Category Archives: Opinión

No nos lo merecemos. NO, con mi silencio. No, amb el meu silenci

Ante la situación de enfrentamiento entre el Gobierno de Cataluña y el de España…

elmuro-mafalda

Se avecina imparable un choque de trenes comandados por maquinistas sordos a la lógica, y aliados con el rencor y las cuentas pendientes, unos, y con la inflexibilidad, los otros.

¿Qué hacer, antes de que el choque se produzca y con él heridas muy difíciles de sanar? Por lo menos que se oiga a quienes no se oye: NO CON MI SILENCIO. Levantamos la voz para decir lo que necesitamos:

Necesitamos gobernantes, en la Generalitat de Cataluña y en el Gobierno central, que se sienten a hablar, que se escuchen, que razonen, que piensen en el bien común de los ciudadanos.

Necesitamos gobernantes que entiendan que la ley sin sensibilidad ante las minorías se convierte en corsé rígido e incómodo para ellas.

Necesitamos gobernantes que entiendan que la reclamación de derechos democráticos incumpliendo las leyes, entre ellas el Estatut y la Constitución, pierde cualquier legitimidad.

Necesitamos dirigentes que no basen sus acciones en el rencor hacia el otro y en la negatividad o la inflexibilidad: los queremos que busquen los puntos de acuerdo y de afecto, lo que nos une considerado como motor, no lo que nos separa entendido como brecha insalvable.

Necesitamos gobernantes que busquen mayorías más allá de las gentes que piensan como ellos. Que entiendan la diversidad como valor unitario: humildes y al mismo tiempo orgullosos de defender a TODOS los ciudadanos, no solamente a los alineados con sus propias ideas.

Necesitamos líderes que construyan; rechazamos a los que prefieren o salirse con la suya o que no quede piedra sobre piedra.

Necesitamos líderes que promuevan en la ciudadanía, el orgullo de pertenecer a una misma colectividad: la de gentes que tienen pasado común, en una Europa unida en un mundo global y con un futuro que hacer juntos.

Necesitamos gobernantes que hagan entender a todos los gobernados el valor inmenso de la cultura diversa: los españoles de fuera de Cataluña han de enorgullecerse de la existencia de esa nación, de su lengua, de sus enormes valores y tradiciones. Los catalanes han de entender que frente a lugares comunes interesados, España y lo español no les roba ni les desprecia, sino que les quiere.

Estamos a tiempo: que se sienten a dialogar, a conocerse, a buscar soluciones; pero que se sienten. Para que las heridas de hoy no se hagan más difíciles aún de sanar, el choque no debe producirse. La retirada de la convocatoria del Referéndum debe abrir la puerta a un periodo inmediato de conversaciones que permitan reformar la Carta Magna para que los catalanes que hoy no se sienten reflejados en ella, encuentren nuevas razones para sentir que les acoge.

¡Visca Catalunya, visca España!

 

(si quieres recibir un aviso en el mail con cada nuevo post, puedes hacerlo escribiendo tu mail en donde pone “Suscríbete”, en la columna de la derecha. También puedes seguirnos en twitter@elmuroenred o dándole al “me gusta” en nuestra página de  facebook )

