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Líneas rojas en Cultura. 2. O la Cultura no es lastre.

Ya sé que defender hoy que la Cultura no debe ver reducida su posición en la política del Estado y en los presupuestos que las instituciones públicas le dedican, es poco correcto políticamente. Hoy, lo que ha conseguido la chatísima estrategia psicológica de reajuste –sin inversión- a lo Merkel es que pongamos la mano gustosamente para que nos la corten. O que consideremos la cultura como lastre a echar por la borda. Estoy viendo las sonrisas de los banqueros, especuladores y sinvergüenzas que la han provocado y a los que su penosa hazaña les va a salir “de gratis”, como dice un amigo mío de Vallecas.

Pues no, en Cultura –y en otras áreas- hay que decir que no. Que la Cultura cohesiona a la sociedad, integra las diferencias, reduce las barreras, hace patria, o estado o ciudadanía. Que no es lo mismo una sociedad que dispone de acceso a la cultura que otra a la que se le reduce o se le niega. La Cultura, además, tiene un relevante peso económico y productico, más y más creciente.

Lo he dicho en muchos post anteriores, ESPAÑA ES CULTURA. Somos percibidos por ella. Es su marca. Quiero decir que si tiene un lugar diferencial en el mundo, ese lugar tiene que ver con la cultura: la lengua, el patrimonio, la literatura, el arte… Y, extensamente, la gastronomía, el ocio, el sol y las bellas y diversas costumbres que nos unen (por cierto, toros y flamenco incluidos). Todo ello configura nuestra peculiar fortaleza en un mundo competitivo en el que es imprescindible diferenciarse  y reforzar aquello en que somos mejores. Así que, líneas rojas en cultura. ¿Cuáles? Ahí van algunas.

La primera,  la acción cultural exterior, es decir, nuestra presencia cultural en el mundo, con su buque insignia, el Instituto Cervantes. Disponer de la segunda lengua de relación del mundo es un capital de inapreciable valor que es obligatorio impulsar, en el que es imprescindible invertir más. No solamente es preciso no reducir presupuestos para todo cuanto impulse la presencia de la cultura y la lengua en el mundo; es necesario incrementar notablemente las partidas dedicadas a esa estratégica tarea.

La segunda, el patrimonio –pictórico y museístico, histórico…– que figura entre los más valiosos del mundo y que genera riqueza (dinero, puestos de trabajo, posicionamiento en el mundo…), fruto principalmente del turismo que lo aprecia y que nos visita para conocer la cultura y tradiciones –entendidas ampliamente- de nuestro país. No vale no tocarlo: hay que apoyarlo con dinero y leyes que permitan su proyección, su mejor puesta en valor.

La tercera, la creación y la exhibición de arte. El estado no debe reducir ni un milímetro el espacio –y el dinero, la dedicación, la atención- dedicado al cine, al teatro, a la música… Todas esas artes tienen su territorio autónomo comercial en el que una parte puede y debe sobrevivir de sus propios públicos y patrocinadores, pero la innovación artística, la creación más arriesgada, la danza, el circo, el teatro para niños…, requiere en estos momentos la decidida entrega de las instituciones a la tarea de salvaguardarlo. El estado como garante de la innovación en tiempos de dificultad.

La cuarta, -y termino, que si pones muchas líneas rojas algunos políticos pueden pensar que es demasiada la tarea y que es mejor pisar raya- la defensa de la extensa red de centros públicos que en la mayor parte de ciudades y pueblos garantizan el acceso social a la cultura básica, incluidas bibliotecas. La red, construida y desarrollada a lo largo de casi treinta años, debe mantenerse íntegramente al servicio plural de los ciudadanos. Y al margen de que se opte por una fórmula de gestión en la que intervenga la iniciativa privada.

Con éstas, me conformo. Pido perdón por el tamaño de este post y prometo abreviar en el futuro.

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Contra Darwin, pobrecillo

El resultado electoral pone todavía más al día tareas urgentes para la supervivencia de la cultura como servicio. Un resultado, por cierto, esperado, batacazo socialista incluido. Quienes desde la izquierda y contra natura han estado dos años haciendo la política que le correspondía a un gobierno de derecha o de concentración, han asumido el desgaste y el afán de poder y lo han pagado. Perdonen, pero cada uno elige su destino.

