Category Archives: Públicos

¿Qué hay de nuevo, amigos?

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Más de un mes sin escribir; me desconozco, porque no será porque no hayan ocurrido cosas. Mi única explicación disponible es que estoy malito de Cataluña y no consigo levantar cabeza y distanciarme lo suficiente. Se trata de un dolor intenso de alma por el desamor que me transmite la “cosa”, y por la epidemia de frases, aseveraciones, exageraciones y banderas arrojadizas que vuelan por doquier, algunas de las cuales reverdecen la memoria de… ¡Franco!!!!! ¡Pero si ese señor lleva más de 40 años en ultratumba y nosotros otros tantos construyendo, con no pocos problemas, democracia y comunidad! O quienes hablan de él, de dictadura, represión, golpe de estado… no vivieron aquel horror oscuro del franquismo o tienen mala voluntad, porque la comparación carece de gracia. Y no sigo por ahí que me sube la fiebre.

Lo dicho, un fantasma recorre Iberia repartiendo mal rollito y desafectos a diestra y siniestra. Me sobrepondré y escribiré, como humilde aportación de continuidad. Esperemos que entre las gentes de bien seamos capaces de encauzar el lío y lamernos las inevitables heridas, y hasta acabemos brindando, al reiniciar el camino juntos, con cava del Penedés. Eso sí, he decidido escribir pero más brevemente, sobre la actualidad de la que conozco algo, la de la Cultura, con especial atención a la que tengo más cerca. El médico me recomienda que además de breves, espacie menos los post, y salga más a menudo a la calle para que me dé el aire, así que igual me tomo dos por semana, a ver si me recupero.

Abrazos para mis lectores. Y vamos con el primer post de esta nueva era.

 

Se buscan seis directores, seis, para los “contenedores” culturales de Madrid

El Ayuntamiento de Madrid acaba de convocar concursos públicos para elegir directores/as para los seis principales contenedores culturales de la ciudad, excluido el Teatro Español. Bienvenida sea la fórmula del concurso, aunque no me resisto a decir, no obstante, varias cosas respecto a este tema.

La primera, que cuando se sustancien los procesos habrán pasado 3 años de legislatura, y que, por lo tanto, tan solo quedará uno para poner en marcha la gestión de los espacios. ¿Qué han hecho hasta ahora para abordar esta cuestión clave cuando ya el tiempo se acaba?

En segundo lugar, haber acabado por las bravas con el concurso público anterior,   -el que eligió al director del Teatro Español-, abre una razonable incertidumbre sobre la perdurabilidad de estos nuevos cargos más allá de las próximas elecciones municipales. El nuevo gobierno, a poco que cambie el signo de la mayoría, tendrá fácil devolver ojo por ojo y director por director. Esperemos que, llegado el momento, talión no prevalezca.

En tercer lugar, sería deseable que los nuevos tribunales que elijan a los nuevos gestores sean indiscutibles profesionalmente e intachables en su neutralidad, que en fin sean los mejores elegidores posibles. Asegurando la no adscripción partidista y el máximo nivel de quienes decidan, se ganará en transparencia y seriedad.

Y cuarta, ¿por qué la convocatoria solo se abre a personas físicas y no a equipos? La complejidad de las tareas y objetivos de dirección, y la necesidad de hacer frente al mismo tiempo a responsabilidades relacionadas con la gestión, la programación artística, y el desarrollo de audiencias, e incluso a la financiación, hace casi imposible que sea una sola persona la que encarne esas capacidades, quedando por tanto cojo alguno de los frentes en que hoy se desenvuelve la mediación cultural.

NOTA: algún lector me informa de que han suplantado la identidad de este blog para enviarle otras informaciones. No me preocupa: quienes me leen saben de mis ideas y con aquellas con las que no “casa”.

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Walter Benjamin y la Biblia: Los museos miran al futuro

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Me gusta mucho el lema con el que este año se llama a celebrar el Día Internacional de los Museos. “Museos e historias controvertidas: Decir lo indecible en los museos.” Tan acostumbrados estamos a convivir con un concepto de museo cercano al almacén de pasado, que sorprende hasta casi la incomprensión un lema como este.

Si no lo entiendo mal, quiere ofrecer a la sociedad el contenedor que es todo espacio museístico, y su contenido, para confrontarse con lo inhabitual, lo que rara vez se aborda en ellos, las cuestiones candentes –que queman-, el hoy más movilizador. Lógicamente, en relación a sus diversas personalidades museísticas. Se me ocurren muchos de esos temas: la emigración, la corrupción, el dolor, la violencia, el acoso, los excesos del poder… ¿Tienen algo que decir los museos –vale decir el arte y la cultura- sobre estas y otras muchas cosas partiendo de lo que hoy son y contienen? ¿Pueden ayudar a la ciudadanía a entender mejor su presente partiendo de lo que los museos exponen? ¿Pueden aportar algo de luz los museos sobre el futuro de las gentes y de su vida colectiva con los materiales de que disponen?