Leave a Comment

Filed under El Blog Cultural de Robert Muro, Opinión

¡Crucifícalo, crucifícalo! Defensa de autor

ruedasgae-elmuro

Por fin ha saltado a la luz pública un claro caso de corrupción entre particulares que afecta a los autores y a la principal sociedad que defiende sus derechos, la SGAE. Muchas televisiones y algunos autores  sinvergüenzas llevaban años defraudando los derechos de los verdaderos autores musicales poniéndose de acuerdo en programar en horas de baja audiencia músicas de mala calidad, inaudibles (eran fondo de programas de echadores de cartas y teletiendas) o versiones de clásicos sin apenas cambios, que ponían a su nombre, para repartirse los derechos de autor que generaban. Los principales beneficiados eran autores canallas  -a los que cuesta aplicar el término de autor- y medios audiovisuales que sabían perfectamente lo que hacían. No eran pocos los socios de SGAE que habían denunciado esta situación, que defraudaba los derechos de los creadores y que perjudicaba a la propia sociedad de los autores, y que además, tenía como consecuencia otorgar muchos votos electorales a gentes que no los merecían, con la consecuente perniciosa influencia sobre su representación en los órganos de poder. Baste decir que entre los principales titulares de derechos no están los grandes compositores, sino gentes que en muchos casos desconocen lo que es un fa sostenido o una semicorchea.
Esto es tan claro, como lo es que los medios, salvo excepciones, se han puesto de acuerdo en denominar “la trama de SGAE” a lo que es la trama de televisiones y autores canallas para defraudar a SGAE. Así, el perjudicado pasa a aparecer como culpable. ¿Cómo iba a ser de otro modo, si los verdaderos culpables son los que proporcionan las noticias? Fíjense en los titulares –que no pasarían un examen de ética en cualquier escuela de periodismo, y lo entenderán-: “El fraude de la SGAE asciende a 100 millones” (El Mundo); “18 detenidos en una operación en la que se investiga a varias televisiones y socios de la SGAE (El País); La ‘rueda’ de la SGAE: un fraude de 100 millones de euros” (Cadena SER). La palma se la lleva la noticia dada por Antena 3: “Al menos 18 detenidos en la operación contra la SGAE por presuntos fraudes en la gestión y cobro de derechos de autor.” Así, sin-vergüenza. Curiosamente el juez señalaba a una directiva de A3Media, Nuria Beatriz Rodríguez, encargada de las contrataciones musicales del grupo,  como la dirigente del fraude. El auto señala, además, que movía fichas para controlar votos e influir en las decisiones de SGAE. Sin-vergüenza.
Una preposición basta para alterar descaradamente el sentido de la frase: el fraude de la SGAE, detenidos socios de SGAE, operación contra la SGAE…
¿Es tan difícil decir que en este fraude de la música, muchas televisiones y algunos autores  tratan de beneficiarse perjudicando los derechos de autor y, más allá, a la sociedad que los defiende? Curiosamente, tal vez sea ABC el medio que con menos maldad ha tratado el tema.
Pero, todo esto ¿por qué? En el maltrato a SGAE, que viene ya de tan lejos, se unen los intereses de quienes no quieren pagar los derechos de los creadores –que es su salario real- y que provienen de todos los sectores que han de pagarlos según marca la ley –medios, hostelería…-, con aquellos que se niegan afirmando que todos somos autores desdibujando en consecuencia el talento y con ello el sustento.
SGAE ha hecho muchas cosas mal, pero lo que representa es indiscutiblemente bueno. Representa la modernidad del pensamiento que reconoce a los autores el derecho inalienable a vivir de su trabajo, y encabeza su defensa para que quienes se beneficien de las creaciones que lleven aparejados derechos, paguen lo marcado por la ley.
Si los autores no cobran, acaba desapareciendo la frontera de la profesión y de la calidad, frontera fijada por la decisión de los ciudadanos de comprar obras de sus autores preferidos. Y con ello, tiende a desaparecer la figura del creador, del autor, en la que se asienta históricamente el ser y el sentido más profundo de una sociedad, aquello que explica cómo somos. Dentro de cien años serán los escritores, realizadores, compositores y creadores de hoy los que expliquen nuestro presente (serán nuestro legado), del mismo modo que nuestros clásicos explican el Siglo de Oro, el legado que hoy disfrutamos.
En la batalla entre quienes van contra SGAE y en el camino quieren acabar con los derechos de los autores a vivir de su trabajo, yo estoy con los creadores y con su sociedad. Lo que, como he dicho varias veces, no elude que debamos seguir hablando de cómo mejorarla. Hoy, además, ir con los autores significa exigir que la propia SGAE depure sus filas y prescinda de aquellos de sus dirigentes que se hayan manchado, o jugado a la “rueda”.
Durante años mala gente, en puestos claves de televisiones y medios, y autores sin escrúpulos, se han conchabado para robar a los verdaderos autores y sus derechos. Vienen horas en que ninguno reconocerá que hizo mal, aunque cualquier ingenuo sabía que algo muy raro se escondía tras esos programas de madrugada. Ninguno de los culpables dará un paso al frente para pedir perdón. Qué añoranza de aquella frase del emérito. “Lo siento; me he equivocado; no volverá a ocurrir”.

(si quieres recibir un aviso en el mail con cada nuevo post, puedes hacerlo escribiendo tu mail en donde pone “Suscríbete”, en la columna de la derecha. También puedes seguirnos dándole al “me gusta” en nuestra página de  facebook) o en twitter )

4 Comments

Filed under El Blog Cultural de Robert Muro, Opinión, polémica

A propósito de NESI. Ah, que no sabes qué es.

NESI-elmuro

El Foro Global NESI (New Economy Social Innovation) reúne a representantes y líderes de todo el mundo de los llamados Nuevos Movimientos Económicos.

Se celebró en Málaga la pasada semana y, movido por una insaciable curiosidad por lo que podrían ser señales de hacia dónde va el mundo, me inscribí. Lo cual quiere decir, que entre los casi setecientos asistentes, había al menos uno que no era líder en nada. Pero, eso sí, estuve muy atento y me fijé todo lo que pude. (Alguien podría haberme confundido con un búho, incluso.) A continuación van unas notas suaves de mi percepción sobre lo que allí pasó.

El primer golpe de vista a NESI te habla de una nutrida presencia de mujeres que aportaba una cierta alegría, colorido, energía y estilo inusuales en los encuentros de predominio masculino. Que en los descansos hubiera sesiones abiertas de baile y meditación también lo ilustra. (También había zonas de siesta, eh) Bien haría el mundo de la empresa en ceder más zonas de responsabilidad a las mujeres competentes, en vez de defender como gato panza arriba el confort de los chicos en todo aquello en lo que se juegue algo de poder, en sí tan masculino.

En lo que atañe al decorado, que tantas veces expresa algo mucho más profundo, era curioso ver el escenario, cuajado de plantas de tomates, cajas de naranjas y muebles provenientes del maravilloso mundo del palet. Esto, junto a la ausencia de trajes y corbatas, y la presencia de puestos de zumos en los que podías surtirte de plátanos, cítricos y kiwis, le daba al conjunto de NESI un familiar aire hippie y sesentayochero. La falta de prisas ayudaba. Nada es igual que entonces, claro.

Por lo que se refiere a los contenidos creo que lo más subrayable era el afán por identificar no tanto las razones como los males de las economías modernas, vale decir capitalismo, generador de diferencias radicales y de pobreza, y hacedor de males innúmeros al planeta. En su conjunto las intervenciones en el Foro abundaban en señalar los síntomas de la enfermedad social y económica contemporáneas, y muchas intervenciones ilustraban de proyectos o realidades de pequeño tamaño, pero iluminadoras como buenas linternas en noche de lobo. Por cierto que parte de esas luces lo eran por su componente ético: el móvil ético Fairphone, la banca ética de Triodos, Oxfam… El mismo componente –el ético- que salía a relucir cuando se señalaba la causa del fracaso de las organizaciones, relacionada con el sistema de gobernanza y la falta de conducta moral en las personas clave, en las cúpulas. Tessa Wernink, por ejemplo, ayudaba a encontrar diagnósticos cuando para explicar cómo habían llegado a su móvil sugería que nos hiciéramos la pregunta adecuada: ¿Qué y cómo debemos hacer para que el teléfono –o el televisor, los electrodomésticos y las máquinas en general…- dure al menos 25 años? Si lo que queremos es que sea más rápido, más guapo, más potente y que esté a la última…, el camino nos llevará aun lugar muy distinto. Y probablemente a un ciclo de vida ínfimo. Bauman dixit.

