Category Archives: Reflexión

Darío Fo. Post urgente

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Uno de los autores más comprometidos con el presente político ha muerto. Pero todo el teatro está de luto por este hombre poliédrico, valiente y cachondo.Político en el más profundo y honrado sentido de la palabra. Este bufón, juglar inmenso, armado del ácido humor que él transformaba en revolucionario, había muerto un poco hace tres años cuando se fue su inseparable compañera de andanzas Franca Rame.

La primera vez que lo vi, en Burgos, en los primeros ochenta, representaba su Misterio Bufo a cuerpo gentil con un pantalón y una camiseta negras. Solo en el inmenso escenario del Principal utilizaba todas, absolutamente todas las habilidades del viejo oficio de actor –incluida su muy querida Commedia dell’Arte- para contarnos aquella suma de historias que constituían una hilarante y profunda crítica a la Iglesia, y sobre todo a su poder temporal, basada además endiversos pasajes del Evagelio. Me pregunto si habrá conocido a Bergoglio y si así ha sido, habrá nacido en él una esperanza de cambio en esa institución con este papa peculiar.

Recomiendo encarecidamente leer Misterio Bufo, como Muerte accidental de un anarquista. Estas dos obras forman parte de sus más representadas piezas por todo tipo de compañías que creen firmemente que el teatro además de divertir debe mover el pensamiento y la acción para cambiar el mundo. Las torturas y abusos de poder policiales, el hambre, la carestía y los robos obreros en supermercados, el secuestro político, el capitalismo, la Mafia, el machismo…, quedan desnudados y convertidos en denuncia operativa en textos como La polizia!, Aquí no paga nadie, La mueca del miedo, o Pareja abierta… Pero son muchas más, todas tintadas del deseo transformador, muchas breves, casi aparentes ejercicios para clases de teatro, o para su compañía La Comune, que luego han visto miles de escenarios diferentes por cientos de grupos que les han dado vida. Probablemente todavía esté girando en nuestro país y pueda verse una puesta en escena magnífica de La Tigresa, interpretada genialmente por Julián Ortega.

Cuando muere un artista, un creador, la ventaja es que su obra permanece al alcance de las gentes, que pueden leerlas, reinterpretarlas, e incluso arrancar sus hojas y lanzarlas al viento para que vuelen lejos y alto. Como Darío Fo. Como Franca Rame.

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De Fernando Bernués a Asier Etxeandia: Max, la casa grande del teatro

Como cuando le vi por primera vez en El intérprete, ayer, al salir de la ceremonia de los Premios Max, iba yo bailando por la calle esperando que mis pies me llevaran a no sé dónde, qué más daba después de asistir a una fiesta de lujo con un final feliz, energético y que te recuerda movimientos olvidados en las caderas del alma.

Sí, Asier Etxeandia, cerró con su famosa coreografía el encuentro de las artes escénicas de España. Un encuentro que mostró el estado de gracia creativo en el que se encuentra, y que plasmó su director, Fernando Bernués, con belleza y plasticidad a raudales con la danza como motivo permanente. Todo, la decoración, el uso del espacio, las coreografías y los intérpretes, la iluminación y los recursos audiovisuales, todo, brilló en el Price. La selección artística fue deslumbrante: un despliegue, casi una borrachera. La danza da mucho, más si es magnífica: Brodas Bros, Funamviolistas, Losdedae, Compañía Nacional de Danza, Kukai Dantza (¡Qué aurresku!), Larumbe (¡Qué flashmob!), Compañía de Antonio Gades… Y es que con belleza y plasticidad, con buena música y con argumento las historias fluyen como un río guapo sobre el que flotan los mensajes.

Sin conductor/a, las palabras de la gala quedaron en manos de los agradecimientos, tan a menudo largos y leves, siempre onanistas, siempre renuentes al interés del espectador, a veces hasta puntualmente mal educados, como exabruptos lanzados como piedras (¿¡puto PP!?). Recordemos estas cosas para que no se repitan.

Pero las más de las palabras, otros agradecimientos, aprovecharon para recordarnos los momentos de cambio esperanzado y también de dolor que vivimos: cambios políticos, de movimientos de alfombras, de los que muchas gentes esperan beneficios netos para los humildes; momentos también de dolor, por las fronteras cerradas de Europa ante las que se acumulan quienes huyen del mal. Lluis Pascual y Pepe Viyuela nos lo recordaron, este último además, nos trajo a la memoria a los titiriteros encarcelados unos días hace unos meses. Gracias. El teatro es memoria buena. También fueron memoria y aviso para navegantes futuros las abundantes referencias a la necesidad de protagonismo de la mujer en la creación. Conejero, en su agradecimiento, reclamó para su hija, si un día quería dedicarse a escribir, las mismas facilidades y dificultades que él mismo. Bien.

