la belleza y la bondad.

Pero para las organizaciones no es una tarea fácil mirar hacia fuera, hacia su “exterior” social. Principalmente orientadas a la creación o al trabajo con creadores y artistas de todo tipo, se han dejado arrastrar por el ensimismamiento y el placer por el propio trabajo, y solo en menor medida ha jugado en ellas un papel la preocupación por el efecto que su labor tenía socialmente.

Los poderes políticos y económicos de todo tipo, entendiendo y aprovechando esta debilidad estratégica –cuando miras en corto y solamente tus problemas caes enseguida en la fragilidad y la dependencia- han desatendido la cultura y han despreciado esta herramienta de transformación de primera. La sociedad, finalmente ha pagado esa desatención.

Para incrementar la relevancia, paso imprescindible para aportar cualquier valor a la cotidianidad de los ciudadanos, las organizaciones deben introducir en sus misiones al menos dos elementos esenciales.

El primero, poner a los destinatarios de su actividad –sus clientes, sí, pero entendidos también como ciudadanos- en el centro de su actividad, lo que implica escuchar sus deseos, sus preocupaciones, sus intereses, e implica, además, establecer y desarrollar instrumentos reales, operativos de participación y decisión, en las organizaciones y en los procesos culturales. Mirar más allá, por la ventana, en vez de mirarse al espejo.

El segundo, participar en una estrategia común de sector, pero también ciudadana, que favorezca ese papel que la cultura y el arte tienen como motores del cambio social, del cambio en la sociedad. Los valores positivos de la cultura y el arte, que le permiten reducir los conflictos, ayudar a entender las diferencias, favorecer la integración, hacer ciudadanía…, deben conformar una bandera común que unifique a las organizaciones. Y que tenga consecuencias, por supuesto. Consecuencias en la acumulación de energía para presionar para que los presupuestos de las administraciones públicas a la cultura –y su primer escalón, la educación- se incrementen, para exigir una nueva concepción fiscal en la que la creación y el consumo de cultura no sufran impuestos; para conseguir que la cultura sea tratada por los poderes como motor del alma de la comunidad, que es lo que en realidad son históricamente la cultura y el arte.

Lograr relevancia no es sencillo, pero es imposible si las organizaciones ni siquiera se lo plantean.

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ELMURO, UNA EMPRESA COMPROMETIDA CON SUS CLIENTES…, Y CON LA SOCIEDAD

El-Muro

Celebramos los 20 años de actividad de elmuro. Un largo viaje de aprendizaje en el que ha habido momentos de viento favorable y tempestuoso. Pero un viaje de 20 años bien vale la pena celebrarse. Y lo hacemos reuniendo a los amigos y amigas en el Teatro Galileo en una fiesta con actuaciones, jamón, vino y refrescos. Y actuaciones y alegría. Que eso es la Cultura. Que eso es la vida. En esa fiesta se entrega a quienes acudan el Kit de Supervivencia para 2016, y se presentarán en primicia algunos otros cambios. Cambios, cambios, cambios; para permanecer de pie, para avanzar, para ser.

Hemos decidido también, hacer públicos, hoy más que nunca, nuestros compromisos con los clientes y con la sociedad. Aquí van, compartidos.

 

PRINCIPIOS Y COMPROMISOS DE ELMURO

ELMURO, empresa dedicada a la gestión de la cultura, se define como formando parte del Cuarto Sector de la economía, un novedoso modo de encuadrar a aquellas

empresas que asumen seria y profundamente compromisos de retorno social en su

actividad empresarial, y responsabilidad ética en el devenir del bien común.

En su marco de gestión empresarial de servicios culturales públicos, elmuro expresa públicamente su compromiso de servir a los intereses ciudadanos, de mantener la transparencia en su gestión y limitar los beneficios en la gestión.

Además, en el marco de la gestión de servicios a empresas, y en general, con todos

sus clientes, elmuro hace públicas sus reglas en la relación comercial.

 

Calidad

elmuro se compromete, en todos sus servicios, a ofrecer la máxima calidad

en el trabajo encomendado o el servicio prestado -incluidos los conocimientos, puestos al servicio del cliente sin reservas- para lo cual establece un control interno sobre sus procesos basado en el sistema EFQM de búsqueda permanente de la excelencia en el servicio. La evaluación de la calidad percibida, no obstante, queda en manos del cliente, cuyas apreciaciones se escucharán y serán tenidas en cuenta.

 

Transparencia

Todos los procesos estarán abiertos a los clientes. La información sobre la gestión de un proyecto encomendado estará siempre disponible. Los precios serán razonables, públicos y justificados.

 

Escucha y comunicación

Nos comprometemos a atender al cliente, sus deseos, razones, intereses y preocupaciones, en todas las fases. Junto a la disponibilidad, una escucha atenta y una comunicación ágil, sencilla, directa y constante por el medio elegido por el cliente, son claves en nuestro concepto de atención.

 

Lealtad, y sinceridad

La relación con el cliente estará presidida por la lealtad y el respeto a sus necesidades, y la sinceridad, que implica que elmuro expresará siempre su opinión razonada sobre cualquier extremo del trabajo comprometido aunque suponga diferencias o divergencias con la empresa contratante. Particular importancia adquiere este aspecto en la actividad que trascienda a amplios públicos.

 

Confidencialidad

elmuro se compromete y suscribe formalmente con cada cliente que lo solicite, acuerdos expresos de confidencialidad sobre aquellos aspectos de la relación contractual que el cliente demande.

 

Trabajo en equipo

Todos los proyectos cuya responsabilidad asumamos, serán objeto de seguimiento en equipo, más allá de las responsabilidades individuales, a la búsqueda de aportaciones colectivas al servicio del cliente.