Términos como “colocracia” (democracia colaborativa), preguntas como “¿Porqué no emplear el talento creativo también en la economía y la sociedad?”, o afirmaciones como la de “Verdad (transparencia), belleza (sostenibilidad) y bondad (compromiso) son los rasgos esenciales de la empresa que es necesaria”, ilustran el enfoque, la perspectiva de NESI. Cuando al inicio de su conferencia Christian Felber, autor de “Dinero, de fin a medio”, se tiró acrobáticamente al suelo pegando su oído a la tierra, todos los allí presentes entendimos el mensaje que podía haber tardado en transmitirnos un buen rato de haber tratado de explicarlo con palabras. Entre los extremos en los que se mueve la economía mundial, que Felber enunció: proteccionismo a ultranza (que defiende a las economías desarrolladas) y libertad absoluta de comercio (que promueve el poder del mercado sin control), propuso el comercio ético, que ha de ser más libre y beneficioso en sus normas para aquellos que mejor y más respeten los derechos humanos, entendidos estos in extenso.

Por NESI pasaban temas como la economía de plata (silver economy), las construcciones sostenibles y resilientes, la soberanía alimentaria, la huella del carbono, la red de conciencia, y hasta para pedir, claramente a contrapié y fuera de cacho, el boicot a cierta gran empresa de Galicia cuyo propietario no está mal situado en la Lista Forbes. (Hasta los más suaves sacan la navaja si les mientas la tauromaquia…, o una multinacional de éxito.)

En el sustrato, de fondo común a la mayor parte de las intervenciones, habitaba en mi humilde opinión la búsqueda inicial, los primeros pasos de un largo camino todavía no maduro, aquel que se ocupa más de lo pequeño y de lo que puede cambiar, dejando el cambio grande para que sea efecto de la onda o la ola generada por lo mínimo. La palabra estrategia, con lo que tiene de mirar al futuro y construir un camino ad hoc a ese futuro, desde luego no parecía estar convocada. Es importante que cuando se trata de cambiar un mundo complejo seamos conscientes de que todos los que aportan al cambio, grosso modo, van en la misma dirección; y de que el camino ha de articularse, hacerse viable: no basta la diáspora de pequeños milagros. La revolución es posible. Lo que es más difícil es mantenerla. Y lo que hasta ahora no se ha logrado es preparar y realizar la transición adecuadamente y que garantice ese nuevo futuro, esa nueva economía.

Me extrañó no escuchar apenas nada del Cuarto Sector de la economía, que cada día reclama más peso y papel y el desarrollo de una regulación específica que lo promueva y normalice. Nada de que las leyes deben adecuarse –ni ninguna propuesta concreta- para crear un nuevo marco en el que este nuevo modelo de economía sea posible o crecedero. Las fórmulas que reciben nombres bellos e imprecisos como Economía del Bien Común, Colaborativa, Solidaria, Circular o términos como decrecimiento, empresas sociales, ciudades en transición… deben adquirir perfiles y precisión, y con ellas compromisos legales expansivos. Si no, avanzarán pequeñas cosas, pero difícilmente se harán grandes. También me extrañó la escasísima presencia de empresas medias y grandes: en estos lugares se aprende mucho del “hacia dónde”. Supongo que tendrían cosas más importantes.

En cualquier caso da gusto ver, escuchar, oler el cambio, aunque parezca pequeño. Frescos aires en un corrosivo entorno mundial de corrupción, egoísmo y dolor. Ah, traigo para terminar un breve texto de Eduardo Galeano, tan querido por el movimiento: “Son cosas chiquitas.
No acaban con la pobreza
no nos sacan del subdesarrollo,
no socializan los medios de producción
y de cambio, no expropian las cuevas de Alí Babá. Pero quizá desencadenen la alegría de hacer, y la traduzcan en actos. Y al fin y al cabo, actuar sobre la realidad
y cambiarla aunque sea un poquito,
es la única manera de probar
que la realidad es transformable.” Pues eso.

 

(si quieres recibir un aviso en el mail con cada nuevo post, puedes hacerlo escribiendo tu mail en donde pone “Suscríbete”, en la columna de la derecha. También puedes seguirnos dándole al “me gusta” en nuestra página de  facebook)

Leave a Comment

Filed under El Blog Cultural de Robert Muro, General, Opinión

En democracia las formas son casi todo: el cese de Pérez de la Fuente

director-teatroespanol

Juan Carlos Pérez de la Fuente llegó a la dirección del teatro Español mediante un concurso. Por primera vez en la historia madrileña un responsable de un centro público accedía a la dirección habiendo pasado la evaluación y proceso de selección de un jurado compuesto por siete profesionales de las artes escénicas. Las bases del concurso marcaban que ese jurado pasaría una terna al ayuntamiento para que entre esos tres nombres fuera elegido/designado el nuevo director de los teatros municipales.