El ministro de Cultura, Íñigo Méndez de Vigo, que tiene mucho más humor y aguante que su predecesor, estaba junto al nuevo y por los pelos, presidente de SGAE y a menos de un metro de la concejal madrileña de lo mismo, Celia Mayer: ¿Hablarían de errores, de ivas, de necesidades culturales de los ciudadanos acaso? No creo. Junto a ellos, Pablo Berástegui, que comanda la capitalidad cultural europea de Donostia, tan presente en estos premios, me decía que la versión que se prepara para el verano del Sueño de una noche de verano, se haría en el parque de Cristina Enea, junto a Tabakalera, y en la organización participará el Basque Culinary Center. Porque los Max sirven también para verse –ahí estaban cerca, Santi Eraso, Jesús Cimarro, Alonso de Santos, Elisa Sanz…-, cada vez más guapos y guapas por cierto: apenas vi pantalones vaqueros, pero me harté de ver pajaritas a juego con bellos pañuelos de bolsillo (Ángel Ruiz). Y es que las gentes de las artes escénicas parecen haber entendido la necesidad de que fuera del escenario también transmitamos belleza, estética adecuada, y si es necesario, glamour.

Y hablando del logos, allí estaba Manuel Aguilar, presidente de Fundación SGAE con un bravo discurso, comprometido con la cultura y con el autor. Me gustó que tradujera el free inglés en sus dos acepciones-libre y gratis- para reivindicar que los creadores necesitan vivir de su trabajo y cobrar por él.

Lola Herrera, Max de Honor, presentada con silbo gomero, recomendó pasión, pasión para vivir y vivir bien. Y Marián Osácar, alma de FETÉN, recogió un merecidísimo Max. Fetén, Marián.

Y ya en el mejunje, qué decir. Que la salud de las artes escénicas es buena. Los espectáculos tienen calidad y retoman la senda del crecimiento, detenido abruptamente por la crisis y el maltrato político. La dramaturgia joven apresta su incorporación a los grandes nombres sin recato alguno, qué bien. La piedra oscura, de Alberto Conejero, dirigida por Messiez y con Daniel Grao y Nacho Sánchez de intérpretes, se llevó la cesta llena de los mejores halagos incluido espacio e iluminación. No sorprendieron. Tampoco sorprendió la calidad de otro espectáculo premiado, Pinoxxio, de la valenciana compañía Ananda Dansa, con coreografía de Rosángels Valls y Toni Aparisi. Pero sí fue sorprendente la cesta completada por este espectáculo infantil que batió en categorías abiertas –no específicamente de teatro infantil o familiar- a obras vistas en directo, es de suponer, por muchísimos más académicos que o no tienen hijos o los tienen en edades en que no consumen ese teatro. Los sistemas de votación de los Max deben atender a estas situaciones en las que el merecido entusiasmo por un espectáculo, o por alguno de sus promotores o protagonistas, “arrastra” el voto en categorías en que por pura lógica no les debiera ser fácil competir. Lean el listado de premios y entenderán lo que digo.

La Academia de las Artes Escénicas, estuvo presente esta vez en el logos de casi todos los galardonados. La Academia ha de seguir su largo camino de crecimiento y hacerlo en modo abierto para alcanzar la representatividad verdadera del conjunto del sector y no solo de los académicos.

Gloria y loor a los Max. Loor a la organización, perfecta. Gloria al teatro y la danza, herramientas inconmensurables de transformación individual y de conciencia colectiva.

Ah, Asier: como el teatro, tú te me dejas querer. Todavía sigo bailando… ¡y estoy en la oficina! (Pero nadie me lo nota, que muevo los pies bajo la mesa y tarareo bajito)

 

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Manifiesto personal de amor al teatro

"Ana el once de marzo", de Paloma Pedrero. ´Producción elmuro, que actualmente hace temporada en el Teatro Español, hasta el 10 de abril.

“Ana el once de marzo” de Paloma Pedrero. Producción elmuro y actualmente en el Teatro Español hasta el 10 de abril.

El teatro es la representación de nuestras emociones, de nuestras fragilidades y pasiones, de nuestros deseos y miedos más profundos, en un encuentro colectivo en el que son tan importantes, tan imprescindibles los intérpretes y creadores como los espectadores.

El teatro, es un juego, y desde que nació, en los orígenes mismos de la colectividad humana, alienta nuestros anhelos. Y lo hace ante nosotros y con nosotros en una ceremonia que por más que se repite siempre es diferente.

El teatro es un reflejo, y al mostrarnos en el espejo, ayuda a la reflexión, a la comprensión y la aceptación del otro, a la articulación de la diferencia entre los seres humanos como un tesoro. De todo tipo de diferencias. Por eso, el teatro, es capaz de cambiarnos individual y colectivamente, mejorar la convivencia desde la diversidad.

El teatro es magia, porque ayuda a transformar el dolor en belleza, la frustración en esperanza, la injusticia en energía colectiva de cambio. Ayuda a entender las diferencias y aceptarlas con alegría y como enriquecimiento.

El teatro es memoria, y al serlo entrega a cada generación el testimonio de cómo ha sido el camino recorrido por la humanidad hasta aquí, sus hallazgos, las piedras encontradas y las caídas, las rupturas y las reconciliaciones.