Vienen tiempos en que las propias fuerzas, más que ningún otro aspecto, serán determinantes para la supervivencia propia y ajena. Tiempos darwinianos, de  animalidad, de fuerza. Tiempos, también, para desarrollar la solidaridad, el alma buena de las personas y de las organizaciones. Quienes más tienen y quienes más conscientes son de que esta situación va a cebarse en los humildes, tienen una enorme responsabilidad, por un lado de solidaridad y por otro de alzar la voz. Las grandes organizaciones han de ser conscientes de que el ecosistema cultural exige la supervivencia del máximo de especies, y han de apoyar y proteger las que puedan. ¿Se imaginan al Prado acogiendo exposiciones conjuntas con museos en riesgo de extinción? ¿Se imaginan a los grandes teatros, públicos y privados, ofreciendo after hour sus espacios a pequeñas compañías?

Y por otro lado, las empresas y organizaciones dedicadas a la cultura deben unirse, agrupar fuerzas, compartir espacios, almacenes, personal, establecer fórmulas que abaraten su gestión diaria, compartir, sentirse, en fin, miembros de una colonia cuya supervivencia depende del grado de fortaleza conjunta que sus miembros sean capaces de desarrollar.

Y es ya, no mañana. Ya.

Y en paralelo, alzar la voz colectiva, defender el servicio imprescindible para el alma de los ciudadanos que es la cultura. Sin quejas. Combatiendo con arte y generosidad.

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Ministerio de Cultura como macguffin

Es difícil saber si los cortos titulares de la prensa se deben al afán de concentrar en pocos caracteres las noticias –signo de los tiempos- o provienen más bien de su escaso interés, que hace imposible alargarlos. Eso ha pasado en el III Foro de Industrias Culturales, un invento del que ha estado prácticamente excluido el tejido empresarial y en el que estaban sobre-representados políticos y designados. Un modo como otro cualquiera de hacerlo inútil.

Bueno, que el Foro ha dado pocos titulares, cansinos y sin chicha, sí. Me quedo con uno de ellos que intenta concentrar la atención sobre algo irrelevante mientras por el cielo vuelan multitud de pájaros a los que no prestamos atención. El portavoz del PP, Ballarín que sustituía a José María Lasalle, afirmó que es partidario de que su partido mantenga el área de Cultura del gobierno con el rango administrativo de ministerio. El típico macguffin.

La existencia o no de ministerio de Cultura ha de responder a la relevancia estratégica de las tareas que tiene encomendadas. Casi treinta años vaciándolo de contenidos hace menos relevante su rango formal. Como escribo en mi último artículo del espectáculo teatral (en la última página), lo verdaderamente importante, fundamental para el futuro de la cultura española –aquí y en el mundo- es si la Cultura en España va a disponer de una buena ley de financiación y patrocinio, si se va a impulsar la transparencia y la democratización de la gestión pública cultural, si van a desaparecer o no las fronteras culturales entre comunidades, cómo se van a producir los procesos de privatización en la gestión cultural, o cómo el Estado a los diferentes niveles va a salvaguardar la creatividad y la innovación.

Sin embargo como todo macguffin, algo significa su existencia o su ausencia. La cultura no es relevante para nuestros políticos. (vean en nuestro Facebook sus programas), pero la desaparición del ministerio tras las elecciones, o su unificación con otro, sería un mensaje de una meridiana claridad sobre el papel residual que se otorga a la cultura. Una pena que los políticos no sean conscientes de que España es una potencia mundial en Cultura (Sí lo son, algunos líderes del marketing sensibles, como mi buen amigo Pedro Antonio García, que publica un  artículo en Anuncios sobre el tema). Probablemente esa falta de consciencia muestra los diminutos límites en que se mueve la suya. ¡Qué peligro!

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Mamaaaaá, quiero ser del Praaaado

El Museo del Prado da de nuevo la campanada, esa señal de partida que indica que a buen seguro otros copiarán en los próximos meses: a partir de enero próximo abrirá sus puertas todos los días de la semana, mañana y tarde. Todos (53 días más). Así se explica sin palabras lo que es la cultura como servicio, full time. Así se consigue dar valor a un museo que ya tiene mucho. Así se logra incrementar la rentabilidad, la eficiencia y hasta los puestos de trabajo, directos e indirectos. Así se reduce la dependencia de la financiación pública. Y así, por encima de todo lo demás, se atiende al público.

