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74”

¡Cuánto desprecio a la Cultura cabe en tan poco tiempo!

Toda la preocupación por la cultura, todas las propuestas sobre la cultura, todo el interés por la cultura cabe en setenta y cuatro segundos. Ese es el tiempo que dedicaron los cuatro candidatos a presidir el Gobierno de España en el debate del martes 23 de abril en Antena 3.

Ciertamente, da la medida exacta de la relevancia que le conceden al arte y la cultura esos políticos -y lo que representan- en la vida de un país, en la vida de sus gentes. Muchos pensamos que si el arte y la cultura, y su derivada natural previa, la educación, tuvieran más peso en la vida cotidiana de las personas, este país iría mejor, el español en el mundo iría mejor, nuestro cine, nuestro teatro, nuestra creación iría mejor, y nuestra vida política sería, sin duda, menos zafia, más educada. ¡Qué vergüenza, por dios!

Esos 74 segundos a mí me parecieron un insulto a la cultura y a la inteligencia de los ciudadanos. Esos 74 segundos expresen a la perfección el nivel de compromiso con el arte y las muchas culturas y lenguas de este gran país.

Hay una parte de razón en esa expresión, casi lugar común, que afirma que las sociedades, los ciudadanos, tienen lo que se merecen. Y esa parte de razón estriba en que la vida política de un país, y la calidad de sus políticos tiene relación directa con la acción cotidiana, diaria, persistente, constante…, de los ciudadanos, con su implicación concreta en la marcha de su comunidad. El voto, la democracia entendida al minúsculo modo en que la entendemos en España hoy, es necesaria, absolutamente necesaria, pero insuficiente, absolutamente insuficiente.

¿Y qué es necesario, pues? Que las gentes, las más posibles, se organicen según sus intereses y preocupaciones, que dediquen algo más de su tiempo a la acción que a la “dicción”. Que, como decía Buero, duden, pero no dejen de actuar.

En la cultura no es poca la tarea que tenemos planteada en este sentido. Fortalecer las organizaciones culturales de todo tipo, y su relación con la sociedad, con los ciudadanos, es cada día más una tarea de enorme valor estratégico. Pasar del club de amigos de la queja, al grupo de compañeros de la acción positiva. (Una sugerencia: lean España en Marcha, de Gabriel Celaya).

Y más allá de lo que cada persona consciente, y cada organización comprometida quiera y pueda hacer, hay otra tarea que debe asumir el sector organizado de la cultura en su conjunto. Dar pasos en la unidad estratégica, en la unidad de discurso, en la unidad de reivindicaciones, en la unidad de cambio. Conformar una voz, fuerte, consistente, indiscutida, grande, es la única manera de hacer oír la voz de la cultura y, con ella, de las necesidades de los ciudadanos.

Basta para ir en esa dirección con centrar el tiro, asumir liderazgos y ser lo más autónomos y autosuficientes posible.

Centrar el tiro quiere decir que debemos concretar un pequeño pero importante cuerpo de transformaciones a impulsar que afecten a todos los ámbitos culturales y artísticos: la ley de mecenazgo, la reducción de los impuestos a la creación y producción culturales, un nuevo modelo de empresa para la actividad cultural, la asunción de compromisos concretos con la sostenibilidad, la promoción de la igualdad de género, y un nuevo papel de la cultura en la acción exterior serían seis claves estratégicas de enorme trascendencia.

Asumir liderazgos quiere decir que las organizaciones representativas de los diversos sectores culturales (museos, cine y audiovisual, edición, artes escénicas…), sean sindicales, profesionales o académicas, deben reunirse y avanzar en ese programa que les una y nos una; deben avanzar en la configuración de una voz, alta y clara. Me gustaría enormemente que la Academia de las Artes Escénicas, a la que pertenezco, diera el primer paso.