El teatro es reclamación y es futuro; en un mundo en el que cada día es preciso plantar cara a la injusticia para seguir recibiendo honorablemente el calificativo de ser humano, el teatro es vida, y ladrillo, y cemento y herramienta, y por ello puede cambiar las cosas desde la humildad de la dimensión humana, de pequeño albañil del porvenir, de proveedor de conciencia colectiva.

Por eso, simplemente, el teatro es fuerza y energía que puede.

Viva y viva siempre el teatro

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Viva e viva sempre o teatro

 

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Teatro e investidura: vivan los espectadores

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Una de las acusaciones que los líderes políticos de los cuatro grandes partidos españoles lanzaron al resto en el Debate de Investidura fue la de “hacer teatro”. Ellos emplean ese concepto como impostura, mentira, falsedad; alguno como comedia de enredo, farsa, show, espectáculo o vodevil, qué sinonimia, cielos. Quienes conocemos el teatro sabemos que en una sala oscura los actores son verdad en estado puro, la mayor parte de las veces mucha más que en un atril parlamentario. Sabemos que actuar no es fingir, sino que es poner uno de tus “yoes” en acción. Y no hay mentira en los actores porque la falta de verdad escénica hace increíble su trabajo y los espectadores desertarían de los teatros en masa.

Ellos sin embargo, muchísimos de los políticos profesionales, que desconocen esto por pura incultura, lo entienden al revés. No se dan cuenta de que quienes les escuchamos desertamos de ellos precisamente porque vemos las costuras, la falsedad y el interés por que no se note demasiado la diferencia entre lo que dicen que van a hacer y lo que efectivamente hacen luego. Bueno, no se dan cuenta, o tal vez no les importa que nos vayamos.

Sin embargo, la primera jornada de debate parlamentario sobre la investidura del candidato Pedro Sánchez, provocó en mí otras reflexiones que tenían el teatro como fondo. Sí, porque cada uno de los candidatos, su discurso, sus formas, su tono, se encuadraban a mis ojos en diversos segmentos del teatro español de hoy. Se lo cuento, a ver qué les parece.

A Mariano Rajoy lo ubicaría indiscutiblemente en el teatro decimonónico, con su lenguaje antiguo, su aire antiguo, sus antiguos ademanes, su antigua y aristocrática displicencia sobre los demás. Aliñada faena la suya, sí, pero imposible que formas y mensajes, su oferta “teatral” en definitiva, encandilara más allá de los propios aficionados. Y ni siquiera a todos los propios. ¡Por dios, Mariano, ¿rigodón?!

A Manuel Iglesias -le ahorro el descredito que debe sentir sobre su nombre por el desprecio con que trató al partido que su homónimo fundó-, lo encuadro sin duda en el teatro alternativo, experimental, en el Off: su juvenil altanería intelectual, su yo sé más que nadie y sé más que tú, su aferramiento a un aire juvenil impostado, su adolescente desprecio por todo lo que no sea como él, su fe ciega en que su universitaria receta debe ser impuesta a todos los demás como si fuera la única valida, la sola que merece respirar.

A Pedro Sánchez lo relaciono de inmediato con los defectos del llamado “teatro público”, ese que se hace con fondos de todos a veces dilapidándolos, aseado y frío, correcto y formal, pedagógico y no pocas veces aburrido por previsible, autoconsciente de su responsabilidad cultural, pero sin alma, con muy poca capacidad de entusiasmar.

A Albert Rivera lo encuadro en el teatro comercial de calidad, claramente orientado a gustar a mayorías, camaleónicamente capaz de cambiar de aspecto con el expreso fin de seducir a tirias y a troyanos, atento a las formas externas pero tan a menudo olvidado de contenidos valiosos y profundos, con un lejano aire de vendedor elegante en el lejano Oeste.

Tras el debate saqué la conclusión de que todos tenían algo importante en común, algo malo en común: los cuatro creían que su tipo de teatro era el mejor y debía gustarnos a todos, debía imponérsenos a todos. Como si no les gustara nada que los distintos públicos se mezclaran. Y más allá, que los espectadores debíamos odiar los otros tipos de teatro por su maldad intrínseca, y que en su oferta teatral, sobre todo, no habría sitio para los otros tipos de teatro, para los demás. ¡Vaya mierda, con perdón!

Ciertamente hubo otras intervenciones asimilables a otros tipos de teatro, minoritarios e incluso muy minoritarios, pero que desgraciadamente se mostraban orgullosamente contagiados por los defectos de los grandes otros: onanistas preocupados por sus cosas, por hablar de su libro, e incapaces de asomarse a los gustos y necesidades de todos. Tal vez les influyó en algo el miedo escénico o el ambiente.

