Category Archives: Políticas culturales

¿Qué hemos hecho mal para merecer esto? Al Maestro Yoda las respuestas a estas preguntas pedir debemos.

A propósito de la elección del nuevo director de la Compañía Nacional de Teatro Clásico

Fotografía del actor y director teatral Lluís Homar / Robin Townsend (EFE)

¿Qué entiende el Ministerio por “procesos públicos”?

¿Creen los responsables del Ministerio de Cultura que un proceso de evaluación de candidatos llevado a cabo en apenas tres semanas y sin ninguna información pública sobre los participantes ni sobre sus proyectos, puede calificarse de transparente?

¿Por qué no se hacen públicos los proyectos presentados por todos los candidatos, incluidos los cuatro finalistas, para que la opinión pública y los profesionales del sector puedan conocerlos?

Al menos, ¿cuál es el proyecto en concreto del nuevo director de la CNTC, para cuya ejecución ha sido contratado? ¿Se ha tenido en cuenta la posibilidad de convertirlo en un Contrato-Programa que debería firmarse?

¿Cuáles son los criterios de valoración concretos -y diferenciales respecto al resto de candidaturas- empleados en la toma de decisión? ¿Figuran entre ellos la experiencia en dirección o interpretación o el conocimiento de autores del Siglo de Oro y del verso clásico español?

¿Le parece bien a la directora del INAEM, la afirmación del nuevo director de la CNTC de que viene a aprender?

¿Qué puestas en escena de la CNTC o de teatro clásico español ha podido ver el nuevo director en los últimos años?

Además de su salario, ¿va el nuevo director a cobrar por los montajes que dirija?, y si es así, ¿va a descontar de su salario de director el tiempo que reste a sus responsabilidades en la CNTC? ¿Va a participar en puestas en escena externas o en proyectos audiovisuales ajenos a la CNTC durante su mandato?

¿Es mejor que se ofrezcan respuestas o que nos quedemos con las dudas?

En definitiva, Amaya de Miguel, ¿por qué?

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Se anuncia la convocatoria para las direcciones artísticas del INAEM: Una broma sin pizca de gracia

La web de la Cadena SER, en pleno fin de semana que se inicia el viernes, 1 de febrero de 2019, informa que el Ministerio de Cultura había publicado ese día en su web una noticia extraordinariamente relevante para la Cultura, por el fondo y la forma. La web del Ministerio adelantaba que el día 11 de este mes (diez días después), se convocaría el proceso de selección para las direcciones artísticas de las compañías nacionales dependientes del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música (INAEM). La misma noticia informaba que el plazo de presentación de candidaturas se iniciaría el martes, 12 de febrero, y finalizaría el miércoles, 25 de febrero. Sí, han leído bien: el INAEM informa de que en el futuro se convocará el proceso, pero sin convocarlo, es decir, sin dar a conocer las bases de la convocatoria, los requisitos, las normas, los presupuestos… Nada. En definitiva, quienes aspiren a dirigir las organizaciones artísticas más importantes de España dispondrán de apenas trece días -13- para presentar su proyecto y preparar y presentar sus candidaturas en base a las condiciones que fije la convocatoria. Escasos días y muchos obstáculos para que los proyectos tengan la máxima calidad.

Como a los propios responsables este tiempo debe parecerles insuficiente, lo que hacen es avisar con antelación de que será muy poco el tiempo. Una broma. Una broma sin pizca de gracia.

¿Dónde queda la transparencia, dónde la publicidad, dónde la garantía de competencia, la profesionalidad exigible para que un proceso pueda ser aceptado como democrático?

Miren, el propio Código de buenas prácticas del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música, vigente, señala en su artículo quinto que la selección de candidatos se llevará a cabo “mediante procedimientos que garanticen la publicidad y la concurrencia.” ¿Es por eso por lo que TODO el proceso de presentación se realiza en trece días? ¿Es así como se promueve la sana competencia, unos buenos proyectos, y se garantiza la transparencia y el principio de igualdad?

SI el INAEM quería que el proceso pareciera transparente y limpio, desde luego ha fracasado. No serán pocas las personas que pensarán que algunos privilegiados/as tendrán previamente la información suficiente para poder hacer bien los deberes en tan poco tiempo.

