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Carmena, ¿concejala de cultura?

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¿Sabían que Manuela Carmena es la concejala de Cultura del Ayuntamiento de Madrid? Sí, desde que “dimitió” a la anterior concejala, Celia Mayer, para hacer frente a su ideologizada gestión, y a las múltiples acusaciones de incompetencia y las meteduras de pata que la perseguían, la alcaldesa reunió bajo su vara de mando el área de cultura. A nadie se le escapa que es una mala solución, y que entre la ciudadanía preocupada por la cosa cultural cunde desde hace tiempo la convicción  que esa cartera no puede estar bien gestionada debido a los múltiples esfuerzos que requiere la dirección general de un Ayuntamiento como Madrid. A Manuela se le perdona casi todo.

¡Era tan necesario un cambio político en el ayuntamiento! No quiero ni pensar dónde alcanzaría el grito si un alcalde de cualquier otro signo hubiera hecho esto. No resta responsabilidad recordar, una vez más, que su equipo no se formó pensando en gobernar, y que el gobierno le cayó encima de milagrito del Niño Jesús. Los ciudadanos han ido pagando la cualificación en gestión pública de buena parte de sus ediles a base de prueba y error; y un programa que han ido improvisando sobre la marcha. A los gobiernos, sea cual sea el partido o coalición que lo sustente, hay que exigirles profesionalidad, coherencia, transparencia, participación, gestión democrática… Las gentes merecen ese mínimo respeto.

Mucho me temo que Manuela Carmena seguirá asumiendo la responsabilidad sobre el Área de Cultura . Y con ello su funcionamiento a medio gas, o encomendada a contratados.

De ello hablaremos en los próximos días.

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2 Comments

Filed under El Blog Cultural de Robert Muro, Gestión cultural

¡¡¡¡Cuánto queda por hacer!!!!!

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Los años de crisis que el sufrido pueblo lleva a sus dobladas espaldas, han sido en Madrid algo peores: la enorme deuda acumulada por la faraónica era Gallardón, suponía tal agujero en las cuentas públicas que en un alarde de originalidad a los regidores se les ocurrió… lo de siempre para intentar taparlo: gastar menos y cobrar más. Es decir, más impuestos –en forma de incremento de los existentes y de multas y atracos varios- y menos gastos –en forma de peores y menores servicios-. En consecuencia, el empeoramiento drástico de la calidad de vida ciudadana estaba servido, mal servido.

A ello se ha unido estrechamente el hecho de que las empresas contratadas por el ayuntamiento, para mantener e incluso incrementar sus beneficios de explotación, han prestado pésimos servicios y empeorado de paso la situación laboral de tantos y tantos contratados. Empresarios vulgares e insolidarios que ven la crisis como época de negocio y no de colaboración estratégica al servicio de los intereses colectivos.

Claro que, si hay que depurar responsabilidades, también hay que mirar a quien convocaba licitaciones sin imponer condiciones adecuadas al servicio público de que se trate, sin limitar los beneficios, y dejando ese campo al albur de la rapiña de contratistas voraces. No en vano este tipo de cosas ha hecho crecer la brecha entre ricos y pobres en nuestra España en estos pocos y largos años de crisis.

Ya, ya sé que lo que digo tiene múltiples expresiones, y que cuanto más te alejas del centro de la ciudad más se perciben los efectos más crueles, la necesidad, la desesperanza, el desamparo de los “desheredados”; y que viendo eso lo que voy a decir suena casi como un chiste, pero es la pequeña aportación a la reflexión desde alguien del mundo cultural, así que pido disculpas por la cierta unilateralidad. Veo mi ciudad sucia, porque cuando antes pasaban los “basureros” dos y tres veces por semana, ahora pasan una; veo los centros culturales dotados de un mínimo presupuesto de inversión, que tiene claras consecuencias en la perdida de calidad del servicio cultural; veo a Madrid con unos ciudadanos que han perdido aceleradamente el orgullo de vivir en su ciudad. Y esto último, precisamente esto es el “núcleo del núcleo”, que diría el maestro sufí murciano Ib’n Arabí. Porque para salir de este marasmo y mirar hacia los enormes retos que nos impone salir de la crisis en Madrid es imprescindible que todos los ciudadanos saquemos fuerzas de donde sea, apretemos los dientes y tiremos hacia adelante.

Miro, también, a nuestro nuevo equipo de gobierno municipal y no consigo espantar de mí los temores de que les supere la ingente tarea que tienen por delante para dar la vuelta al calcetín. Las respuestas a los ataques inmisericordes en sus primeros días de gobierno ilustran inconsistencia. Desgraciadamente. Siempre he pensado que descabalgar a quien gobierna es relativamente fácil: basta que la acumulación de errores del contrario desate las iras de los humildes y los una los suficiente para que su empujón derribe al mal gobernante. Siempre he defendido que lo verdaderamente difícil, lo que rarísimas veces en la historia del mundo se ha logrado, es construir algo hermoso a continuación. Para eso hay que tener sabiduría, paciencia, capacidad de agrupar y no de dividir, realismo…, saber hacia dónde se va.

Les deseo de corazón a los gobernantes suerte en ese empeño, si lo tienen; y a los gobernados nos deseo capacidad de ver pronto, cuanto antes, si van o no en la buena dirección. Para decírselo y recordarles si no cuál es la buena.

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