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El retorno del Yeti: Cultura y ecología

Me siento un poco abominable por haber dejado pasar tanto tiempo desde la anterior entrada de este blog, así que asumo el nombre de ese animal que transita en el misterio por las más altas montañas tibetanas, para retornar: el retorno del Yeti.

Y para la vuelta al papel elijo un tema del que este verano se ha hablado no poco en prensa: la sostenibilidad, en las altas cumbres del Himalaya y en el planeta. De hecho, el pasado sábado se celebró en el mundo una jornada de fe y amor por la salud de la Tierra y de cuantos la habitamos.

Pero, ¿puede hacer algo la Cultura por la sostenibilidad medioambiental de este pequeño planeta del sistema solar? ¿Podemos aportar algo diferencial las gentes que nos dedicamos a la acción cultural y artística? Sin duda alguna. La tarea de frenar el modelo de desarrollo impuesto por el capitalismo en el último siglo y medio es tarea de todas las personas, todas las organizaciones y todas las naciones. Frenar esta evolución hacia el mañana, basada en la explotación, el consumo desaforado y la falta de respeto por el presente y por el futuro, e incluso retroceder en el modelo de desarrollo, son retos de los que nadie puede sentirse ajeno. Las empresas mismas y quienes las dirigen, sujetos activos del modelo económico dominante, han de preocuparse sinceramente por parar, y no solamente meter una marcha reductora sino echar marcha atrás. De ello también depende su futuro. El mito de que este modelo solamente funciona si da cada vez mayores beneficios es el contagioso pecado original que nos mancha a todos y a todas y que exige compromisos personales de romperlo en nuestro día a día.

Ahí, precisamente ahí es donde la Cultura y sus gentes pueden hacer mucho más de lo que hacen en la actualidad; para empezar por los Objetivos de Desarrollo Sostenible. El arte y la cultura, reconocidos en todas las sociedades como intérpretes privilegiados de lo humano son narradores y memoria y pueden por ello incorporar a sus temas esta preocupación decisiva de los seres humanos de hoy; pueden, también, dar voz e imagen al movimiento que en el mundo lidera la lucha por mantener el planeta como hogar común habitable. Y pueden, también y sobre todo, plantar su propio árbol, es decir, implementar medidas específicas, compromisos ejemplarizantes para que la actividad de las artes cumpla con las leyes prácticas y concretas de la sostenibilidad.

Reutilizando materiales, reduciendo el consumo y reciclando en todas las fases creativas y de producción; disminuyendo el consumo de energía y por tanto la huella de carbono en todos los momentos, especialmente en los que el arte se encuentra con sus públicos: teatros, museos, cines, festivales…; haciendo que esos espacios sean lugares comprometidos y coherentes en la práctica con la defensa de la sostenibilidad; pueden liderar socialmente estos mensajes ante empresas e instituciones; pueden promover su propia certificación medioambiental específica para incorporar a ella a todos los procesos y organizaciones creativas y artísticas.

Hace unos meses, con ocasión del Foro Cultura & Empresa, este año dedicado a la sostenibilidad, numerosos artistas y representantes de organizaciones suscribieron un documento clave en este sentido. El manifiesto se llamaba ¡Claro que podemos hacer algo por la salud del planeta! Una contribución práctica del arte y la cultura a la sostenibilidad. Léanlo y hagámoslo nuestro, de cada uno, en la actividad cotidiana.

P.S.: El retorno del Yeti no quedará aquí. En su nombre les prometo que no tardará en aparecer en este blog una nueva entrada.

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Se anuncia la convocatoria para las direcciones artísticas del INAEM: Una broma sin pizca de gracia

La web de la Cadena SER, en pleno fin de semana que se inicia el viernes, 1 de febrero de 2019, informa que el Ministerio de Cultura había publicado ese día en su web una noticia extraordinariamente relevante para la Cultura, por el fondo y la forma. La web del Ministerio adelantaba que el día 11 de este mes (diez días después), se convocaría el proceso de selección para las direcciones artísticas de las compañías nacionales dependientes del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música (INAEM). La misma noticia informaba que el plazo de presentación de candidaturas se iniciaría el martes, 12 de febrero, y finalizaría el miércoles, 25 de febrero. Sí, han leído bien: el INAEM informa de que en el futuro se convocará el proceso, pero sin convocarlo, es decir, sin dar a conocer las bases de la convocatoria, los requisitos, las normas, los presupuestos… Nada. En definitiva, quienes aspiren a dirigir las organizaciones artísticas más importantes de España dispondrán de apenas trece días -13- para presentar su proyecto y preparar y presentar sus candidaturas en base a las condiciones que fije la convocatoria. Escasos días y muchos obstáculos para que los proyectos tengan la máxima calidad.