Si Patxi López me hubiera dado un minuto, les hubiera dicho a todos que no hay solución si no participamos todos en ella; que no hay teatro sin todo el teatro. No hay libertad de opción si no están todas las opciones de alguna manera presentes. Que todos los espectadores, los que aman el off, los que gustan del comercial, los seguidores de los centros dramáticos nacionales o regionales, y los que se pirran por el teatro demodé, tenemos el mismo derecho a que nuestros gustos y deseos se tengan en cuenta en la proporción en la que asistimos. En nuestros votos.

Menos mal que nadie tiene los suficientes. No quiero pensar en lo que pasaría a los amantes del teatro, de todo el teatro, ya me entienden, si de nuevo uno de esos tipos pudiera decidir por todos.

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Cultura y empresa, una buena pareja. ¿Bailamos?

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A propósito del I Foro Cultura & Empresa

Se suele pensar que la esencia de la colaboración entre empresas y artes/cultura radica únicamente en que sea beneficiosa para las dos partes. Bueno, es obvio que en su colaboración con proyectos artísticos y culturales las empresas ganan nuevos públicos, mejoran su imagen o encuentran contenidos útiles para sus estrategias de marketing…, entre otros muchos beneficios. Y que, por su parte, las organizaciones y proyectos artísticos y culturales hallan en la colaboración de las empresas sustento para sus iniciativas, cobertura financiera para sus creaciones, difusión, viabilidad y hasta legitimidad.

Pero me parece mucho más relevante afirmar que la colaboración entre unos y otros en torno al arte, a quien beneficia en última instancia es a las gentes, a la sociedad. Más aún en un momento en que los responsables políticos recortan en los presupuestos las partidas destinadas a salud, cooperación, cultura, derechos sociales o educación, es decir, al bien colectivo. Pero, ¿porqué ha de ser importante esta perspectiva para las empresas, a las que siempre se achaca el objetivo esencial del beneficio propio? Voy a dar mi opinión, y para ello es imprescindible argumentar también el valor intrínseco y diferencial del arte y la cultura.

No es difícil definir el arte y sus beneficios; tal vez podríamos decir poéticamente del arte que es aquello que suspende en un instante nuestra rutina elevándonos a un lugar inefable en el que somos conscientes de que la vida es bella, y sobre todo, puede serlo más aún. Solo dejarán de entender lo que digo quienes nunca han sentido todavía un pinchazo íntimo, profundo, por un verso, unas imágenes, una canción, un paso de danza, una pintura o unos acordes de violín, por poner ejemplos variados. El arte, cualquier forma de arte, nos ayuda a entender la complejidad, la profunda belleza, las capacidades del ser humano. El arte, cualquier expresión del arte, permite que entendamos –a veces inexplicablemente- aspectos de la vida y sus lugares más recónditos a los que no es posible acceder de otro modo. El arte representa la complejidad del pensamiento frente a la uniformidad, la unión de las personas a través de la creatividad y la belleza frente al miedo a la diferencia y la diversidad. Las artes, los lenguajes artísticos, representan probablemente la esencia diferencial de ser humano. Más que en ningún otro momento, el arte es socialmente útil cuando las gentes viven momentos de incertidumbre, de violencia e injusticia, de confrontación y abuso de poder. Cuando necesitan ver en los ojos del otro esperanza para todos. Porque el arte y su belleza permiten elevar la mirada del suelo al cielo y posibilita que los seres humanos se reconcilien con su esencia buena. Por eso puede ser tan útil, además de por otras cosas, el arte y la cultura.

¿De verdad que las empresas –conformadas por personas- y muchos ciudadanos, habría que decir- deben permanecer al margen de la marcha global de la sociedad y de su bienestar?

Lo que digo pueden parecer sensiblerías intelectuales. Pero la perspectiva que planteo no es otra que la del beneficio de todos como guía del desarrollo de la sociedad, el manoseado bien común en cuya consecución todos los agentes sociales –instituciones, personas, organizaciones y empresas…- deben colaborar. Y que las artes y la cultura –también la solidaridad, la salud, la educación, el medio ambiente y la vida saludable, entre otros- son un territorio natural para esa colaboración.

Sí, lo que digo parece asignar nuevas tareas, responsabilidades a creadores y artistas y a dirigentes empresariales y empresas más allá de las de lograr que sus propios proyectos sean un éxito mayor basado en la colaboración y el beneficio mutuo. Afirmo que ese nuevo papel determina que en el futuro todos los agentes que participan en el devenir social deben laborar TAMBIÉN, por el beneficio colectivo, por el bien de todos. El principio de que lo que conviene a todos me conviene a mí –y no al revés- conduce en el territorio del que hablamos a que personas, organizaciones y empresas destinen esfuerzos específicos a aportar valor a la sociedad. Mejor aun si es conformando equipos y proyectos conjuntos en los que sinergias de origen diferente se conjugan para producir bienes, para los propios y para todos. Las artes y la cultura forman parte esencial de esos bienes.