Si la respuesta es negativa, desgraciadamente los museos no pueden aportar a la sociedad más que su carácter clásico de salvaguarda de la memoria. No es poco; pero hoy parece de plano insuficiente. El arte y la cultura pueden y deben ofrecerse como espacios de iluminación de futuro. El arte y la cultura –los museos- han de ser conexiones, hubs sociales, en los que los ciudadanos también encuentren y den algo de sentido y explicación a su presente y a su porvenir.

Para ello, obviamente, los museos han de estar atentos a los intereses y preocupaciones de las personas, a sus nuevos lenguajes, a sus latidos, a su diversidad. Buscar todo ello es el camino de lograrlo; lograrlo es ganar la relevancia que el arte y la cultura –los museos- merecen en la cotidianidad de las gentes. Sin ella, sin relevancia, no somos nada.

En una de sus brillantes Tesis de Filosofía de la Historia, la denominada El ángel de la Historia, Walter Benjamin enunciaba una bellísima metáfora que puede sustentar un cierto cuerpo teórico de cuanto digo. Benjamin, en ese breve texto inspirado en al Angelus Novus pintado por Paul Klee, decía que sin rendir cuentas con la historia, con todos los que en la historia han sufrido, con las injusticias acumuladas en ella –nosotros somos testigos cada día de nuevas injusticias pendientes de aclaración, de juicio- es imposible mirar limpiamente al futuro, construirlo.

Un bello lema el del Día Mundial de los Museos de 2017, que hay que construir ladrillo a ladrillo. O más bien, desmontando ladrillo a ladrillo. Llenando de vida ladrillo a ladrillo. Liberándonos del Síndrome de Lot, aquella mujer bíblica convertida en sal. Ya hay experiencias en esa dirección. Ya hay camino.

 

NOTA: Un post urgente e incompleto. Comprometo desarrollar en el futuro algunas de las cuestiones tratadas.

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Loa a Mongiano: la ética del actor

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Hace unos días, Arturo Pinedo, un amigo atento a lo que se mueve, fue el primero que me regaló una noticia muy comentada en las redes: un actor italiano, representó su monólogo ante el patio de butacas vació de un teatro de Lombardía. Fue hace una semana, cuando Giovanni Mongiano, al recibir la noticia por la taquillera de que no se había vendido ninguna entrada, decidió actuar en soledad.

¿En soledad? No: probablemente el teatro lo colmaban las decenas de miles de espectadores que habían escuchado a Mongiano a lo largo de su vida. Él los convocaba en un ritual sin precedentes, para el que no hacían falta entradas. Siempre he valorado más a los actores y actrices cuando les he visto luchar contra un teatro casi vacío. Y siempre he desconfiado de aquellos que bajan la guardia y la tensión cuando hay poco público o actúan en plazas menores. Como fondista que he sido sé que es más fácil correr con el aliento de los muchos que animan desde las aceras, y que, por contra, correr en soledad se vuelve más cuesta arriba que las cuestas arriba. Pero además me parece un signo de respeto a la propia profesión, incluso a uno propio; sí, actuar frente al patio vacío dándolo todo es como un regalo a uno mismo. La confirmación total de la “actoricidad”.

¿En soledad? Nooooo. El mar de las redes sociales se agitó y las olas llegaron a todas las costas. Hoy un watsapp, un post, una fotografía o un mensaje en la red adecuada convoca a miles de personas en cuestión de minutos que expanden a su vez la noticia más y más. No son espectadores, claro; no son aficionados, claro, pero reciben el impacto del obús en su corazón lanzado por alguien que, a sus ojos, actúa como un héroe: sólo ante el peligro. Sí, las redes sociales han multiplicado la noticia convirtiéndola en un hito memorable. Y a través de ellas, como subtexto, el reconocimiento de la inconmensurable fuerza del directo, de la interpretación en vivo, penúltimo reducto de la acción humana como combustible artístico y social al mismo tiempo.

No sé si Mongiano había previsto tamaña repercusión del tam tam internetiano, es probable que no, y que un imprevisto twitter de su sorprendido técnico bastara para incendiar la pradera. Lo que sí sé es que ha hecho un bravo servicio a muchas gentes: recordarnos que el respeto al público comienza por el respeto al propio trabajo, y que éste ha de tener la misma calidad ante mil que ante uno; y que la ética del actor, del intérprete, junto a su habilidad profesional, son sus herramientas esenciales.

Loa, pues, a Mongiano.

 

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¡El gestor cultural ha muerto. Viva el mediador cultural!

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Una mezcla de sequía en el ánimo, y curiosamente un acongojante aluvión de motivos para escribir, me han paralizado los últimos meses.

Con este post asumo el fin del secarral y anuncio –con ello va mi compromiso- un caudal de temas de los que habiendo motivos trataré de convertir en alimento para el blog. Y abriré la semana próxima con el análisis de lo que ha hecho y sobre todo lo que no ha hecho o/y ha estropeado el nuevo equipo de Cultura del Ayuntamiento de Madrid (tal vez necesite unos cuantos post, buff). Pero como hoy mismo empieza la III Conferencia Estatal de la Cultura, qué mejor que meterme con mi propio oficio.

Evidentemente el problema de fondo no es el nombre –gestor cultural-, horrible denominación herida de origen y para la que propongo que creemos una nueva: mi propuesta es que los de nuestro oficio nos llamemos mediadores culturales.