Como a los propios responsables este tiempo debe parecerles insuficiente, lo que hacen es avisar con antelación de que será muy poco el tiempo. Una broma. Una broma sin pizca de gracia.

¿Dónde queda la transparencia, dónde la publicidad, dónde la garantía de competencia, la profesionalidad exigible para que un proceso pueda ser aceptado como democrático?

Miren, el propio Código de buenas prácticas del Instituto Nacional de las Artes Escénicas y de la Música, vigente, señala en su artículo quinto que la selección de candidatos se llevará a cabo “mediante procedimientos que garanticen la publicidad y la concurrencia.” ¿Es por eso por lo que TODO el proceso de presentación se realiza en trece días? ¿Es así como se promueve la sana competencia, unos buenos proyectos, y se garantiza la transparencia y el principio de igualdad?

SI el INAEM quería que el proceso pareciera transparente y limpio, desde luego ha fracasado. No serán pocas las personas que pensarán que algunos privilegiados/as tendrán previamente la información suficiente para poder hacer bien los deberes en tan poco tiempo.

Era información conocida que los actuales directores tenían que irse al final de la temporada: entonces, ¿porqué ahora con esta premura, con esta prisa?

Nuestra CULTURA, con mayúsculas, no debería estar jugando a lo pequeño, a las lealtades mínimas, a las prisas, a la ausencia de estrategia.

A las mayúsculas renuncia este tipo de convocatorias apresuradas, con tiempos tan cortos para hacer las cosas bien, y casi en penumbra.

Y, por cierto, todo esto sobre las formas: hablaremos del contenido de la convocatoria…, cuando se conozca.

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Contar, hacer y propagar, tres tareas del arte ante el futuro (3)

Acordado que también el arte y la cultura pueden y deben aportar valor a los Objetivos de Desarrollo Sostenibles, entendiéndolos como un horizonte bueno al que orientar a la humanidad, ¿cuáles podrían ser sus tareas? O, por decirlo de otro modo, ¿qué pueden hacer el arte y la cultura a la sostenibilidad?

Yo creo que han de avanzar en tres direcciones en paralelo.

La primera, incorporar a sus contenidos creativos la preocupación, el problema del medio ambiente, la salud planetaria, y la responsabilidad en ella de la economía y las personas. Es decir, involucrarse artísticamente en los problemas y hacer de la belleza un medio para explicar, entender, transformar… La literatura, las artes plásticas, la música, las artes escénicas ya lo están comenzando a hacer, porque la mirada de sus creadores, humana al fin, no es ciega a la realidad. Ahí está el cine y el teatro que ha dado notables obras de arte que ayudan a entender y a cambiar; ahí esta la música de la que no me resisto a mencionar a Bebe y El Chojin, presentes este año en el Kit de supervivencia con dos hermosos temas. Contar, pues, es lo primero que debe hacer el arte: mirar al espejo, pero viendo más allá.

La segunda es hacer. Hacer es la demostración ética de que la preocupación por el futuro es cierta, no impostada. Las instituciones culturales públicas y privadas, las organizaciones creativas, las empresas, compañías, el sector cultural en su conjunto, debe implementar medidas de sostenibilidad en todas las fases y procesos de su acción. Las claves elementales de reutilizar, reciclar y reducir el consumo y la huella de carbono, deben ser incorporadas a las fases de producción y creación, de gestión y de encuentro del arte con los públicos. Los materiales empleados en las creaciones y su reciclaje (exposiciones, producciones escénicas y cinematográficas…), los recursos utilizados, la cantidad y la calidad de la energía consumida…, deben ser primero preocupaciones y luego ocupaciones concretas. 

Avanzar en crear protocolos asumidos por el conjunto del sector cultural es un reto que no debe demorarse, que hay que asumir ya, implicando a todos los agentes en el compromiso de reducir su huella de carbono, empezando por los que mayor rentabilidad obtienen de la actividad cultural.