El 25 de noviembre próximo va a tener lugar un encuentro, el Foro Cultura & Empresa, organizado por ActúaEmpresa-elmuro, el primero de estas características, que reunirá a directivos de empresas, de grandes empresas, y a líderes de organizaciones y proyectos culturales para presentar públicamente casos de buenas y fructíferas prácticas colaborativas. Allí estarán Mastercard, Adecco, Coca-Cola, AtresMedia, Endesa…, junto a Matadero, Focus, Pentación-Festival de Mérida, Publicis, FCB o la Fundación First Team, entre otros. Asistiremos con toda seguridad a la constatación de que en el seno de muchas empresas empieza a asumirse una cuota de responsabilidad ante el acontecer social, más allá de la consabida RSC; y que en las organizaciones artísticas y entre los creadores hay muchos que piensan en el arte no solo como expresión de libertad propia sino como en un terreno de aportación de valor para otros.

Estoy deseando que llegue ese día y que nos veamos en la Sala Berlanga de SGAE. No te debes perder este baile.

 

P.S: Explicar el valor de la cultura y las artes en la vida de las personas y su poder transformador, no es difícil, pero necesitamos encontrar un lenguaje que haga más objetivable esa descripción. Ahí ando, trabajando en ello.

 

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¡¡¡¡Cuánto queda por hacer!!!!!

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Los años de crisis que el sufrido pueblo lleva a sus dobladas espaldas, han sido en Madrid algo peores: la enorme deuda acumulada por la faraónica era Gallardón, suponía tal agujero en las cuentas públicas que en un alarde de originalidad a los regidores se les ocurrió… lo de siempre para intentar taparlo: gastar menos y cobrar más. Es decir, más impuestos –en forma de incremento de los existentes y de multas y atracos varios- y menos gastos –en forma de peores y menores servicios-. En consecuencia, el empeoramiento drástico de la calidad de vida ciudadana estaba servido, mal servido.

A ello se ha unido estrechamente el hecho de que las empresas contratadas por el ayuntamiento, para mantener e incluso incrementar sus beneficios de explotación, han prestado pésimos servicios y empeorado de paso la situación laboral de tantos y tantos contratados. Empresarios vulgares e insolidarios que ven la crisis como época de negocio y no de colaboración estratégica al servicio de los intereses colectivos.

Claro que, si hay que depurar responsabilidades, también hay que mirar a quien convocaba licitaciones sin imponer condiciones adecuadas al servicio público de que se trate, sin limitar los beneficios, y dejando ese campo al albur de la rapiña de contratistas voraces. No en vano este tipo de cosas ha hecho crecer la brecha entre ricos y pobres en nuestra España en estos pocos y largos años de crisis.

Ya, ya sé que lo que digo tiene múltiples expresiones, y que cuanto más te alejas del centro de la ciudad más se perciben los efectos más crueles, la necesidad, la desesperanza, el desamparo de los “desheredados”; y que viendo eso lo que voy a decir suena casi como un chiste, pero es la pequeña aportación a la reflexión desde alguien del mundo cultural, así que pido disculpas por la cierta unilateralidad. Veo mi ciudad sucia, porque cuando antes pasaban los “basureros” dos y tres veces por semana, ahora pasan una; veo los centros culturales dotados de un mínimo presupuesto de inversión, que tiene claras consecuencias en la perdida de calidad del servicio cultural; veo a Madrid con unos ciudadanos que han perdido aceleradamente el orgullo de vivir en su ciudad. Y esto último, precisamente esto es el “núcleo del núcleo”, que diría el maestro sufí murciano Ib’n Arabí. Porque para salir de este marasmo y mirar hacia los enormes retos que nos impone salir de la crisis en Madrid es imprescindible que todos los ciudadanos saquemos fuerzas de donde sea, apretemos los dientes y tiremos hacia adelante.

Miro, también, a nuestro nuevo equipo de gobierno municipal y no consigo espantar de mí los temores de que les supere la ingente tarea que tienen por delante para dar la vuelta al calcetín. Las respuestas a los ataques inmisericordes en sus primeros días de gobierno ilustran inconsistencia. Desgraciadamente. Siempre he pensado que descabalgar a quien gobierna es relativamente fácil: basta que la acumulación de errores del contrario desate las iras de los humildes y los una los suficiente para que su empujón derribe al mal gobernante. Siempre he defendido que lo verdaderamente difícil, lo que rarísimas veces en la historia del mundo se ha logrado, es construir algo hermoso a continuación. Para eso hay que tener sabiduría, paciencia, capacidad de agrupar y no de dividir, realismo…, saber hacia dónde se va.

Les deseo de corazón a los gobernantes suerte en ese empeño, si lo tienen; y a los gobernados nos deseo capacidad de ver pronto, cuanto antes, si van o no en la buena dirección. Para decírselo y recordarles si no cuál es la buena.

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Centro Dramático Nacional. Bueno, nacional pero no mucho

APTOPIX BRITAIN SHAKESPEARE PORTRAIT

Algo tiene el poder cuando logra cambiar el discurso y la práctica de quienes acceden a él. Leo el catálogo con la programación del Centro Dramático Nacional y además de frotarme los ojos ante el sorprendente significado que encierra, pienso en que la cultura no es un territorio diferenciado y que quienes acceden al poder cultural se comportan igual que quienes acceden a cualquier poder. Sobre todo si no responden ante los ciudadanos, sino ante quienes les han nombrado.