Era información conocida que los actuales directores tenían que irse al final de la temporada: entonces, ¿porqué ahora con esta premura, con esta prisa?

Nuestra CULTURA, con mayúsculas, no debería estar jugando a lo pequeño, a las lealtades mínimas, a las prisas, a la ausencia de estrategia.

A las mayúsculas renuncia este tipo de convocatorias apresuradas, con tiempos tan cortos para hacer las cosas bien, y casi en penumbra.

Y, por cierto, todo esto sobre las formas: hablaremos del contenido de la convocatoria…, cuando se conozca.

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Apenas un año para ponerlo en marcha: El Consejo Municipal de Cultura como expresión de la participación en el común

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El impulso de la participación de los ciudadanos en la actividad política, más allá de los periodos electorales, es un signo inequívoco de democratización profunda en los modos de hacer política. El nivel de participación estable y activa es el verdadero termómetro de la democracia municipal. En cultura no se han dado pasos reales en esta dirección, porque el camino es largo y lento, y porque la participación suele tornarse incómoda para los poderes cuando, más allá de ser noticia, se profundiza en su práctica. En realidad, la participación efectiva se traduce en que el control externo a la gestión política se incrementa por parte de los ciudadanos, se descentraliza, lo cual es inquietante para los políticos. Un ejemplo: nos encaminamos ya hacia el final del tercer año de gobierno de Ahora Madrid, y no se ha dado un solo paso en la constitución del Consejo Municipal de Cultura. Un organismo que reúna las voces representativas, personales y organizativas, activas en cultura; que pueda actuar de fuerza de asesoramiento y debate previo para enriquecer propuestas e incluso para generarlas; que pueda proponer reformas al equipo de gobierno; que rinda su supervisión sobre la acción política municipal. Un Consejo que actúe como voz viva y activa de la ciudadanía entre elección y elección. Y veintiún consejos más: cada distrito de Madrid debe contar con su estructura participativa permanente, que aporte vida en cada barrio y acerque y descentralice hacia ellos la capacidad de intervención ciudadana.

Todavía estamos a tiempo, y sería una verdadera aportación que el Ayuntamiento constituyera el Consejo de Cultura de Madrid antes de las próximas elecciones municipales. Implicar establemente a unos cientos de personas en la marcha del común no es baladí.

 

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La democracia municipal y participación: mucho más que el voto.

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El concepto de participación política tiene en el ámbito municipal un territorio casi virgen por explorar, algo así como el corazón de África en el siglo XIX. Es, la ciudad, el escenario posible y apropiado para desarrollar experiencias y prácticas en las que los ciudadanos jueguen un papel relevante. La participación no es solamente una actividad consistente en la recogida de opinión o el voto en momentos puntuales sobre aspectos concretos de la gestión: eso es bueno, y el Ayuntamiento de Madrid ha dado pasos adecuados en esa dirección, aunque con poco calado y un tanto formales. Es, también, la cesión orgánica y organizada de cuotas de poder, que pasan a estar descentralizadas y en manos de los ciudadanos directamente. Y si me apuran, todavía más importante, en esencia la participación es una práctica que contribuye a “hacer” ciudadanía, a formar ciudadanos.

En mi opinión, en los procesos participativos, lo verdaderamente importante es informarse, entender, acercarse al cómo se toman las decisiones, al cómo se manejan los presupuestos, a la profundidad más que a la superficie. Ello llevará a que los ciudadanos que acudan a esos procesos, sean más cada vez y más “ciudadanos”: gentes críticas y con opinión que contribuirán sin duda a hacer de la vida política territorio de regeneración, mucho más allá del voto cada cuatro años.

Porque entender la participación únicamente como el número de personas que en vivo o a través de internet han elegido entre una o varias alternativas prefiguradas, y no siempre de sencilla diferenciación, es una apuesta por la superficialidad y la nadería. O la manipulación.

P.S: ¡Última hora! ¡Último ejemplo! El Pacto de Gobierno del Ayuntamiento de Barcelona se acaba de romper. Ada Colau (por cierto, sin siquiera dar su opinión públicamente sobre el tema), sometió a votación de los inscritos en Barcelona en Comú, la continuidad del acuerdo. Votaron a favor de romper el pacto 2.059 personas y 1.736 por mantenerlo. Votaron menos de la mitad de los inscritos en Barcelona en Comú, que son una minucia sobre el número de todos sus votantes, y esos pocos decidieron la ruptura de un acuerdo clave para la estabilidad de una gran ciudad y millones de ciudadanos. En mi opinión ese concepto de democracia y participación es un fraude y una manera de malbaratar la democracia como principio profundo, no utilitarista.