Ser lo más autónomos y autosuficientes posible quiere decir que debemos romper la tradicional dependencia de los poderes políticos, esa dependencia que hace que el arte y la cultura española no vuelen esperando como los pájaros recién nacidos que Mamá Estado les proporcione el alimento. Hay cosas, muchas, que podemos hacer sin depender de la política, desde crear sinergias entre los diversos sectores culturales beneficiosas para los ciudadanos, hasta introducir en la vida de las organizaciones culturales (museos, teatros, cines…) una mayor presencia participativa de las gentes; desde crear nuestros propios sellos de calidad hasta introducir compromisos de sostenibilidad en la gestión.

Un lugar común afirma que las cosas ocurren porque alguien las hace. Pues eso.

Los dioses quieran que aprovechemos positivamente el insulto de los 74”.

Notas de despedida y cierre de este post:

1. Qué casualidad que el debate de los 74” fuera el 23 de abril, día grande de las letras españolas, en el que una gran Ida Vitale recogía en Alcalá su merecido Cervantes. Sin comentarios. Por favor, lean su poema del Kit de supervivencia elmuro de este año: página 44.

2. Lástima que he votado por correo; si no lo hubiera hecho, esta vez iría a votar a mi colegio con una pinza de ropa en la nariz para visualizar el asqueo que produce el nivel de la política partidista a la que se ha dejado arrastrar nuestro sistema y nuestros medios de comunicación.

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Elecciones 2016 y Cultura. Y 2

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Los partidos del cambio: ¿creer para ver?

Si ayer animaba a leer críticamente los programas de los partidos conservadores antes de las elecciones bis, hoy lo hago más encarecidamente aún de los partidos del “cambio”: tienen mucha más letra.

Los programas de Unidos Podemos y del Partido Socialista Obrero Español son más consistentes y con un mayor desarrollo en cuanto a la Cultura. Armaros de tiempo en un cómodo sillón. Y de lápiz. He de decir, antes de nada, que a pesar de que el Programa Ikea de UP es un hallazgo que intenta facilitar su lectura por los votantes (¿Con éxito?), para analizar sus contenidos es más adecuado el anterior programa electoral, al que me referiré a menudo, porque en él sí hay explicaciones de fondo. El análisis del programa Ikea es más apropiado para publicistas o/y para lectores que no necesitan profundizar demasiado.

Ambos partidos expresan en sus programas la convicción política de que la Cultura tiene un valor estratégico para España, que es esencial en su devenir histórico y futuro, y que es la clave que constituye y define el país. Los dos dan relevancia a la lengua y a las lenguas, llegando el PSOE a proponer una Ley Orgánica de la pluralidad lingüística de España. Los dos consideran la Cultura como un derecho, llegando a hablar de “derecho de acceso”, concepto con el que personalmente me identifico más. UP habla de “fomentar el derecho de la ciudadanía a participar…” Personalmente creo que lo que ha de fomentarse es el ejercicio de los derechos. (Más de una vez he defendido que derecho, derecho, lo hay a la vivienda, la salud, la educación…, pero que la Cultura es más esfuerzo, y que lo que hay que allanar es el acceso y favorecer esencialmente su base: la educación. Pero esa es otra).

Ambos programas recuperan el Ministerio de Cultura y rebajan el IVA (al igual que Ciudadanos), junto al Estatuto del Artista, una nueva Ley de Mecenazgo y Patrocinio, y una perspectiva similar en la promoción de la igualdad de género en el ámbito cultural. Resulta curioso, ya lo mencionaba en el post dedicado a los partidos conservadores, que tanto UP como PSOE den relevancia a la necesidad de un Pacto por la Cultura, que a tenor de lo visto hasta aquí es un brindis a la luna de Cyrano dado lo nada que han hecho todos por acercarse a él.

El programa de UP-Ikea es un conjunto articulado de propuestas de máximos que a todas luces es imposible cumplir –ni con mayoría absoluta- en una legislatura, ni en tres. Probablemente la seguridad sin humildad con que lo defienden es lo que despierta distancia en amplios sectores. Tiene la virtud de enmarcar en el medio y largo plazo los cambios que proponen, buena parte de ellos necesarios. Pero, como el PSOE y los demás partidos, no cuantifica el coste de sus propuestas en Cultura, ni calendariza su prioridad en el tiempo, ni diferencia el nivel de relevancia de unas respecto a las otras. Este lastre es más notable en el programa de UP por el cambio total que propone. ¿Qué pasará si no puede cumplirlo por el reparto de escaños?