No, ese no es el problema central, lo verdaderamente importante es identificar, definir y asumir los cambios en las tareas que ese nombre, esa función ha de asumir. Por decirlo de otro modo, rellenarlo de nuevos sentidos, de los sentidos que reclama nuestra contemporaneidad. ¿Cuáles son esos nuevos sentidos, esas nuevas tareas de los mediadores culturales?

El viejo gestor cultural público, desarrollado en los ochenta y noventa, al calor de la implantación de un modelo fuertemente deudor del francés, concentraba un enorme poder sobre decisiones de política cultural que afectaban a los ciudadanos.

La construcción de la red de centros culturales acometida esas décadas reorientó las tareas de los responsables que estaban a su frente: dotados de un presupuesto a veces considerable, su cometido central estribaba en llenar de programación esos centros. La figura del mercado al que acudían con la cesta a adquirir los más interesantes espectáculos, definía un perfil de gestor de presupuesto de gasto y de conocedor de los productos artísticos a adquirir.

Pero la llegada de la crisis económica (que al parecer quedose), con la consecuente reducción del presupuesto público de programación cultural ha puesto a la mayor parte de los gestores públicos ante un descomunal reto y unas nuevas tareas. El perfil predominante entre los viejos gestores no puede hacer frente a las nuevas responsabilidades que la crisis y el desarrollo democrático han puesto ante ellos.

El reto de conjunto es reconvertir el actual modelo de gestión cultural –sumariamente y tal vez groseramente expresado más arriba- en un nuevo modelo basado en la gestión integral del servicio público cultural, mucho más allá por tanto de comprar y programar, incorporando a ese modelo todas las energías sociales, económicas y ciudadanas posibles. Hoy, el servicio público cultural exige que sus encargados manejen toda una batería de técnicas, recursos y habilidades que no están en el ADN del actual gestor actual –pero deben estar en el del mediador cultural- y que tienen que ver con la gestión de públicos y el desarrollo de audiencias, el marketing cultural, la captación de recursos, la capacidad de generar sinergias entre lo público y lo privado, y especialmente el empleo adecuado y sabio de las licitaciones, la utilización sabia de los nuevos territorios de comunicación que proponen las redes sociales, la capacidad de diseñar proyectos y evaluarlos, así como sus resultados, la generación de estrategias de participación ciudadana y de democratización de la gestión

El nuevo papel del mediador cultural, de intermediador entre , por un lado, las gentes –la sociedad- y por otro, los creadores y oferentes y las instituciones públicas culturales, parece reclamar profundos cambios en nosotros, trabajar la humildad que deviene de reconocer que debemos aprender mucho, mucho, y que debemos renunciar al papel sacerdotal asignado desde la Transición política a nuestra función.

¿Seremos capaces?

 

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Mensaje jedi de Yoda sobre la VI Conferencia de Marketing de las Artes

Marketing de las Artes

“Si ocuparte debes de la relación entre el arte y los públicos, la VI Conferencia de Marketing de las Artes perderte no puedes.”

Pues ya ves. ASIMETRICA organiza cada año desde hace seis, el encuentro más importante en nuestro país e Iberoamérica dedicado al marketing de las artes y el desarrollo de audiencias. El lugar de celebración será en Teatros del Canal de Madrid, el próximo día 25, aunque el 24 y el 26, tendrán también talleres prácticos en Madrid School of Marketing, dirigidos por algunos de los ponentes de la Conferencia.

La Conferencia trae a Madrid cada temporada a expertos de todo el mundo que relatan experiencias novedosas y movilizadoras sobre cómo mejorar el conocimiento de los públicos, cómo articular más satisfactoriamente su experiencia, cómo incrementar su lealtad, cómo implicar a los públicos en el proceso y en el acontecer artístico, sobre cómo medir el impacto del arte en sus vidas… Experiencias todas que nos trasladan una concepción del marketing en la que lo prioritario es conseguir que el arte y las organizaciones artísticas adquieran relevancia en la vida de la comunidad en la que se insertan y en la del público al que sirven.

Palabras o expresiones como impacto, implicación –o su hermana inglesa engagement-, viaje de la experiencia, datos, lealtad, protagonismo, ciudadanía… adquirirán perfiles concretos a lo largo de las presentaciones de casos de estudio y experiencias concretas de Estados Unidos, Inglaterra, Uruguay, España o Italia. Iluminadoras para el trabajo de los mediadores y gestores, y que además tiene la virtud de detener un momento el tiempo de la acción y dedicarlo colectivamente a la reflexión, a compartir y conocer y a cargarse de energía.

Quizás el término más usado sea el de implicación, porque una de las tareas de gestores y mediadores es ofrecer, y lograr, que los públicos, cada una de las personas que acude al encuentro con el arte, pueda jugar un papel en ese encuentro y en el antes y el después, que multiplique su placer, su disfrute, su compromiso. Pero el término también estará en boca de todos porque coincidiendo con la Conferencia se presenta y pone a disposición de los asistentes, e inmediatamente para quien lo desee, una publicación asimétrica de extraordinaria utilidad: “Implica a tu público”, volumen 1, de Alan Brown y Rebecca Ratzkin. Este libro cuenta, también, los trabajos realizados en EE.UU. para implicar al público en experiencias Un impacto que los mediadores debemos conocer para hacer mejor nuestro trabajo de implicar y dar protagonismo en el encuentro cultural a nuestros públicos.

