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¡Crucifícalo, crucifícalo! Defensa de autor

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Por fin ha saltado a la luz pública un claro caso de corrupción entre particulares que afecta a los autores y a la principal sociedad que defiende sus derechos, la SGAE. Muchas televisiones y algunos autores  sinvergüenzas llevaban años defraudando los derechos de los verdaderos autores musicales poniéndose de acuerdo en programar en horas de baja audiencia músicas de mala calidad, inaudibles (eran fondo de programas de echadores de cartas y teletiendas) o versiones de clásicos sin apenas cambios, que ponían a su nombre, para repartirse los derechos de autor que generaban. Los principales beneficiados eran autores canallas  -a los que cuesta aplicar el término de autor- y medios audiovisuales que sabían perfectamente lo que hacían. No eran pocos los socios de SGAE que habían denunciado esta situación, que defraudaba los derechos de los creadores y que perjudicaba a la propia sociedad de los autores, y que además, tenía como consecuencia otorgar muchos votos electorales a gentes que no los merecían, con la consecuente perniciosa influencia sobre su representación en los órganos de poder. Baste decir que entre los principales titulares de derechos no están los grandes compositores, sino gentes que en muchos casos desconocen lo que es un fa sostenido o una semicorchea.
Esto es tan claro, como lo es que los medios, salvo excepciones, se han puesto de acuerdo en denominar “la trama de SGAE” a lo que es la trama de televisiones y autores canallas para defraudar a SGAE. Así, el perjudicado pasa a aparecer como culpable. ¿Cómo iba a ser de otro modo, si los verdaderos culpables son los que proporcionan las noticias? Fíjense en los titulares –que no pasarían un examen de ética en cualquier escuela de periodismo, y lo entenderán-: “El fraude de la SGAE asciende a 100 millones” (El Mundo); “18 detenidos en una operación en la que se investiga a varias televisiones y socios de la SGAE (El País); La ‘rueda’ de la SGAE: un fraude de 100 millones de euros” (Cadena SER). La palma se la lleva la noticia dada por Antena 3: “Al menos 18 detenidos en la operación contra la SGAE por presuntos fraudes en la gestión y cobro de derechos de autor.” Así, sin-vergüenza. Curiosamente el juez señalaba a una directiva de A3Media, Nuria Beatriz Rodríguez, encargada de las contrataciones musicales del grupo,  como la dirigente del fraude. El auto señala, además, que movía fichas para controlar votos e influir en las decisiones de SGAE. Sin-vergüenza.
Una preposición basta para alterar descaradamente el sentido de la frase: el fraude de la SGAE, detenidos socios de SGAE, operación contra la SGAE…
¿Es tan difícil decir que en este fraude de la música, muchas televisiones y algunos autores  tratan de beneficiarse perjudicando los derechos de autor y, más allá, a la sociedad que los defiende? Curiosamente, tal vez sea ABC el medio que con menos maldad ha tratado el tema.
Pero, todo esto ¿por qué? En el maltrato a SGAE, que viene ya de tan lejos, se unen los intereses de quienes no quieren pagar los derechos de los creadores –que es su salario real- y que provienen de todos los sectores que han de pagarlos según marca la ley –medios, hostelería…-, con aquellos que se niegan afirmando que todos somos autores desdibujando en consecuencia el talento y con ello el sustento.
SGAE ha hecho muchas cosas mal, pero lo que representa es indiscutiblemente bueno. Representa la modernidad del pensamiento que reconoce a los autores el derecho inalienable a vivir de su trabajo, y encabeza su defensa para que quienes se beneficien de las creaciones que lleven aparejados derechos, paguen lo marcado por la ley.
Si los autores no cobran, acaba desapareciendo la frontera de la profesión y de la calidad, frontera fijada por la decisión de los ciudadanos de comprar obras de sus autores preferidos. Y con ello, tiende a desaparecer la figura del creador, del autor, en la que se asienta históricamente el ser y el sentido más profundo de una sociedad, aquello que explica cómo somos. Dentro de cien años serán los escritores, realizadores, compositores y creadores de hoy los que expliquen nuestro presente (serán nuestro legado), del mismo modo que nuestros clásicos explican el Siglo de Oro, el legado que hoy disfrutamos.
En la batalla entre quienes van contra SGAE y en el camino quieren acabar con los derechos de los autores a vivir de su trabajo, yo estoy con los creadores y con su sociedad. Lo que, como he dicho varias veces, no elude que debamos seguir hablando de cómo mejorarla. Hoy, además, ir con los autores significa exigir que la propia SGAE depure sus filas y prescinda de aquellos de sus dirigentes que se hayan manchado, o jugado a la “rueda”.
Durante años mala gente, en puestos claves de televisiones y medios, y autores sin escrúpulos, se han conchabado para robar a los verdaderos autores y sus derechos. Vienen horas en que ninguno reconocerá que hizo mal, aunque cualquier ingenuo sabía que algo muy raro se escondía tras esos programas de madrugada. Ninguno de los culpables dará un paso al frente para pedir perdón. Qué añoranza de aquella frase del emérito. “Lo siento; me he equivocado; no volverá a ocurrir”.

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