No se discute aquí si aquel concurso fue un maravilloso y transparente proceso de selección. En su momento nadie lo denunció formalmente. Por mi parte, escribí entonces que un proceso incompleto o deficiente es mejor que una designación, digital sistema por el que habían llegado hasta ese momento todos, subrayo, todos, los directores del Español.

Este lunes, Santiago Eraso, por quien cuando fue designado expresé mi respeto profesional -igual que subrayé mi extrañeza crítica porque su puesto no fuera cubierto por concurso-, ha anunciado el cese de Pérez de la Fuente.

Cuando más necesitada está la cultura, y la gestión de la cultura, de diálogo y entendimiento a favor de los ciudadanos y en contra de la parálisis que atenaza a Madrid, se opta por el cese, denominación que me recuerda a pasados sombríos: aquellos en que las diferencias se solucionaban con el dedo del poder.

A muchos no les gusta la gestión de Pérez de la Fuente, probablemente a tantos como la considerarán profesional. Pero no se trata de eso, sino de los modos, de las formas con que las decisiones se toman en cultura. Alguien que llegó por concurso –mejor o peor, pero concurso- no puede, no debe ser cesado, al menos sin antes tratar de llegar a acuerdos y cambios de modelos, siempre menos perjudiciales para el funcionamiento de las instituciones.

Los responsables municipales actuales, elegidos democráticamente, tienen derecho a que los gestores provenientes del anterior gobierno por concurso y con contrato en vigor atiendan las sensibilidades políticas de la nueva mayoría social. Pero la solución de ese desajuste temporal ha de buscarse mediante el acuerdo para beneficio del conjunto de la ciudadanía. Y cuando llegue su momento, mediante la convocatoria democrática de nuevos procesos de elección que mejoren los anteriores.

Hace apenas un mes escribía reclamando mecanismos democráticos de acceso a los cargos públicos culturales. Por cierto, a todos los cargos públicos culturales relevantes, no electos. Ahora se comunica que el proceso de elección de los nuevos tres responsables, será transparente y abierto, streaming incluido. ¡Qué bien: que las defensas y las evaluaciones sean públicas, sí! Pero la gestión democrática exige también acuerdos, debate, diálogo, encuentro. Y el cese es la antítesis de esos términos.

Tal vez si conociéramos la política cultural que Ahora Madrid quiere hacer…; tal vez si conociéramos en profundidad los argumentos para el cese de Pérez de la Fuente…; tal vez si se tuviera en cuenta al tejido social y cultural de la ciudad para este tipo de decisiones…; tal vez si… Pero no ha habido tal vez, solamente cese es la palabra dominante en la información.

Hace apenas diez días, hablaba también en este blog de la imprescindible convocatoria y puesta en funcionamiento de un Consejo Municipal de Cultura. De existir, este tema se hubiera sin duda resuelto mejor.

(Desgraciadamente este precedente puede abrir la puerta futura a otros ceses, a más ceses, cuando alcancen el gobierno corrientes políticas otras, y los nuevos regidores no quieran esperar a los plazos estipulados en los concursos para que, por lo tanto, los gestores elegidos puedan cumplir sus contratos. Será un desastre más para la cultura; y, sobre todo, para los ciudadanos.)

Alcanzar el poder es relativamente fácil: son siempre los ciudadanos quienes deciden. Gestionarlo democráticamente poniendo a los ciudadanos por delante de las querellas se antoja tarea heroica. Y no parece que haya muchos héroes a la vista.

 

NOTA: Ya se barajan nombres par ocupar los puestos de gerente del teatro Español (¿sin concurso público?), y de directores de los espacios. El cese está todavía caliente pero ya se está repartiendo las vestiduras del cesado. Me avergüenzo íntimamente de estas situaciones en las que lo único claro es el poder. Y allí, a lo lejos, los ciudadanos, sus derechos, sus intereses.

 

(si quieres recibir un aviso en el mail con cada nuevo post, puedes hacerlo escribiendo tu mail en donde pone “Suscríbete”, en la columna de la derecha. También puedes seguirnos en twitter @elmuroenred o dándole al “me gusta” en nuestra página de  facebook )

4 Comments

Filed under artes escénicas, El Blog Cultural de Robert Muro, Gestión cultural, Opinión

Teatro e investidura: vivan los espectadores

_CONSTITUCINDELASC19206613_c66db132

Una de las acusaciones que los líderes políticos de los cuatro grandes partidos españoles lanzaron al resto en el Debate de Investidura fue la de “hacer teatro”. Ellos emplean ese concepto como impostura, mentira, falsedad; alguno como comedia de enredo, farsa, show, espectáculo o vodevil, qué sinonimia, cielos. Quienes conocemos el teatro sabemos que en una sala oscura los actores son verdad en estado puro, la mayor parte de las veces mucha más que en un atril parlamentario. Sabemos que actuar no es fingir, sino que es poner uno de tus “yoes” en acción. Y no hay mentira en los actores porque la falta de verdad escénica hace increíble su trabajo y los espectadores desertarían de los teatros en masa.

Ellos sin embargo, muchísimos de los políticos profesionales, que desconocen esto por pura incultura, lo entienden al revés. No se dan cuenta de que quienes les escuchamos desertamos de ellos precisamente porque vemos las costuras, la falsedad y el interés por que no se note demasiado la diferencia entre lo que dicen que van a hacer y lo que efectivamente hacen luego. Bueno, no se dan cuenta, o tal vez no les importa que nos vayamos.

Sin embargo, la primera jornada de debate parlamentario sobre la investidura del candidato Pedro Sánchez, provocó en mí otras reflexiones que tenían el teatro como fondo. Sí, porque cada uno de los candidatos, su discurso, sus formas, su tono, se encuadraban a mis ojos en diversos segmentos del teatro español de hoy. Se lo cuento, a ver qué les parece.