La tercera dirección que deben emprender arte y cultura es la de propagar estas nuevas responsabilidades, que lo son también del conjunto de la sociedad. La cultura es percibida como una voz a la que escuchar, una voz con un cierto liderazgo que es bueno poner al servicio de esta -y otras- causas justas. Asociarnos a otros agentes para multiplicar el esfuerzo parece el mejor camino. En ese sentido debemos plantearnos el reto de la sostenibilidad en colaboración con empresas y marcas sensibles medioambientalmente y que desde posiciones sinceras opten por caminar con el arte para difundir sus mensajes. El IV Foro Cultura & Empresa que este año se dedica a la sostenibilidad puede ser una buena ocasión para explorar posibilidades concretas.

Es el comienzo de un camino difícil y apasionante, que va a plantear en paralelo un reto añadido poco  transitado, el de la ética.

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Retorno a las no andadas

Retomo el blog como expresión de opinión ante lo que vivo con un cierto vértigo, después de casi un año sin visitarme a mí mismo. No, no ha sido por falta de temas: sobran cuestiones sobre las que lo difícil es no tener una opinión. Tal vez explique el silencio una especie de “fatiga de alma” producida por mi propia inadecuación a unos tiempos que circulan demasiado rápido sobre lo inane y extraordinariamente despacio sobre lo verdaderamente importante. ¡Qué difícil es atender al verso de Machado: ¡A distinguir me paro las voces de los ecos…!

Quizás me sobraba arrogancia para opinar y proponer soluciones y me faltaba humildad para re-conocer mi debilidad, mi fragilidad, mi pequeñez para aplicarlas.

Ese tiempo no ha pasado, pero sí me siento capaz de hablar de algunas cosas, tal vez desde otra posición, desde la del observador sentado en el banco que, ante el atisbo del más mínimo encono en su mirada, cambia la posición de la cabeza para que sus ojos se detengan sobre otras cosas. O para renovar la mirada. ¡Hay tanto que ver, que disfrutar, que vivir, que compartir, de lo que charlar!

Así que valga esta mínima entrada para anunciar que vuelvo a las andadas, o mejor, a las no andadas. A escribir sobre la cultura, entendida ampliamente, pero cambiando constantemente de posición y de perspectiva.

Hasta mañana

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Ayuntamiento de Madrid y Cultura: cuestión de magia. ¡Ay, Carmena!

by Photos8.com

Para los espectadores, la mayoría, la magia es ilusión, sorpresa, desconcierto, maravilla… Para los magos la magia es lo que no se ve. Ellos centran toda su acción, toda su capacidad de seducción en hacer que su público no vea el truco, que es lo importante.

Pensaba en la magia cuando me ponía a escribir sobre la política cultural, bueno, sobre la actividad desarrollada en el área de Cultura por el equipo municipal de gobierno de Madrid.

¿Y dónde está la magia? ¿Qué es lo que no se ve de su acción? Lo primero y tal vez lo más relevante, el programa, o más bien la ausencia de programa. Cuando llegaron al poder, con notable sorpresa para ellos mismos, disponían de mensajes entusiasmantes, críticas correctas sobre el pasado, indignación por lo mal que se habían hecho muchas cosas, pero un programa de acción concreto eso no lo llevaban en la cartera. No me digan que no es mágico. Sí, ya sé que los demás competidores no les andaban muy lejos en esto de las alforjas vacías, pero quienes acabaron asumiendo la tarea de dirigir la cultura resultaron los de Ahora Madrid. A ellos, a quienes actúan desde la hegemonía sin tener mayoría de voto ciudadano, se deben pedir las cuentas.

Esta ausencia de programa explica que buena parte de sus “números” hayan sido percibidos como de mala calidad. Cuando no se sabe a dónde se va cualquier camino es bueno; o malo, según se mire. Y lo que se ha hecho durante estos más de veinte meses es improvisar, constantemente. Con los consiguientes errores y perjuicios para los ciudadanos. Recuerden la cabalgata anti-cabalgata, la aplicación cutre de la Ley de Memoria Histórica rápidamente echada atrás, la degradación de Madrid Activa, un exitoso programa que llevaba mucho tiempo surtiendo de calidad artística a los barrios… En casi todos estos casos el mago nos distraía con palabras como transparencia, democracia, participación, renovación, modernidad…, mientras todo seguía igual o iba nítidamente a peor. Magia. Díganme, si no, una sola acción notable a favor de la transparencia. Señalo una que hubiera sido recibida de mil amores: que en todas las licitaciones y concursos públicos los proyectos fueran públicos y conocidos al igual que sus defensas, en actos abiertos y públicos. Recuérdenme una a favor de la participación, más allá de la propaganda en torno a las consultas con urna sobre la Plaza de España o el cambio de nombre de un parque. Ya les digo yo otra que nos hubiera encantado: haber consultado con el sector y con la ciudadanía sobre los procesos de uso del Matadero. O, la simple puesta en pie de un Consejo Ciudadano de Cultura; no sé, algo. Magia.