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¿Recuerdan a Santiago Eraso? Cristalino…

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En este repaso evaluativo que vengo realizando sobre lo hecho en cultura por el gobierno municipal de Madrid, resulta inevitable hablar de la transparencia, como decía en el post anterior. Y con ella, del caso de Santiago Eraso. Eraso, gestor de instituciones culturales con una muy larga y apreciada trayectoria, llegó a Madrid Destino, Cultura, Turismo y Negocio, empresa pública de gestión del Ayuntamiento de Madrid, de la mano del equipo de Ahora Madrid tras las elecciones. Quienes le nombraron buscaban que aportara mirada estratégica, y que pusiera coto a la gestión privada de la cultura y a la conversión de los equipamientos municipales de Madrid esencialmente en recursos para multiplicar ingresos.

Lo preocupante no es tanto que de su casi año y medio de trabajo no haya quedado apenas nada; bueno, más allá de sus controvertidas opiniones o las medidas en torno a la cabalgata de Navidad. Con nada, me refiero a que Madrid Destino sigue donde estaba: una estructura ciclópea, sin el más leve rasguño; que ni siquiera se dio a conocer el Plan Estratégico que preparó para la entonces concejala de Cultura, Celia Mayer, y que no llegó a ver la luz.

El fichaje estrella del equipo de Manuela Carmena, que como dije entonces sin acritud (porque conocía los tiempos en que los nuevos responsables municipales se movían), llegó por designación directa, sin convocatoria ni contrato programa, hizo mutis por el Foro como si llevara zapatillas de felpa, sin el más mínimo ruido y sin dar explicaciones a la ciudadanía. Ni él, ni quien le nombró. Un caso más, éste en la izquierda, que muestra lo extraordinariamente fácil que es predicar, y lo enormemente difícil que es dar trigo. Transparencia, bendito deseo.

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¡Todavía quedan más naves en el Matadero! Se ceden a buen precio y sin explicaciones.

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Hace apenas un mes buena parte de los ciudadanos de Madrid conocieron la existencia de una fundación italiana dedicada a la cultura y el arte de nombre sugerente aunque extraño: Sandretto Re Rebaudengo. Algunos, estos ya muchos menos, entre los que me encuentro, se escandalizaron porque a esa fundación se le entregaba una de las deseadas naves del Matadero, la 9, a cambio de la rehabilitación, cien obras de arte y algunos programas pedagógicos… por cincuenta (50) años. El problema, (pequeño: una minucia -como ya nos estamos acostumbrando a aceptar que son todos los grandes problemas-), es que llegó sin concurso, sin conocimiento por la ciudadanía, sin debate político, sin nada, y en menos de tres meses desde la primera noticia hasta la firma del contrato.

Mar Espinar, la concejala socialista, en una suavísima crítica decía que debían ser “los madrileños los que decidan qué hacer con sus espacios públicos”, y reclamaba concurso y transparencia. Yo ya casi me conformo con una amplia información previa y debate público, que uno cada vez pide menos.

Sí, la transparencia en la vida pública española deja mucho, pero mucho que desear. Y quien debería dar ejemplo, lo elude en cuanto toca poder, olvidando que en democracia, las formas lo son casi todo. Seguiremos con este tema.

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¿Qué hay de nuevo, amigos?

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Más de un mes sin escribir; me desconozco, porque no será porque no hayan ocurrido cosas. Mi única explicación disponible es que estoy malito de Cataluña y no consigo levantar cabeza y distanciarme lo suficiente. Se trata de un dolor intenso de alma por el desamor que me transmite la “cosa”, y por la epidemia de frases, aseveraciones, exageraciones y banderas arrojadizas que vuelan por doquier, algunas de las cuales reverdecen la memoria de… ¡Franco!!!!! ¡Pero si ese señor lleva más de 40 años en ultratumba y nosotros otros tantos construyendo, con no pocos problemas, democracia y comunidad! O quienes hablan de él, de dictadura, represión, golpe de estado… no vivieron aquel horror oscuro del franquismo o tienen mala voluntad, porque la comparación carece de gracia. Y no sigo por ahí que me sube la fiebre.