Hay algún punto en el programa de UP que requiere un mayor análisis. En primer lugar la unión en un mismo ministerio de Cultura y Comunicación (punto 203, UP-Ikea), que de producirse debe generar alerta permanente para que el manejo de la Comunicación no se convierta en otra herramienta de poder y de intervención gubernamental en la sociedad. Atención, también, a la creación de la Asamblea de Profesionales de la Cultura (207), que tal y como está explicada puede convertirse con muy poco esfuerzo en una nueva estructura súper burocrática. Particular seguimiento merecen los criterios de fondo de la nueva Ley de Propiedad Intelectual que proponen (214 y 215) que, so capa de impulsar la gratuidad y un mayor acceso, anuncian todavía más desatención a los derechos de los autores y creadores en beneficio de un sujeto popular de creación.

Por su parte, el programa cultural del PSOE es también consistente, pero como el de UP no establece prioridades, ni calendario, ni presupuesto. En buena medida este problema ancla en la tradición democrática española, que propone los procesos electorales como una suerte de mercado persa en el que nos venden alfombras voladoras pero por cuyos precios ni funcionamiento los compradores nunca preguntamos. El que mejor lo cuente la venderá. Algunas de las propuestas diferenciales del PSOE a seguir: la Ley sobre el Derecho de Acceso a la cultura que establezca las prestaciones básicas de acceso para toda la ciudadanía en todo el territorio; el compromiso de incremento progresivo de la partida de Cultura en los Presupuestos Generales; el establecimiento –en lo que coincide con UP- de formas de acceso transparentes y mediante contrato programa a los cargos públicos de gestión; o la utilización de la Lotería para financiación parcial de la Cultura (en lo que parecen seguir el ejemplo inglés).

Como decía, ambos programas son serios y trabajados. El del PSOE se aprecia hecho por un partido con experiencia de poder y que sabe más lo que es y no posible realizar en cuatro años; el programa de UP mira mucho más allá de una legislatura, en la que probablemente no tenga mayoría de gobierno, lo que a veces le da ese aire ensoñador. Aunque después del barro vivido, ¿quién no siente la tentación de soñar?

En fin, el programa de UP será más votado por quienes hayan acumulado irritación por los efectos de la política, general y en Cultura, del Partido Popular, y por los que desconfíen de que el PSOE cambie las normas de funcionamiento de la Cultura y su papel social, para cuya solución ya tuvo el gobierno y no lo hizo.

También recibirá UP el voto de quienes crean que ante la necesidad de tanto cambio como se requiere, las ideas son lo prioritario para el gobierno, y que el equipo humano, el conocimiento de la gestión están en segundo plano. “Ya aprenderemos”, se dicen. Sus votantes necesitan creer y sienten que creyendo en el cambio lo verán.

El programa del PSOE, también consistente y más terrenal, será votado por los propios, difícilmente hoy por nuevos electores, pero como decía, también necesita para ser votado una fuerte dosis de fe, de otra fe: creer que quienes no lo han hecho cuando podían, en estas nuevas circunstancias lo hagan. Creer para finalmente ver.

Que la altanería de unos y el desgaste de los otros no impidan que se produzcan los cambios tan necesarios que en Cultura –y en otros muchos ámbitos- necesita nuestro país y nuestros conciudadanos. Y que ambos recuerden que la Cultura es de y para todos y que el famoso pacto que le otorgue el papel estratégico que necesita es imposible sin contar con los demás partidos. Las elecciones no son un crédito ilimitado, y debemos hacérselo saber a los partidos. A todos.

En fin, creer esperando algún día ver. Votemos el 26 de junio, votemos que somos muchos millones y sumadas nuestras diferentes opciones construiremos una solución viable. Sin olvidar, como decía en el post anterior, que no debemos fiar únicamente en las grandes soluciones: construyamos también con nuestros pequeños y cotidianos ladrillos

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