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Expediente Guadalajara: ciudadanos que hacen Cultura

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Hace unos días se clausuró el Festival de Cine Solidario de Guadalajara FESCIGU, un encuentro en torno al cortometraje sensible con lo que pasa en el mundo. El año pasado desde elmuro apoyamos ese festival aportando patrocinio, y produciendo la gala de clausura lo mismo que este año. Esperen, que lo que les quiero contar va mucho mas allá de la autoloa. El FESCIGU, está organizado por una asociación sin ánimo de lucro –Cinefilia– y su actividad es apoyada por decenas de “nativos” que aportan esfuerzo y pasión para que tenga éxito. Y éxito es que cientos de creadores envían sus cortos y requetecortos desde España, y también desde otros muchos lugares, algunos muy lejanos; éxito es que miles de personas cada año acuden a ver esas películas a lo largo de la primera semana de octubre llenando el Auditorio Buero Vallejo; éxito es que muchísimos escolares se acercan a este tipo de cine por primera vez a través de este festival.

Unos días antes, el miércoles 1 de octubre, asistí como invitado a la presentación de los 25 años del Tenorio Mendocino; una representación popular que se celebra por Todos los Santos en exteriores de edificios relacionados con los Mendoza de la capital alcarreña, promovida por la asociación Gentes de Guadalajara. Durante meses ensayan decenas de actores no profesionales que dan su carácter a los principales personajes de la obra de Zorrilla, y movilizan cientos de personas para la figuración y equipos técnicos y de organización y producción. El resultado, magnífico en lo artístico, es visto las dos noches en que se representa por miles de espectadores que siguen las escenas por los rincones bellos de la ciudad. El Tenorio Mendocino se ha convertido en un referente ciudadano de primer orden y uno al verlo tiene la gratificante emoción de contemplar cómo algo se está convirtiendo en tradición ante sus ojos.

En torno al final de la primavera, desde hace la intemerata -24 años-, también en Guadalajara, se celebra el Maratón de los Cuentos, promovido por otra asociación, el Seminario de Literatura infantil y juvenil. Una iniciativa que canaliza y estimula el empuje y la participación ciudadana. Las muchas actividades del Maratón, y los Viernes de los cuentos durante el año, dinamizan y acercan la literatura y la narración a miles y miles de personas, particularmente de niños, en una tarea asumida por los propios vecinos organizados.

En la misma ciudad también, la Fundación Siglo Futuro forma parte desde hace décadas ya de ese tejido asociativo que ha decidido aportar su esfuerzo a la ingente tarea de hacer de la cultura y el arte lugares de encuentro y de crecimiento ciudadano. Decenas de conferencias, conciertos, actividades de divulgación para las que la asociación busca bajo las piedras fondos con los que mantener su oferta anual.

Son cuatro de las más relevantes actividades cultuales que cada año nutren a los ciudadanos, a las que se suman otras muchas de menor perfil, claro. A ello hay que añadir la actividad cultural promovida por el ayuntamiento y cuyo buque insignia es el Auditorio Buero Vallejo. Pero sin lo que aquellas asociaciones hacen, nada sería igual en esa ciudad. Visualizarán mejor su relevancia si trasladáramos proporcionalmente tamaña actividad a cualquier otra ciudad de mayores dimensiones: como si los festivales de Jazz y de cine de mi querida Donostia los organizaran asociaciones sin animo de lucro, vamos.

¿Por qué cuento esto? Porque la esencia de la cultura es que las gentes asuman no solo el honorable papel de consumidor, sino el imprescindible papel de generador. La cultura ocurre porque alguien la hace, y cuando son asociaciones ciudadanas sin ánimo de lucro, como en el caso guadalajareño, o grupos de personas que toman sobre sus espaldas la noble tarea de “hacer”, tenemos ante nosotros el perfecto ejemplo de la democracia cultural, esa que se hace porque las personas la hacen, y no sólo o principalmente porque las instituciones la pagan.