La VI Conferencia de Marketing de las Artes va a reunir a cientos de personas de España e Iberoamérica, que sienten como una pasión útil la tarea de construir relaciones con los públicos, de darles la voz y la acción: el imprescindible papel que les corresponde como participantes del acontecimiento artístico.

Nos vemos en unos días.

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Lo grande está en lo pequeño: II Foro Cultura&Empresa

foro

Preámbulo

Soy un enamorado de los pequeños cambios, de los pequeños pasos, de las acciones que transforman un poco lo inmediato, con el afán, eso sí, de generar en el entorno una ola buena que contamine positivamente y acabe moviendo cosas cada vez más grandes.

La cultura y el arte, por ejemplo, han de dar pequeños pasos mirando hacia fuera, rehuyendo la autosatisfacción que tan a menudo suele acompañar todo acto creativo, y preocuparse cada vez más por lo que ocupa e interesa a las gentes, destinatarios del arte. Mirar más allá del marco del espejo en el que a menudo se miran las artes para vislumbrar un terreno de encuentro con los ciudadanos, escuchando sus gustos, sus tendencias, sus deseos, sus necesidades.

Las empresas, por ejemplo, que deben entender que los ciudadanos cada vez miran más allá de sus productos y servicios; evalúan quién los produce, cuál es su filosofía, qué le cuentan al mundo con su publicidad y sus mensajes, si tienen o no códigos éticos y se preocupan por aporta algo de valor a la sociedad a la que le venden “cosas”. Las empresas han de introducir pequeños cambios que muestren sensibilidad verdadera al cambio inevitable que se está avecinando, y que desean que al menos un poco de su energía y sus beneficios se dediquen a cosas de valor como la sostenibilidad, el medio ambiente, el desarrollo educativo y cultural, la salud, la solidaridad…

Ambulo: ando, hago camino

Hace apenas un año convocamos el I FORO CULTURA&EMPRESA en el que decenas de empresas, marcas y organizaciones e instituciones creativas se reunieron en Madrid para contar sus experiencias colaborativas y analizar las posibilidades de futuras sinergias, y cómo éstas podían ser útiles –en alguna medida, de algún modo- a la sociedad. El éxito, el humilde pero indudable éxito de aquel primer encuentro, nos lleva a organizar el II Foro el próximo 21 y 22 de noviembre. Un Foro con muchos cambios: más tiempo, más temas, nueva sede (Teatros del Canal), más secciones… Un foro cuyo título expresa una parte de su filosofía: “Clientes o públicos”, que da a entender la relevancia del nuevo papel que las personas tienen tanto para las marcas como para las organizaciones artísticas.

A lo largo de una jornada se abordarán en cuatro mesas y con invitados relevantes la respuesta a cuatro grandes preguntas: ¿Cómo pueden las marcas y empresas mejorar su “narrativa” a través de la creación de contenidos artísticos y culturales y que a la vez sean percibidos como un aporte artístico?, ¿Qué recursos y experiencias puede aportar la cultura para incrementar la vinculación y lealtad de los consumidores hacia las marcas?, ¿Pueden la cultura y el arte ser herramientas para incentivar y desarrollar la formación, motivación y talento de las personas?, ¿Cómo se piensa la relación empresa-cultura desde las organizaciones culturales, qué les demandan? Una nueva sección, El ascensor cultural, permitirá que en formatos súper-breves, seis proyectos culturales muestren toda su capacidad de seducción a los asistentes. Una gran personalidad del mundo empresarial frente a una del mundo de la cultura charlarán en público desde sus perspectivas. Y finalmente se presentarán los resultados de la II Encuesta Cultura & Empresa, que toma el pulso de esta relación a cientos de agentes de todo el país.

Todo ello en un formato espectacular, con formato de programa de radio que buscará el máximo dinamismo y el disfrute, con actuaciones en directo y pausas creativas.

El primer día del tendrá un final especial. Como muestra de que en el mundo de las empresas existen muchas personas artistas, que a menudo guardan en la sombra sus cualidades, habrá una lectura dramatizada-homenaje a Antonio Garrigues Walker, amante de las artes, dramaturgo y empresario.

El II FORO termina el día 22, con cuatro talleres prácticos sobre áreas de interés: mejora de la comunicación desde técnicas teatrales, diseño de proyectos…

En fin, un pequeño encuentro que pretende aportar reflexión, buenas prácticas y experiencias interesantes a los asistentes.

Hay quien piensa que los intereses de unos y de otros están por encima de sus capacidades de hacer algo juntos en bien de la sociedad. Nosotros no. Nosotros pensamos que es posible que el arte y la empresa caminen juntos, posiblemente no todo el camino, pero sí una parte relevante, que hoy, además, se muestra como necesaria.

Postámbulo: a modo de epílogo

En “Son cosas chiquitas”, uno de sus brevísimos textos, Eduardo Galeano hace una bellísima loa del hacer frente al decir, que termina así: “Actuar sobre la realidad y cambiarla, aunque sea un poquito, es la única manera de probar que la realidad es transformable.”