 

Flexibilidad y agilidad

Comprometemos nuestros recursos humanos e intangibles para ofrecer respuestas

rápidas a las necesidades planteadas por el cliente.

 

Responsabilidad

Respeto a los plazos comprometidos y a los presupuestos entregados, si no se producen cambios impuestos por el cliente. Compromiso de la empresa de asumir el cargo de todos los incrementos debidos a posibles cálculos no ajustados.

 

Garantía final

Si la evaluación final del cliente sobre el servicio prestado se aleja de

sus expectativas, o existen diferencias sobre el grado de cumplimiento de las tareas

encomendadas, nos comprometemos a evaluar de nuevo, conjuntamente con el

cliente, el precio del servicio

 

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Expediente Guadalajara: ciudadanos que hacen Cultura

gala_FESCIGU

Hace unos días se clausuró el Festival de Cine Solidario de Guadalajara FESCIGU, un encuentro en torno al cortometraje sensible con lo que pasa en el mundo. El año pasado desde elmuro apoyamos ese festival aportando patrocinio, y produciendo la gala de clausura lo mismo que este año. Esperen, que lo que les quiero contar va mucho mas allá de la autoloa. El FESCIGU, está organizado por una asociación sin ánimo de lucro –Cinefilia– y su actividad es apoyada por decenas de “nativos” que aportan esfuerzo y pasión para que tenga éxito. Y éxito es que cientos de creadores envían sus cortos y requetecortos desde España, y también desde otros muchos lugares, algunos muy lejanos; éxito es que miles de personas cada año acuden a ver esas películas a lo largo de la primera semana de octubre llenando el Auditorio Buero Vallejo; éxito es que muchísimos escolares se acercan a este tipo de cine por primera vez a través de este festival.

Unos días antes, el miércoles 1 de octubre, asistí como invitado a la presentación de los 25 años del Tenorio Mendocino; una representación popular que se celebra por Todos los Santos en exteriores de edificios relacionados con los Mendoza de la capital alcarreña, promovida por la asociación Gentes de Guadalajara. Durante meses ensayan decenas de actores no profesionales que dan su carácter a los principales personajes de la obra de Zorrilla, y movilizan cientos de personas para la figuración y equipos técnicos y de organización y producción. El resultado, magnífico en lo artístico, es visto las dos noches en que se representa por miles de espectadores que siguen las escenas por los rincones bellos de la ciudad. El Tenorio Mendocino se ha convertido en un referente ciudadano de primer orden y uno al verlo tiene la gratificante emoción de contemplar cómo algo se está convirtiendo en tradición ante sus ojos.

En torno al final de la primavera, desde hace la intemerata -24 años-, también en Guadalajara, se celebra el Maratón de los Cuentos, promovido por otra asociación, el Seminario de Literatura infantil y juvenil. Una iniciativa que canaliza y estimula el empuje y la participación ciudadana. Las muchas actividades del Maratón, y los Viernes de los cuentos durante el año, dinamizan y acercan la literatura y la narración a miles y miles de personas, particularmente de niños, en una tarea asumida por los propios vecinos organizados.

En la misma ciudad también, la Fundación Siglo Futuro forma parte desde hace décadas ya de ese tejido asociativo que ha decidido aportar su esfuerzo a la ingente tarea de hacer de la cultura y el arte lugares de encuentro y de crecimiento ciudadano. Decenas de conferencias, conciertos, actividades de divulgación para las que la asociación busca bajo las piedras fondos con los que mantener su oferta anual.

Son cuatro de las más relevantes actividades cultuales que cada año nutren a los ciudadanos, a las que se suman otras muchas de menor perfil, claro. A ello hay que añadir la actividad cultural promovida por el ayuntamiento y cuyo buque insignia es el Auditorio Buero Vallejo. Pero sin lo que aquellas asociaciones hacen, nada sería igual en esa ciudad. Visualizarán mejor su relevancia si trasladáramos proporcionalmente tamaña actividad a cualquier otra ciudad de mayores dimensiones: como si los festivales de Jazz y de cine de mi querida Donostia los organizaran asociaciones sin animo de lucro, vamos.

¿Por qué cuento esto? Porque la esencia de la cultura es que las gentes asuman no solo el honorable papel de consumidor, sino el imprescindible papel de generador. La cultura ocurre porque alguien la hace, y cuando son asociaciones ciudadanas sin ánimo de lucro, como en el caso guadalajareño, o grupos de personas que toman sobre sus espaldas la noble tarea de “hacer”, tenemos ante nosotros el perfecto ejemplo de la democracia cultural, esa que se hace porque las personas la hacen, y no sólo o principalmente porque las instituciones la pagan.

La cultura de la queja, expresada en nuestro país tantas veces por esa mirada hacia otros, hacia las instituciones responsabilizando de situaciones o demandando dinero o medios, deja paso aquí a la cultura de la responsabilidad ciudadana que asume sin buscar el beneficio económico que las cosas ocurrirán si quienes las desean las ponen en pie. Que la maravilla no es tener dinero para comprar en el mercado cultural, sino tener el deseo y el talento de hacer cosas –actividades culturales- para tus conciudadanos.

A las instituciones públicas, tan celosas de su poder, les queda el mandato constitucional de promover la cultura, que no es otro en relación a lo que hablamos, que facilitar los medios para que los ciudadanos asuman cada día más responsabilidad en su propio devenir cultural.

El caso de Guadalajara es un ejemplo. Un ejemplo de cuya trascendencia probablemente ni sus protagonistas, ni por supuesto las autoridades locales, son conscientes.

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