Al bollo. El CDN, según reza su web, tiene la tarea de difundir y consolidar las distintas tendencias de la dramaturgia contemporánea, con especial atención a la española. Siento que lo que voy a decir ya lo he dicho antes y recordarlo me produce una cierta melancolía. Y siento que con este post no voy a ganar precisamente amigos en el poder, qué más da. “Pues amarga la verdad quiero echarla de la boca, y si al alma su hiel toca esconderla es necedad.” Sabio Quevedo.

Esta temporada (a la espera de lo que ocurra con el programa “Escritos en la escena”), hay 21 obras programadas, 7 en el María Guerrero y 3 en la Sala de la Princesa; y 6 en la sala grande del Valle Inclán y 5 en la Sala Francisco Nieva. De esas obras, 10 pertenecen a autores españoles, dos de ellos fallecidos. Y salvo Ramón Fontseré, Francisco Nieva y la pareja Marc Motserrat e Ignacio García May, el resto verán sus obras en las salas menores, de la Princesa y Francisco Nieva.

Las salas grandes, María Guerrero y Valle Inclán, quedan reservadas para quienes lo necesitan realmente: Homero, Shakespeare, Goethe, Potocki, Ionesco, Ibsen, Marivaux, Pollesch… Como puede verse una programación nítidamente al servicio de consolidar la dramaturgia española contemporánea.

Entre los autores teatrales, la mitad fallecidos mucho tiempo ha, tan solo hay tres mujeres, tres, una de ellas Petra Martínez, en compañía de su buen Juan Margallo, y solamente una joven autora española, Carolina Román. La canadiense Vickie Gendreau, la tercera mujer, es la única que pisará la sala grande… durante cuatro días, no sea que los espectadores vayan a pensar que sí, que hay mujeres que escriben bien. Y no es una cuestión de género y corrección política, que me repatea, es una cuestión de mirada, de enfoque, que gracias a los cielos es diferente en ellos y ellas. Y la mirada al mundo de las dramaturgas, queda circunscrita a un ínfimo 10% de días programados. No voy a emplear ninguna frase de humor cínico con este tema.

De los 128 días programados en la sala grande del María Guerrero, 84 lo ocuparán autores no españoles, el doble que nuestros dramaturgos. De los 100 que está programada la sala Valle Inclán, 50 son extranjeros. ¿Cómo va a desarrollarse la dramaturgia española contemporánea con menos de la mitad de los esfuerzos que el CDN dedica a autores consagrados y traducidos? ¿Qué concepto de sembrar futuro es ese que reduce a los nuevos autores a las salas pequeñas?

En fin, sobran los comentarios, sobran las rutinas y los caminos trillados, falta valor para programar a nuevos autores, a nuevos directores, y falta conquistar a nuevos públicos con ello. Un cierto aroma a catafalco dramático nacional (e internacional): Así es (si así os parece), Pirandello dixit.

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¡Tachán, tacháaaaannnn! Maestros Yoda hacernos debemos

Maestros Yoda hacernos debemos

Sí, el IVA para la compra de arte al 10% el Gobierno rebajado ha. Fiscal beneficio que disfrutarán esos millones de personas para los que las paredes de sus casas adornar con pinturas o esculturas de autor una imperiosa necesidad es. De hecho, si alguien a alguien conoce que comprado ha un cuadro a alguien en el último mes, seguramente pertenecer debe todavía a “la” clase social. En fin, el resto de los culturales sectores de este país felicitar queremos a galeristas, creadores y marchantes, y compradores, a las puertas de ARCO. También a valencianos falleros.

Por lo demás, la cultura, ese impreciso e inefable bien, que las instituciones públicas promover deben por constitucional mandato, disfrutando seguirá de ese especial tratamiento fiscal del 21% que en convertirlo en un objeto de lujo consiste. Bravo gritamos (Maestro Yoda dixit).

La verdad es que el hambre el ingenio aguza, aunque sin duda vivir hace en peores condiciones. Poco o nada ganar, la supervivencia estimula como una zanahoria a un burro, pero la hipoteca no paga, ni el supermercado, ni los sociales seguros. Por toda España, como otoñales hongos, nuevos culturales espacios en recónditos e impensables lugares surgen; nuevos creativos proyectos cargados de más talento que de regalos los Magos nacen; lo que ningún gobierno conseguirá jamás apagar por mucho que se empeñe, prolifera: la creatividad, el talento, el deseo de al mundo a través del arte aportar.