Pues eso.

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El Pavón Teatro Kamikaze. ¡Qué bello es nacer!


Nacer es una de las cosas bellas de la vida. Hacerlo ya de adulto incorpora, además, la conciencia del propio parto. Porque, en muchas ocasiones, uno mismo decide cómo, cuándo, qué, dónde… Eso hace que el reto y la responsabilidad sobre el propio alumbramiento sea casi total. Nacer así hace fácil creer en la capacidad de los ecosistemas para auto-regularse. Los padres de la criatura son en este caso Miguel del Arco, Aitor Tejada, Israel Elejalde y Jordi Buxó.

El Pavón Teatro Kamikaze ha nacido, y hoy, 8 de septiembre de 2016, se enfrenta a su primer acto público: el estreno oficial de su primera producción, Idiota, nacida para ese espacio que tanta historia acumula.

En su web, esta declaración de intenciones: “El Teatro Kamikaze es libertad, reflexión, entretenimiento, compromiso, vértigo e intuición. Es un espacio físico y emocional en el que vivir la experiencia integral del teatro. Aunando bajo un mismo techo lo mejor de la gestión pública y de la privada, en El Pavón tendrán cabida de la mañana a la noche lecturas, ensayos, conferencias, presentaciones, formación y educación, tertulias y disfrute, investigación y todo tipo de actividades y experiencias, además de una programación estable de calidad, propia y externa, nacional y extranjera. Tan viva como nuestro teatro.”

El reto de PTK es enorme, porque consiste en crear un nido expansivo y estable para un tipo de creaciones escénicas acogidas hasta ahora en lo esencial en espacios públicos y en giras, y para las que han contado con una notable financiación pública en forma de coproducciones. El reto es mantener la enorme calidad diferencial de sus creaciones y hacerlas, primero sostenibles y luego rentables, con mucho más público, y con otros públicos. ¿Quién dijo miedo? Los kamikazes conviven con él.

El reto, también, es llenar un teatro y sus múltiples recovecos de vida, con nuevas y diversas ofertas, escénicas, experienciales, formativas, culturales y de ocio. El reto es hacer del nuevo Pavón Kamikaze un lugar de referencia para la cultura madrileña y más allá.Partiendo, además, de ser referente para el propio barrio que lo acoge. Miguel del Arco dice que con la historia colectiva que les avala, era lógico “buscar una casa donde establecernos y redondear nuestra aspiración de ser una compañía estable”. Tener una casa, y, en fin, mantener sus puertas abiertas.

Para tener éxito en la tarea, la gestión, la parte de atrás del funcionamiento del arte, es fundamental. El timón, la carta de navegación y las calderas, alineados.

En primer lugar, las políticas de programación, que como se mencionó en el acto de presentación del proyecto el pasado mes de julio, han de ser abiertas pero sin perder las referencias que dan personalidad a PTK, y que doten al espacio de sello propio. Un sello en el que el concepto de repertorio adquiera novedosos matices.

En segundo lugar, las políticas de desarrollo de audiencias, orientadas a conectar con el público, escucharlo y atenderlo. Estar atentos a los “clientes”, a la tierra al fin, es la clave de sostenibilidad de un proyecto artístico. Y más allá,  PTK ha de estar atento a la sociedad, porque lo que hacen pierde buena parte de su sentido si no llega mucho más allá de sí mismos y de su propio pasado.

En tercer lugar, una política de captación y gestión de los recursos que conjugue las normas de gestión privadas y la autonomía financiera, con los principios, con la función social inherente al teatro. Ser libres en una sociedad capitalista requiere una enorme habilidad, también ética, para conjugar todos los verbos de la gestión: marketing, patrocinio, comunicación, redes…

Para todo esto, Teatro Kamikaze no parte de cero en su nueva andadura, ni mucho menos.Tienen una trayectoria creativa de calidad, éxito, premios y reconocimiento. Un pasado sobre el que se acumula un enorme crédito y que hace que muchas personas confíen en su apuesta. El nuevo proyecto va a contar con docenas, con cientos de personas que les van a apoyar y sostener, imprescindibles compañeros de viaje de los primeros y más duros meses.

Los gestores del proyecto kamikaze asumen en el mismo  paquete que el propio teatro, una cierta responsabilidad de liderazgo. Porque son una pieza más, pero diferente ya, y por ello esencial,en el ecosistema teatral y cultural madrileño.Y por posición, origen y discurso han de ser conscientes de que pueden y deben asumir en el medio plazo un papel de referencia y liderazgo en el conjunto, jugando a la colaboración y el apoyo a las piezas débiles del sistema, implementando medidas que introduzcan pequeños cambios ejemplarizantes en la mecánica y la gestión teatral, a menudo arcaica de la escena de la capital. Pequeños cambios que demuestren que los cambios grandes son posibles. (Brindo por su decisión de ir acabando con las invitaciones poniéndoles un mínimo precio que sirva para promover con esa recaudación proyectos de desarrollo cultural).

Sé que los kamikazes resistirán a los cantos de sirena del poder y conservarán su autonomía; sé que mantendrán la cordura frente a la adulación y el exceso de afecto y devoción. Sé que no perderán el viento de popa y que pondrán el timón orientado a la calidad y al público.