La hipnosis también es un tipo de magia. Apenas nadie se queja de la ausencia de política cultural o de los errores brutos cometidos por Mayer y su equipo, y si acudes a la presentación del programa de Carme Portacelli para el Español, acompañada por cierto, por Carmena –es uno de los muchos ejemplos-, verás cómo una rueda de prensa se convierte en un acto de adhesión con aplausos y vítores. También fueron pocos los que se quejaron de que el proceso democrático –con carencias, claro: pero, ¿se acuerdan como resultó designado su antecesor?- que llevó a Pérez de la Fuente al Español, se violentara y se despidiera e indemnizara a quien había llegado por concurso y tribunal indiscutido. Sí, un concurso público democrático roto para convocar otro concurso que permitiera direcciones adeptas. No se había visto ni en las instituciones del gobierno central: vean a los directores del CDN y la CNTC convivir con distintos gobiernos en pro de la continuidad imprescindible. Pero pocos ven el truco y siguen pendientes de las palabras, cambio, regeneración… Sin queja. Magia. (Bueno, la magia en este caso será que el siguiente equipo de gobierno no haga lo mismo: denunciar los concursos actuales para lograr directores en su onda. Sentado el precedente, todo vale.)

Tan confiados estaban los magos que finalmente muchos han visto el truco y las costuras. Decidieron contratar para el Matadero a Mateo Feijoo, y las primeras alertas disparadas en su concurso (en serio, ¿cómo puede ser el de Feijoo el mejor de 31 proyectos?) y las dudas en la regularidad de su contratación y de su equipo, se han convertido en clamor cuando ha presentado “su” programación y ha decidido acabar con el mínimo vestigio del pasado y del teatro tal y como lo entienden muchos (a los que obviamente no consultó). Y ahora hasta Gas, Portillo y una larga lista de damnificados –por uno u otro motivo- se rasgan las vestiduras. Mala magia.

Uno de los episodios más curiosos de esta concejalía maga es el nombramiento con banda de música y tambores de Santiago Eraso (sin concurso, por cierto, y sin apenas queja: magia) para dar la vuelta al calcetín de Madrid Destino… y su desaparición sin dejar rastro, ni huella. Desaparición física. Por supuesto sin hacer el trabajo encomendado y sin explicaciones públicas. Si el otro día no hubiera visto y tocado a Eraso en la III Conferencia Estatal de la Cultura de Valladolid hubiera pensado en una desaparición a la altura de las que hace David Copperfield. Magia de la buena. (La de hacer desaparecer a Carrillo, anterior director municipal de cultura, fue puro entrenamiento.)

Otro curioso caso de magia es el de la desaparición de las compañías residentes en centros culturales de Madrid. Una experiencia iniciada por Alicia Moreno, pionera y ejemplar en toda España, pero señalada como antigua por el nuevo equipo, empeñado en dejar morir el modelo. Un pleno municipal del pasado verano aprobó por unanimidad el mantenimiento del programa y la elaboración de un reglamento ad hoc, pero… magia, nada se ha hecho. Nada se espera.

Lo malo en realidad es lo que hay detrás de tanta magia, de tanta mala magia: NADA. Improvisación, incompetencia, sólido amarre al poder, autosuficiencia, soberbia, sordera, “ahora me toca a mí”…

En cualquier caso, ¡Madrid, tenemos un problema! Quienes nos gobiernan en Cultura no parecen saber qué hacer, ni a dónde nos llevan, ni han mostrado en estos casi dos años la preocupación y la humildad necesarias por aprender. Y no piensan consultar ni preguntar la dirección adecuada a quienes han mostrado que saben algo más.