La cultura de la queja, expresada en nuestro país tantas veces por esa mirada hacia otros, hacia las instituciones responsabilizando de situaciones o demandando dinero o medios, deja paso aquí a la cultura de la responsabilidad ciudadana que asume sin buscar el beneficio económico que las cosas ocurrirán si quienes las desean las ponen en pie. Que la maravilla no es tener dinero para comprar en el mercado cultural, sino tener el deseo y el talento de hacer cosas –actividades culturales- para tus conciudadanos.

A las instituciones públicas, tan celosas de su poder, les queda el mandato constitucional de promover la cultura, que no es otro en relación a lo que hablamos, que facilitar los medios para que los ciudadanos asuman cada día más responsabilidad en su propio devenir cultural.

El caso de Guadalajara es un ejemplo. Un ejemplo de cuya trascendencia probablemente ni sus protagonistas, ni por supuesto las autoridades locales, son conscientes.

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Pequeñas empresas que patrocinan arte y cultura

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elmuro patrocina el Festival de Cine Solidario de Guadalajara, FESCIGU, como expresión del compromiso de una pequeña empresa, con el cine como arte.

Cuando hace un año iniciamos las tareas de asesoramiento y consultoría para el festival a través de nuestro programa “By the face” (gratuito), ni de lejos preveíamos que acabaríamos aportando financiación, y que además, como parte del patrocinio, produciríamos la gala de entrega de premios.

A menudo la calidad del trabajo artístico de las organizaciones no tiene nada que ver con la calidad de su trabajo organizativo, ni con su cualificación como instrumentos de cambio cultural o/y social. A menudo, las organizaciones disfrutan más creando contenidos que con la forma de hacerlos llegar a sus destinatarios, lo que al final de la escapada conduce tan a menudo a muertes por autismo y aislamiento. FESCIGU era, es, un ejemplo de organizaciones con excelentes proyectos y realidades, que precisan centrar sus esfuerzos en la propia organización. Porque sin organizaciones sostenibles no hay proyectos sostenibles. Los ensayos, la realización de una película, la programación de una exposición…, son tareas aparentemente más inspiradoras que la comunicación, la búsqueda de financiación, la gestión presupuestaria o la captación de nuevos socios. Pero no menos necesarias. Las organizaciones “apolíneas” son aquellas que destinan recursos y esfuerzos materiales y humanos al arte en la adecuada proporción a los que destina a su propia sostenibilidad y crecimiento.

Y para contribuir a ese desarrollo están organizaciones como la nuestra, como Asimétrica, como tantas otras que van acumulando experiencia para otros y que, además, sienten y deciden que su modelo empresarial debe incluir no solamente el beneficio propio, sino la colaboración con quienes lo precisen, si es posible materialmente.

elmuro ha optado desde hace mucho tiempo por asumir compromisos empresariales con organizaciones que lo necesitan: ACNUR, la asociación Caídos del Cielo.ONG, y ahora FESCIGU. Ahí se inscribe también el programa de consultoría gratuita para organizaciones culturales, y la defensa pública de límites en los beneficios de las empresas que trabajan en los servicios públicos, y en especial en cultura.

No sé cuál será la evaluación final del patrocinio y el apoyo a FESCIGU. Sé que hasta aquí, con los inevitables problemas de reunir a dos organizaciones de diferente trayectoria y objetivos, hemos aprendido mucho y hemos contribuido a que un excelente festival se relacione mejor con su entorno. En realidad, esta experiencia se ha convertido en un hermoso ejemplo de confluencia de patrocinios públicos y privados: el Ayuntamiento de Guadalajara, principal patrocinador, aporta financiación y cede el teatro Buero Vallejo como espacio central de exhibición, y muchos pequeños patrocinadores, como por ejemplo AC Hotels, proporcionan el tan necesario patrocinio en especie. Esa confluencia, esa generación de energías y multiplicación de sinergias colectivas, es la que en perspectiva de futuro aparece como una buena fórmula viabilizadora de proyectos artísticos.

Seguro que vuelvo sobre el tema.

 

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