Lo dicho, un fantasma recorre Iberia repartiendo mal rollito y desafectos a diestra y siniestra. Me sobrepondré y escribiré, como humilde aportación de continuidad. Esperemos que entre las gentes de bien seamos capaces de encauzar el lío y lamernos las inevitables heridas, y hasta acabemos brindando, al reiniciar el camino juntos, con cava del Penedés. Eso sí, he decidido escribir pero más brevemente, sobre la actualidad de la que conozco algo, la de la Cultura, con especial atención a la que tengo más cerca. El médico me recomienda que además de breves, espacie menos los post, y salga más a menudo a la calle para que me dé el aire, así que igual me tomo dos por semana, a ver si me recupero.

Abrazos para mis lectores. Y vamos con el primer post de esta nueva era.

 

Se buscan seis directores, seis, para los “contenedores” culturales de Madrid

El Ayuntamiento de Madrid acaba de convocar concursos públicos para elegir directores/as para los seis principales contenedores culturales de la ciudad, excluido el Teatro Español. Bienvenida sea la fórmula del concurso, aunque no me resisto a decir, no obstante, varias cosas respecto a este tema.

La primera, que cuando se sustancien los procesos habrán pasado 3 años de legislatura, y que, por lo tanto, tan solo quedará uno para poner en marcha la gestión de los espacios. ¿Qué han hecho hasta ahora para abordar esta cuestión clave cuando ya el tiempo se acaba?

En segundo lugar, haber acabado por las bravas con el concurso público anterior,   -el que eligió al director del Teatro Español-, abre una razonable incertidumbre sobre la perdurabilidad de estos nuevos cargos más allá de las próximas elecciones municipales. El nuevo gobierno, a poco que cambie el signo de la mayoría, tendrá fácil devolver ojo por ojo y director por director. Esperemos que, llegado el momento, talión no prevalezca.

En tercer lugar, sería deseable que los nuevos tribunales que elijan a los nuevos gestores sean indiscutibles profesionalmente e intachables en su neutralidad, que en fin sean los mejores elegidores posibles. Asegurando la no adscripción partidista y el máximo nivel de quienes decidan, se ganará en transparencia y seriedad.

Y cuarta, ¿por qué la convocatoria solo se abre a personas físicas y no a equipos? La complejidad de las tareas y objetivos de dirección, y la necesidad de hacer frente al mismo tiempo a responsabilidades relacionadas con la gestión, la programación artística, y el desarrollo de audiencias, e incluso a la financiación, hace casi imposible que sea una sola persona la que encarne esas capacidades, quedando por tanto cojo alguno de los frentes en que hoy se desenvuelve la mediación cultural.

NOTA: algún lector me informa de que han suplantado la identidad de este blog para enviarle otras informaciones. No me preocupa: quienes me leen saben de mis ideas y con aquellas con las que no “casa”.

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Señor Gobierno: bajar el IVA ya no resuelve el problema

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El Gobierno ha decidido finalmente bajar el IVA de los espectáculos al 10%. La noche del pasado lunes, mientras se hacía público el Premio Valle Inclán promovido por Coca-Cola, y el director del CDN recogía su galardón, el ministro Méndez de Vigo, sonriente y entre bambalinas, lo adelantaba respondiendo a una pregunta de un miembro del Jurado: “Este viernes anunciaremos la bajada.”

Seguramente mucha gente se mostrará encantada con la medida. Por mi parte comparto la alegría pero permítanme ir unos cuantos pasos más allá. A estas alturas del partido, y si miramos verdaderamente lejos, esto no es suficiente.

El daño causado estos años ha sido muy grande, no a los espectadores sino a empresas, teatros y compañías que asumieron directamente como pérdida el brutal incremento de ese impuesto al consumo cultural (recordemos: 13 puntos, del 8% al 21%). Así, las entradas no subieron de precio pero los escasos beneficios de una actividad de alto riesgo disminuyeron drásticamente hasta llevar a muchas empresas a la ruina o a la desaparición. Penosamente, además, el Gobierno deja fuera al cine de esta decisión.