Pero no es de eso de lo que tratar quería. Sino del metalenguaje empleado por esta gente que nos gobierna. Al años tardar en encarcelar a los delincuentes de cuello blanco o a los inmobiliarios y especuladores sin ley, o a los antibéticos, perlímperlambréticos corruptos abogados; al jamás conseguir que un ladrón barcénico, expresidente de la CEOE, consorteprincipesco, o mandamás de una caja de ahorros lo a todos  robado devuelva; al la devolución no exigir del crédito a la banca española –para que sus vergüenzas hipotecarias tape- por valor de miles de millones de euros, que pagando con sangre y lágrimas TODOS estamos… Y, al mismo tiempo, al de impuestos cargar una actividad que el músculo bello y apolíneo del país muestra -la cultura, por millones de personas disfrutada-, lo que en realidad diciendo están es lo que verdaderamente una cosa y la otra les importan.

Por eso, enormemente me alegra  –bueno, un poco exagero: me alegro, simplemente- de que la pintura y las fallas el IVA del 10% tengan (superior en todo caso al del inicio de este viaje, eh), pero profundamente me irrita el paleto desprecio por la cultura, y por su económica relevancia, que un impuesto tan elevado mantener supone.

No sé qué impuesto pagar debemos quienes al teatro vamos, discos o películas compramos…  Mi principal conclusión de la fiscal política por el gobierno marcada es que, al igual que en la leyenda que en el bosque de Sherwood se desarrollaba, a los humildes en España robar barato, casi gratuito, sale, y que coto poner a los desmanes de los ladrones tremendamente difícil es, si estos mismos poderes hacerlo deben.

Los pies pararles, difícil, no imposible es. De nosotros depende. ¿Maestros Yoda tal vez hacernos debemos? La Fuerza nos acompañará.

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Dad y se os dará. Rebelaros y un nuevo mundo se revelará

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Agradecimiento recibido por parte de Fernando Arrabal a raíz del Kit de Supervivencia elmuro

Mi buen amigo, Pepe Martín, a quien todavía le paran por la calle para felicitarle su papel como Conde de Montecristo, en la súper exitosa producción de TVE de los setenta, agradece el Kit de Supervivencia elmuro con una frase juvenil y reveladora: “Tu kit es realmente de supervivencia. Así que, hartos de resistir, este será el Año de la Rebelión.

Son muchos los que van dejando también por escrito su agradecimiento, su saludo: de Manuel Lagos, a Paco Heras, de Mercedes Lezcano, a Luis María Anson, de los chicos de El Deseo y Pedro Almodóvar a los de Albena Teatre, de Lola Martínez a Miguel Ángel Pérez, de Manuel Molins a Natalia Menéndez, de Marina Mayoral, a Guillermo Heras, de José Antonio Vera a Ignacio del Moral, de Elena Hernando a Marifé de Santiago, de Manuel Sierra a Fernando Arrabal… Hasta Mariano Rajoy envía su carta dando por recibido el regalo. Sin duda el afecto es especialmente bien venido en estos tiempos broncos.

Sí, porque nos toca vivir momentos en los que la tijera gris y la suciedad que mancha pugnan por ser el único horizonte de las gentes. Los derechos sociales, la educación, el trabajo, la vivienda, la sanidad… y también, cómo no, la cultura y el arte, están siendo forzados a migrar desde el territorio de los derechos al de los privilegios, en el caso de que haya dinero para pagarlos. Y este viaje, después de treinta años de democracia, no puede acabar así. Por eso son tiempos, también de retos, y el que tenemos por delante difícilmente lo expresará mejor el deseo de Pepe: pasar de la resistencia a la rebelión, a la rebeldía.

¿Pero cómo concretar la rebelión? Nosotros hemos optado por algunos principios elementales que pensamos que cambian el entorno inmediato, que quieren ser mancha guapa de aceite. Lo pequeño es hermoso. Por un lado hacer bien las cosas que hacemos, y hacerlas cada vez mejor, esforzarnos en la belleza y el color frente al recorte oscuro como ley. No podemos, no debemos, no queremos dejarnos vencer por la dominante mediocridad justificada por el recorte. Por otro, dar, dar todo lo que se pueda, compartir, crear redes de intereses comunes, generar equipos más allá del propio, lo que implica abrir las puertas a los amigos pero también confiar en el desconocido. Dar porque sí a quien lo necesita. El Evangelista Lucas lo contaba así en su relato del Sermón de la Montaña: «Dad y se os dará; medida buena, apretada, remecida y rebosando darán en vuestro regazo; porque con la misma medida con que medís, os volverán a medir» (Lucas 6.38).

La rebelión, hoy, no es la de finales del siglo XIX, ni de los estertores de la Dictadura en España. Rebelión es buscar lo que nos une a cuantos sufrimos injusticias; rebelión es apoyar a cuantos gritan o son víctimas; rebelión es no dejarse contaminar por el estilo del Poder y no dejarnos arrastrar, a nuestra pequeña escala, por la corrupción. Rebelión es apoyar a quien lo merece con la convicción de que estamos regando fértiles semillas. El ¡basta! de hoy es rebeldía permanente y no estallido. Así que el raca-raca de los medios de comunicación encelados en Bárcenas, Infantas y Gúrteles desvergonzados, desviando nuestra mirada de quienes los crean o encubren, nos despista; el raca-raca de instituciones, organizaciones o comunidades, solo atentas a lo suyo, hoy nos divide; el raca-raca del miedo del “podría ser peor”, nos paraliza.