Un “viento divino” me ha tocado y me he hecho kamikaze; ahora espero ilusionado mi carné. Y bien saben los dioses lo poco que me gustan los carnés. Pero creo que para que la cultura en nuestro país alcance brillo, para que se desarrolle y sea patrimonio del todo social, para hacer una muralla buena frente a la barbarie, hacen falta muchas manos. Tráiganmelas. La manos kamikazes son muy bienvenidas.

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Miguel del Arco y la zarzuela: ¡Cómo está Madriz!

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“Stay hungry, stay foolish.”

La puesta en escena de ¡Cómo está Madriz!, ha causado un maremoto lírico sobre el que conviene reflexionar desde la perspectiva de los públicos, del desarrollo de audiencias.

Miguel del Arco, al que siempre hay que reconocer hambre de cambios y valor para capitanearlos, ha montado un espectáculo zarzuelero difícil de olvidar. Dos piezas de finales del XIX –La Gran Vía y El año pasado por agua– unidas con nuevos textos, traídas al hoy más rabioso y puestas en escena sin complejos y rebosando humor. Bueno, hay que recordar que las obras de Chueca y Valverde ya eran críticas y satíricas en su momento, como lo era buena parte del género chico. Como anécdota recordemos que Nietsche, sí, Don Federico, cuando escuchó La Gran Vía en Turín quedó prendado de la opereta, y del valor y la genialidad inclasificable del número musical de “Los ratas”.

Difícil, muy difícil no pasarlo bien con este “experimento” y no encontrar referencias al presente de las que ayudan a interpretarlo…, y a comprobar que hace casi ciento cincuenta años buena parte de los problemas de corrupción –general y municipal- estaban bien presentes en Madriz.

Claro que esa visión ha molestado –a veces hasta el extremo- al público habitual de zarzuela, acostumbrado al gusto de la repetición del repertorio sin cambios o con leves y cosméticas modificaciones. Un público que podríamos decir de siempre y que los estudios demoscópicos ubican en la franja de edad superior a los 60 años. Un público que tiene sus derechos, que conoce perfectamente el repertorio y que es fiel a él. Pero un público progresivamente más escaso, y cuyo número cada vez justifica menos la pervivencia del género.

Lo que han hecho Del Arco y el Teatro de La Zarzuela, podría ser analizado desde la perspectiva de la gestión de públicos. Uno de los objetivos del desarrollo de audiencias, como herramienta fundamental del marketing de Las Artes, es el aumento de espectadores y en particular el acercamiento de nuevos y más jóvenes públicos, y el mayor consumo e implicación de los actuales. Incluso asumiendo que la oferta de programación de zarzuela, y otras expresiones escénicas, forma parte de un servicio público recogido en la Constitución, su legitimidad viene dada por el número de personas que lo utilizan. Así que todos cuantos amen la zarzuela y su pervivencia en el ecosistema escénico español, deben estar preocupados por el futuro de esa expresión, y por lo tanto del número de personas que la siguen.

Para los espectadores clásicos y los aficionados actuales, la defensa del repertorio es lo esencial. Para ellos la ampliación de la experiencia y la novedad que propone Del Arco generan incomodidad, y desasosiego, hasta el punto de que algunos de ellos abandonaban la sala e incluso boicotearon una de las funciones. El problema de fondo es que sin introducir novedades y alterar el modelo, sin una profunda innovación, lo que es seguro es que no se acercarán nuevos públicos.

La zarzuela –también otras expresiones- plantea a los nuevos y jóvenes públicos unas barreras históricas relacionadas con la edad (es cosa de “viejos”), los códigos formales de acceso (no es para “nosotros”), el tipo de oferta misma (es largo y aburrido) y hasta el precio (es muy caro). Para los hipotéticos nuevos espectadores, la zarzuela produce sin duda temor al aburrimiento, distancia por desconocimiento, y una barrera añadida, la falta de interés en el entorno social de los posibles y futuros clientes: menos del 3% de los espectadores van a la lírica al menos una vez al año.

Esas barreras hay que demolerlas sin piedad si se quiere abrir este género a nuevos y más jóvenes públicos. Le decía a Miguel del Arco cuando le felicitaba por su apasionada y apasionante propuesta que yo dudaba que pese al esfuerzo -y al esfuerzo continuado-, la zarzuela pudiera atraer al publico joven. Pero de lo que no tengo duda alguna es de que si no se hace ese esfuerzo, la zarzuela tiene fecha de caducidad, tal y como hoy la conocemos, en su formato escénico.

Si desde una institución pública, en realidad desde cualquier organización, se quieren incorporar nuevos públicos, hay que avanzar en varias direcciones. La primera es la oferta, que debe estar adaptada a la actualidad, con productos en los que se destaquen los vínculos con el presente, su utilidad, su placer, su divertimento… Son muchas las cosas que se pueden hacer en esta dirección y ¡Cómo está Madriz! propone con éxito algunas de ellas, a las que deben unirse los formatos, duraciones, protagonistas… Otra dirección es la forma de comunicarla, que ha de adecuarse a los mecanismos empleados por quienes queremos que vengan. Sistemas que sirven para que vengan los ya aficionados no serán útiles para los que no lo son. Las redes sociales pasan a ser capitales.