El problema del IVA cultural no es que el impuesto afecte a las entradas y que grave el consumo. El problema de fondo es el tratamiento fiscal de toda la actividad relacionada con la creación y con el aporte del arte y la cultura al bien común. Si, como la Constitución reconoce y la lógica social entiende, la cultura debe ser promovida y defendida por los poderes públicos, habrá que buscar un marco económico y social ad hoc para las actividades creativas y para quienes las protagonizan. Un marco general que atienda todas las fases y no solamente la de exhibición; que tenga en cuenta a todos los intervinientes y no solamente a los espectadores.

La actividad artística y cultural aporta un valor diferencial a la sociedad que reconoce en ella la pervivencia de sentido y de pertenecer al colectivo humano. Pero además, salvo algunas de sus expresiones más industriales y basadas en la reproducción, como actividad social no tiene entre sus rasgos distintivos principales o prioritarios el del beneficio económico.

Hace dos años escribí un artículo sobre este tema en el que abordaba y proponía una serie de medidas que partían de este análisis. En un post como el de hoy se hace prolijo desgranarlas pero sugiero a quienes estén interesados que lean el marco que proponía, que propongo. Es largo, pero este tema no se despacha en dos patadas ni con soluciones elementales.

El punto de partida es que todos los tramos de la cultura: producción/ creación y consumo/exhibición; y todos sus participantes: artistas, productores y ejecutantes, y público, forman parte de un todo. Un punto esencial y básico de esas medidas imprescindibles es el establecimiento de un IVA único y súper reducido que afecte a todos los productos y servicios y a todas sus fases, y otras medidas relacionadas con los impuestos personales de cuantos intervienen en el devenir cultural, territorio irregular y con un alto grado de imprevisibilidad por naturaleza.

Lo dicho, Gobierno, su medida, parcial, unilateral y escasa, es bien recibida, pero a estas alturas debemos hablar del marco social y económico de toda la actividad artística y cultural, y no solo de la exhibición de espectáculos.

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Ayuntamiento de Madrid y Cultura: cuestión de magia. ¡Ay, Carmena!

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Para los espectadores, la mayoría, la magia es ilusión, sorpresa, desconcierto, maravilla… Para los magos la magia es lo que no se ve. Ellos centran toda su acción, toda su capacidad de seducción en hacer que su público no vea el truco, que es lo importante.

Pensaba en la magia cuando me ponía a escribir sobre la política cultural, bueno, sobre la actividad desarrollada en el área de Cultura por el equipo municipal de gobierno de Madrid.

¿Y dónde está la magia? ¿Qué es lo que no se ve de su acción? Lo primero y tal vez lo más relevante, el programa, o más bien la ausencia de programa. Cuando llegaron al poder, con notable sorpresa para ellos mismos, disponían de mensajes entusiasmantes, críticas correctas sobre el pasado, indignación por lo mal que se habían hecho muchas cosas, pero un programa de acción concreto eso no lo llevaban en la cartera. No me digan que no es mágico. Sí, ya sé que los demás competidores no les andaban muy lejos en esto de las alforjas vacías, pero quienes acabaron asumiendo la tarea de dirigir la cultura resultaron los de Ahora Madrid. A ellos, a quienes actúan desde la hegemonía sin tener mayoría de voto ciudadano, se deben pedir las cuentas.

Esta ausencia de programa explica que buena parte de sus “números” hayan sido percibidos como de mala calidad. Cuando no se sabe a dónde se va cualquier camino es bueno; o malo, según se mire. Y lo que se ha hecho durante estos más de veinte meses es improvisar, constantemente. Con los consiguientes errores y perjuicios para los ciudadanos. Recuerden la cabalgata anti-cabalgata, la aplicación cutre de la Ley de Memoria Histórica rápidamente echada atrás, la degradación de Madrid Activa, un exitoso programa que llevaba mucho tiempo surtiendo de calidad artística a los barrios… En casi todos estos casos el mago nos distraía con palabras como transparencia, democracia, participación, renovación, modernidad…, mientras todo seguía igual o iba nítidamente a peor. Magia. Díganme, si no, una sola acción notable a favor de la transparencia. Señalo una que hubiera sido recibida de mil amores: que en todas las licitaciones y concursos públicos los proyectos fueran públicos y conocidos al igual que sus defensas, en actos abiertos y públicos. Recuérdenme una a favor de la participación, más allá de la propaganda en torno a las consultas con urna sobre la Plaza de España o el cambio de nombre de un parque. Ya les digo yo otra que nos hubiera encantado: haber consultado con el sector y con la ciudadanía sobre los procesos de uso del Matadero. O, la simple puesta en pie de un Consejo Ciudadano de Cultura; no sé, algo. Magia.