A Mariano Rajoy lo ubicaría indiscutiblemente en el teatro decimonónico, con su lenguaje antiguo, su aire antiguo, sus antiguos ademanes, su antigua y aristocrática displicencia sobre los demás. Aliñada faena la suya, sí, pero imposible que formas y mensajes, su oferta “teatral” en definitiva, encandilara más allá de los propios aficionados. Y ni siquiera a todos los propios. ¡Por dios, Mariano, ¿rigodón?!

A Manuel Iglesias -le ahorro el descredito que debe sentir sobre su nombre por el desprecio con que trató al partido que su homónimo fundó-, lo encuadro sin duda en el teatro alternativo, experimental, en el Off: su juvenil altanería intelectual, su yo sé más que nadie y sé más que tú, su aferramiento a un aire juvenil impostado, su adolescente desprecio por todo lo que no sea como él, su fe ciega en que su universitaria receta debe ser impuesta a todos los demás como si fuera la única valida, la sola que merece respirar.

A Pedro Sánchez lo relaciono de inmediato con los defectos del llamado “teatro público”, ese que se hace con fondos de todos a veces dilapidándolos, aseado y frío, correcto y formal, pedagógico y no pocas veces aburrido por previsible, autoconsciente de su responsabilidad cultural, pero sin alma, con muy poca capacidad de entusiasmar.

A Albert Rivera lo encuadro en el teatro comercial de calidad, claramente orientado a gustar a mayorías, camaleónicamente capaz de cambiar de aspecto con el expreso fin de seducir a tirias y a troyanos, atento a las formas externas pero tan a menudo olvidado de contenidos valiosos y profundos, con un lejano aire de vendedor elegante en el lejano Oeste.

Tras el debate saqué la conclusión de que todos tenían algo importante en común, algo malo en común: los cuatro creían que su tipo de teatro era el mejor y debía gustarnos a todos, debía imponérsenos a todos. Como si no les gustara nada que los distintos públicos se mezclaran. Y más allá, que los espectadores debíamos odiar los otros tipos de teatro por su maldad intrínseca, y que en su oferta teatral, sobre todo, no habría sitio para los otros tipos de teatro, para los demás. ¡Vaya mierda, con perdón!

Ciertamente hubo otras intervenciones asimilables a otros tipos de teatro, minoritarios e incluso muy minoritarios, pero que desgraciadamente se mostraban orgullosamente contagiados por los defectos de los grandes otros: onanistas preocupados por sus cosas, por hablar de su libro, e incapaces de asomarse a los gustos y necesidades de todos. Tal vez les influyó en algo el miedo escénico o el ambiente.

Si Patxi López me hubiera dado un minuto, les hubiera dicho a todos que no hay solución si no participamos todos en ella; que no hay teatro sin todo el teatro. No hay libertad de opción si no están todas las opciones de alguna manera presentes. Que todos los espectadores, los que aman el off, los que gustan del comercial, los seguidores de los centros dramáticos nacionales o regionales, y los que se pirran por el teatro demodé, tenemos el mismo derecho a que nuestros gustos y deseos se tengan en cuenta en la proporción en la que asistimos. En nuestros votos.

Menos mal que nadie tiene los suficientes. No quiero pensar en lo que pasaría a los amantes del teatro, de todo el teatro, ya me entienden, si de nuevo uno de esos tipos pudiera decidir por todos.

(si quieres recibir un aviso en el mail con cada nuevo post, puedes hacerlo escribiendo tu mail en donde pone “Suscríbete”, en la columna de la derecha. También puedes seguirnos en twitter @elmuroenred o dándole al “me gusta” en nuestra página de  facebook )

Leave a Comment

Filed under Cultura, El Blog Cultural de Robert Muro, Opinión, Reflexión

Organizaciones culturales: mirar más allá del espejo

elmuro-masalladelespejoLas organizaciones culturales en España tienen ante sí el reto de la relevancia: es decir, el de ser relevantes –ellas, por lo que hacen- en la vida cotidiana de los ciudadanos y en la marcha de la sociedad. Más allá de los retos procedentes de la esencia artística y relacionados con auto-exigirse la calidad máxima, el verdadero reto es ser agente activo en la transformación social, de la que cultura y educación son palancas imprescindibles. Ciertamente es un reto que tienen todas las organizaciones relacionadas con la cultura y el arte, en España y en el mundo. Es extendida la conciencia de que cultura y arte –expresiones específicas y diferenciadoras de “ser” humano- tienen la capacidad intrínseca de aportar valor positivo y transformador al conjunto de la humanidad, más allá de las diferencias religiosas, ideológicas y políticas de sus componentes.

La cultura y el arte proporcionan a quienes los disfrutan herramientas de comprensión del mundo inefables y únicas. Porque solo a través de la música, la danza, la pintura, el teatro se accede a determinadas emociones y a la comprensión profunda, íntima, de que el ser humano puede hacer cosas sublimes…, por más que al dejar de sonar la música veamos también la capacidad humana de destruir la belleza y la bondad.

Pero para las organizaciones no es una tarea fácil mirar hacia fuera, hacia su “exterior” social. Principalmente orientadas a la creación o al trabajo con creadores y artistas de todo tipo, se han dejado arrastrar por el ensimismamiento y el placer por el propio trabajo, y solo en menor medida ha jugado en ellas un papel la preocupación por el efecto que su labor tenía socialmente.