Los ciudadanos culturales –los deportivos o los televisivos disponen de raciones a go gó– tienen la sensación frecuente de que la cultura, como las iglesias y algunos ritos de similar orden, se hacen a escondidas y a deshoras. Un teatro abierto por la mañana, qué raros sois chicos; un museo abierto a partir de las ocho o los domingos por la tarde, pero tú de qué vas. ¿Y los derechos de los trabajadores? Desde luego yo, si quisiera ocuparme esencialmente de mi digestión o de mi siesta nunca haría oposiciones al cuerpo de bomberos. Peeeeero.  Es que soy muy raro: incluso abriría una especie de farmacia cultural 24 horas, con programaciones horarias diversas y atentas a los horarios vitales de las gentes.

Pensar en el público tiene esas cosas: a veces te “dice” que debes abrir en horarios impensables para captar a gentes que de otro modo jamás podrían disfrutar del arte; otras pensar en las gentes, te induce a que montes una guardería en el teatro o que las funciones las programes a las 17:30, cuando las mamis –furibundas del “fondo norte” futbolero pero del teatro, pueden ir a gozar de su afición preferida; otras, la orientación al público de la actividad artística te pide que te hagas un peeling y te desprendas de ese aire naftalínico y sabelotodo, de sacerdote cultural. No me gustan las palomitas, pero vivan estas palomitas.

En fin, que gracias, Prado.

Nota: este fin de semana tenemos los ensayos generales de En la otra habitación, una magnífica obra de Paloma Pedrero, producida por elmuro. Son sábado y domingo a las 19:00 horas en el C. C. Buenavista, de la Avenida de los Toreros, 5, donde su compañía, TEATRO DEL ALMA, es residente. No te lo pierdas. Y el próximo finde en el Conde Duque. Si venís éste, repetiréis el próximo. Y en La Guindalera, donde estaremos todos los lunes y martes de noviembre. Sí, lunes y martes, un experimento necesario de vinculación de la compañía y la obra al barrio. Vente y tomamos una copa de licor de guinda.

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Parque cultural: vengan, conozcan y gocen… 2

El mundo vive momentos trascendentales, probablemente sin que quienes toman las decisiones  pero tampoco quienes las sufren, tengan plena consciencia de lo que parece que va a alumbrar este mal parto. Un mundo distinto, en el que se van a maltratar e incluso perder algunos de los derechos y conquistas duramente logradas en el siglo XX. Con toda probabilidad esas pérdidas se recuperarán…, con mucho trabajo, con mucho sudor, con algunas lágrimas. Y espero de corazón que sin sangre.

Por eso no es el momento de hacer de Don Tancredo, ese lance taurino consistente en esperar al toro sin moverse… a ver si pasa de largo. Es el momento de pensar el futuro, de recolocarse ante él: las personas, las organizaciones, los ayuntamientos, los estados… En todas las áreas. Por supuesto también en cultura.

Nada será como antes, tal vez ni siquiera peor. Será distinto, y la duda es si estamos preparados o si estamos preparándonos para ese nuevo panorama. A nivel macro,  como decía en el post anterior, los cambios también son oportunidades, y una de ellas afecta al papel de España en el mundo, y en concreto al aprovechamiento estratégico de sus fortalezas, la principal de las cuales tiene que ver con la  lengua y con la cultura, entendida esta vez esta última ampliamente: gastronomía, bienes de interés ecológico, arquitectura, museos, teatro,  sol, playa y monte… Estamos entre los cuatro o cinco primeros países del mundo en casi todo ello, y seguramente los ciudadanos ni saben de ese liderazgo. Y mientras despreciábamos esas fortalezas estratégicas, mientras considerábamos el español tan solo una lengua para andar por casa, la economía, el crecimiento, han estado asentándose en vender el suelo a precio de pelotazo, y construyendo -y vendiendo unos a otros- casas mal hechas, sin crear valor añadido alguno. De aquellos polvos, este lodo.

Definir España como marca turística y cultural a nivel mundial  no es únicamente una cuestión de marketing, aun siendo ello primordial. Es cuestión de que el conjunto del tejido productivo, y especialmente aquel que tiene que ver con los valores estratégicos de los que hablo, se ponga las pilas, adelgace si tiene que adelgazar, y engorde si tiene que engordar. Pero sobre todo que mejore su capacidad de crear, de mejorar su relación con los públicos, de innovar, de producir valor competitivo en un mundo que en esencia reclama calidad y diferencia.

Por eso lo de pensar España como un gigantesco parque temático cultural para el mundo. Un parque que si está bien diseñado, pensado para dar placer, conocimiento, experiencias y cultura a sus visitantes, a mí mismo me gustaría visitar.