Lo peor de esta magia es el desprestigio, el vaciamiento del valor de palabras que para muchos son claves en la política cultural: democracia, transparencia, participación, ejemplo, buenas prácticas…

Lo peor de esta magia es el dolor y la tristeza que produce el mal servicio que estamos haciendo, todos, a los ciudadanos.

En un próximo post abordaré los rasgos que a mi modo de ver son la amalgama de fondo y el lastre del gobierno municipal de Madrid: su origen y las características mismas del equipo, y en lo ideológico la estrategia de Hegemonía que lo sustenta.

Hasta entonces.

 

Post scriptum: Acabo esta entrega el miércoles y salta la noticia: la alcaldesa Manuela Carmena destituye a Mayer. Me pregunto si basta y me respondo que no. En realidad, tal vez ese sea el último número de magia: la asunción por Carmena de las atribuciones en Cultura de su concejala Mayer. Al parecer harta de líos e inepcia ha decidido mandarla al banquillo. ¿Es una maniobra de despiste para que atentos al collar no nos fijemos en el perro? Parece obvio que sí, dado que Carmena afirma taxativamente que no hay crisis y que la destitución no es tal, sino un cambio de responsabilidades. Un chiste, si no fuera tan grave. Habrá que entender que Mayer lo ha hecho bien. Ay, Carmena, vas trenzando tu destino con el de los menos útiles del equipo.

 

NOTA:

Releo algunos de los post que sobre este asunto he ido publicando en estos casi veinte meses y la melancolía se acrecienta. Si quieren, revísenlos también.

http://www.robertmuro.com/2015/06/cuanto-queda-por-hacer/

http://www.robertmuro.com/2015/07/cambio-y-cultura-el-bien-comun-esta-en-juego/

http://www.robertmuro.com/2015/07/santiago-eraso-destino-madrid-destino/

http://www.robertmuro.com/2016/03/en-democracia-las-formas-son-casi-todo-el-cese-de-perez-de-la-fuente/

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Manifiesto personal de amor al teatro

"Ana el once de marzo", de Paloma Pedrero. ´Producción elmuro, que actualmente hace temporada en el Teatro Español, hasta el 10 de abril.

«Ana el once de marzo» de Paloma Pedrero. Producción elmuro y actualmente en el Teatro Español hasta el 10 de abril.

El teatro es la representación de nuestras emociones, de nuestras fragilidades y pasiones, de nuestros deseos y miedos más profundos, en un encuentro colectivo en el que son tan importantes, tan imprescindibles los intérpretes y creadores como los espectadores.

El teatro, es un juego, y desde que nació, en los orígenes mismos de la colectividad humana, alienta nuestros anhelos. Y lo hace ante nosotros y con nosotros en una ceremonia que por más que se repite siempre es diferente.

El teatro es un reflejo, y al mostrarnos en el espejo, ayuda a la reflexión, a la comprensión y la aceptación del otro, a la articulación de la diferencia entre los seres humanos como un tesoro. De todo tipo de diferencias. Por eso, el teatro, es capaz de cambiarnos individual y colectivamente, mejorar la convivencia desde la diversidad.

El teatro es magia, porque ayuda a transformar el dolor en belleza, la frustración en esperanza, la injusticia en energía colectiva de cambio. Ayuda a entender las diferencias y aceptarlas con alegría y como enriquecimiento.

El teatro es memoria, y al serlo entrega a cada generación el testimonio de cómo ha sido el camino recorrido por la humanidad hasta aquí, sus hallazgos, las piedras encontradas y las caídas, las rupturas y las reconciliaciones.

El teatro es reclamación y es futuro; en un mundo en el que cada día es preciso plantar cara a la injusticia para seguir recibiendo honorablemente el calificativo de ser humano, el teatro es vida, y ladrillo, y cemento y herramienta, y por ello puede cambiar las cosas desde la humildad de la dimensión humana, de pequeño albañil del porvenir, de proveedor de conciencia colectiva.

Por eso, simplemente, el teatro es fuerza y energía que puede.