La hipnosis también es un tipo de magia. Apenas nadie se queja de la ausencia de política cultural o de los errores brutos cometidos por Mayer y su equipo, y si acudes a la presentación del programa de Carme Portacelli para el Español, acompañada por cierto, por Carmena –es uno de los muchos ejemplos-, verás cómo una rueda de prensa se convierte en un acto de adhesión con aplausos y vítores. También fueron pocos los que se quejaron de que el proceso democrático –con carencias, claro: pero, ¿se acuerdan como resultó designado su antecesor?- que llevó a Pérez de la Fuente al Español, se violentara y se despidiera e indemnizara a quien había llegado por concurso y tribunal indiscutido. Sí, un concurso público democrático roto para convocar otro concurso que permitiera direcciones adeptas. No se había visto ni en las instituciones del gobierno central: vean a los directores del CDN y la CNTC convivir con distintos gobiernos en pro de la continuidad imprescindible. Pero pocos ven el truco y siguen pendientes de las palabras, cambio, regeneración… Sin queja. Magia. (Bueno, la magia en este caso será que el siguiente equipo de gobierno no haga lo mismo: denunciar los concursos actuales para lograr directores en su onda. Sentado el precedente, todo vale.)

Tan confiados estaban los magos que finalmente muchos han visto el truco y las costuras. Decidieron contratar para el Matadero a Mateo Feijoo, y las primeras alertas disparadas en su concurso (en serio, ¿cómo puede ser el de Feijoo el mejor de 31 proyectos?) y las dudas en la regularidad de su contratación y de su equipo, se han convertido en clamor cuando ha presentado “su” programación y ha decidido acabar con el mínimo vestigio del pasado y del teatro tal y como lo entienden muchos (a los que obviamente no consultó). Y ahora hasta Gas, Portillo y una larga lista de damnificados –por uno u otro motivo- se rasgan las vestiduras. Mala magia.

Uno de los episodios más curiosos de esta concejalía maga es el nombramiento con banda de música y tambores de Santiago Eraso (sin concurso, por cierto, y sin apenas queja: magia) para dar la vuelta al calcetín de Madrid Destino… y su desaparición sin dejar rastro, ni huella. Desaparición física. Por supuesto sin hacer el trabajo encomendado y sin explicaciones públicas. Si el otro día no hubiera visto y tocado a Eraso en la III Conferencia Estatal de la Cultura de Valladolid hubiera pensado en una desaparición a la altura de las que hace David Copperfield. Magia de la buena. (La de hacer desaparecer a Carrillo, anterior director municipal de cultura, fue puro entrenamiento.)

Otro curioso caso de magia es el de la desaparición de las compañías residentes en centros culturales de Madrid. Una experiencia iniciada por Alicia Moreno, pionera y ejemplar en toda España, pero señalada como antigua por el nuevo equipo, empeñado en dejar morir el modelo. Un pleno municipal del pasado verano aprobó por unanimidad el mantenimiento del programa y la elaboración de un reglamento ad hoc, pero… magia, nada se ha hecho. Nada se espera.

Lo malo en realidad es lo que hay detrás de tanta magia, de tanta mala magia: NADA. Improvisación, incompetencia, sólido amarre al poder, autosuficiencia, soberbia, sordera, “ahora me toca a mí”…

En cualquier caso, ¡Madrid, tenemos un problema! Quienes nos gobiernan en Cultura no parecen saber qué hacer, ni a dónde nos llevan, ni han mostrado en estos casi dos años la preocupación y la humildad necesarias por aprender. Y no piensan consultar ni preguntar la dirección adecuada a quienes han mostrado que saben algo más.

Lo peor de esta magia es el desprestigio, el vaciamiento del valor de palabras que para muchos son claves en la política cultural: democracia, transparencia, participación, ejemplo, buenas prácticas…

Lo peor de esta magia es el dolor y la tristeza que produce el mal servicio que estamos haciendo, todos, a los ciudadanos.