Los poderes políticos y económicos de todo tipo, entendiendo y aprovechando esta debilidad estratégica –cuando miras en corto y solamente tus problemas caes enseguida en la fragilidad y la dependencia- han desatendido la cultura y han despreciado esta herramienta de transformación de primera. La sociedad, finalmente ha pagado esa desatención.

Para incrementar la relevancia, paso imprescindible para aportar cualquier valor a la cotidianidad de los ciudadanos, las organizaciones deben introducir en sus misiones al menos dos elementos esenciales.

El primero, poner a los destinatarios de su actividad –sus clientes, sí, pero entendidos también como ciudadanos- en el centro de su actividad, lo que implica escuchar sus deseos, sus preocupaciones, sus intereses, e implica, además, establecer y desarrollar instrumentos reales, operativos de participación y decisión, en las organizaciones y en los procesos culturales. Mirar más allá, por la ventana, en vez de mirarse al espejo.

El segundo, participar en una estrategia común de sector, pero también ciudadana, que favorezca ese papel que la cultura y el arte tienen como motores del cambio social, del cambio en la sociedad. Los valores positivos de la cultura y el arte, que le permiten reducir los conflictos, ayudar a entender las diferencias, favorecer la integración, hacer ciudadanía…, deben conformar una bandera común que unifique a las organizaciones. Y que tenga consecuencias, por supuesto. Consecuencias en la acumulación de energía para presionar para que los presupuestos de las administraciones públicas a la cultura –y su primer escalón, la educación- se incrementen, para exigir una nueva concepción fiscal en la que la creación y el consumo de cultura no sufran impuestos; para conseguir que la cultura sea tratada por los poderes como motor del alma de la comunidad, que es lo que en realidad son históricamente la cultura y el arte.

Lograr relevancia no es sencillo, pero es imposible si las organizaciones ni siquiera se lo plantean.

(si quieres recibir un aviso en el mail con cada nuevo post, puedes hacerlo escribiendo tu mail en donde pone “Suscríbete”, en la columna de la derecha. También puedes seguirnos en twitter @elmuroenred o dándole al “me gusta” en nuestra página de  facebook )

1 Comment

Filed under Cultura, El Blog Cultural de Robert Muro, General, Gestión cultural, Opinión, Políticas culturales, Sin categoría

Mira el bosque, no al árbol: el IVA cultural ya no es el problema

bosque-elmuro

Derecha, neoderecha y medio izquierda ya anuncian y dan por descontada la derogación del IVA al consumo cultural decretado por Wert y Montoro. El coro de corifeos llega tarde.

Mientras hemos sufrido la medida fiscal hemos pensado y mucho, y ahora ya no es suficiente volver al punto de partida. Queremos otro punto de partida. Queremos otro juego. La discusión no está en los números, sino en el horizonte al que mirar.

La subida del IVA al 21%, desde el 8% del que partía, solamente afectaba al consumo cultural, o por decirlo brutamente, a las entradas de los espectáculos y al cine, entre otros servicios culturales. La subida afectó a la creación y a las empresas de producción de arte, pero ellas ya partían de que pagaban el 18%.

En estos años nos hemos hecho una pregunta esencial ante esta situación: ¿Por qué la fiscalidad de la producción cultural debe ser diferente y mayor que la del consumo? Y nos la hemos respondido: no debe ser diferente porque ambas –producción, es decir, creación y exhibición, por un lado, y consumo, por otro- forman parte del mismo proceso, del mismo servicio cultural. Y que quienes hacen posible el arte paguen más impuestos que quienes lo consumen lanza un mensaje al mundo y a la sociedad perverso e injusto. Perverso, porque a los ojos de la sociedad identifica a las empresas y organizaciones dedicadas a crear arte como empresas indiferenciadas respecto a cualesquiera otras: si pagan los mismos impuestos, son de la misma categoría y aportan el mismo valor social. Y no, son empresas, compañías, productoras, teatros, cines, galerías, orquestas, auditorios…, que ofrecen y garantizan un servicio público. Injusto, porque la cultura –sin distinciones entre producción y consumo-, está recogida específicamente en la Constitución, en su Preámbulo y en otros artículos, como un valor que las instituciones públicas deben promover en beneficio de todos los ciudadanos y de la sociedad en su conjunto.

Los ciudadanos más sensibles, muchos por cierto, los creadores, productores, agentes culturales, han hecho frente común estos años a la medida trágica y dolorosa del incremento de 13 puntos en la fiscalidad cultural, que la situaba como un lujo, y que tanto daño a hecho. Hoy el dedo extendido no nos debe hacer perder de vista la dirección a la que apunta; hoy el árbol no debe impedirnos ver el bosque; hoy la bajada unilateral del IVA no nos debe despistar ni hacer olvidar que lo que necesita la cultura es un nuevo modelo impositivo. Un nuevo modelo que se asiente en el principio constitucional que reconoce a la cultura como un servicio público, beneficioso para la sociedad.

Ese nuevo modelo fiscal, ahora ya irrenunciable, ha de implantar cuatro medidas básicas:

Primera: Un único tipo de IVA, el mínimo o súper-reducido, para todas las actividades artísticas y culturales, tanto para aquellas que afectan directamente al consumo, como aquellas relacionadas con la producción de bienes y servicios culturales y artísticos, que atañen fundamentalmente al tejido empresarial cultural pero consecuentemente, afectan finalmente a los ciudadanos, y a la calidad del arte producido y consumido. Más claramente dicho: las entradas, es decir, el consumo, y la producción, es decir, la actividad de las empresas y organizaciones dedicadas a la producción, tendrán el mismo tipo impositivo mínimo.