Cuidado, ya sabemos que cualquier política de programación lírica debe caminar con los pies del presente (los públicos actuales), y del futuro (los públicos que han de venir). Y los responsables de programación han de ofertar producciones nuevas, adaptadas y acordes a los nuevos códigos de recepción, al tiempo que han de defender el repertorio y conservar los públicos actuales.

A éstos últimos les queda defender el purismo sabiendo que pertenecen a la gloriosa estirpe del último mohicano, o que reciben con los brazos abiertos a los nuevos compañeros de asiento, aunque lleven rastas y sean sus hijos. O más bien por eso.

Ah, una última anécdota. Hace casi veinte años acudí a un debate internacional sobre producción organizado por SGAE. Un productor de musicales norteamericano, ante una pregunta sobre el incipiente éxito que en nuestro país estaba teniendo el género musical, dijo con énfasis que ellos habían tenido que crearlo pero que en España existía un género musical propio, característico y de calidad que solamente necesitaba ser adaptado y puesto al día: la zarzuela. Supongo que en aquel momento todos los asistentes tomamos como un piropo la respuesta y la olvidamos de inmediato. En España siempre hemos tendido a minusvalorar lo propio obnubilados por el glamour ajeno, convencidos de que somos un pueblo al que queda siempre largo trecho para ser desasnado. Si viajáramos algo más comprobaríamos que en todas partes cuecen asnos, pero que aquí lo publicitamos.

Pues eso, Miguel, como decía Steve Jobs haciéndose eco de la famosa frase del Whole Earth Catalog (¡1971!), stay hungry, stay foolish.

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Cambio y Cultura: el bien común está en juego

Lego school

Una cosa es acceder al poder, al gobierno, y otra gobernar: distintos son los discursos, los caminos y hasta los equipos humanos. Ya sé que no expreso ningún pensamiento original. Un recio refrán lo dice a la castellana manera estableciendo lo diferente que es predicar y dar trigo. La historia del cambio social, a veces revolucionario, del que tenemos abundante constancia a lo largo del pasado siglo XX, muestra esta terrible verdad: tan incontables han sido las revoluciones como los fracasos posteriores al intentar construir sociedades mejores y diferentes una vez tomado el poder. Resumen: los cambios son posibles…, y difíciles.

Viene este ex cursus a cuento de que hace unos días asistí en el Matadero a una reunión de la asamblea de Cultura de Ahora Madrid, sobre el tema de los centros culturales. Amigos que simpatizan con ese movimiento me invitaron y no me reconocería a mí mismo si no acepto la invitación de un amigo. Aunque sea a título de oyente. No dije nada porque desde hace años no estoy en ningún equipo, pero observé. Vayan estas líneas como resultado breve de lo que esa reunión me sugirió. Muy poco, por cierto, relacionado con lo allí hablado.

Que el cambio en Madrid, y en otras partes de España, era tan necesario como urgente lo muestra tanto el deseo de esos miles y miles de personas que dieron en mayo su voto a nuevas opciones políticas, como la sordera de los partidos tradicionales a un runrún que desde hace mucho tiempo anunciaba por las calles que los ciudadanos estaban ahítos de no ser escuchados, de los viejos modos; incluso de corrupción.

Pero una vez producido el cambio los nuevos regidores han de dirigir la política y los presupuestos a satisfacer las necesidades ciudadanas. En el caso de Madrid, de una ciudad de varios millones de habitantes, compleja y llena de dificultades administrativas. Y hay que saber mucho, ser muy humilde y estar dispuesto a aprender a toda velocidad…, si es que no sabes lo suficiente o el tren de la responsabilidad te ha llegado mucho antes de lo esperado. Puede ocurrir, también, que en la más ingenua ignorancia algunos de los electos creyeran que para dirigir el destino de una ciudad como Madrid bastaba saber cuatro cosas. La realidad, terrible, de las democracias capitalistas saca del ensueño de inmediato y demanda economistas consagrados, políticos no becarios, abogados expertos, comunicadores no aficionados, sabios gestores de equipos… En fin, exige voces, susurros, experiencia, negociaciones, no gritos. El bien común está en juego.

La gestión del área de Cultura en Madrid tiene delante retos enormes. Y sus nuevos responsables van a tener que apoyarse de verdad en lo que afirman que es su base filosófica: la participación democrática. Ya están tardando en convocar un Consejo Ciudadano de Cultura en el que efectivamente esté el senado cultural de esta ciudad. Un Consejo que reúna a los mejores y a quienes más saben de la cosa pública cultural. Un consejo con capacidad de proponer medidas estratégicas, reflexiones, líneas de acción. Un consejo que supervise y dé voz.