Viva y viva siempre el teatro

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Viscay viscasempreel teatre

Viva e viva sempre o teatro

 

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Mucho más que teatro joven. Mucho más que Coca-Cola

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Unos compases de violín que inexplicablemente descubren en nosotros emociones imprevistas; unos versos de Neruda que devuelven a la memoria vívidamente amores, tal vez perdidos, tal vez recién hallados; unas frases de Shakespeare que nos ayudan a definir pasiones humanas y a entenderlas; un cuadro de Klimt, de Leonardo o de Goya que son ventanas abiertas a mundos imaginados; una interpretación del Cyrano que nos alinea con los planetas del orgullo y la humildad con una leve mirada a una luna pintada… Estas y otras muchas experiencias artísticas no están al alcance de todos…, todavía. Pero todos y cada uno de cuantos formamos parte del género humano estamos dotados para ese contacto inefable, para gozar y descubrir en concretos momentos territorios que solo el arte transita. El hecho cierto de que estamos dotados también para crear maldad y horror hace todavía más importante el arte.

Es verdad que la felicidad no depende del nivel del contacto con el arte. En el mundo y en su historia millones de personas han conocido el amor y la alegría sin leer, disfrutar de un cuadro, o asistir a un concierto o una obra de teatro. Pero también es cierto que hay cosas que existen en el mundo, que solamente se pueden entender y vivir en todas sus dimensiones desde el arte: la belleza sobrevenida, el llanto sin razón aparente, la comprensión de un arcano que nos atenazaba…, quedan develados en ese momento inefable, que, como dice el verso de Lope, “quien lo probó lo sabe”.

Estos días se celebra la Semana del Teatro Joven y un centenar de ellos traen a Madrid cuatro obras selectas, las que un competente Jurado Nacional ha destacado sobre las 338 presentadas, récord de su historia. Cien jóvenes que representan a muchos miles que, además de atender a sus tareas habituales, han ensayado durante meses, en equipo, han memorizando papeles y entrando en la piel de personajes lejanos a ellos…, y luego han representado las obras ante miles y miles de espectadores. Probablemente, además, han descubierto rincones propios que desconocían y que les ayudarán en la vida. Estos días, también, un puñado de profesores, en nombre y razón de muchos cientos de ellos que impulsan en silencio el teatro de base, están en Madrid en el Campus Coca-Cola de Teatro Joven.

Más allá de la relación beneficiosa entre una marca comercial y el teatro juvenil en el que las partes dan y reciben, la colaboración tiene la importancia decisiva de acercar el arte a las personas, proponerles una herramienta diferente, específica y especial para mirar el mundo y entenderlo algo mejor.

Se dice muchas veces que el arte cambia a las personas y que solo por ello merece ser vivido, y por ello solo merece el apoyo de instituciones y empresas. No sé si cambia a las personas. Lo que sé es que ofrece la oportunidad de que las personas vivan experiencias, emociones, situaciones…, en las que el cambio es posible porque el lugar desde el que miras, el lugar desde el que te ves a ti mismo, es simplemente distinto.

Gloria y loor a jóvenes teatreros y profesores entregados; gloria y loor a las instituciones que apoyan estos Premios “Buero” de Teatro Joven; gloria y loor a Coca-Cola por hacerlos posibles, y al Ministerio de Educación, Cultura y Deporte por su colaboración. Toda gran transformación parte de uno o varios pequeños cambios. Miles de jóvenes lo intentan cada día haciendo del teatro una palanca guapa. Y encima se divierten. Y encima, divierten a un montón de gente.

Lo dicho, mucho más que teatro. Mucho más que un refresco.

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¡¡¡¡Cuánto queda por hacer!!!!!

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Los años de crisis que el sufrido pueblo lleva a sus dobladas espaldas, han sido en Madrid algo peores: la enorme deuda acumulada por la faraónica era Gallardón, suponía tal agujero en las cuentas públicas que en un alarde de originalidad a los regidores se les ocurrió… lo de siempre para intentar taparlo: gastar menos y cobrar más. Es decir, más impuestos –en forma de incremento de los existentes y de multas y atracos varios- y menos gastos –en forma de peores y menores servicios-. En consecuencia, el empeoramiento drástico de la calidad de vida ciudadana estaba servido, mal servido.

A ello se ha unido estrechamente el hecho de que las empresas contratadas por el ayuntamiento, para mantener e incluso incrementar sus beneficios de explotación, han prestado pésimos servicios y empeorado de paso la situación laboral de tantos y tantos contratados. Empresarios vulgares e insolidarios que ven la crisis como época de negocio y no de colaboración estratégica al servicio de los intereses colectivos.