En un próximo post abordaré los rasgos que a mi modo de ver son la amalgama de fondo y el lastre del gobierno municipal de Madrid: su origen y las características mismas del equipo, y en lo ideológico la estrategia de Hegemonía que lo sustenta.

Hasta entonces.

 

Post scriptum: Acabo esta entrega el miércoles y salta la noticia: la alcaldesa Manuela Carmena destituye a Mayer. Me pregunto si basta y me respondo que no. En realidad, tal vez ese sea el último número de magia: la asunción por Carmena de las atribuciones en Cultura de su concejala Mayer. Al parecer harta de líos e inepcia ha decidido mandarla al banquillo. ¿Es una maniobra de despiste para que atentos al collar no nos fijemos en el perro? Parece obvio que sí, dado que Carmena afirma taxativamente que no hay crisis y que la destitución no es tal, sino un cambio de responsabilidades. Un chiste, si no fuera tan grave. Habrá que entender que Mayer lo ha hecho bien. Ay, Carmena, vas trenzando tu destino con el de los menos útiles del equipo.

 

NOTA:

Releo algunos de los post que sobre este asunto he ido publicando en estos casi veinte meses y la melancolía se acrecienta. Si quieren, revísenlos también.

http://www.robertmuro.com/2015/06/cuanto-queda-por-hacer/

http://www.robertmuro.com/2015/07/cambio-y-cultura-el-bien-comun-esta-en-juego/

http://www.robertmuro.com/2015/07/santiago-eraso-destino-madrid-destino/

http://www.robertmuro.com/2016/03/en-democracia-las-formas-son-casi-todo-el-cese-de-perez-de-la-fuente/

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Elecciones 2016 y Cultura. Y 2

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Los partidos del cambio: ¿creer para ver?

Si ayer animaba a leer críticamente los programas de los partidos conservadores antes de las elecciones bis, hoy lo hago más encarecidamente aún de los partidos del “cambio”: tienen mucha más letra.

Los programas de Unidos Podemos y del Partido Socialista Obrero Español son más consistentes y con un mayor desarrollo en cuanto a la Cultura. Armaros de tiempo en un cómodo sillón. Y de lápiz. He de decir, antes de nada, que a pesar de que el Programa Ikea de UP es un hallazgo que intenta facilitar su lectura por los votantes (¿Con éxito?), para analizar sus contenidos es más adecuado el anterior programa electoral, al que me referiré a menudo, porque en él sí hay explicaciones de fondo. El análisis del programa Ikea es más apropiado para publicistas o/y para lectores que no necesitan profundizar demasiado.

Ambos partidos expresan en sus programas la convicción política de que la Cultura tiene un valor estratégico para España, que es esencial en su devenir histórico y futuro, y que es la clave que constituye y define el país. Los dos dan relevancia a la lengua y a las lenguas, llegando el PSOE a proponer una Ley Orgánica de la pluralidad lingüística de España. Los dos consideran la Cultura como un derecho, llegando a hablar de “derecho de acceso”, concepto con el que personalmente me identifico más. UP habla de “fomentar el derecho de la ciudadanía a participar…” Personalmente creo que lo que ha de fomentarse es el ejercicio de los derechos. (Más de una vez he defendido que derecho, derecho, lo hay a la vivienda, la salud, la educación…, pero que la Cultura es más esfuerzo, y que lo que hay que allanar es el acceso y favorecer esencialmente su base: la educación. Pero esa es otra).

Ambos programas recuperan el Ministerio de Cultura y rebajan el IVA (al igual que Ciudadanos), junto al Estatuto del Artista, una nueva Ley de Mecenazgo y Patrocinio, y una perspectiva similar en la promoción de la igualdad de género en el ámbito cultural. Resulta curioso, ya lo mencionaba en el post dedicado a los partidos conservadores, que tanto UP como PSOE den relevancia a la necesidad de un Pacto por la Cultura, que a tenor de lo visto hasta aquí es un brindis a la luna de Cyrano dado lo nada que han hecho todos por acercarse a él.