No son los mejores momentos para dormir más de la cuenta, pero sí son buenos para crear, para conocer y hacer compañeros de viaje, para soñar junto a nueva gente, para hacer sin queja. Para rebelarnos.

Y lo prometo, mañana Manhattan.

(Completa esta lectura con mi artículo “Contrato Ciudadano por el Arte y la Cultura”, publicado en julio en la revista El Espectáculo Teatral)

 

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Kit de Supervivencia elmuro, un guiño a la vida

Presentación Kit de Supervivencia 2014

Más de un mes sin escribir un post es tiempo suficiente como para dar explicaciones. Ahí va lo que me ha ocupado: El último tramo de Madrid Activa, el programa de proximidad cultural que el Ayuntamiento de Madrid encargó a elmuro, supuso un sprint final; luego un viaje a Nueva York, del que hay mucho que contar; y justo a la vuelta, el pasado 17 de diciembre, la Fiesta de presentación del Kit de Supervivencia para 2014 que este año se hacía en un teatro, El Sol de York. De todas ellas se me quedan cosas para próximas entradas. Pero cerraré el blog este año con el asunto del Kit.

Lo sacábamos por primera vez de nuestros locales y lo llevábamos a un teatro, con lo que nos obligábamos al equipo de elmuro a dar más, un poco más: actuaciones de Elzurdo, Silvia Marsó, Karmele Aranburu, del grupo de teatro joven Guinotillas, sabiamente dirigido por Pilar Rodríguez, del grupo de intérpretes de la recién estrenada Magia Café, de Paloma Pedrero, y los Caídos del Cielo, con Esperanza Pedreño a la cabeza; Raúl Barrio, Gloria Londoño y Ana María Hidalgo interpretando el Dueto de las Flores de Lakmè, de Delibes… Y Pepe Viyuela, Natalia Huarte, Ana Marzoa, Tito Asorey e Iñaki Miramón leyendo, y Abigail Tomey presentando… y los patrocinadores aportando productos: Serge Defeix, de Lotus, sus galletitas, Absolut sus combinados con Nordic, la tónica de Coca-Cola… Iván Santacruz entreteniendo con sus magias a los pequeños; Javier Ortiz vigilando que su Sol de York estuviera en las mejores condiciones para el encuentro. Hasta Marcos de Quinto aportó dos tarros de la miel que él mismo elabora para ser degustada, junto al inevitable jamón ibérico de estas fechas y de los platos que habían preparado en sus casas los chicos y chicas de elmuro. Y a Nacho García Garzón, Pedro Antonio García, Carlota Álvarez Basso, Luis del Val, Alfonso Albacete, Ana Rossetti, Eduado Bazo y Jacinto Bobo,  Ana Buñuel, Salvador Sanz…, entre otros muchos nombres que no caben en esta escueta narración. La fiesta del Kit de este año fue un éxito gracias a los que asistieron y a la energía colectiva que nos habitó a todos.

Y lo más importante, esas cerca de doscientas personas compartiendo con nosotros la filosofía que nos mueve como empresa y como grupo humano que es soporte de creaciones artísticas y de un nuevo modelo de gestión. Un modelo que tiene en su centro de atención al ciudadano, incluso más allá que como espectador y más allá del propio cliente que nos contrata.

Porque el Kit de supervivencia es la expresión de cómo entiende elmuro, humildemente, su pequeño papel: esforzarse en dar, en hacer las cosas con la máxima entrega y calidad, aportar la máxima belleza en un entorno en el que el recorte y la fealdad predominan y amenazan ahogar las flores. Sonreír en tiempos de cólera, aunque no sea precisamente su jefe el que lo sabe hacer mejor, lo de sonreír, digo. Ser piedra en la que descansar y no para lanzar.

Personalmente me emocionó escuchar conviviendo las cuatro lenguas en las que todos los nacidos en España han escuchado de sus madres las primeras palabras: gallego, euskera, catalán, español. No es fácil escucharlas juntas, pero allí estuvieron.

Ahora nos toca seguir. De vez en cuando echaremos mano de esos poemas, frases, relatos, para que nos acompañen el momento que elijamos. Si alguien lo necesita y no lo tiene, ya sabe, que nos lo pida, y al poco tiempo lo tendrá en sus manos.

Bueno, y la próxima semana más, y ya sobre Manhattan.

Ah, en este inusual post no puedo dejar de nombrar al equipo de elmuro, artífice real de la fiesta: Carmen Muñoz, Alicia Mena, Sol Rodríguez, la ausente Ivonne Varas, Irene Alonso, Carla Chávez y Jesús Briones en la coordinación. Y Andoni Lopategui, Jose Almanza, Ester Gombau…

En fin, lo dicho, mañana más.

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