Claro que, si hay que depurar responsabilidades, también hay que mirar a quien convocaba licitaciones sin imponer condiciones adecuadas al servicio público de que se trate, sin limitar los beneficios, y dejando ese campo al albur de la rapiña de contratistas voraces. No en vano este tipo de cosas ha hecho crecer la brecha entre ricos y pobres en nuestra España en estos pocos y largos años de crisis.

Ya, ya sé que lo que digo tiene múltiples expresiones, y que cuanto más te alejas del centro de la ciudad más se perciben los efectos más crueles, la necesidad, la desesperanza, el desamparo de los “desheredados”; y que viendo eso lo que voy a decir suena casi como un chiste, pero es la pequeña aportación a la reflexión desde alguien del mundo cultural, así que pido disculpas por la cierta unilateralidad. Veo mi ciudad sucia, porque cuando antes pasaban los “basureros” dos y tres veces por semana, ahora pasan una; veo los centros culturales dotados de un mínimo presupuesto de inversión, que tiene claras consecuencias en la perdida de calidad del servicio cultural; veo a Madrid con unos ciudadanos que han perdido aceleradamente el orgullo de vivir en su ciudad. Y esto último, precisamente esto es el “núcleo del núcleo”, que diría el maestro sufí murciano Ib’n Arabí. Porque para salir de este marasmo y mirar hacia los enormes retos que nos impone salir de la crisis en Madrid es imprescindible que todos los ciudadanos saquemos fuerzas de donde sea, apretemos los dientes y tiremos hacia adelante.

Miro, también, a nuestro nuevo equipo de gobierno municipal y no consigo espantar de mí los temores de que les supere la ingente tarea que tienen por delante para dar la vuelta al calcetín. Las respuestas a los ataques inmisericordes en sus primeros días de gobierno ilustran inconsistencia. Desgraciadamente. Siempre he pensado que descabalgar a quien gobierna es relativamente fácil: basta que la acumulación de errores del contrario desate las iras de los humildes y los una los suficiente para que su empujón derribe al mal gobernante. Siempre he defendido que lo verdaderamente difícil, lo que rarísimas veces en la historia del mundo se ha logrado, es construir algo hermoso a continuación. Para eso hay que tener sabiduría, paciencia, capacidad de agrupar y no de dividir, realismo…, saber hacia dónde se va.

Les deseo de corazón a los gobernantes suerte en ese empeño, si lo tienen; y a los gobernados nos deseo capacidad de ver pronto, cuanto antes, si van o no en la buena dirección. Para decírselo y recordarles si no cuál es la buena.

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Eduardo Galeano: poeta del bien común

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Un mensaje canalla y mentiroso en mi móvil dice que Eduardo Galeano acaba de morir en su querido Montevideo a los 74 años. No es verdad.

Galeano es un escritor de mandíbula seria y enhiesta frente al mal, de mirada clara y herida, de entrecejo fruncido por el dolor propio y el ajeno, y de alma sensible, limpia y despejada, como su propia frente. He leído muchas veces su obra, sus obras, como lo han hecho tantos otros sensibles al sufrimiento de América Latina y de los agraviados y nadies del mundo en los últimos cincuenta años. Ha construido un arsenal de palabras que como balas de tinta atacan el corazón de los malos, los poderosos, los que no sufren o creen no sufrir. Balas de tinta frente a balas de verdad. Fueguitos contra el frío.

Galeano es un poeta del bien común, o por decirlo con otras palabras, un creador de imágenes que estimulan lo bueno colectivo que hay en el ser humano, imágenes con las que te identificas y que te hacen creer en que estar de parte del bien de todos, es tu humilde contribución a hacer del mundo un lugar habitable, del que no avergonzarte.

Cada año nuestro Kit de supervivencia de elmuro recoge alguna de sus pequeñas historias, que beben de la narrativa mínima latinoamericana, y de la sencillez. Seguramente la destilación más serena de su pensamiento poético y político está en El Libro de los abrazos y en Memoria del fuego, aunque no sean los más conocidos. De este último reproducíamos un canto breve a la acción humilde, a la pequeña acción que “mancha” el mundo para bien: “Son cosas chiquitas. No acaban con la pobreza, no nos sacan del subdesarrollo, no socializan los medios de producción y de cambio, no expropian las cuevas de Alí Babá. Pero quizá desencadenen la alegría de hacer, y la traduzcan en actos. Y al fin y al cabo, actuar sobre la realidad y cambiarla, aunque sea un poquito, es la única manera de probar que la realidad es transformable.”