Mi buen amigo y compañero de andanzas, Pedro Antonio García, durante tantos años uno de los hombres fuertes de Coca-Cola, y ahora embarcado en su propio viaje a Ítaca, escribe en su blog sobre este asunto con su habitual perspicacia y capacidad proyectiva, y aplicando a la tarea  todo su acumulado saber. Mucho. No os lo perdáis.

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Algo más que Coleman

Timbre 4 es el  nombre de la cooperativa bonaerense que está detrás de esa pequeña joya escénica que es La omisión de la familia Coleman, de Claudio Tocalchir. Durante unas semanas el Matadero madrileño acogerá tres de sus piezas, plenas de calidad interpretativa y verdad escénica.

Pero en esta ocasión lo relevante, lo que quería subrayar es el origen de este arte bueno: no está en grandes nombres de la escena, ni en cuantiosas subvenciones, ni en costosas campañas de promoción. El origen es una humilde cooperativa de la calle Boedo, en Buenos Aires. El modelo cooperativo argentino o sociedades accidentales de trabajo es un modelo específico de organización para la creación reglamentado por la Asociación Argentina de Actores. La cooperativa reúne coyunturalmente a artistas por el proyecto que los mueve, participando cada uno en la proporción acordada, con un régimen laboral específico y diferente, con unas responsabilidades individuales pactadas, con una estructura organizativa simple y que puede desaparecer al culminar la vida del proyecto. Un modelo que ha mostrado en sus frutos que puede ser un  excelente instrumento para agrupar y dar salida a creaciones que de otro modo no la tendrían.

En España la legislación sobre creación de empresas no atiende a las peculiaridades absolutamente únicas de los procesos y proyectos creativos. En España, para ser legal, un grupo de actores recién egresados que quieran poner en pie una obra de teatro son obligados a constituirse en empresa o asociación cultural, con unos mecanismos complejos de funcionamiento para los que además no han sido preparados.

Hay que cambiar algunas o muchas leyes; hay que arrumbar los prejuicios de sindicatos, sociedades de gestión de derechos, y áreas de gobierno implicadas (Trabajo, Seguridad Social, Industria…), y confluir en la generación de un modelo de empresa por proyecto para el ámbito de la cultura. Es urgente si queremos impulsar la creatividad y la innovación artística; es urgente si queremos capear mejor la crisis y que ésta afecte menos al arte.

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De museos y gestión, one more time

Hace unos días se inició el embargo de la Casa-Museo de José Padilla, en Madrid. Los familiares que gestionaban las propiedades y legado del maestro Padilla, autor ente otras muchas canciones famosas de Valencia, El relicario, o La violetera, habían solicitado en 1992 un préstamo de apenas 225.000, 00 € para hacer frente a la gestión; un préstamo que en sólo quince años se transformó en más de un millón de euros de deuda, una cantidad impagable para la familia. Ahora el legado de Padilla será dividido y subastado.

Varios problemas se unen en esta situación que podemos ver reflejada en otros museos que como el Chillida Leku, se han visto obligados a cerrar sus puertas por problemas de sostenibilidad y de mala gestión. Por un lado, la dificultad para afrontar la administración profesional de bienes culturales con el bagaje exclusivo del amor familiar por la obra, por muy relevante que esta sea. Por otro, el conflicto entre el interés público y la gestión privada, que en casos como los comentados impiden una resolución adecuada y en tiempo.

Si los bienes a defender de la subasta –o del cierre al público, como en el caso del Chillida Leku– son relevantes para el patrimonio cultural de un país, deberían ser las instituciones públicas las que garanticen que ese patrimonio está disponible para su disfrute por los ciudadanos, al tiempo que se respetan los derechos del autor y de sus herederos. Pero lo que no se puede aceptar es que las familias reclamen apoyo económico público para defender sus propiedades privadas, al tiempo que impiden la gestión pública de los bienes que quieren defender.

Un terreno resbaladizo en el que hay buscar estabilidad y satisfacción de demasiadas partes, pero inevitable de transitar si de lo que se trata es de defender el patrimonio cultural.

 

PD: Chaplin incluyó la melodía de La violetera en su película “Luces de la ciudad”, pero no incluyó el nombre de su autor. Aquí está disponible la versión de Raquel Meller en You tube.

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Filed under Gestión cultural, polémica

Más madera 2: Matadero de Madrid

Se anuncia la apertura de nuevos espacios de creación en el Matadero de Madrid. Desde una fotografía que ilustra la noticia, veo a Gallardón junto a Alicia Moreno, sonriente de verdad (A Alicia siempre le digo que sonríe como pocos y que da unos besos maravillosos de saludo). Una noticia para estar contentos. Porque una ciudad como Madrid y una sociedad como la española, necesitaban territorios de creación, de exhibición, de encuentro cultural, de vanguardia… Y los múltiples espacios –cerrados y abiertos- del Matadero son perfectamente adecuados para ello.