El programa de UP-Ikea es un conjunto articulado de propuestas de máximos que a todas luces es imposible cumplir –ni con mayoría absoluta- en una legislatura, ni en tres. Probablemente la seguridad sin humildad con que lo defienden es lo que despierta distancia en amplios sectores. Tiene la virtud de enmarcar en el medio y largo plazo los cambios que proponen, buena parte de ellos necesarios. Pero, como el PSOE y los demás partidos, no cuantifica el coste de sus propuestas en Cultura, ni calendariza su prioridad en el tiempo, ni diferencia el nivel de relevancia de unas respecto a las otras. Este lastre es más notable en el programa de UP por el cambio total que propone. ¿Qué pasará si no puede cumplirlo por el reparto de escaños?

Hay algún punto en el programa de UP que requiere un mayor análisis. En primer lugar la unión en un mismo ministerio de Cultura y Comunicación (punto 203, UP-Ikea), que de producirse debe generar alerta permanente para que el manejo de la Comunicación no se convierta en otra herramienta de poder y de intervención gubernamental en la sociedad. Atención, también, a la creación de la Asamblea de Profesionales de la Cultura (207), que tal y como está explicada puede convertirse con muy poco esfuerzo en una nueva estructura súper burocrática. Particular seguimiento merecen los criterios de fondo de la nueva Ley de Propiedad Intelectual que proponen (214 y 215) que, so capa de impulsar la gratuidad y un mayor acceso, anuncian todavía más desatención a los derechos de los autores y creadores en beneficio de un sujeto popular de creación.

Por su parte, el programa cultural del PSOE es también consistente, pero como el de UP no establece prioridades, ni calendario, ni presupuesto. En buena medida este problema ancla en la tradición democrática española, que propone los procesos electorales como una suerte de mercado persa en el que nos venden alfombras voladoras pero por cuyos precios ni funcionamiento los compradores nunca preguntamos. El que mejor lo cuente la venderá. Algunas de las propuestas diferenciales del PSOE a seguir: la Ley sobre el Derecho de Acceso a la cultura que establezca las prestaciones básicas de acceso para toda la ciudadanía en todo el territorio; el compromiso de incremento progresivo de la partida de Cultura en los Presupuestos Generales; el establecimiento –en lo que coincide con UP- de formas de acceso transparentes y mediante contrato programa a los cargos públicos de gestión; o la utilización de la Lotería para financiación parcial de la Cultura (en lo que parecen seguir el ejemplo inglés).

Como decía, ambos programas son serios y trabajados. El del PSOE se aprecia hecho por un partido con experiencia de poder y que sabe más lo que es y no posible realizar en cuatro años; el programa de UP mira mucho más allá de una legislatura, en la que probablemente no tenga mayoría de gobierno, lo que a veces le da ese aire ensoñador. Aunque después del barro vivido, ¿quién no siente la tentación de soñar?

En fin, el programa de UP será más votado por quienes hayan acumulado irritación por los efectos de la política, general y en Cultura, del Partido Popular, y por los que desconfíen de que el PSOE cambie las normas de funcionamiento de la Cultura y su papel social, para cuya solución ya tuvo el gobierno y no lo hizo.

También recibirá UP el voto de quienes crean que ante la necesidad de tanto cambio como se requiere, las ideas son lo prioritario para el gobierno, y que el equipo humano, el conocimiento de la gestión están en segundo plano. “Ya aprenderemos”, se dicen. Sus votantes necesitan creer y sienten que creyendo en el cambio lo verán.

El programa del PSOE, también consistente y más terrenal, será votado por los propios, difícilmente hoy por nuevos electores, pero como decía, también necesita para ser votado una fuerte dosis de fe, de otra fe: creer que quienes no lo han hecho cuando podían, en estas nuevas circunstancias lo hagan. Creer para finalmente ver.

Que la altanería de unos y el desgaste de los otros no impidan que se produzcan los cambios tan necesarios que en Cultura –y en otros muchos ámbitos- necesita nuestro país y nuestros conciudadanos. Y que ambos recuerden que la Cultura es de y para todos y que el famoso pacto que le otorgue el papel estratégico que necesita es imposible sin contar con los demás partidos. Las elecciones no son un crédito ilimitado, y debemos hacérselo saber a los partidos. A todos.

En fin, creer esperando algún día ver. Votemos el 26 de junio, votemos que somos muchos millones y sumadas nuestras diferentes opciones construiremos una solución viable. Sin olvidar, como decía en el post anterior, que no debemos fiar únicamente en las grandes soluciones: construyamos también con nuestros pequeños y cotidianos ladrillos

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