Pues eso, que la noticia es mentira, que Eduardo Galeano sigue vivo.

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El Kit de supervivencia elmuro: enganchados a la vida

El Muro KIT 2014-0444

 

La fiesta del Kit de supervivencia elmuro, que celebramos el lunes 15 de diciembre en el teatro Arlequín-Gran Vía, fue una celebración del regalo y las palabras bellas. Un rito colectivo en el que el amor al arte se convirtió casi en obscenidad buena. Y también un espectáculo al fin, dirigido este año por Eduardo Bazo, con Gustavo Pérez a los mandos técnicos. Celebrábamos el comienzo de una celebración muy importante para elmuro: sus veinte años de vida que se celebran en 2015 y que traerán muchas novedades.

Más de doscientas personas reunidas para recibir el Kit de supervivencia y para participar leyendo o aplaudiendo las actuaciones. Abrió la parte artística la última producción de Teatro del Alma, Ana el 11 de marzo, de Paloma Pedrero, presente con un monólogo actuado magistralmente, por María José Alfonso, a la que daba pie Ana Peinado. Y luego las chicas del grupo juvenil de teatro Demikó, de los Premios “Buero” de Teatro Joven, trasladando energía y alegría a raudales; y Raúl Barrio y Gloria Londoño, con “O mio Babbino caro” de Puccini. Un hallazgo muy aplaudido fue el de convertir las lecturas tras cada actuación en sesión de terapia colectiva de enganchados a la cultura, con Jacinto Bobo como conductor: “Soy Ruth Gabriel y llevo seis cuartos de hora sin leer un poema”, rezaba antes de leer. “Te queremos Ruth”, rugía el patio de butacas. Y Ruth leía esta vez unos versos de su madre, la llena de poesía Ana Rossetti. “Gracias Ruth”, terminaban los presentes en colectivo. Y seguía luego una nueva actuación que ayudaba a presentar y hacer balance de las cosas hechas por elmuro este 2014 que acaba.

Allí estaban dando su voz Luis del Val, Paloma Pedrero, Carmen Ruiz, Ruth Gabriel, Ángeles Martín, José Carlos Illanes, Pedro Antonio García, Abigail Tomey; y otros muchísimos amigos y amigas que no leyeron porque no da tiempo y el catering aprieta: José Usandizaga y Tiago Lima de Coca-Cola, Antonio León de Quid Quid, David Torrejón, de Anuncios, Lola Rúa y Elena Lube, de Efémera, recientísimas ganadoras del premio Emprendedora Madrid, Paco Tomey y María Teresa Senso, Cristina Suárez, Manuel Galiana, Salvador Sanz, Natalia Huarte, Gonzala Martín, Salbi Senante, Teresa Valentín de Guindalera, Santiago Fajardo, José María Cámara, Luis Moreno, con los compañeros de FESCIGU, Ana Buñuel y Ángel Luis Pérez del Ayuntamiento, los periodistas Rafa Esteban, Juan Ignacio García Garzón, Marga Gallego, y Óscar González, Irina Kouberskaya de Tribueñe, … y otros amigos colaboradores: Andoni Lopategui, Ignacio Evangelista, Pilar Rodríguez, Luis Lamadrid, Javier Ortiz, Chema Rodríguez, nuestros “socios” de Mancort, Chema Ciarreta… En fin, legión (perdón a quienes no cito). Como legión fueron los que no pudieron estar, que fue un lunes de feroz competencia con muchas convocatorias navideñas. Candela Muro Pedrero, que cada día que pasa se hace más lista y madura, me hizo la mejor de las críticas: “me hubiera gustado que pudiéramos leer más gente, como cuando lo hacíamos en la oficina”.

Para cuantos trabajamos en elmuro es una jornada de encuentro en el que mostramos lo que somos dando, que finalmente es eso lo que permite que reconozcamos nuestra personalidad diferencial. Y recibiendo. Porque como dije al final, en el cierre: somos lo que damos, somos el Kit, somos vosotros.

Gracias de corazón a todos cuantos nos acompañaron. Pronto más, que estos veinte años los vamos a celebrar con novedades compartidas. La primera el cambio de nuestro logotipo: un muro que invita a escribir, a mancharlo de deseos y de sueños.

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