Los dirigentes municipales de Cultura tienen la obligación, ahora que sus dedos saben qué es eso del poder, de redefinir sus objetivos y su programa, porque todos -tirios y troyanos- sabemos que el que emplearon para ganar sus votos, no podrán aplicarlo ni en toda su extensión ni en el ritmo soñado. Pero sería nefasto que algunas de las cosas prometidas no se cumplieran. Propongo, además de la creación del Consejo Ciudadano de Cultura, algunas otras medidas urgentes:

La primera, definir los objetivos, presupuestos y recursos, incluidos los de personal, para los grandes contenedores culturales de la ciudad dependientes del Ayuntamiento: Conde Duque, Matadero, Fernán Gómez, Español, festivales… Probablemente para ello habrán de separar responsabilidades de gestión y desconcentrando poder, lo que no quiere decir que no respondan a una sola política cultural. En este apartado es imprescindible sacarle el máximo partido a la empresa municipal Madrid Destino, una herramienta de gestión profesional que debe servir -probablemente después de revisar su actual estructura y misión- para facilitar la aplicación concreta de la política municipal.

La segunda, fijar los nuevos criterios de acceso a los cargos de responsabilidad de todos los centros culturales municipales –centrales y distritales- en base a normas basadas en el contrato programa, es decir, en que su elección sea por concurso, transparente, y previa presentación pública de un programa de acción –enmarcado en la política municipal- de cuyo compromiso se hace responsable formalmente y por contrato quien lo obtenga.

La tercera, fijar nuevas normas de licitación para los contratos de gestión de los servicios culturales municipales que atienda a criterios de política cultural y no de economía de costes, y fije su objetivo en la satisfacción ciudadana del servicio cultural. Unos pliegos de licitación que desglosen y diferencien las partidas técnicas, de gestión, de comunicación…, de las de programación y contratación, que garanticen que todos los participantes cobren con dignidad; que fijen límites concretos al beneficio económico de la empresa que gane la licitación; que la decisión se tome en acto público y previa presentación y defensa de las diversas propuestas; que la ejecución sea justificada posteriormente factura a factura ante el ayuntamiento; unos pliegos que prohíban taxativamente la subcontratación…

La cuarta, convertir los centros culturales de proximidad en centros de irradiación cultural y de participación artística de las fuerzas creativas de cada barrio y de los ciudadanos que lo deseen. Las residencias artísticas, la apertura de los centros a los vecinos para su utilización y para que participen en la programación, la creación de consejos de barrio que trasladen opiniones y propuestas… han de formar parte fundamental del nuevo modelo de gestión.

En fin, son muchas las iniciativas y medidas que es preciso poner en pie urgentemente en este periodo transitorio. Más allá de debates hoy es prioritario dar pasos en la dirección de acercar la cultura y el arte a los ciudadanos, y hacer más democrático y transformador ese contacto. El bien común cultural.

En mi opinión no es tan urgente hacer muchas cosas nuevas, como hacer bien las que están en marcha y ponerlas al servicio de los ciudadanos, introduciendo pequeñas cuñas que hagan de semilla de futuro.

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5 Comments

Filed under Cultura, El Blog Cultural de Robert Muro, Gestión cultural, Políticas culturales, Públicos

Menos de un año ya, para las elecciones, y en Cultura nada que esperar hasta entonces. (Un post gimnástico)

esperarMás de un mes sin escribir en el blog es mucho tiempo. En realidad el periodo más largo que lo abandono desde que lo inicié hace casi cinco años. Me pregunto la razón, y además de haber tenido en elmuro el trimestre más activo que recuerdo en toda su existencia, con numerosos eventos, producción artística y gestión de Madrid Activa entre otras cosas, me respondo que en realidad se debe a la atonía general de la Cultura en nuestro país. A que la realidad estimula bien poco, la verdad. Más allá de las rutinas, entre las que casi se encuentran los dignos repudios a algunos premios nacionales del ramo (Savall, el de Música, Colita, el de Fotografía), aquí no pasa nada. En realidad, a casi un año de las elecciones generales, podemos dar por finiquitada la legislatura sin que en el horizonte aparezca una novedad ilusionante desde la política. Ya ni siquiera el entierro del cadáver político que es Wert –es decir, su cese o dimisión- serviría para algo más que acortar la estancia en el poder del peor ministro de Cultura de la democracia.

Ni un paso atrás en la brutal medida impositiva del 21% a la Cultura que, efectivamente, ha supuesto un terrible golpe a un sector sensible y que debiera ser tratado con mimo por lo que supone de principal reservorio de alimento espiritual para la ciudadanía. Ni un paso adelante en la elaboración y aprobación de la ley de patrocinio. Y con dos ejemplos basta para ilustrar la nadería de este ministro y su equipo.

Tal vez el mayor aprendizaje de estos años pasados, y no solamente de los tres últimos, es que la solución de los problemas que afectan a los ciudadanos –pues la Cultura no es solo cosa de quienes la crean o la producen, sino de sus destinatarios-, es que son los ciudadanos y el propio sector cultural, quienes deben asumir la tarea de exigir, combatir, pelear frente a quienes consideran la cultura un lujo innecesario.

Bueno, que para retomar el blog después de unos días de parón, ya está bien, no sea que vaya a coger agujetas en los dedos del cerebro. Mañana más. O pasado.

 

Post Scriptum

Acaba el año, y para todos es tiempo de balances y de pensamientos futuros; para quienes trabajamos en elmuro, además, es tiempo de manualidades y de preparación del Kit de Supervivencia, que es nuestra manera de dar al mundo nuestro grito bueno. Pronto lo pondremos a disposición de nuestros amigos.

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