Segunda: El pago del Impuesto de Sociedades no será obligatorio para aquellas empresas y organizaciones culturales cuyos beneficios sean mínimos. Este impuesto, además, ofrecerá ventajas a las empresas y organizaciones culturales que teniendo beneficios, reinviertan fehacientemente parte de ellos nuevamente en actividad cultural.

Tercera: Se establecerán tipos fiscales o medidas impositivas (impuesto de sociedades, tramos, deducciones…) que atiendan a la diversidad de los ingresos generados por las distintas organizaciones, de tal modo que las grandes empresas culturales y las pequeñas empresas creativas no soporten la misma presión fiscal.

Cuarta: Se aprobarán deducciones en el IRPF por consumo cultural, que impulsen el consumo de bienes, productos y servicios culturales por la vía de la desgravación por tramos de gasto acreditados.

Es cierto que el marco general de desarrollo de la cultura de un país no es exclusivamente fiscal: sistemas de créditos ad hoc, legislación sobre patrocinio y mecenazgo y sobre innovación, modelos de emprendimiento específicos para la creación, nueva regulación de los derechos de autor que garantice y respete su labor, normas laborales y de Seguridad Social adecuadas a la realidad de artistas y creadores, entre otras medidas, conformarían un nuevo marco general estratégico. Pero la fiscalidad, el modelo impositivo con que la Cultura contribuye a la marcha del país, es una clave esencial que define su relevancia estratégica. Las medidas concretas que proponemos buscan que la cultura pueda jugar el papel que le corresponde si deseamos que contribuya decisivamente a la mejora de nuestro país y nuestra sociedad.

(si quieres recibir un aviso en el mail con cada nuevo post, puedes hacerlo escribiendo tu mail en donde pone “Suscríbete”, en la columna de la derecha. También puedes seguirnos dándole al “me gusta” en nuestra página de  facebook)

11 Comments

Filed under El Blog Cultural de Robert Muro, Opinión, Políticas culturales

Un Rato bueno en mi barrio

barRato_elmuro

En mi barrio de Madrid, al comienzo de la calle Cartagena, hay un bar que se llama Bar Rato.

(Ja, ja, lo escribo y se me viene a mientes esa vibrante y cachonda canción de mi amigo Riki López, “El menú del bar Rambo”, pero no, no tiene nada que ver. Escuchadla, que es fantástica, como él.)

El bar Rato está justo debajo de donde vive ese tipo admirable para las gentes del teatro que se llama José Monleón, artífice de la revista Primer Acto. El bar Rato lo regenta una de esas parejas que huele a emigración moderna de aire neoyorquino: él portugués, ella italiana, en la treintena pero con mucho mucho vivido, a saber si todo bueno. Ellos, sí. Desde hace un año que están en él y le han dado la vuelta hasta que el calcetín parece otro, guapo, limpio y oloroso, lleno de jóvenes y de animales, sí, que permiten pasar a los perros sin que consuman.

En el bar Rato buscan constantemente fórmulas nuevas para atraer clientes, desde intercambios lingüísticos (ya podrían ser besos, ya, pero no: enseñas una lengua y te enseñan otra), hasta bancos de intercambio de objetos sin dinero (lo último que vi era comida para mascotas, qué cosas).

En el bar Rato, ella hace pasteles que saben a abuela, y él anda limpiando siempre como si todo necesitara brillar y deslumbrar para los clientes. Esta pareja está logrando con trabajo honrado levantar un bar que antes era parada cutre de taxistas sobrados de mus y de coñac barato: antes era ese tipo de bar anclado en los sobres de azúcar vacíos tumbados indolentes largas horas a los pies de la barra. Ellos han dado esperanza a un bar que seguro se sentía acabado. Ellos y su Rato han dado esperanza y alegría sencilla a un fragmento de la geografía humana de mi barrio. Ellos y el bar Rato me dan esperanza.

(Veo a Rato en el Telediario, hundido como solamente puede hundirse el delincuente culpable y sin razón para haber elegido la mierda en vez de la virtud, y me vienen esos versos maravillosamente ácidos del poeta Machado en sus Proverbios y Cantares: “La envidia de la virtud hizo a Caín criminal: ¡Gloria a Caín¡, hoy el vicio es lo que se envidia más”. Ni un segundo más dedicado a la ignominia.)

Gracias a mis vecinos del Rato por hacer que esa palabra que hoy genera una profunda vergüenza ajena, solamente me recuerde su bar, honorable, pequeño, limpio, abierto, tranquilo, amistoso.

Y es que hay Ratos y Ratos. Hay virtud y hay vicio. Las gentes humildes que preferimos envidiar la virtud deberíamos recordar la diferencia constantemente. Necesitamos formar ejércitos éticos de lo pequeño hermoso, de lo pequeño purificador, de lo pequeño transformador, del pequeño cambio honrado y diario, de la simiente de futuro, en fin. Ratos contra Rato.

Perdón, por este post, he estado poseído por… un rato.

 

(Si quieres recibir un aviso en el mail con cada nuevo post, puedes hacerlo escribiendo tu mail en donde pone “Suscríbete”, en la columna de la derecha. También puedes seguirnos dándole al “me gusta” en nuestra página de facebook)

4 Comments

Filed under El Blog Cultural de Robert Muro, General, Opinión

Eduardo Galeano: poeta del bien común

Eduardo_Galeano

Un mensaje canalla y mentiroso en mi móvil dice que Eduardo Galeano acaba de morir en su querido Montevideo a los 74 años. No es verdad.