Solamente cabe pedir, exigir, que los procesos de explotación, las cesiones, los contratos, los presupuestos, la gestión en suma, sea transparente. La cultura necesita que los públicos entren en ella abriendo puertas y ventanas. La cultura necesita equipos –no sacerdotes- y que la sociedad civil sea su aliada estratégica. La cultura necesita democracia. Quizás un amplio Consejo representativo con poderes al margen de los partidos políticos ayudara en esa dirección.

Y mañana, más

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Filed under Políticas culturales

Bienvenidos a Porvenir

No sé qué me pone más, que se abra un centro de alto rendimiento dedicado a las artes escénicas o que se abra en una antigua iglesia. Harrobia Eskena es un centro de innovación impulsado por el ayuntamiento de Bilbao que gestionará Eskena, la dinámica asociación de empresas escénicas del País Vasco, y que tiene su sede en la vieja iglesia de Otxarkoaga que así se recupera. Un excelente ejemplo de las posibilidades de colaboración entre lo público y lo privado.

El objetivo central de Harrobia Eskena es que las compañías de estructura empresarial mejoren sus procesos de producción, la calidad de sus creaciones y su propia capacidad de innovación. La innovación y la transferencia de tecnología de otros ámbitos al escénico y cultural, conforman la verdadera piedra angular que permitirá al sector mantener su personalidad creativa y su aportación de valor a la sociedad en las próximas décadas. Un tema que a quien esto escribe le preocupa y le ocupa.

Solamente cabe desear dos cosas: la primera, que el funcionamiento interno esté en sintonía con la modernidad que proclama la iniciativa; la segunda, que la búsqueda de la innovación afecte no solamente al campo de la gestión y a la ruptura de las fronteras del arte, como se recoge en las  noticias, sino que se extienda a la creación de valor y a la relación con los públicos, dos elementos claves en los que en cultura podemos y debemos  liderar procesos de innovación.

Harrobia Eskena, ongi etorri, bienvenido.

PD 1.: (Harrobi: porvenir en euskera)

PD 2.: Me alegró ver en la fotografía de la firma a Pío Ortiz de Pinedo, gerente de Eskena, junto a Iñaki Azkuna, alcalde de Bilbao.

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Filed under artes escénicas, Gestión cultural, Políticas culturales

Invertir en innovación en Cultura

La innovación aplicada a la cultura es un extraordinariamente complejo tema que requiere mucho más espacio que el que permite un blog. Sin embargo, me siento tentado a abordar esta cuestión, siquiera superficialmente. Así que, como me reconozco de carne y cerebro débiles, caigo pues en la tentación.

La innovación no es tener buenas ideas; eso es creatividad, muy necesaria por cierto para innovar. Innovar es emplear los conocimientos a nuestro alcance, para mejorar “creativamente” la competitividad de las organizaciones culturales, sus procesos –creativos, de producción y de gestión- su comunicación, su relación con sus públicos, sus productos, sus servicios…. La innovación busca y tiene como resultado el incremento de valor, ya económico, ya artístico, ya organizacional… Y se acompaña siempre de beneficios para la sociedad y valores añadidos y diferenciales para nuestros clientes.

Las organizaciones culturales tienen en la búsqueda de la innovación un extenso campo de oportunidades para su desarrollo y su crecimiento en tiempos de cambios como los que vivimos. La innovación comienza cuando las organizaciones buscan y se plantean problemas, analizan sus clientes, su funcionamiento, sus procesos, buscando en ellos elementos que pueden mejorar, cambios que pueden introducir y que, si son acertados, traerán como consecuencia mayor rendimiento y competitividad y un posicionamiento mejor en el conjunto del sector. Por lo tanto, la innovación implica la exploración de territorios menos conocidos, lo cual acarrea riesgo. Podríamos decir que quienes innovan invierten en riesgo, pero sabiendo que el riesgo diferencia, que posibilita el éxito estratégico, mientras que la seguridad de lo conocido –la no innovación-, solamente hace frente al presente.

Creatividad e innovación –que no surgen a golpe de originalidad o de suerte- requieren recursos humanos, económicos y tiempo. Exige formación y cualificación que permita avanzar en la profesionalización. La innovación debe estar presente en el perfil formativo de los profesionales de la gestión cultural.

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