Galeano es un escritor de mandíbula seria y enhiesta frente al mal, de mirada clara y herida, de entrecejo fruncido por el dolor propio y el ajeno, y de alma sensible, limpia y despejada, como su propia frente. He leído muchas veces su obra, sus obras, como lo han hecho tantos otros sensibles al sufrimiento de América Latina y de los agraviados y nadies del mundo en los últimos cincuenta años. Ha construido un arsenal de palabras que como balas de tinta atacan el corazón de los malos, los poderosos, los que no sufren o creen no sufrir. Balas de tinta frente a balas de verdad. Fueguitos contra el frío.

Galeano es un poeta del bien común, o por decirlo con otras palabras, un creador de imágenes que estimulan lo bueno colectivo que hay en el ser humano, imágenes con las que te identificas y que te hacen creer en que estar de parte del bien de todos, es tu humilde contribución a hacer del mundo un lugar habitable, del que no avergonzarte.

Cada año nuestro Kit de supervivencia de elmuro recoge alguna de sus pequeñas historias, que beben de la narrativa mínima latinoamericana, y de la sencillez. Seguramente la destilación más serena de su pensamiento poético y político está en El Libro de los abrazos y en Memoria del fuego, aunque no sean los más conocidos. De este último reproducíamos un canto breve a la acción humilde, a la pequeña acción que “mancha” el mundo para bien: “Son cosas chiquitas. No acaban con la pobreza, no nos sacan del subdesarrollo, no socializan los medios de producción y de cambio, no expropian las cuevas de Alí Babá. Pero quizá desencadenen la alegría de hacer, y la traduzcan en actos. Y al fin y al cabo, actuar sobre la realidad y cambiarla, aunque sea un poquito, es la única manera de probar que la realidad es transformable.”

Pues eso, que la noticia es mentira, que Eduardo Galeano sigue vivo.

(Si quieres recibir un aviso en el mail con cada nuevo post, puedes hacerlo escribiendo tu mail en donde pone “Suscríbete”, en la columna de la derecha. También puedes seguirnos dándole al “me gusta” en nuestra página de facebook)

Leave a Comment

Filed under Cultura, El Blog Cultural de Robert Muro, Opinión

Los creadores y SGAE. ¡Tan necesarios y tan frágiles!

elmuro-sgae

SGAE estrena nueva Junta Directiva, fruto de las recientes elecciones, y hace unos días fue elegido en ella su nuevo presidente, José Luis Acosta, que repite cargo. Su histórico reto es probablemente refundar la sociedad de los autores.

Los cielos demandan unidad y discreción frente al guirigay y la confrontación de los últimos tiempos. Son muchos los no-amigos de SGAE, unidos por el interés común de debilitar la sociedad que gestiona los derechos de los autores y poco proclives a dar respuesta al reto de cómo pagar a los creadores en los tiempos de internet. Y los socios de esa casa deberían ser conscientes de la tormenta exterior y de la pérdida de crédito de los últimos años y unirse, unirse hasta la intimidad en la tarea de salvaguardar los derechos y la figura del autor.

Es razonable pensar que en la nueva Junta no han cambiado los malos aires de “fronda” que la atravesaban en los últimos meses. Con algunos de los viejos junteros y aspirantes a presidente dentro, los pequeños odios y los grandes intereses personales con asiento en plaza, la preocupación por la función primordial de SGAE pasa a segundo plano. La misión de la sociedad de los autores es defender los intereses de los AUTORES, así, en mayúsculas y en plural. Alguna vez he escrito que la defensa de los derechos de los creadores, que en última instancia tiene que ver con el derecho a vivir dignamente de sus obras sin que se las roben o manipulen, es el termómetro de la madurez democrática de una sociedad en relación a la cultura. He dicho también que el problema de SGAE era de liderazgo. Pongo en cuarentena esta última afirmación. Probablemente el problema de SGAE es que en su seno la defensa de los autores, de TODOS LOS AUTORES, DE LA FIGURA Y LOS DERECHOSA DEL AUTOR, no preocupa a todos los socios por igual. Y en particular, algunos conciben la sociedad como una herramienta útil a sus intereses económicos y de poder. Desgraciadamente esos han perdido las elecciones y hoy no gobiernan la SGAE. No, no es que me hubiera gustado que ganaran las elecciones –los defensores de la “rueda” no cuentan con mis simpatías-, pero probablemente están decididos a convertir en una guerra infinita su derrota en esta batalla. Y eso no merece la pena. Porque nadie que ame la paz y la creación puede vivir permanentemente en pie de guerra y de visceral odio. Nadie que prefiera el sentido común y el acuerdo frente al empujón y el codazo, puede estar cómodo entre gritos y pleitos. Nadie que ame el arte puede hozar a gusto en el barro.

Tal vez los autores hayan de pensar en la posibilidad de solucionarlo rompiendo la SGAE por colegios o simplemente, creando dos sociedades que reúnan por simpatías estratégicas a sus nuevos socios. No sé si es una buena posibilidad. Parece que al menos, puede llegar a ser menos mala que la guerra infinita. Porque si ni un ápice de deseo de unidad hay, si ni un átomo de necesidad de compartir espacio hay, convivir es vano intento.

Los autores, los creadores -la creación- se merecen una voz unidad y armónica. Y a la sociedad es mejor darle un espectáculo más edificante.

(Si quieres recibir un aviso en el mail con cada nuevo post, puedes hacerlo escribiendo tu mail en donde pone “Suscríbete”, en la columna de la derecha. También puedes seguirnos dándole al “me gusta” en nuestra página de facebook)

6 Comments

Filed under Cultura, El Blog Cultural de Robert Muro, Opinión